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08/09/2006
IMÁN EN EL CORAZÓN

La crónica de esa resurrección anunciada la escribió el otro día Enrique Alcina, el reportero más dicharachero de la Bahía. Treinta años después de su primer concierto vuelve a los escenarios Imán, el califato independiente del rock andaluz que a mediados de los setenta enarboló la bandera de la buena música en una Andalucía que entonces no pasaba de ficción autonómica y hoy es, dicen, una realidad nacional. "No era sólo rock andaluz, era un estado de conciencia", han escrito los integrantes de aquel grupo que nos dejó dos álbumes impagables: Tarantos del Califato Independiente y Camino del Águila.
Imán es para mí, junto a Triana, Alameda y Medina Azahara, un recuerdo luminoso, la banda sonora de una adolescencia que me lleva a la playa de Las Murallas, donde algunas tardes de verano, cuando ya empezaba a anochecer y el mar era un rumor, salían de la tienda de campaña canciones como himnos que nos defendían de las inclemencias de los quince años recién inaugurados.
Es verdad que en aquellos años de libertad sin ira también sonaban guaperas que tenían poquita voz, pero desagradable. Un contorsionosista, hijo del maestro Dominguín y de una bella italiana, que se creía súper, superman. Dos hermanos que parecían Zipi y Zape ya creciditos, cursis como ellos solos, que adoraban a una tal Juani. O un tío bizco que decía que era como el aire, pegado a ti, siguiéndote al andar. Nosotros no les veíamos el atractivo por ningún lado y nunca llegamos a entender que ocuparan un lugar destacado en los dormitorios de nuestras novias, alimentando su histeria y sus sueños eróticos. Porque además de hacer una música infame tenían, estábamos seguros, más venas que una caja de huevas.
El rock andaluz: ahí sí que confluían la pureza, la independencia, el buen gusto y el sabor a Sur. Aquella búsqueda de ilusiones, de sueños y de libertad se hermanaba con la utopía colectiva e idealista que empezaba a construirse en la tierra de los hombres sin tierra. Jóvenes de pelo largo y de ataduras cortas, hijos del agobio y del dolor, revolucionaron el panorama musical de la época, creando la primera muestra de rock genuinamente español.
Vuelve Imán, hoy como ayer, de la mano de Manuel Rodríguez, Marcos Mantero, Iñaki Egaña y Kiko Guerrero. Vuelven, y con ellos, los cigarritos aliñados, la absenta y el saco de dormir. Y un montón de recuerdos situados en las regiones legendarias de mediados de los setenta.
Empieza a hacer treinta años de casi todo.
(Columna publicada en Diario de Cádiz, el 20-05-2006)


