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DEDICATORIA

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       Para las compañeras con las que compartí en Vallecas, una luminosa mañana de abril, una paella comunitaria y republicana. Para la inmigrante a la que muchas tardes veo coger el autobús, porque me recuerda mi estatus injusto de privilegiado. Para ese viejo socialista que no entiende que su partido siga manteniendo un pacto que hay que reafirmar, cada semana, en la sala de espera de los Juzgados. Para los chavales que entrenan en el Polideportivo y sueñan con ser Joaquín, Abraham Paz o Pinto. Para el abuelo con los pulmones carcomidos por la nicotina que mañana seguirá fumando.

      Para el amigo de Bilbao que el pasado verano nos dejó su casa y se fue a dormir a un hotel para no molestar. Para los vecinos de este Bienteveo, porque creen, como yo, que una palabra vale más que mil imágenes. Para el votante del Partido Popular que reconoce en privado que la verdadera noche de los cristales rotos sigue sucediendo en Irak, por culpa de una guerra canalla que algunos votaron entre aplausos y risas. Para esa mujer víctima de la violencia de género que por fin se decidió a ser feliz y no quiere morir en el intento.

      Para el ciudadano que se rebeló contra el entreguismo paleto del gobierno municipal ante la barbarie motera  y ganó en los tribunales el derecho de todos al  sosiego público. Para el militante de Izquierda Unida que no comprende que la coalición que abandera la justicia social apruebe los desequilibrios territoriales. Para el parado con conciencia que asiste cabizbajo a esta orgía de consumo indecente y acude avergonzado a Cáritas a pedir las sobras del festín. Para el fotógrafo de este Diario que una noche de noviembre nos prestó sus ojos para ver El Puerto y me erizó la piel y la nostalgia.

      Para el maestro del Poullet que se fue un día a dar clases más allá de las estrellas y que le enseño a mi hijo que el aprendizaje es un parto doloroso que nos hace mejores personas. Para el otorrino de la coleta, porque en su consulta la risa nos entra por un oído y nos sale por el otro. Para ese cadáver andante, roto por la droga que, con ademanes de empleado de El Corte Inglés, vendía pañuelos en el semáforo de la Plaza de Toros. Para el franciscano penalista que cree que Dios no necesita una radio y que reza con canciones de Pedro Guerra. Para la niña con ojos de mar que iba vestida de hebrea a la fiesta de la guardería cantando villancicos que sonaban a gloria.

     Y para ustedes, que esta noche brindarán por un año que ojalá les traiga sólo lo que necesitan. Feliz 2006.

07/09/2006 23:00 pepemendoza #. DEDICATORIA

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