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CON NOTICIAS DE GAGO

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     En ocasiones veo a Gago. El niño de El Sexto Sentido veía muertos, pero yo veo a Gago vivo, vivo y bromeando, su estado natural en el whatsapp siempre disponible de la memoria. Me cruce con él el otro día en una esquina del Facebook y me contó que está como Fundador, o sea, como nunca. Aclaró, eso sí, que a los vecinos del barrio de arriba lo que les va es Terry, según le confesó nada más llegar el encargado de los Serenos. "Usted sí que sabe, Saint Peter", soltó Fernando mientras sacaba de la Lambretta una de Centenario 1900.

     Se despidió de mí con un ruego: “No me olvides por la gloria de Cotón”. Recordé entonces la primera vez que hablamos, allá por 2006. “¡Mendoza, Mendoza!”, gritó, desde la acera de El Rempujo. Servidor había escrito dos o tres artículos criticando su promiscuidad política, así que me acerqué temiéndome lo peor, muy despacio, para que me diera tiempo a construir sobre la marcha un par de frases demoledoras que pudieran contrarrestar su más que previsible disparo al columnista. Antes de que yo sacara el cuchillo jamonero que llevaba entre los dientes, me estrechó la mano y me dijo: “Te leo siempre, hasta cuando hablas de mí. Mal, como debe ser”. Gracias, le contesté, con el cuchillo ya en posición de descanso.

     Puse a prueba su indiscutible buen talante con otra columna incisiva, en la que le critiqué que en los carteles electorales de las elecciones de 2007 apareciera sin la corbata para arañar unos votillos entre el proletariado.  Le recomendé que volviera urgentemente a su pasado de cuello blanco y diplomacia azul, “que antes que con un pan debajo del brazo tú naciste con una corbata debajo de la nuez”. Me mandó un correo asegurándome que iba a reconsiderar su decisión porque había cogido frío en la garganta. Supe por terceros que intentó, sin éxito, que mis columnas pervivieran más allá del periódico. No tuve más remedio que declarar el cese definitivo de las hostilidades. No tuve más remedio que dejarme honrar con su amistad.

     En ocasiones, ya digo, veo a Gago, pero en lugar de asustarme como el niño de la película, salgo, como siempre, mejorado del encuentro. Sigue igual: vivo y bromeando. Por la gloria de Cotón que es imposible olvidarlo.

     (Diario de Cádiz, 24 de mayo de 2013)



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