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LA COMIDA DE LA EMPRESA

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     Tengo una amiga que trabaja en el departamento de recursos humanos de una multinacional. Cada diciembre le toca organizar la comida de Navidad de la empresa, ese desparrame anual en el que, a media tarde, hasta Herodes es un tío cojonudo.

     Les adelanto, para que no se hagan ilusiones, que este año no habrá comida y que mi amiga está de baja por depresión. Los problemas empezaron cuando un  trabajador judío denunció a la empresa, ante la Inspección de Trabajo, por antisemitismo. El pueblo elegido, ya saben, no celebra la Navidad cristiana, sino el Hanukah. La Inspección falló a su favor: además de prohibir los villancicos, obligó a la Dirección a cambiar la denominación de comida de Navidad por la de "fiesta de las vacaciones de diciembre".

     Resuelto ese problema, vinieron otros. Así, un oficinista que milita en Alcohólicos Anónimos, solicitó la instalación de una mesa en la que no se bebiera. Mi amiga se negó, argumentando que por la misma razón habría que colocar a los diabéticos lejos de los dulces, a las embarazadas cerca de los lavabos y a los rocieros encima de las carretas.

     Luego se lió cuando desde el departamento de personal se recomendó un tope de 6 euros para el regalo del amigo invisible. Los del comité de empresa, en reunión extraordinaria, consideraron que esa cantidad era excesiva para los miserables sueldos que percibe la famélica legión. El personal directivo, por el contrario, tachó la cantidad como ridícula. Una mierda con la que no encuentras nada en un sex shop, dijeron.

     Los futboleros, tampoco ayudaron mucho. Después del 1-4 de Chapín, los aficionados jerecistas pusieron como condición para asistir que se prohibiera en el karaoke el pasodoble de Manolo Santander. Los cadistas, como contraprestación, vetaron las canciones de Bertín Osborne.

     Pero el golpe de muerte a la comida lo dio una corriente interna del sindicato mayoritario que se autodenomina Homosexuales Verdes. Llamaron la noche anterior al festejo protestando por el lugar elegido, un asador que, según palabras de su líder, "es cómplice del exterminio intolerable de reses inocentes". A mi amiga, compréndanla, le dio un ataque de incorrección política y, perdiendo los nervios y el espíritu navideño, les tachó de talibanes de los nabos y los pepinos.

     La han denunciado en el juzgado por homofobia. Qué raro es todo.   

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 9-12-2006)

           



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