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PLENO VERANO

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     Dediqué la tarde del  pasado sábado a poner al día el vestuario familiar. Ya saben, esa liturgia  antigua que consiste en meter en alcanfor las prendas de la estación pretérita y sacar de los altillos la ropa del tiempo recién inaugurado. Mientras me despedía de camisetas y bermudas y celebraba el reencuentro con jerseys y bufandas, reflexionaba sobre el tiempo, esa invención humana implacable que nos angustia y desazona.

     Los tiempos están cambiando, cantaba Bob Dylan en los setenta, pero en este presente gris, propicio al odio, es el tiempo, en singular, el que se ha vuelto raro, raro, raro. De pequeño, por ejemplo, nos enseñaban en el colegio que el verano empezaba el veintiuno de junio y acababa el veinte de septiembre. Uno sabía que, si no quería pillar un resfriado y una reprimenda maternal, hasta el cuarenta de mayo no podía quitarse el sayo. Ahora no. Ahora es un lío. En los mapas del tiempo es otoño, a la hermandad de Los Cerillitos la primavera llegó el domingo para celebrar su setenta y cinco cumpleaños, ya es invierno en el Corte Inglés, y nuestro Ayuntamiento disfruta, todavía, de un verano imprescriptible.  Por Decreto. Mejor dicho, por Convenio. Porque en el almanaque de la Casa Consistorial, el estío comienza el uno de mayo y acaba el treinta y uno de octubre. Seis meses, seis, de reducción horaria, de vuelva usted mañana si no hace mucho calor, de reloj marcando las horas mucho antes de las tres. Va usted, un poner, la semana que viene a Urbanismo a pedir un permiso y todavía suena El Chiringuito de Georgie Dan. Se acerca uno a la Concejalía de Desarrollo Sostenible y algunos, después de celebrar la noche de San Juan el día del Pilar, apenas se sostienen. Pregunta un opositor en Personal por la próxima oferta de empleo público y le contestan que viva la Virgen del Carmen.

     Una golondrina no hace verano, pero un convenio colectivo sí. Aquella reivindicación obrera de ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho de descanso, no se cumple, ni por asomo, en la empresa privada. En la administración pública, sin embargo, las conquistas sociales van de dulce. Yo propongo que para la próxima negociación colectiva, las compañeras y compañeros sindicalistas den un paso más en sus justas reivindicaciones: seis meses de horario de verano (del 1 de octubre al 31 de mayo) y seis meses de horario de navidad (del 1 de noviembre al 30 de abril). Debe molar mogollón acudir en abril a protestar contra la enésima motorada y que nos canten el Adeste Fidelis.

01/09/2006 18:01 pepemendoza #. PLENO VERANO No hay comentarios. Comentar.


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