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UNA CUESTIÓN DE ORDEN

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    Dice Juan José Millás en su último libro que los objetos nos llaman. No tengo la más mínima duda: si eres blando de tímpanos, es fácil percibir a diario sus voces metálicas, sus quejidos de convalecientes. Ya conté aquí que alguna vez, en el silencio de la noche, he oído al frigorífico delirar de fiebre y al microondas tiritar de frío. Sólo hace falta un poco de empatía.

     Hay personas, sin embargo, que tienen serios problemas de comunicación con los seres mal llamados inanimados. Mis hijos, por ejemplo. El otro día, en la comida, se desnucó una cuchara al caer de la mesa y ninguno de los tres se agachó a prestarle el auxilio debido. Cuando llegamos su madre y yo a media tarde, el pobre cubierto aún estaba en el suelo retorciéndose de dolor. Eso por no hablar de sus pésimas relaciones con la ropa sucia: no es que no la miren, es que no la ven. Hay familias, usted lo sabe, que se han roto por un quita de ahí esos calzoncillos.

     Qué importante es respetar el espacio vital de los objetos,  ser conscientes de las innumerables ventajas que proporciona en la vida cotidiana el orden natural que pregonaban los presocráticos. Si en casa tenemos el Exín Castillos, qué necesidad hay de construir torreones en el cuarto de baño con los canutos de papel higiénico. Si la toalla nació con vocación de toalla, a qué viene travestirla de alfombra. Tiene razón Millás: los objetos nos llaman.  Hay veces que nos llaman de todo.

     Y si eso sucede en la casa de uno, imagínese qué no pasará en la aldea global, en donde es la propia vida humana la que está al retortero. Nos dijeron que la crisis iba a poner las cosas en su sitio y lo que ha hecho es desubicar aún más a sus poseedores. Este Diario informaba el otro día que en el triángulo de las Bermudas de la estadística, esa ciencia que miente con extraordinaria precisión, 40.000 parados de la provincia habían desaparecido de repente por no estar donde tienen que estar, esto es, en los tajos, en las oficinas, en las fábricas.

     Un poco de orden, por favor.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 14-01-2010)

 



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