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UNA VERDAD INCÓMODA

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      Cuentan de Buenaventura Durruti que una vez se le acercó un mendigo joven a pedirle limosna. El líder anarquista, más dotado para la acción directa que para la caridad cristiana, sacó su pistola y se la entregó al indigente. ¿Ves ese Banco de ahí? -le dijo-: si tienes valor para pedir, ten valor para conseguir lo que pides.

      Me acordé de esta anécdota cuando, hace unos días, leí que la portavoz municipal de Izquierda Unida denunciaba la situación desesperada en la que vive la pareja que lleva un año acampada a las puertas del Ayuntamiento, exigiendo un trabajo y una vivienda. "Aquí se han estado pasando la pelota unos a otros, sin que nadie haya hecho realmente nada", declaró la concejala.

      Me parece legítimo que, desde lo más profundo del abismo, se pida auxilio mientras se tienen fuerzas. En un Estado Social de Derecho, como el que proclama nuestra Constitución, los poderes públicos tienen la obligación de procurar unos mínimos de justicia que permitan a sus ciudadanos vivir con dignidad. A todos. También a aquellos que, ante situaciones de necesidad parecidas al del matrimonio en cuestión, optan por buscarse la vida, aunque sea en empleos precarios y mal pagados, en lugar de exhibir ante la opinión pública su dramática condición de desheredados. Además de acusar con fundamento a la Administración de insensibilidad ante la desgracia propia, uno echa de menos en esta pareja unas briznas de autocrítica. No estaría de más que, a estas alturas de la reivindicación, nos dijeran si tienen el carné de paro al día, a cuántos tajos han ido a pedir empleo, si han aparecido alguna vez por el servicio de orientación laboral portuense, cuántos Cambalaches han ojeado en todo este tiempo. Qué han hecho, en definitiva, además de sentarse en la puerta del Ayuntamiento, por, como le espetó Durruti al mendigo, conseguir lo que piden.

      Claros sus derechos, alguien debería hablarles, también, sin demagogia, de sus deberes. Y hacerles ver que la pelota, por mucho que se la pasen unos y otros, siempre aparece, cuando el día despunta, en el tejado propio. Eso también es educar para la ciudadanía.

        (Columna publicada en Diario de Cádiz el 19-01-2008)



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