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LAS AMISTADES MISTERIOSAS

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Para no naufragar más de la cuenta en el viejo y esforzado oficio de vivir hay que tener una doble vida. Ser otro, además del que el Registro Civil dice que somos. Más niño, más libre. San Agustín, que como Emilio Flor sabía latín, ya defendía hace quince siglos ese desdoblamiento de la personalidad: “Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos al completo”. Merece la pena y la alegría construirse una segunda existencia en la que vivir a salvo de contradicciones y amenazas. Como Mortadelo cuando se disfraza para huir de sus jefes. La vida es muy corta, pero hay días malos que se hacen larguísimos en los que necesitamos que alguien nos rescate de una reunión de la comunidad de vecinos, de un extravío interior o de un insomnio cruel.

Tener una doble vida te compromete a cuidar de otras familias y de otros amigos. Es probable que tus íntimos de siempre no lo entiendan y que se vivan momentos de tensión. Que si tú estás muy raro últimamente. Que si no nos haces ni puñetero caso. Que si no te soporto cuando callas porque estás como ausente. No vamos a idealizar las nuevas amistades porque también tienen sus cosas, como todos, pero son gente de bien que estuvo cuando había que estar. Por alguna extraña jugada del destino, un día coincidisteis en un cruce de caminos de papel y se quedaron contigo para siempre. Puedes decir más cosas de ellos que de algunos primos o cuñados. Cuando llegaron, tal vez te sentías solo, quizás deprimido y unas palabras suyas bastaron para calmarte. Para comprenderte. Para quererte. Qué gente más maja.

Una sola existencia no da para mucho. A mí, esa militancia duplicada me ha salvado la vida muchas veces. Y me ha ayudado a sobrellevar lo más dignamente posible la tragicomedia que protagonizamos cada día.

De esos otros de los que hablo, y que con nosotros van, sabía mucho una señora que fue a ver la película La rosa púrpura del Cairo. Al salir del cine, le comentó a su amiga que le había dado mucha lástima Mia Farrow. Pero que también ella se lo había buscado, por enamorarse del actor de carne y hueso en lugar del personaje que el actor representaba en la pantalla. “¡Le está bien empleado, por quedarse con el de verdad!”, mascullaba enfadada.

Para recuperar esos paraísos perdidos en los que nunca hemos estado hay que tener una doble vida. La literatura es Alicia recordándonos desde su país maravilloso que con una sola no basta.

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