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08/07/2007
CHANQUETE HA VUELTO

Me he bajado de Internet la serie Verano Azul, y andan mis hijos disfrutando de las horas muertas de las sobremesas junto a la pandilla que mejor silbaba mientras montaba en bicicleta. Tutelados por Julia, la pintora que llegó a Nerja con el lienzo de su vida hecho pedazos, y por Chanquete, el viejo marinero que tenía un barco varado entre judías verdes y tomates, aquellos chavales nos hablaron de sexo, violencia, relaciones paterno filiales, respeto al medio ambiente, sin que ningún obispo de la época, que yo sepa, les tachara de colaboradores del mal. Antonio Mercero, ilustre profeta de lo cotidiano, ya adivinó entonces la importancia de educar para la ciudadanía.
Mientras vemos los episodios, mis hijos me bombardean a preguntas: ¿los niños no jugaban a la play?, ¿no había Messenger?, ¿nunca cenaban en McDonalds?, ¿cómo Chanquete, viviendo sólo y tan mayor, no tenía móvil? Les cuento que aquellos eran tiempos muy duros, pero tal vez más nuestros. El mismo año del estreno, 1981, pasaron muchas cosas: un tipo patibulario, con bigote y tricornio, quiso que los veranos volvieran a ser grises; la Real Sociedad de Arconada y Satrústegui ganó la liga; el Consejo de Ministros indultó a El Lute, el hombre que, junto a los hermanos Malasombra, me tuvo acojonado media infancia.
Les hablo también de que la serie estuvo a punto de rodarse por aquí cerca, pues Mercero prefería la arena más clara de esta zona al color grisáceo de la de las playas malagueñas. Sin embargo, descartó nuestra provincia por el dichoso levante y sus efectos nocivos para el sonido. Hubiera estado bien que en vez de la playa de Burriana, hubiera salido por la tele La Puntilla, y en lugar del bar de El Ayo, El Piriñaca, apuntan Alberto y Pablo. Saco del baúl de mis recuerdos las rebeldías de la época y les suelto que nosotros también cantamos el No nos moverán, pero nos movieron, y nos robaron La Colorá, una cala en la que el sol se acostaba muy despacito.
Ya hemos perdido la cuenta de las veces que ha muerto el bueno de Chanquete. Y sin embargo ahí sigue, hecho un chaval, tocando, acordeón en ristre, sonrisa ancha y caudalosa, las notas indelebles de la banda sonora de nuestra adolescencia.
La vida, le digo a Irene, está llena de resurrecciones inexplicables. Chanquete ha vuelto.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 07-07-2007)


