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El blog de Pepe Mendoza

LUGARES COMUNES

LUGARES COMUNES

   En la foto que tengo delante, un anciano sonríe algo temeroso montado en un columpio; su nieta está detrás, pura alegría, balanceándole hasta el infinito y más allá. El texto que figura al pie dice: “Existen lugares en los que todavía tenemos cinco años”. Es cierto. Hay paraísos en la memoria en los que los días no se persiguen, y el calendario, sobre el que el tiempo hace ya mucho que se puso amarillo, sigue marcando la fecha en la que se fijaron, sin orden ni concierto, nuestros primeros recuerdos.

     Yo cada vez que paso por la Prioral tengo nueve, y voy o vengo del Liberato de la calle Vicario, de cambiar novelas de Corín Tellado para mi madre. Los sábados por la mañana, cuando mis amigos y yo nos reunimos para jugar el mismo partido que llevamos disfrutando treinta años, donde realmente estamos es en el patio de recreo, en plena celebración semanal de la infancia. Y es que todavía permanecemos allí, y en breve sonará la bocina, hemos ganao la copa de meao quien ha perdio se la ha bebio, que nos devolverá a clase. Sí, existen lugares en los que nunca crecemos. Cuando uno es niño lo es para toda la vida.

     Hay espacios protegidos del olvido que marcan también el tránsito de una estación a otra. Uno pasó sin apenas darse cuenta de las noches a la fresquita en un patio de vecinos, entre macetas que ponían límites y olores a la niñez, a las noches a la fresquita de un cine de verano, el cine Playa, bajo el cielo raso y algo amenazador de la adolescencia. Macario enciende la luz, que me mareo, eo, eo, gritábamos cada vez que la proyección daba un salto inexplicable. Pero no era mareo, sino el vértigo que producía nuestro propio salto vital, igual de incomprensible, a aquella libertad recién inaugurada que se reflejaba en una pantalla por la que siempre aparecía un chino sin camiseta y con nunchakus animándonos a hacer un mal uso de ella: no había papelera que quedara inmune a las patadas de aquellos karatecas de Crevillet en el camino de vuelta a casa. 

     Uno crece y descuida compañías y lugares, y es bueno regresar de vez en cuando a aquellos amigos y aquellos escenarios, de los que siempre se vuelve, se tenga la edad que se tenga, hecho un chaval.

     (Diario de Cádiz, 20 de julio de 2012)

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