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El blog de Pepe Mendoza

FELIZ NAVIDAD

FELIZ NAVIDAD

La Navidad no es la fiesta de los satisfechos ni de los felices. Según San Lucas, Jesús nace de noche, "cuando todavía estaba oscuro". El ángel, aquel primer periodista del corazón, comparte la alegría del nacimiento antes que con nadie con los pastores, los más pobres del lugar. Como sucederá luego en la resurrección: son las mujeres, las últimas de la fila en la iglesia de ayer y de siempre, las primeras en recibir la buena noticia de que el sepulcro está vacío. No es casualidad. Son, dicen los que mejor lo conocen, las cosas de Dios, que sigue desconcertando desde el inicio de los tiempos a los poderosos.

No había sitio para María y José, aquella pareja de desgraciados, en la posada, y tuvieron que dar a luz en la oscuridad, ateridos de frío, entre bestias, en un pesebre. Es el mismo Jesús al que invoca Antonio Machado: no quiero cantar ni puedo a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la mar. El que caminó con prostitutas, publicanos y personas de mala reputación, despreciados por la gente de bien, el que terminó, al final del primer acto, como terminó.

Para los nadies, dice Antonio Gala, que a los ojos de los satisfechos solo sirven de risa, de temor o de escarnio, nada más que para ellos, se hizo la Navidad. Y para quien los ama y los compadece y los defiende.

Más allá de esta orgía consumista, agresiva, indecente y de mal gusto, uno, hombre de poca fe, quisiera creer en el mensaje liberador, compasivo y comunitario de la Navidad. Frente al fariseísmo de una iglesia que si no sirve no sirve para nada y de los partidos políticos que se autoproclaman católicos y niegan a diario los derechos humanos más elementales, yo quisiera creer en el Dios de los pobres, humano y sencillo al que cantaban Carlos Mejía Godoy y los de Palacaüina en su misa campesina. El Dios que lucha en la calle, el Dios de rostro curtido.

Hoy se celebra en todas las posadas ese día. Pero el niño Dios, que se hizo hombre y se fundió y se confundió con los hombres y mujeres de buena voluntad, está naciendo siempre en otro sitio.

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