Blogia

El blog de Pepe Mendoza

NI COMPLETAMENTE EN SERIO NI COMPLETAMENTE EN BROMA

NI COMPLETAMENTE EN SERIO NI COMPLETAMENTE EN BROMA

(Lo que dije ayer en la presentación de mi libro,  Ecos de Vecindad)    

     Buenas noches. Muchas gracias a Millán Alegre, Concejal de Cultura, por su presencia y por haber removido Roma, Santiago y La Arboleda Perdida, y haberse comprometido personalmente a abrir la Fundación para que el acto se esté celebrando aquí, en la casa de Rafael. A Eduardo, un editor honrado y generoso (parece una contradicción, un oxímoron, signifique lo que signifique oxímoron, pero no lo es), un tipo que cree que tan importante como la libertad de expresión es la libertad de impresión, un periodista de raza al que uno leía con gusto cuando escribía hace ya algunos años en El Mundo o en Interviu, revista en la que salía todas las semanas sin necesidad de enseñar las tetas. Gracias a Rafa, Director y Caballero, pero sobre todo amigo, a quien desde este momento hago responsable, después de su generosa presentación, tanto de la venta masiva de libros en cuanto cerremos el acto, como de la no menos masiva devolución mañana por la mañana, una vez que ustedes lo ojeen por encima esta noche. Tengo su dirección. Gracias a María Antonia, que viene en primera convocatoria también como amiga y en segunda como Concejala de Educación. Si con educación se va a cualquier sitio, con educación y con María Antonia se va, además, muy bien acompañado.

     Gracias a los compañeros de El Alambique, hermanos de sangre y de corazón que me van ayudar esta noche, leyendo alguna de las columnas que aparecen en el libro. Gracias a Fernando Santiago por regalarme el prólogo: nos une un sentimiento que no se puede explicar, pero no piensen ustedes mal que ambos estamos felizmente casados y no entre nosotros. Nos une  el sentimiento colchonero, qué manera de sufrir, qué manera de palmar, qué manera de vencer, qué manera de vivir. Gracias a Bernardette Ortolá, amiga y profesora de literatura que me ayudó a barrer un poco las hojas muertas que a veces se adhieren al estilo y a la puntuación como el musgo a la corteza. Gracias, por supuesto, a Irene, Alberto y Pablo. Y a Isabel, sobre todo a Isabel. Seguro que se me olvidan muchos nombres, pero conste en acta que, aunque de desagradecidos está el mundo lleno, yo no pertenezco a esa cofradía de estiraos, que uno le debe mucho a mucha gente. Tengo una memoria extraordinaria para lo bueno: jamás olvido a quien me hace un favor, a quien me quiere o a quien me quiso. Gracias, de corazón,  a todos los que habéis tenido el detalle de acompañarme en este día tan especial para mí y para los míos.

     Gracias y también perdón por el secuestro. La mayoría de vosotros está aquí, reconozcámoslo, porque habéis sufrido durante las últimas dos semanas un escrache, un escrache pacífico, pacífico pero, no me duelen prendas en reconocerlo, mu jartible. Por tierra, mar y Facebook  habéis aguantado con resignación franciscana la presión, esos encuentros de los últimos días, a simple vista fortuitos, pero que estaban  preparados a conciencia. Hagan memoria: vale, aquel primero en la calle Luna pudo ser pura casualidad. El segundo en la cola del Mercadona, de acuerdo, mera coincidencia. Pero el tercero, como dice el enemigo de James Bond, fue ya una acción hostil. Todos provocados, como diría Umbral, para hablar única y exclusivamente  de mi libro. Pido perdón, pero no lo vayáis a estropear al final.  Quedaos quietecitos en vuestros sitios y no intentéis escapar. No se ve, pero debajo de la mesa tengo un tirachinas, un tirao de horquilla de pino, gomas amarillas y zapateta de cuero. No le tocaré un pelo a nadie si nadie se mueve.

     ¿Por qué escribes? ¿Por qué escribes columnas? ¿Por qué escribes columnas tan a ras de Cádiz y de El Puerto?, son tres preguntas que a uno le hacen de vez en cuando. ¿Y por qué no escribir? ¿Y por qué escribir otros géneros, sin tener ni la más remota idea, cuando uno sólo es hombre de medio folio? ¿Y por qué escribir de otras partes cuando lo verdaderamente universal, como dice Fernando en el prólogo, sucede en el pueblo de uno?  Supongo que tiene mucho que ver que a mi casa vieja, al número 17 de la calle San Sebastián, llegaba a primera hora de la mañana, calentito, como las cemitas del Guarigua, el Diario de Cádiz.

     ¿Por qué no escribes sobre esto y sobre lo otro? ¿Y  por qué no escribes en serio, que ya vas teniendo una edad? ¿Y por qué no pegas un saltito definitivo del blanco y negro al tecnicolor, que diría mi amiga Oliva? ¿Y por qué no te atreves de una vez a llamarle al pan pan y al vino vino y te dejas de mariconadas, y criticas de verdad, con valentía y por derecho,  al PSOE, en lugar de meterte siempre con el PP (que se te ve el plumero de lejos), y criticas de verdad, con valentía y por derecho, al PP, en lugar de meterte siempre con el PSOE (que se te ve el plumero de lejos)? La gente es muy preguntona y muy joia, no me digan que no.

     Seamos sinceros: yo de la mayoría de las cosas no entenderé, pero de articulismo, menos. Puedo parecerlo, porque engaño mucho, pero no soy tan inteligente como para aportar cada quince días un argumento bien razonado, ni tengo cultura ni para dar ni para tomar ni para informar a lectores que en la mayoría de los casos saben más que yo. A mí las ideas y las ocurrencias me llegan con mucha dificultad y procuro administrarlas con moderación para que no se me gasten en el primer párrafo. Yo cada vez que termino una columna pienso que es la última, que nunca más podré llenar con un mínimo de decencia el medio folio, que la semana siguiente tendré que llamar al periódico e inventarme una excusa de peso, porque uno, eso sí, tiene su dignidad y su corazoncito: que he empezado una novela de mil y pico páginas que me ha encargado directamente Lara para Planeta y que me va a llevar mucho tiempo; que tengo tres ofertas, de El País, de El Mundo y de ABC que estoy estudiando y que necesito desconectar un tiempo antes de decidirme por uno de ellas; o, yo qué sé, que me ha llamado Alonso de Santos para que le haga de negro o Javier Ruibal para que le escriba cinco o seis canciones.

     El miedo al folio en blanco, a quedarse seco para siempre, no se va nunca. Mis opiniones, además, no son mejores que las de los demás, ni siquiera están mejor escritas. Yo soy, por encima de todo, un lector compulsivo de columnas, ese género que Umbral (otra vez Umbral, uno de los putos amos del columnismo), ese género, decía, que él bautizó como “el soneto del periodismo”. Parafraseando a Borges, que otros se jacten de las columnas que escribieron; yo estoy orgulloso de las que he leído, leo y seguiré leyendo. Un servidor puede hablar con algo de propiedad sobre convenios colectivos, los servicios mínimos en las huelgas o sobre la intermediación laboral, y de poco más. Escribo, simplemente, y sin más pretensiones, para que me lean, para que me lean hasta el final y no me dejen la columna a medias. Con eso me conformo. Reconozco eso sí, que leo tantas a la semana que hay veces que termino vomitándolas como si fuera un quinceañero un sábado por la noche. Yo soy, además, de digestión pesada. Qué misterio, por cierto, de toda la vida de Dios, ¿verdad?, el de la digestión.

     Hablaba antes del miedo ante el folio en blanco, pero acojona más todavía el miedo ante el folio mal escrito. Creo que es mucho peor. Hay días que uno  entrega el artículo con el puchero puesto, pidiendo perdón, lo siento, no volverá a ocurrir, es que he estado ayudando al niño con las matemáticas. Eso sí, como les digo una cosa les digo la otra: esa semana va uno casi escondiéndose por la calle, como si estuviera jugando al cruz, cruz por mí y por todos mis compañeros y por mí primero, y de pronto alguien te llama y te dice: genial, Pepe, genial, hacía tiempo que no leía una columna tuya tan bien escrita, tan cuidada en el fondo y en la forma, tan poética, tan divertida y la vez tan crítica con el actual estado de las cosas. No falla, eso es así. La gente es muy preguntona y muy puñetera en general, pero en particular, Fulanito, Menganita o Zutanito, uno a uno, suelen ser personas muy compasivas y empáticas. Luego resulta que al final, cuando tú ya has dicho gracias, muchas gracias, y te haces el interesante,  uno hace lo que  puede, etc., de pronto te sueltan: magnifico el artículo sobre Faelo Poullet. Y resulta que Fulanito, Menganita o Zutanito  se han confundido y al que  han leído es, efectivamente, a un tal Mendoza, pero su nombre de pila es Ángel, mi hermano Ángel, y uno se va de allí echando leches,  con la autoestima a la altura del parking de la Plaza Peral. Me alegro mucho por mi hermano, de verdad, pero Fulanito, Menganita o Zutanito no tienen nada ni de compasivos ni de empáticos. Unos siesos maníos, eso es lo que son Fulanito, Menganita y Zutanito. Los tres juntos y por separado.

     Como todo el mundo, yo empecé a escribir para bautizos, comuniones, bodas y extremas unciones. Colaboré con columnas habladas en M-80 y la Cadena Ser, y luego me dijeron que, como tenía poquita voz pero desagradable, mejor lo pusiera todo por escrito: en El Puerto Información y en Noticias Locales tuve mi primera parcelita y allí empecé a cultivar juegos de palabras, hipérboles y metáforas. Entre medio y entre medios, de vez en cuando mandaba alguna que otra carta al Director al Diario de Cádiz, unas cartas horrorosas, la verdad, en la que todo eran adjetivos engolados que se derretían por el camino del merengue que llevaban. Luego, una tribunilla libre por aquí, una colaboración  por allá… Hasta que cogí postura, me acurruqué en un rincón de la sección de Local y ya les dio pena echarme.

     Fue el sábado 8 de octubre de 2005, cuando aparecí por primera vez, ya de manera regular y como columnista de desconocido prestigio, en la ciudad de papel de El Puerto, de la mano de. Francisco Andrés Gallardo, y, posteriormente, de Teresa Almendros. Ambos me abrieron fraternalmente,  por quincenas, las puertas de su azotea en la calle Larga y me dieron 2.200 caracteres con vistas al Guadalete. El jueves 23 de octubre de 2008,  Rafa Navas me propuso adelantar mis ocurrencias a las primeras páginas. Le dije que no, pero el entendió que sí. Para convencerme de la necesidad del traslado, le faltó esgrimir que yo era como aquel personaje de Moliere que un día descubrió que llevaba toda la vida hablando en prosa sin saberlo, sólo que un servidor hablaba en columnas. Fueron, exactamente, 151 y 500 noches. En febrero de 2012 volví a hacer guardia en la garita de El Alambique, un lugar privilegiado con unas vistas impresionantes. Les aseguro que algunas mañanas limpias de verano, sólo hay que saber mirar, todavía se pueden ver las casetas rojas y blancas de La Puntilla, el bar La Burra, el futbolín de El Pato o la feria de Crevillet.

     En mi caso, escribir también ha mejorado, no saben ustedes cuánto, mi relación familiar. En casa, al principio, llegué a creerme un superdotado del columnismo, un Juan José Millás, un Ignacio Camacho, un Enric González. Mi mujer y mis hijos recortaban mis colaboraciones y la ponían en el frigorífico, la repartían por el instituto, hacían mesas redondas en la cocina para comentarlas… Eso sí, ojo al dato, siempre tomando la precaución de que yo les viera. No tardé mucho en pillarles y desengañarme: querían que escribiera todos los días y a todas las horas porque tanto ellos como los de Maphre se sienten más seguros cuando estoy delante del ordenador que cuando pinto una habitación, cambio una bombilla o intento arreglar un grifo. Me ven levantarme del portátil, se miran entre ellos temiéndose lo peor, y alguno dice "afínala más papá, échale un vistacillo a las comas, mira a ver si puedes eliminar algún gerundio". Tengo yo un amigo por el estilo al que en su casa, en defensa propia de la propia familia, valga la redundancia,  le escondieron el taladro hace treinta años y no ha vuelto a verlo.

     Escribe uno también  para llevarles la contraria a ellos, aunque a estas alturas de la historia hay veces que uno no sabe muy bien quiénes son ellos, ni  sabe muy bien cómo se les lleva la contraria. Creo que el recado de escribir implica ponerse del lado de los que sufren. Cantarle las cuarenta a los poderosos o a los asistentes de los poderosos,  más aún en este tiempo de canallas sin escrúpulos y de psicópatas sociales, es un deber moral. Les jode, doy fe de que les jode, sobre todo si uno utiliza el humor y la sátira y ven en una humilde esquina de papel de un periódico de provincias que un don nadie les dice que no valen nada, que como el rey del cuento van desnudos, desnudos de ropa y de vergüenza. Saldrán los palmeros a defender al artista; renovarán sus votos los estómagos agradecidos ante el cacique de turno dejando constancia de que mientras haya privilegios seguirán haciendo genuflexiones y babosearán como aquel personaje que interpretaba José Luis López Vázquez en Atraco a las tres,  “Fernando Galindo, un admirador, una amigo, un esclavo, un siervo”;  entrarán en tu blog y desde la cobardía que da el anonimato lanzarán unos cuantos escupitajos para intimidarte. Pero no importa, porque el columnista es socio desde hace siglos del Club de Fans de Don Francisco de Quevedo y Villegas: No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. El lema del periodismo debería ser mantenerse lo más alejado posible del poder. Y escribir a favor de los que no tienen ni más velas, ni más mejillas que poner. 

     En realidad, creo que también escribo porque rejuvenece mucho y te ahorras una pasta en cremas, colágenos, botox y todas esas porquerías con las que creemos neutralizar las ofensas del tiempo. Asomarse al espejo de la escritura y poder mirar cara a cara al crío que uno fue una vez, ese que esperaba como un perrito faldero que su padre soltara el periódico para leer a los maestros que me dieron de leer cuando no había libros en el mueble bar de mi casa, es un ejercicio de nostalgia pero también de gratitud a mis mayores. Mi padre está pero ya no está, pues se mudó hace más de seis años al olvido, y su mirada ya no se posa en el Diario que mi madre sigue comprándole cada semana con la esperanza de que  pueda reconocernos a mi hermano Ángel y a mí en las fotos, y pueda leer nuestras columnas, las mismas que ella anuncia orgullosa en el barrio, como anunciaba El Catalán los iguales para hoy en la calle San Sebastián y Lolilla los caracoles en el Distrito 21. Escribir, insisto, rejuvenece: se tenga la edad que se tenga, uno siempre vuelve de hacer la tarea de Lengua hecho un chaval.

     En fin,  por ir  terminando que  veo ya a mucha gente durmiendo, algunos incluso roncando, y el resto se querrá acostar. ¿Por qué Ecos de vecindad? Porque la mayoría de las columnas a mi me huelen y me saben a lagares perfumados, a pino y sal, a marisma y playa, a viviendas encaladas de bajas azoteas, y uno se puede ver, sólo hay que saber mirar y mirarse,  jugando con Paco y Fae en el corredor de este patio de vecinos de El Puerto que te lleva a cien palacios y a una calle de agua a la que llaman del olvido. Lo proclamó Kavafis: No hallarás otra tierra ni otro mar. La ciudad irá en ti siempre, pues es siempre la misma. No busques otra, no la hay. Conste donde tenga que constar que me lo paso bien escribiendo.

     Procuro ser fiel al primer mandamiento del maestro Manuel Alcántara: no aburrir ni a Dios, sobre todas las cosas. Sé que la mayoría de las veces no lo consigo, pero nadie puede quitarme la gloria del empeño. Escribo siempre con alegría, con la paciencia amable y atenta con la que labora el artesano. Intento, como los buenos toreros, arrimarme y exponer, dar consuelo al afligido y afligir al consolado. El columnismo no ha hecho sino confirmarme, a través de rostros y nombres, que la felicidad no necesita de la belleza tanto como la desventura. Y que los derrotados, vengan las crisis que vengan, seguirán siendo invencibles.Mi escaso talento literario procuro compensarlo con otros méritos de los que sí presumo con orgullo. Salvo 6 meses de parón obligado, en los que, por más que lo intenté, las musas me hicieron el mismo caso que Mourinho a Casillas, no he faltado nunca a la cita quincenal con los lectores. Jamás tuvieron que llamarme del periódico para reclamarme el artículo. Un artículo que, al menos para mí, fue siempre de primera necesidad. Espero que no me hayan tomado, ni me tomen nunca, ni completamente en serio ni completamente en broma. Y que hayan sabido disculpar mis acreditadas carencias en este difícil arte de poner bien puestas unas palabras detrás de otras. 

     Muchas gracias.

     Viernes, 28 de junio, Fundación Rafael Alberti (El Puerto de Santa María)

     P.D.: Mi agradecimiento a Teresa Almendros, Enrique Bartolomé, Manolo Morillo, Ángel Mendoza y Pablo González, que amenizaron e hicieron más digestiva esta exposición leyendo algunas de las columnas que aparecen en el libro.

    

ECOS DE VECINDAD

ECOS DE VECINDAD

¡HOUSTON, HOUSTON, TENEMOS A CRISTÓBAL!

¡HOUSTON, HOUSTON, TENEMOS A CRISTÓBAL!

     Mañana es el día C, C de Cristóbal, de Cristóbal Nieto, de los Nieto de toda la vida. En apenas unas horas, este portuense de 19 años, estudiante de Ingeniería Aeroespacial, saltará en Ibiza desde una altura de 10 metros para conseguir una plaza de turista espacial. Elegido entre aspirantes reclutados en 60 países, nuestro paisano ha superado unas durísimas pruebas de selección. Hasta se ha tenido que confeccionar él mismo su propio traje de astronauta, como si fuera Manolo Sastre. Otra fortaleza: es colchonero, lo que certifica que además de inteligente el chico sabe sufrir.

     Me gustó que a  la rueda de prensa del otro día en el Ayuntamiento acudiera con su madre, sabia decisión que confirma que las neuronas del entorno también vuelan altas. No es bueno que un chaval tan joven esté en las nubes más tiempo del necesario, por muy fan de Buzz Lightyear que uno sea. Si se pierde la perspectiva, el alunizaje puede ser mortal. Los sabios consejos maternos, siempre imprescindibles si uno quiere andar por la vida con los pies en el suelo, son tan útiles aquí abajo como allá arriba: ponte una rebequita no vayas a coger frío en la estratosfera, cierra la puerta de la nave al salir, como te caigas vas a cobrar, etc.

     Su elección sería, sin duda, un pequeño paso para este hombre y un gran paso para nuestra ciudad. Sin contar a Eusebio Iñiguez, desde Juan de la Cosa no habíamos tenido un piloto tan importante. Sin contar a las cigüeñas de la Prioral, ningún portuense subió nunca tan alto. Aquí, la mayoría no hemos pasado de la calle Ganao arriba y de la noria en la feria. Creo que si nuestro vecino es finalmente el elegido, deberíamos aprovechar la collá y poner también El Puerto en órbita, que buena falta nos hace. Si los americanos clavaron su bandera en la luna, Cristóbal puede tender la verde y amarilla en una azotea de la Vía Láctea. Si ellos presumen del Apolo, nosotros no vamos a ser menos: no hay color entre las cápsulas enlatadas que engullían Amstrong y compañía en el suyo y el tortillón de patatas que ponen los Benítez en el nuestro.

     Necesitamos recuperar como pueblo la autoestima humilde y la ilusión trabajada que a Cristóbal le sobra. Suerte mañana, chaval.  

     (Diario de Cádiz, 21 de junio de 2013)

EL TABERNERO FIEL

EL TABERNERO FIEL

     Sin casulla ni alba ni estola podría pasar por un dependiente de ultramarinos, o mejor, por un tabernero de esos de toda la vida que un día llega al barrio, alquila un pequeño local, monta un bar y enseguida se gana el respeto de la clientela. La bondad de un tabernero se refleja, claro que sí, en los productos que expende, pero también en el trato con la parroquia, y en ese sentido Paco es un currante que además de ofrecer un buen pan y un buen vino, permite, mientras baldea el serrín de su tienda y friega las copas vacías que se acumulan sobre el mostrador, la tertulia diaria y el cante los domingos. En realidad, este tabernero no ha hecho otra cosa en su vida que expender los productos más básicos a un buen precio, regalándolos casi. Y, sobre todo, atender pacientemente a sus vecinos y echarles un cable cuando vienen mal dadas.

     Podría pasar por un tabernero de los de toda la vida, pero Paco González es sacerdote, un sacerdote de esos  de los que desgraciadamente cada vez quedan menos en la viña del Señor. En su taberna, o en su parroquia, que viene a ser lo mismo, no ha parado de ayudar a los demás, recordándoles que tan importante como disfrutar de la cháchara y la cervecita después de dar de mano en el tajo, es hacerlo juntos. Que las tapas saben mejor compartidas. Que Dios es más creíble cuando le vemos ayudar en la cocina. Que el respeto de la clientela y de los fieles hay que ganárselo sirviendo, pues una iglesia que no sirve no sirve para nada.

     Se han cumplido 50 años de su ordenación y, lejos de aburguesarse, no ha traicionado a aquel joven  entusiasta que llegó hace más de cuarenta años de Ubrique. Con la camisa remangada y la libreta llena de nombres de vecinos que ya no están pero que le ayudaron a que en el bar hubiera siempre un buen ambiente, un ambiente en el que nadie es más ni menos que nadie, sigue baldeando el serrín y fregando las copas vacías que se acumulan sobre el mostrador.

     (Diario de Cádiz, 20 de junio de 2013) 

LOS IGUALES PARA HOY

LOS IGUALES PARA HOY

     Leo que la ONCE ha cumplido setenta y cinco años, y de pronto, por la cara (por la cara amable de esa infancia que a veces nos envía postales sin fecha con la letra antigua de un cuaderno Rubio), yo descumplo cuarenta, cuarenta iguales para hoy, quién me compra otro cupón. Es verano (siempre es verano cuando se asoma uno por la ventana de la memoria a la calle de su niñez), la mañana recién estrenada, el trasiego de esas primeras horas en la que los mayores se preparan en silencio para las dignidades del trabajo. Los mismos sonidos, los mismos olores, las mismas rutinas que en los ojos de un crío son siempre distintas. Hombres en bicicleta salen para los tajos; mujeres de lutos limpios, algo menos rigurosos en esta época del año, hacen la casapuerta. Se oyen ya a lo lejos, como una letanía civil, los primeros pregones: ¡las cemitas calentitas!, ¡hay higos!, ¡niña, los caracoles!,…

     Y, por supuesto, los iguales, aquellos sellitos de color celeste con el número de  tres cifras impreso en rojo. Lo vendían los más pobres de entre los pobres, los inútiles, según la despiadada terminología de la época, nada que ver con el reconocimiento social y profesional del que hoy goza el vendedor. Recuerdo sobre todo a Tonino, la ilusión pero también la bronca de todos los días, el viejo de la boina y el bastón que me enseñó algunos insultos con los que me desahogaba cuando me tocaba quedarme y me zurraban en el salto y múa. “Yo también me cagaría en todo todos los días si cuidando las vacas me hubiera explotado una granada en las manos y me hubiera quedado tuerto y con un cacho brazo menos, que me lo ha contado mi padre”, le decía yo a cualquier amigo que osara quejarse del carácter avinagrado de Tonino.

     A veces, buscando desesperadamente en el periódico del día algo sobre lo que escribir, aparece escondida entre sus páginas una postal que nos remite la infancia. En la de hoy, hay hombres y mujeres entrañables y diferentes que forman parte del paisaje sentimental del centro de El Puerto. Con un viejo bastón por lazarillo pregonan para los demás la misma suerte que a ellos les dio la espalda en la caprichosa lotería de la vida: ¡Cuarenta iguales para hoy, quién me compra otro cupón!

     (Diario de Cádiz, 7 de junio de 2013) 

CON NOTICIAS DE GAGO

CON NOTICIAS DE GAGO

     En ocasiones veo a Gago. El niño de El Sexto Sentido veía muertos, pero yo veo a Gago vivo, vivo y bromeando, su estado natural en el whatsapp siempre disponible de la memoria. Me cruce con él el otro día en una esquina del Facebook y me contó que está como Fundador, o sea, como nunca. Aclaró, eso sí, que a los vecinos del barrio de arriba lo que les va es Terry, según le confesó nada más llegar el encargado de los Serenos. "Usted sí que sabe, Saint Peter", soltó Fernando mientras sacaba de la Lambretta una de Centenario 1900.

     Se despidió de mí con un ruego: “No me olvides por la gloria de Cotón”. Recordé entonces la primera vez que hablamos, allá por 2006. “¡Mendoza, Mendoza!”, gritó, desde la acera de El Rempujo. Servidor había escrito dos o tres artículos criticando su promiscuidad política, así que me acerqué temiéndome lo peor, muy despacio, para que me diera tiempo a construir sobre la marcha un par de frases demoledoras que pudieran contrarrestar su más que previsible disparo al columnista. Antes de que yo sacara el cuchillo jamonero que llevaba entre los dientes, me estrechó la mano y me dijo: “Te leo siempre, hasta cuando hablas de mí. Mal, como debe ser”. Gracias, le contesté, con el cuchillo ya en posición de descanso.

     Puse a prueba su indiscutible buen talante con otra columna incisiva, en la que le critiqué que en los carteles electorales de las elecciones de 2007 apareciera sin la corbata para arañar unos votillos entre el proletariado.  Le recomendé que volviera urgentemente a su pasado de cuello blanco y diplomacia azul, “que antes que con un pan debajo del brazo tú naciste con una corbata debajo de la nuez”. Me mandó un correo asegurándome que iba a reconsiderar su decisión porque había cogido frío en la garganta. Supe por terceros que intentó, sin éxito, que mis columnas pervivieran más allá del periódico. No tuve más remedio que declarar el cese definitivo de las hostilidades. No tuve más remedio que dejarme honrar con su amistad.

     En ocasiones, ya digo, veo a Gago, pero en lugar de asustarme como el niño de la película, salgo, como siempre, mejorado del encuentro. Sigue igual: vivo y bromeando. Por la gloria de Cotón que es imposible olvidarlo.

     (Diario de Cádiz, 24 de mayo de 2013)

SURREALISTAS

SURREALISTAS

     Desde que Hernán Díaz salió a hombros de la Peña Los Bolaos, firmando un final de su simpar carrera como alcalde digno del mejor Azcona, el surrealismo político local apenas había remontado el vuelo. Es cierto que el number one de IP puso el listón altísimo. Todos recordamos gags desternillantes que convirtieron a La Bahía del Mamoneo en líder de audiencia. Su clase magistral sobre cómo hacer polvo de pétalos de rosa (socialista), sin dejar por ello de ser un machote, dio la vuelta a España en los mejores programas de humor de la época. O su tributo a Gila en sus continuas disputas con Ignacio García, concejal de IU: si no sabes aguantar a esta broma de regidor, te vas del pueblo.

     Salvando las distancias, lo más parecido hoy en la corporación a aquel Chiquito de las Rotondas es Patricia Ybarra. El suyo en un humor más sofisticado, aunque para mi gusto sus monólogos son demasiado intelectuales. El del otro día, aunque me costó pillarlo, fue buenísimo. ¿Saben aquél que dice que si no se regulariza (el eufemismo pepero para definir sablazo) el aparcamiento en la primera línea de playa no damos oportunidad a la rotación? ¡Dar una oportunidad a la rotación,  Dios mío de mi vida, como John Lennon con la paz  pero con los coches! Qué homenaje más entrañable a Cuerda y a ese monumento al absurdo que es su película Amanece que no es poco. O el de  “un autobús no es un taxi” (puro Faemino y Cansado). O ese otro en el que tiraba de ironía científica (“el centro de El Puerto no sufre ningún tipo de patología anómala ni extraña”) y ponía en su sitio a un tal Jiménez, un derrotista que colgó en facebook un montaje manipulado de comercios cerrados, grabado de madrugada y luego pasado por el photoshop para que pareciera que era al mediodía.

     Tengo algunos más, pero no me da el espacio. Mi favorito es aquél en el que contesta a los hosteleros que le pedían explicaciones por la poca repercusión que ha tenido en nuestra ciudad el Bicentenario. “El Puerto ha llegado tarde a la organización del Bicentenario”, dijo. Las cosas, claro que sí, hay que avisarlas con tiempo, que dos siglos es muy poco para montar un historia de esas en condiciones.

     Yo creo que además de a la rotación deberíamos darle también una oportunidad a la traslación. A la de ella.

     (Diario de Cádiz, 10 de mayo de 2013)

UNA RESACA DE 6.000 AÑOS

UNA RESACA DE 6.000 AÑOS

     Tengo una primicia informativa que va a cambiar la historia de El Puerto, de la Feria y hasta de la Morillopedia (o de la Wikimorillo, que nunca sé muy bien cómo se llama esa página en la que busques lo que busques siempre sale Luis Suárez, el jurista calé que es como el Google pero mucho más completo: te devuelve las consultas en papel de oficio, mejor escritas y con más entradas de flamenco).

     Pero vayamos al grano y dejemos las disgresiones, signifique lo que signifique disgresiones. ¿Recuerdan aquella noticia que salió a finales de marzo sobre la aparición de una piedra funeraria con más de 6.000 años en el espigón de Poniente de la playa de La Puntilla? Según la Delegación de Cultura de la Junta podría tratarse de una pieza del Neolítico o principios del Calcolítico (signifique también lo que signifique Calcolítico, aunque debió ser, como su propio nombre indica, una copia del Neolítico hecha con papel de calco). Pues bien, el caso es que los técnicos encargados de su estudio, tras pasarse por la piedra unas cuantas tardes y mirarle hasta las encías, han elaborado un primer informe oficioso al que este columnista ha tenido acceso tras pagarle unas cuantas convias a un  pícaro ordenanza de cuyo nombre no quiero acordarme.

     Aquí van algunas de las conclusiones de la investigación. El pelote ese empezó su deambular por el mundo en el frontal de... ¡una caseta de feria! Como lo leen. Más concretamente, en la caseta (entonces cueva) de la Peña (entonces tribu) de Los Cazadores (entonces sin licencia para cazar), allá por entre el 4.500 y el 3.500 A.C. (Antes de Cristo y Antes de la Crisis).  Entre los muchos signos ilegibles que aparecen pintados, hay un venado que en un principio parecía estar bañándose apaciblemente en el Guadalete, pero que tras ser examinado con un  microscopio se descubrió que el agua no era agua sino salsa (hay grumos que los técnicos identifican como un sofrito). Un venado en salsa, por tanto, la estrella de las raciones de aquella rudimentaria lista de precios que ha pervivido hasta hoy en esa caseta acogedora de la que todos, salvo el lobo de Caperucita, hablan bien. Justo al lado, el esbozo de un pescuezo con un aspa encima confirma que la estirpe de los gañoteros tampoco era bien recibida en aquellos primeros garitos. En el reverso de la piedra se puede observar  también la figura de una mujer bailando con una flor prendida al pelo y unas pieles carmesí, lo que lleva a los expertos a asegurar que estamos ante lo que pudiera ser el primer traje de faralaes de la prehistoria. El informe apunta que es probable que ya entonces se bailara algo parecido a las sevillanas, las sevillanas aldeanas, primer antecedente de las sevillanas corraleras. El Tajo de las Figuras en Benalup pudo ser la sede de la  primera academia.

     Quedan, eso sí, muchas incógnitas por despejar. No hay todavía una ubicación geográfica exacta del lugar en el que aquellas primeras ferias se celebraron (parece descartado El Lejío). No se ha podido precisar, más allá de la mitología popular alimentada por el imaginario colectivo, sí, como el dinosaurio de Monterroso, la caseta de Tierra, Mar y Vino siempre estuvo allí. O cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda  troglodita-machista en la afirmación de que en la calle de la Osa Mayor (hoy calle del infierno) proliferaban las atracciones de mujeres barbudas. Sí queda claro que  El Teatro Chino Manolita Chen es del período siguiente, la Edad de Bronce.

     Pero lo más importante de este revolucionario estudio es la confirmación histórico-científica de lo que la mayoría ya intuíamos: que la feria de primavera empezó mucho antes de la fecha más antigua que hasta el día de hoy teníamos de referencia, 1281, año en el que el Rey Alfonso X concedió a la ciudad la celebración de dos ferias anuales. Era, la verdad, humanamente imposible hacerse a la idea de que durante más de 3.000 años, siglo arriba, siglo abajo, no hubiera habido nada de nada, pues de toda la vida de los dioses los pueblos han necesitado de la fiesta tanto como de la justicia. Terminadas las glaciaciones, ¿no se iban a tomar nuestros picapiedras coquineros tres o cuatro para celebrar la entrada del calorcito? ¿No iban a mover su cuerpo serrano y todavía algo encorvado bailándose unas sevillanas al compás de Los Romeros de La Piedra (pulimentada)?

     No hubiéramos sobrevivido ni como especie ni como pueblo de no haber sido por estos días de vino y de rosas.  Pasa la vida y pasan los milenios, y al final lo que queda y también lo que nos vamos a llevar son esos ratitos. Del Yaba daba du al Sueña la margarita apenas hay unas cuantas conversaciones agradables, dos cuerpos fundiéndose en otros cuerpos nuevos, tres o cuatro borracheras graciosas y una resaca de 6.000 años.

     (Diario de Cádiz, 28 de abril de 2013) 

JUSTICIA POÉTICA

JUSTICIA POÉTICA

     Una mañana de abril de 2003, me topé en el diario El País con un reportaje de esos que te alegran el desayuno y la vida: un grupo de escolares de entre seis y siete años, del municipio de Alhama de Murcia, andaba regalando recitales de poesía teatralizada por institutos y universidades. “Alberti, Paloma Desterrada”, se llamaba el montaje. Su maestra, Carmen Molina, decidió un día presentarles a ese señor con pinta de abuelo moderno y voz de profeta del Antiguo Testamento que salía en las fotos con una gorra marinera y unas camisas de colores chillones que siempre le quedaban grandes. El profesor Pedro Guerrero, amigo personal del poeta y experto en su obra, calificó el trabajo como “una auténtica revolución pedagógica”.

     Yo quedé tan impactado que escribí ese mismo día una carta al director de El País, que Carmen leyó y me agradeció con un correo amabilísimo en el que me emplazaba a conocerles. En junio bajamos a El Puerto para resucitar a Alberti también en su pueblo, decía. Y ya de paso, le contesté yo, nos resucitáis también a nosotros, que andamos como almas en pena buscando al auténtico Rafael por las arboledas perdidas del recuerdo, nada que ver con ese personaje folclórico y alejado de sus amigos en que se había convertido en sus últimos años.

     Vinieron y tuve el placer de disfrutarles. Pero, por más que lo intentaron, no les dejaron jugar con el poeta y sus versos en la casa de la calle Santo Domingo. Que si la Fundación no estaba para eso, que si era fin de semana… Sí pudieron cantarlo en San Luis Gonzaga, gracias a la generosidad de Fernando Mora: a los críos les abrió de par en par las puertas del colegio y de su corazón, y a mí me recolocó mi cara en su sitio, pues se me había desencajado de la vergüenza.

     Me acordé mucho de esos niños el pasado lunes, cuando acudí a la Fundación para ver en directo el programa que Ángels Barceló le dedicó a Caballero Bonald. Cuando Javier Ruibal dijo que esperaba que aquella casa volviera a ser la casa de todos, cerré los ojos y casi puede verles, por fin, recitar en el patio que un día fuera una fuente con agua, aunque no estaba la fuente, la fuente siempre sonaba…

      Algo parecido a lo que sentí la otra noche, eso debe ser la justicia poética.

      (Diario de Cádiz, 12 de abril de 2013)

POR LOS PELOS

POR LOS PELOS

     De pequeño, mi primera estación penitencial en los días previos al Domingo de Ramos era la barbería de Jiménez, que estaba justo al lado del Bar Los Pinchitos, a donde me mandaba mi madre –dile a Don Antonio que te descargue bastante- para cumplir con el mandamiento de santificar las fiestas con el cogote recortado y en perfecto estado de revista. Yo obedecía sin rechistar, pero no entendía muy bien por qué Jesús podía enfadarse si me veía con el pelo largo: él y sus amigos tenían unas pelambreras que parecían Ismael y La Banda del Mirlitón.

     En cualquier caso, uno siempre iba contento a ese templo civil en el que olía a Lavanda en lugar de a incienso, y en la que la cofradía verde y blanca con más hermanos no era la Vera Cruz sino el Real Betis Balompié. Porque por esa escuela filosófica de trabajadores de todas clases, fluían, a la par que el agua y el talco de los pulverizadores, inclasificables corrientes de pensamiento que hablaban sobre el Racing y la nada, la insoportable levedad de Galloso, o sobre el Arropiero, que era un lobo para el hombre pero sobre todo para las mujeres. En mi curriculum vital tengo un master en educación cívica y sentimental, expedido por ese ágora proletaria que, según su fundador, permanecía milagrosamente abierta, año tras año, por los pelos.

     No recuerdo muy bien por qué dejé de ir (tal vez aquella novia primera con aires de grandeza) y empecé a degenerar visitando peluquerías de esas modernas en cuyo interior el tiempo nunca se pierde en condiciones, y en las que los estilistas y los psicoanalistas del cabello hablan con faltas de ortografía.

     Don Antonio Jiménez cerró su barbería ya hace años, pero en fechas como éstas añoro esos días previos a la Semana Santa y demás fiestas de guardar en los que uno ofrecía mansamente su cabeza poblada e indefensa -dice mi madre que me descargue bastante-, mientras escuchaba sin perderse detalle al fígaro bético y a sus clientes más doctos. Ahora soy yo mismo el que me corto el poco pelo que me queda con una máquina en la soledad del cuarto de baño, con lo que ese acto tiene de nostalgia, desolación y subida al Calvario, que es, como dice Benedetti, el destino inexorable de los que en cien años seremos completamente calvos.

     (Diario de Cádiz, 29 de marzo de 2013)

DE PROFESIÓN HERMANO

DE PROFESIÓN HERMANO

     Hay dos formas de entender el mundo. Una, como un lugar peligroso en el que lo mejor que podemos hacer es acumular posesiones y prestigio, y desconfiar de todos y de todo, pues el mal acecha en cada esquina y es mejor camuflarse y no arriesgar que decir quién eres y de qué lado estás. Otra, como el barrio de uno, como el patio de vecinos de uno en el que nadie es más que nadie, el puchero compartido tiene el sabor antiguo de la fraternidad y pasar necesidad a solas es un delito de lesa vecindad.

     Hay también dos maneras de entender la fe. Como la pócima mágica que te conecta directamente con un reino anticipado y purísimo al que un día llegaremos siempre que hayamos cumplido con todos los preceptos y no nos hayamos rebelado mucho aquí abajo. O como el apasionante afán de encontrarse con el alma del prójimo, de reconocernos mortales pero mortales acompañados, de buscar a Dios entre la niebla buscándose a la vez uno mismo en el dolor y en la felicidad de todos.

     Pepe Serrato, jubilado de RENFE pero de profesión hermano, lleva veintiocho años presidiendo la comunidad de vecinos y feligreses más nutrida de nuestra ciudad: la de los pobres de solemnidad. Las dos vienen a ser lo mismo, pues las cosas que claman al cielo son un escándalo intolerable aquí y en el barrio que está más allá de las estrellas, por más que los gánsteres que hoy gobiernan en Europa (la mayoría muy demócratas y muy cristianos) no alcancen a entenderlo. Cada vez hay más familias necesitadas, declaraba el otro día este buen samaritano de Osuna que, con su entrega incondicional a los desposeídos, ha sacralizado la calle y ha civilizado la iglesia, tarea que uno considera imprescindible para dignificar y conectar esos dos espacios públicos, esa doble dimensión humana.

     Se siente uno orgulloso de ser, ya oficialmente, hermano del hijo  generoso que ayer adoptamos para siempre en este barrio viejo que fundó Menesteo, en esta cálida parroquia de marineros y arrumbadores a la que ha consagrado lo mejor de su vida. Pero es un orgullo aún mayor que él nos adoptara a nosotros hace ya muchos años. Y que nos recuerde, desde su compromiso insobornable, que sólo hay una forma decente de entender el mundo y la fe: la que sostiene que con las cosas de comer no se juega.

     (Diario de Cádiz, 15 de marzo de 2013)

CIGÜEÑAS

CIGÜEÑAS

     Las cigüeñas han vuelto a la Prioral. Una docena de parejas anuncian, desde su ático plateresco con vistas al Guadalete, la buena nueva de una primavera más urgente y necesaria que nunca. Siglos llevamos viéndolas regresar cada febrero, construir su hogar a ras de cielo, prepararse coquetas para la llegada de sus cigoñinos, acompañar pacientes a sus crías cuando se estrenan con sus primeros vuelos, emigrar a tierras más cálidas antes de que empiece el frío.

     Se alegra uno de saludar de nuevo a estas vecinas viajeras que anuncian tardes más cálidas y luminosas, y también de recordarlas como garabatos en el tiempo y el templo sagrado de la infancia, cuando volaban desde Paris sobre un cielo protector poblado de mitos, con un hermano, un primo o un vecino nuevo envuelto en una sábana blanca colgada del pico, atravesando por nuestro mapa del libro de Geografía los Pirineos, la Cordillera Ibérica y la Depresión del Guadalquivir, hasta dejarle, sano y salvo, en la cuna. A veces, tal como contaba Gila, sin cruzarse siquiera con la madre del bebé, que había salido a pedirle perejil a la vecina.

     Han vuelto las cigüeñas, y, según nos cuentan los ecologistas, los responsables de la Prioral han incumplido el compromiso que le impuso la Junta de instalar plataformas de nidificación alternativa, en sustitución de los nidos que fueron retirados en octubre pasado debido a los daños que  provocaban en la iglesia. Otros pájaros más oscuros, no estas hijas adoptivas del barrio alto, son los responsables directos del deterioro del monumento.

     Nada sabemos de las creencias de las cigüeñas, aunque “si la cigüeña canta/arriba en el campanario/que no me digan a mí/que no es del cielo su canto”. Su fe en la primavera y su entrega incondicional a los más cercanos están también  más que acreditadas. Los griegos las consideraban un ejemplo de buenos padres. Para los romanos eran pájaros sagrados, pues a su cuidado estaban la protección de la mujer y de los recién nacidos.

     Desahuciar de su casa de toda la vida, de  nuestra  casa y de la casa del Señor (las tres son la misma casa) a unas criaturas tan libres y a la vez tan pendientes siempre de los suyos, eso sí que es un ataque a la naturaleza y a la estabilidad de la familia.   

     (Diario de Cádiz, 1 de marzo de 2013)

MATO POR EL PUERTO

MATO POR EL PUERTO

     Si nuestra ciudad es para Ana Mato su “refugio de escape y el mejor lugar del mundo”, tal como confesó en la presentación en Madrid del cartel de la feria del año pasado, no sé a qué está esperando, con la que le está cayendo encima, para escaparse en el primer AVE que salga de Atocha, refugiarse en su chalet de Vistahermosa y no abrirle ni a la muchacha que le viste a los niños. Ya sabemos que no está la cosa para dejar un trabajo, pero, por mucha ministra de Sanidad que una sea, con la salud no se juega, a ver si, Dios no lo quiera, con tanta tensión mediática va a tener que tirar una noche de éstas para urgencias, con lo mal que están últimamente.

     Aún en el caso de que la casa figure escriturada a nombre de su marido, de su ex marido, del Bigotes, de Correa, o de Izquierdo el contable, que en la sociedad de gananciales Sepúlveda-Mato hay más gente que en el camarote de los Hermanos Marx, no creemos que tenga problemas para usarla hasta que escampe un poco. Porque aquí va a estar mucho mejor que entre la canalla periodística de la Villa y Corte, esa que le pregunta cada cinco minutos por su dimisión, que se han creído que el carácter vitalicio de los cargos públicos está sometido al mismo régimen temporal que el del Papa. Además, el nivel de vida en El Puerto es mucho más bajo, dónde va a parar. No salen gratis total, pero los de la empresa Gestoflor te organizan cumpleaños muy baratitos. Y los martes, en el mercadillo de los Gitanos, los bolsos de Louis Vuitton tienen también precios  bastante apañados.

     Eso sí, nos ha parecido excesiva esa idea del PP local de hacerla hija adoptiva de El Puerto. Conste que le estamos súper agradecidos, o sea, por aquellas declaraciones que hizo sobre el analfabetismo secular de los niños andaluces: desde que dio la voz de alarma su gobierno no ha reparado en gastos en materia educativa. Pero recortar también los espejos morales en los que los paisanos de aquí nos miramos con orgullo agradecido (Jaime San Narciso, Sor María Aguilar o Pepe Cerrato, por poner sólo tres ejemplos), puede confundir a los vecinos más humildes. Con una mención especial en la Gañotá del fin de semana que viene creemos que sería suficiente.

     (Diario de Cádiz, 15 de febrero de 2013)

LISTOS

LISTOS

A pesar de que su carismático líder anda a la sombra por unos asuntillos menores que estamos seguros terminará aclarando (o enjuagando, que el orden de las etapas en este tipo de fregados no altera el indulto), la escuela de negocios  Díaz Ferrán es hoy una referencia mundial en el ámbito de las relaciones laborales. Las hemerotecas están llenas de citas de Don Gerardo que dan soporte intelectual a gobiernos, bancos, mercados y otras instituciones en las que se fija el precio de las personas y otras mercancías. “La mejor empresa pública es la que no existe”, por ejemplo. O esa otra, tan impagable como sus deudas: “Hay que trabajar más y ganar menos”. Estamos, sin duda, ante un genio de la economía social, a la altura de Marx, Keynes o el mismísimo Urdangarín, otro fuera de serie en el arte de la contabilidad  creativa.

Nunca podremos agradecerle lo suficiente su altruista vinculación comercial con nuestra ciudad, el privilegio de haber podido hacer turismo interior de la mano de GDF, su saneada empresa de autobuses, o confortables desplazamientos más allá de la sierra de San Cristóbal gracias a la añorada Marsans, cuyos trabajadores también terminaron viajando pero por esa tierra hostil que es la oficina del INEM.

Algunos empresarios locales creen, sin embargo, que se quedó corto, que la única salida viable a día de hoy es trabajar todavía más y ganar nada. Así lo entiende, según nos cuenta este Diario, un tal Pedro Fernández Pérez, teórico del coste cero en gastos de personal que pretende terminar con el paro acabando directamente con los parados, por abducción primero y por desfallecimiento después. Sus víctimas son citadas en una sala con las persianas bajadas donde se les invita a aplaudir y a pegar gritos, como si fueran el público de Sálvame. Luego, a vagar como zombis por las calles, buscando diariamente 300 puertas a las que llamar para vender de todo sin ver ni un euro. Estamos ante un nuevo modelo de emprendedor que ha sabido incorporar a su empresa lo mejor del mentalista Anthony Blake y del guionista de Walking Dead, y que, según confesión propia, viene de abajo. Probablemente de alguna alcantarilla que conecta directamente la reforma laboral con la nueva esclavitud.

     (Diario de Cádiz, 1 de febrero de 2013) 

PIE DE FOTO

PIE DE FOTO

     Esta es mi calle, la calle San Sebastián, el paraíso perdido con suelo de chinos peluos, pucheros en la candela y repique de campanas en el que un reloj de sol pintado en la pared, justo encima del bar al que da nombre, gobierna todavía las horas eternas de mi infancia. Esta es mi casa, la del número 17: las macetas que perfuman el patio en primavera las plantaron mi vecina Encarnación, siempre de luto limpio y riguroso, y mi madre.

     Este soy yo, el rubio es mi hermano Paco, y éstos los mellizos Ángel y Rafael, los cuatro vestidos pobremente de domingo, en la puerta de la casa de mis abuelos maternos, Francisco y Teodora. A pesar de que mi abuelo era sereno, tuvieron veinte hijos. Harto de abrir puertas por la noche, por la mañana hacía el trabajo inverso pero sólo con la de su dormitorio, parece que casi siempre con mi abuela dentro. Abril de 1973 dice en el reverso el sello de Estudios Garpre. Siempre es abril en las fotos de la infancia. 

     Este es mi colegio, en el que cursé la primera etapa de la E.G.B. Despistado en mi pupitre, espero con impaciencia que suena la sirena para salir corriendo detrás del Cola-Cao y de Los Chiripitifláuticos, antes que a Don Justo le dé por interrumpir su exposición y diga esas tres fatídicas palabras que todavía hoy me hacen temblar: “Mendoza, continúe usted”.  

     La mujer que reparte la merienda es mi madre. Y el hombre que llega ya anocheciendo, cansado de trabajar (cuando hay trabajo), pedaleando una vieja bicicleta verde, tras haber pasado por el control de avituallamiento del bar del Tinaja, es Rafalito, mi padre.

     Este es mi padre ahora, lo que queda de él más bien, postrado en su silla de ruedas, el pelo tan blanco como su memoria, la mirada acuosa, indefenso, como queriendo no existir. Da pena verlo, con lo que ha sido. No se explica mi madre cómo ha podido haberla olvidado, a pesar de que tenga lo que tiene. Me gusta pensar que su mirada, que hoy se posa también sobre estas fotos sin que pueda reconocerse y reconocernos, tal vez ande perdida en algún abril remoto de un mundo contiguo al nuestro, donde perviven aquellos que ya no están y sin embargo no se han ido del todo. Y que él, Rafalito, es feliz allí, mientras se acerca al final a lomos de su vieja bicicleta verde.

     (Diario de Cádiz, 18 de enero de 2013)

NO APAGUEN EL PROYECTOR

NO APAGUEN EL PROYECTOR

     El otro día volví a ver La rosa púrpura de El Cairo, esa deliciosa comedia romántica del mejor Woody Allen en la que la protagonista, Cecilia, se refugia en el cine para escapar de una vida horrible en los años de la gran depresión americana. Entre rendirse y soñar ella elige soñar, y sueña tanto y tan bien que una noche el galán de su película favorita atraviesa la gran pantalla para conocerla.

     Pero hay en esa pequeña obra maestra un personaje secundario, al que yo sólo recordaba vagamente, que me sobrecogió casi tanto como las desgracias de la protagonista. Es un actor de reparto que queda atrapado en la película sin poder salir de ella, y que se pasa las escenas implorando todo el rato a la cámara: “No apaguen el proyector. Si se va la luz desaparecemos todos. No pueden entender lo que se siente al desaparecer y convertirse en nada”.

     Tal vez porque necesitamos la ficción para encontrarle sentido a lo real, pensé que ese hombre angustiado y valiente era el arquetipo de todos los secundarios que en estos últimos años nos han recordado que debemos mantener el proyector encendido, y dar la cara siempre, porque si miramos para otro lado nos sacarán del primer plano en el que hasta hace poco teníamos asegurada nuestra presencia como ciudadanos. Hablo de todas las cecilias que siguen soñando con una existencia personal y colectiva más amable, de todos y de cada uno de los héroes de la resistencia que se rebelan contra esta monumental estafa económica y moral. De ese personaje coral, en fin, que es de lo poco decente que queda en este país podrido en el que, en palabras del escritor Félix de Azúa, la corrupción ocupa un espacio descomunal en el que ya nada se corresponde con la palabra democracia en sentido estricto.

     Ni los amos, ni sus asistentes, los Rajoy, Rubalcaba, Mas y compañía, podrán entender nunca, como nos recuerda el personaje de Allen, qué se siente cuando uno desaparece para siempre de espacio íntimo de su vivienda hipotecada, de la lista de la plantilla de su empresa, de la cama modesta en un hospital público. Qué se siente, en definitiva, cuando uno se convierte en nada.

     (Diario de Cádiz, 4 de enero de 2013)

NUESTRO CURRICULUM

NUESTRO CURRICULUM

     A diario leemos en los periódicos que a nuestra ciudad parece que la ha mirado un gafe. La ruina, como la jaca, galopa y corta el viento. Y la alegría de vivir. 13.254 parados, se vende APEMSA, el desvarío de la variante de Rota, cierra El Rempujo. Las malas noticias se acumulan y nos señalan como vecinos indolentes sin orgullo ni esperanza. Es normal que terminemos pensando que no merecemos vivir en esta esquina del paraíso.

     Una mujer del barrio alto me dijo una vez que lo mejor que podemos hacer cuando estamos desanimados es mirar lo que hasta ahora hemos conseguido desde que el inmigrante Menesteo apareció por aquí en una patera de la época. Porque es tal el estado depresivo en el que nos encontramos, que somos capaces de mandar al contenedor azul aquella carpeta de la infancia en la que guardamos los versos luminosos de nuestros dos poetas más ilustres: uno, perdido en la arboleda de lo vivo lejano; el otro, aprendiz de amante a la orilla del río de su olvido. O las comedias delirantes de aquel paisano bigotudo que fue cooperador necesario en la venganza de Don Mendo.        

     Pero no hay que irse tan lejos en el tiempo. Tenemos un Rey Mago, al que en confianza le llamamos Pepe, que cada año multiplica los panes, los peces y los juguetes con la colaboración entusiasta de los pajes de Cáritas. Y un fraile, perito en leyes, que defiende a los nadies con la venia de San Francisco y San Mamés. Y un cantautor que lleva un gallo moro en la garganta. Y una legión de abuelas infatigables en su lucha contra la droga, historias chiquitas de mujeres grandes.

     Nada como repasar lo que un día hicimos para levantar el ánimo, porque El Puerto está lleno de gente buena y trabajadora. Somos futbolistas internacionales, coristas de eurovisión, cantaores de flamenco, actores, toreros, pintores… Y, cuando peor nos va, echamos mano de nuestros superpoderes y resucitamos, como resucitó El Papi en Málaga hace ya algunos años, pronunciando palabras menores, palabras de aquí, sencillas y mágicas: ¡qué alegría de verano!

     Que nadie nos quite nuestra manera de disfrutar de la vida en este patio de vecinos de marismas y playas desde el que construimos cada día nuestro curriculum comunitario.

     (Diario de Cádiz, 21 de diciembre de2012)

LOS MAGOS DE CÁDIZ

LOS MAGOS DE CÁDIZ

     Este Papa es una mina. Si hace dos semanas, con lo del buey y la mula, me salvó en el tiempo de descuento del purgatorio del folio sin rellenar o, lo que es peor, del infierno del  folio mal relleno, ayer mismo ungió la ventana de mi ordenador con una buena nueva que hace que esta columna vuelva a escribirse sola.

    Resulta que los Reyes Magos, ha revelado esta vez Don Benedicto, eran andaluces, concretamente de la antigua Tartessos. Y digo yo que puede que Tartessos fuera la denominación genérica de la región, pero la ciudad de Tartessos, la Tartessos de toda la vida y de toda la EGB, correspondía a la única urbe verdaderamente importante de la zona, la Gádir fenicia. Así que hay que construir un nuevo relato con el que convencer al resto del mundo, por lo civil o por lo celestial, del gaditanismo de pura cepa de los tres sabios. Las evidencias no engañan. Si, como siempre se ha dicho, trabajaban poco, eran obviamente de Cádiz, pues aquí el paro empezó a castigarnos ya desde Hércules, el primer dios desempleado, que se pasaba los lunes al sol en bañador acariciando leones como si fuera Daktari. 

     Pero hay que ponerse a currar ya, insisto, y organizar un Bimilenario en condiciones, antes de que Sevilla se apropie, como siempre, de la historia, y diga que eran de Triana, y que con el oro que trajeron de vuelta los Magos ellos hicieron una torre, con el incienso montaron la Semana Santa mucho antes de que Pilatos comprara la palangana y que la mirra la aprovecharon los tatarabuelos de Victorio y Luchino para crear la fragancia Capricho de Mirra. Cuidado también con el lobby independentista de Jerez, capaz de defender la tesis de que la pedanía de El Portal la fundaron los Reyes tras volver entusiasmados de Belén, y que a la Venta le llamaron El Pollo porque así se refería Herodes al niño en privado mientras preparaba lo de los santos inocentes. 

     Si la venida anunciada de Jesús cambió la historia de la humanidad, esta sorprendente revelación puede contribuir a que el futuro de nuestra provincia dé un vuelco espectacular. Hagamos algo pronto con este regalo recién caído del cielo, que nos saque de una vez  para siempre, cagoendiez, de esta ruina de siglos.

(Diario de Cádiz, 7 de diciembre de 2012) 

ENTRE UN BUEY Y UNA MULA

ENTRE UN BUEY Y UNA MULA

     A finales de 2010, seguro que lo recuerdan, se aplicó un ERE brutal en el portal de Belén que produjo miles de despidos en una empresa que, al menos en esa sucursal en la que se recrean cada navidad los recuerdos de la infancia, había sido modélica por los siglos de los siglos. De un día para otro echaron a todos los artesanos, pues salía más barato comprar directamente  en la tienda del chino que está justo a la espalda del castillo de Herodes los productos que aquéllos fabricaban. Se externalizaron los servicios de lavandería, y en vez del pastores venid, pastores llegad, se apostó por el pastores adiós, lo que ha traído consigo un incremento preocupante del número de ovejas descarriadas. Al final, casi la totalidad de la plantilla terminó cantando en lugar de El camino que lleva a Belén, El camino que lleva al INEM. Sólo los caganers se recolocaron en Cataluña. Puede que sea esa la razón por la que allí huela ahora tan mal.

     Lo peor es que la empresa sigue sin levantar cabeza. Al punto de que ahora es el mismísimo Benedicto XVI, su principal accionista (como Amancio Ortega en Zara, pero sin hija heredera, que sepamos), el que ha despedido al buey y a la mula, cargándose de un plumazo la imagen corporativa de la compañía y, lo que es peor, toda la iconografía animal y de comunión con la naturaleza que ha acompañado siempre al cristianismo. Dice el Papa en el libro que acaba de publicar, La infancia de Jesús, que en el Portal no había animales. Eso ha dicho. ¿Qué había entonces en el establo en el que pasaron aquella noche de paz tres desgraciados para los que no había sitio en la posada? ¿Un par de seguratas? ¿Un pelotón de antidisturbios, quizá, que ya había sido informado por la Delegación de Gobierno de Nazaret de que al niño había que vigilarlo muy de cerca  desde chiquitito? 

     Vale, sobra gente en todos sitios, hemos puesto el portal por encima de nuestras posibilidades. Pero desahuciar a la hermana mula y al hermano buey, que diría el bueno de Francisco de Asís, de la cueva con vistas a la eternidad que han estado calentando generosamente desde hace más de dos mil años, sí que pone en juego la subsistencia misma de la familia.

     Están locos estos cristianos.

     (Diario de Cádiz, 23 de noviembre de 2012)

NOSOTROS

NOSOTROS

     Cuando nos dimos cuenta, la macro fiesta de Halloween a la que acudimos toda la pandilla se había convertido en una ratonera siniestra: estábamos debajo de un montón de cuerpos, aprisionados, cada vez con menos fuerzas para gritar, hasta que se hizo un profundo silencio: habíamos dejado de respirar. Hacía menos de una semana que la patera en la que viajábamos desde Nador había naufragado por exceso de peso frente a las costas de Alhucemas, y caímos al agua catorce compañeros, y luego todo fue un descenso interminable hacia el útero del mar. Fue el mismo día, o al día siguiente, ahora no podemos recordarlo,  en el que decidimos quitarnos la vida antes de que fuéramos desalojados de nuestra vivienda en Granada por una orden judicial de desahucio, donde teníamos una modesta librería que daba de leer a los vecinos del barrio de La Chana.

     Sí, no tenemos dudas, éramos nosotros. Las mismas que fuimos asesinadas por nuestra pareja, primero en Úbeda y luego en el municipio gallego de Narón. Fuimos también María, la inmigrante rumana a la que se le negó la asistencia en un centro de salud de Palma de Mallorca porque no tenía los ochenta y cinco euros que le pedían para que un médico la viera en urgencias.  

     También somos, estamos seguros,  los once millones de personas que en España viven por debajo de umbral de la pobreza, o los más de 200.000 parados que pasan los lunes al sol en la provincia de Cádiz, o los niños que según el Presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos empiezan a llegar a clase sin desayunar y sólo hacen una comida al día.

     Y aquí seguimos, lamiéndonos juntos las heridas, encendiendo velas en esta lucha desigual contra la oscuridad, maldiciendo a todos los canallas que hacen negocio con el dolor ajeno, buscando un asidero común al que agarrarnos y que nos devuelva la confianza en la vida. Pensando que, como en los cuentos de la infancia, al final todo va a salir bien, y que si no ha salido bien es porque todavía no es el final. Heridos y muertos con tanta frecuencia que hemos perdido la cuenta de cuántas resurrecciones llevamos ya sobre nuestras espaldas. 

     Y aquí seguimos. Angustiados. Vivos.

     (Diario de Cádiz, 9 de noviembre de 2012)