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El blog de Pepe Mendoza

MALAVENTURADOS

MALAVENTURADOS

     Hay gente que muere de éxito y gente que sobrevive dignamente al fracaso. Fito Páez  tiene una canción en la que le pide al Señor que no le deje caer en la tumba de la gloria. El escultor Jorge Oteiza recomendaba siempre a sus discípulos que huyeran, como de la peste, de  la dulce vanidad: "¡Nunca malogréis vuestra brillante carrera de perdedores con un éxito de mierda!", les arengaba en cuanto empezaban a sentirse importantes. La derrota, escribió Borges, tiene una dignidad que la victoria no conoce.

     Hablan Oteiza y Borges de los que llaman a diario a puertas en las que no vive nadie desde hace muchos años. De los desheredados que aún conservan la coquetería, y su traje pobre y lustroso. De los heridos por amores perros. De los que se mudaron a donde habita el olvido, y se asoman a las esquirlas de un espejo roto y ya no se reconocen. De los que jamás serán socios de ningún Club Privado ni recibirán nunca  una felicitación de cumpleaños de El Corte Inglés. De los que temen que llegue la noche porque siempre les trae la misma ausencia. De los paganos de todas las crisis.

     Hablan de aquellos que un día lluvioso de la infancia descubrieron que las cosas en la vida no son como en los cuentos. De los que trabajan como mulos, y acuden cada sábado a los locutorios para mitigar la nostalgia y el desarraigo. De los que ya no tienen más velas ni más mejillas que poner. De los que se asoman peligrosamente al abismo de la verdad en este tiempo de canallas. De los que entran por primera vez, sepultados por la vergüenza, en un comedor público. De los que se creen que no son nada y valen mucho. De los que bajan derrotados las escaleras de los hospitales escondiendo las lágrimas y la rabia. De los que llevan escrito en los ojos todo el desamparo de su porvenir. De los desencantados de haberse conocido.

     Hablan, en fin, de los que nunca van a malograr su eterna carrera de perdedores porque  no recuerdan ya cuándo fue la última vez que tuvieron un éxito de mierda.

      (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 02-07-2009)

 

QUÉ GENTUZA

QUÉ GENTUZA

     Se nos va de las manos lo de los inmigrantes, Don Manuel. No se le ocurra nunca dar trabajo a esa chusma, que le buscan, más temprano que tarde, una ruina. Se lo digo como empleado, pero sobre todo como amigo. Mire lo que le ha pasado a ese empresario de Gandía por tener recogido a un sudaca en la panificadora que regenta: lo han denunciado los de CCOO (cuanto echamos de menos a Urdaci, Don Manuel).

     Parece que el individuo, por sacar una paga para toda la vida, se dejó un  brazo en la máquina de amasar. El patrón, en un gesto que le honra, montó al infeliz en su vehículo particular, y lo dejó, gratis, muy cerca del hospital. Podía haberle cobrado el desplazamiento, o descontárselo de los 23 euros que iba a ganar ese día por una jornada laboral de 12 horas. Podía haberle reclamado, también, el importe de la limpieza del coche, que a ver quién es el guapo que le quita a la tapicería los chorreones de sangre. Podía,  pero no lo hizo, porque aún quedan señores en este país de mierda, Don Manuel. Es más, tuvo el detalle de advertir al muerto de hambre que su futuro profesional corría peligro si contaba que había sido un accidente laboral. Porque, a partir de ahora, ¿quién va a volver a contratar a un tipo que, a lo mejor, en el próximo trabajo, para que le revisen la pensión al alza, le da por dejarse el otro brazo en otra máquina?

     Y ahora quieren enchironar al pobre patrón. Que si el angelito no tenía contrato, que si no estaba de alta en Seguridad Social... El mundo al revés: ellos, sin papeles, y nosotros, hasta la última póliza, tiene narices la cosa. Las mañanas consagradas a la burocracia en lugar de a crear riqueza, Don Manuel. Claro que el hombre no se mordió  la lengua cuando le preguntaron por qué tiró el brazo del indio a la basura. "Era necesario seguir trabajando", contestó. Con un par. Con empresarios así y otro gobierno (pero de derechas de verdad, no el acomplejado ese de Rajoy), mandábamos la crisis a tomar por el culo.

     Quieren confundirnos, Don Manuel. Son ellos quienes, en cuanto les ofrecemos la mano, nos arrancan el brazo. Qué gentuza.

     (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 18-06-2009)

UN CORREO

UN CORREO

       El otro día recibí uno de esos correos absurdos que reenvía la gente que se aburre mucho. La fecha de tu muerte, se llamaba. Como suelo hacer siempre, le di inmediatamente a eliminar, pero al caer en la papelera de reciclaje el email rebotó en el fondo y voló, con una fuerza que un exorcista definiría como diabólica, hacia el centro del escritorio.

     Atenazado por los nervios, cometí el error de cerrar los ojos y abrir el correo, cuando lo que quería hacer era justamente lo contrario. Una música fúnebre salía no se muy bien si de los altavoces o de alguna habitación oscura de mi infancia.

      Empecé a leer y una voz que no era de este mundo me animó (es un decir) a cumplimentar una ficha de esas que rellenas cuando te das de alta en El Ocaso: nombre, edad, enfermedades graves, vicios, otros achaques, etc. Estuve punto de darle a escape, una tecla que jamás imaginé que fuera tan importante en el conjunto del teclado y de la vida, pero pensé que abandonar en ese momento la ventana virtual del ordenador podría tener consecuencias irreparables sobre la ventana real de mi existencia.

      Así que, con la tensión por las nubes y el ánimo por los suelos, cumplí escrupulosamente las instrucciones, contestando a todas las preguntas. De repente, me topé con una lápida, real como la muerte misma, en la que aparecían esculpidos todos mis datos, salvo, obviamente, un campo en blanco en el que figuraría, al acabar el ejercicio, el día menos pensado. Finalmente, pulsé  en "Calcular fecha": quise no ver para no creer y antes de conocer el resultado me fui corriendo a la cocina a por un vaso de agua. Cuando volví, diez padrenuestros después, tras hacer examen de conciencia y leer a Quevedo en el cuarto de baño (cerrar podrá mis ojos la postrera/sombra que me llevaré el blanco día, etc.), el ordenador estaba, sorprendentemente, reiniciándose.

      Ahora ando hecho un lío. No sé si desde un punto de vista estrictamente informático he vuelto a nacer, o si, atendiendo sólo a cuestiones biológicas, debería formatear, por simple precaución,  el disco duro de mi porvenir.

      (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 04-06-2009)

 

    

SANLÚCAR DE BARRA LIBRE

SANLÚCAR DE BARRA LIBRE

     En asuntos de corrupción las evidencias, normalmente, no engañan. Como afirma el dicho, si algo anda como un pato, tiene pico y plumas de pato, suele tratarse de un pato.

     En la investigación que la Fiscalía está llevando a cabo sobre las cuentas del ayuntamiento de Sanlúcar, todo apunta a que el pato, efectivamente, es pato. La surrealista rueda de prensa ofrecida por uno de los ediles populares, lejos de disipar dudas, las ha multiplicado. Parece que al señor Caballero le funciona mucho mejor la lengua comiendo que hablando. Argumentar que todo es una cortina de humo para eludir los problemas verdaderamente importantes, acusar de demagogia barata la denuncia, y asegurar que gracias a esos atracones indecentes (80.000 euros en langostinos, botellas de Moët Chandon y güisquis, entre otras exquisiteces) consiguieron "ahorros para las arcas municipales", no hace sino confirmar que detrás de un paladar delicado no tiene por qué haber una moral elegante.

     Es legítimo que el PP pida la presunción de inocencia para los implicados. Pero habrá que recordar que ese derecho, manoseado hasta la náusea en cada escándalo, es un principio rector del proceso penal que no debería trasladarse con una simplicidad tan interesada a la arena política. Con independencia de que ese tipo de conductas terminen o no en condenas (la honestidad en la gestión pública, conviene no olvidarlo, se rige por reglas éticas), los partidos políticos deberían, por higiene democrática, desmarcarse con urgencia de las mismas, al margen de que los hechos merezcan o no un reproche penal.

     Puede que las llamadas a líneas eróticas tengan que ver con algún estudio de campo sobre la prostitución en la zona. O que las que se efectuaron a Cuba formen parte de un plan de apoyo a la transición democrática en la isla y que los Montecristos que se fumaban en las divertidas sobremesas fueran un regalo de la oposición en Miami. Es posible, incluso, que los concejales populares hayan trabajado tanto por su pueblo que, al final, les haya salido lo comido por lo servido. Pero el pato cada vez tiene más pinta de pato.

     (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 21-05-2009) 

CINCO LUSTROS CON MARIO

CINCO LUSTROS CON MARIO

     Nuestro primer encuentro fue en Palma de Mallorca, más concretamente en la garita norte del cuartel de Ingenieros XIV, a la que Mario Benedetti me acompañó, escondido en un bolsillo del tres cuartos, una noche de junio de 1984,  para contarme una de las historias de amor más hermosas que he leído nunca: La Tregua. Allí, agazapados, con el cetme y el ardor guerrero arrestados por lo civil en un rincón, se fraguó, al socaire de un rumor de grillos, el comienzo de una bella amistad.

     Junto a la libertad estampillada en una cartilla blanca y a las inevitables historias de la puta mili, traje en el petate de vuelta algunos de sus libros, que mi novia me enviaba para combatir la estulticia en aquel sitio en el que no había porqués. Volví, también, a la edad en la que uno está dispuesto a comprar a cualquier precio una certeza, con algunos principios, regalos del uruguayo perito en exilios, que iban a orientar mi vida para siempre: que si el corazón se aburre de querer para qué sirve; que los débiles de veras nunca se rinden; que hay que vivir adrede.

     Algunos años después, su verbo, digno y elegante, se hizo carne, y habitó   entre nosotros una tarde luminosa en la que los versos volaron libres por encima de las viejas almenas del Castillo San Marcos, dando fe de que la poesía no es de quien la escribe sino de aquellos que la necesitan. Yo llegué tempranísimo. Al entrar, con el paso sin ajustar y la emoción descompensada, doblé una esquina  y tropecé con él.  "Lo siento, amigo", me dijo, sonriendo, mientras recomponía la figura. Quise, igualmente, disculparme, y quise hablarle de aquella noche insumisa de verano en la que, bajo la única patria de las letras, Martín Santomé y Laura Avellaneda me enseñaron que la ternura es la cara más humana de la rebeldía. Pero se me atascaron las palabras. Aquel mito discretísimo me dejó mudo.

     Con la salud quebrada y la vida entre paréntesis, anda el viejo poeta preparando un nuevo libro que ha llamado, provisionalmente, "Biografía para encontrarme". Encuéntrese usted bien lo antes posible, háganos el favor.

     (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 07-05-2009)

 

           

 

 

TEATRO P´TOS

TEATRO P´TOS

     Por lo que nos cuenta, muy bien contado siempre, Manolo Morillo, el Teatro Pedro Muñoz Seca cada vez se parece más al sanatorio de tuberculosos en el que Thomas Mann se inspiró para escribir La Montaña Mágica. Del un hombre, un voto, hemos pasado a un espectador, una expectoración. "Vamos al estreno, nos echamos unas toses y luego cenamos en Romerijo", es la propuesta de ocio con la que los tísicos cultos agasajan los sábados a sus respectivas cuando el partido de fútbol de la tele es malo.

     Yo creo que la tos es la manera que tienen algunos de decirle a  sus vecinos de butaca: "Mira, yo no soy Alonso de Santos, pero tampoco un figurante en la tragicomedia esta de la vida. Mi voz tosida tiene registros la mar de aprovechables".  Me lo preguntaba el otro día un amigo con el que fui a ver Cantando bajo las balas, y que acabó blasfemando sobre el asiento: ¿De dónde salen tantos acatarrados? ¿Hay precios especiales en taquilla para griposos y alérgicos? ¿Regalan las entradas en las farmacias al comprar el Flutox?

     Podemos entender que una persona que padezca de juanetes entre empujando en la sala, no por amor al arte escénico, sino por prescripción facultativa. O que un enfermo de hemorroides, si se siente y se sienta bien, no se pierda una obra, pues sabido es que los que sufren esa patología tan porculera (nunca mejor dicho) lo hacen en silencio, sin  perturbar lo más mínimo el desarrollo del espectáculo. Pero, que me perdonen la ONG Asmáticos Con Fronteras Respiratorias y la Asociación de Amigos de la Carraspera: los que tienen la caja torácica desafinada deberían dedicarse a  cultivar  aficiones más prosaicas.

     A mi no me tose nadie, va a declamar una noche de estas cualquier actor, por muy secundario que sea, harto de aguantar esas insoportables toses de ultratumba. Eso fue lo que hizo Emilio Laguna  un día en el que, desesperado ante el ataque  de  un comando de talibanes del ejem, ejem que le estaban haciendo la actuación imposible, gritó desesperado a su compañero de escena: ¡Aquí viene la gente a morirse!

     (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 23-04-2009)

      

LA PASIÓN SEGÚN MACHADO

LA PASIÓN SEGÚN MACHADO

     Un verso evocando la infancia. Un poema recordando a Guiomar. Las primeras frases del "Ser o no ser" del Hamlet de Shakespeare. Es el inventario vital, derramado en palabras esparcidas por papeles arrugados, que Don Antonio Machado lleva consigo en los bolsillos del viejo abrigo que le cubre los días previos a su último viaje. La niñez, el amor, la muerte, esas estaciones de penitencia que conforman la procesión de la vida. Las únicas pertenencias de un hombre bueno que ya sólo recuerda la emoción de las cosas. De todo lo demás ha sido despojado. Hasta la vieja maleta, en la que porta sus escasos enseres, va a extraviarse al cruzar la frontera con Francia.

     Le acompañan, en su viacrucis hacía el exilio, su hermano José y su madre, también gravemente enferma. "¿Cuándo llegaremos a Sevilla?", pregunta la anciana a sus hijos en la confusión de la huida. "Tengo la certeza de que el extranjero significaría mi muerte", había declarado el poeta a un amigo unas semanas antes.

     No sobrevivirá a la pérdida de España, al dolor profundo del destierro. A las tres  y media de la tarde del día 22 de febrero de 1939, miércoles de ceniza, Don Antonio Machado fallece en Colliure. Tres días más tarde, moría, también de pena, su madre, Doña Ana Ruiz.

     Se refugia uno estos días en la confortadora sabiduría del poeta sevillano, en su ironía cordial, en su verdad amable, en su fe llena de dudas cuyo destino es "buscar siempre a Dios sin encontrarlo jamás". Una fe que proclama el orgullo de los humildes, la épica cotidiana de los vencidos, la rebeldía ante el poder establecido, que se contrapone al dócil masoquismo religioso de cierta devoción popular.

     Setenta años se han cumplido de la muerte del profesor de instituto que dejó escrito que nadie es más que nadie. El que nos sigue hablando de equipajes ligeros, de días azules, de infancias sencillas, del vino de las tabernas, de huertos claros y de limoneros, del viejo secreto de la filantropía.

     El hombre bueno que nos enseñó que en el amor, como en la religión, con la fe no es bastante.

     (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 09-04-2009)

                         

 

AQUELLOS DUROS ANTIGUOS Y UNA GALLINA

AQUELLOS DUROS ANTIGUOS Y UNA GALLINA

     El diario El País publicó el pasado domingo una encuesta en la que cien músicos hispanoamericanos elegían las canciones de sus vidas. Sobre el sorprende resultado de la misma tengo dos noticias que darles, una buena y una mala.

     La buena: en el puesto 73 aparece Aquellos duros antiguos, que siguen dando que hablar, también fuera de Cádiz, más de un siglo después. Y es que el Tío de la Tiza, padre del inmortal tanguillo, iba muy por delante de su tiempo. Fue él, y no García Márquez, el precursor del realismo mágico, lo que le llevó a ver a medio Cádiz con espiochas, que ya es ver. Europeísta convencido, vislumbró, con muchos años de adelanto sobre la convergencia prevista, una moneda única que iba a dejar obsoletos sus duros y antiguas las pesetas.

     Aquí va la noticia mala: los artistas consultados han situado en el puesto 82 la canción ¡Coco Guagua!, aquella  que perpetraban Enrique y Ana, y que hablaba de una gallina que cuando era pequeña su mamá se fue y ella muy solita se quedó. La misma historia de Marco, sólo que  en lugar de en una humilde morada, el drama sucedía en una granja avícola. La desaparición nunca aclarada de su madre le impidió aprenderse el himno del gallinero, razón por la cual lloraba de tristeza en un rincón.  

     Como El País es muy moderno, es probable que la alucinante elección de esta canción responda únicamente a cuestiones de paridad, ya que en la misma está representado el colectivo homosexual (Enrique), la infancia (Ana) y la civilización animal (la gallina). Claro que si la designación obedece únicamente a cuestiones de corrección política, yo hubiera elegido mejor La Gallina Turuleca, todo un alegato a favor del incremento de la productividad en estos tiempos de crisis. Además, al ser la pita un caso singular, tal como reconoce Miliki en la propia canción, creo que representa mejor los derechos de las minorías.

     Bueno, tengo también una noticia regular, de la que seguro ya se han percatado. Hay días en los que uno se pone a escribir y no se le ocurre nada.

     (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 26-03-2009)

 

SANTI Y MONTSE

SANTI Y MONTSE

     El lince ibérico, sí, y la decencia, y la buena vecindad, y el sentido del humor, pero la familia, la que viene cosida al ADN y la que uno elige para combatir la insoportable levedad del ser, no creemos que haya estado nunca en peligro. Es más, por mucho que algunos se empeñen en ponernos mal cuerpo y peor alma sobre el estado de esa institución que debería alimentarse de gestos más que de doctrinas, de compasión más que de papeles estampillados, estamos convencidos de su pervivencia en el tiempo. El trajín humano de querernos, con y sin papeles, no corre, por ahora, peligro de extinción.

     Para quien ose mantener lo contrario, tenemos una prueba irrefutable que avala formalmente nuestro optimismo en esa cooperativa de afectos: hoy se casan Santi y Montse, amigos y residentes en esta esquina del Paraiso, pareja que cree en un Dios nadapoderoso, que aflige a los consolados y consuela a los aflijidos. Cuando el amor y la fé vienen así de esa manera, sabido es que uno no tiene la culpa.

     Así que podemos estar tranquilos. Se casan Santi y Montse, lo que quiere decir que la familia, muy bien, gracias. Seguirá siendo hermoso verles amarse en estos tiempos revueltos.

     (Para ellos, y para Marién, con quienes tanto queremos)

MARIO CONDE

MARIO CONDE

     Supongo que habrá oído que Mario Conde lleva siempre en el bolsillo 4.000 ó 5.000 euros, por si tiene que utilizarlos, según confesión propia. Como usted y como yo. Sale uno por las mañanas a la intemperie de la vida, y entre la zona azul, el periódico, el desayuno en el bar de la esquina, la primitiva y las cuatro cosillas de Mercadona, cuando te das cuenta te pones a hacer números y apenas te quedan en el monedero 2.000 ó 2.500 euros.

     Es lo que tiene esta maldita crisis, que el dinero se deprecia y nos desprecia a una velocidad de vértigo. O va uno pertrechado con un buen fajo de billetes que le haga cosquillas en la entrepierna, o mejor quedarse en casa leyendo el blog de Mario Conde, que es lo que hice yo el pasado sábado, tras comprobar que en el pantalón del chándal apenas había 1.000 euros. Para hacer el ridículo y que los amigotes le llamen a uno muerto de hambre, siempre hay tiempo.

      "Si eliminamos de raíz el sentido de la trascendencia, la historia será inevitablemente una reproducción en bucle de los escenarios menos brillantes del pasado".  La frase no es de Ghandi, ese señor  que jamás gastó una rupia en gomina ni en trajes a medida, y al que la rueca de la fortuna no trató demasiado bien. Ni de Don Antonio Machado, otro que tampoco cuidaba en exceso el aliño indumentario, y que al morir, hace ahora 70 años, tan sólo atesoraba un verso ("estos días azules y este sol de la infancia") en sus bolsillos  pobres y vencidos. La frase es del hombre que deslumbró a papas y a reyes, el icono de una época desvergonzada, que pasó, con más gloria que pena, de la cima de las finanzas al subsuelo de Alcalá Meco, hoy reconvertido en gurú de una nueva espiritualidad escoltada por los viejos privilegios de toda la vida.

     No pone uno en duda, Dios me libre, la veracidad del sentido de la trascendencia del señor Conde. Pero debe ser muy incómodo echar a volar el alma cada día, por encima de los escenarios menos brillantes del pasado, con el irreverente lastre de 4.000 ó 5.000 euros en el bolsillo.

      (Columna publicada en el El Diario de Cádiz el 12-03-2009)

 

 

 

           

LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO

LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO

     Leemos en un periódico digital que José Antonio Maldonado, el que fuera durante muchos años el hombre del tiempo en Televisión Española, ha denunciado a su cirujano plástico por negligencia, tras haberse sometido a una beflaroplastia, operación que consiste en eliminar las bolsas de los ojos. Parece que el médico, poco curtido en pieles (catorce denuncias acumula ya ese torpe estirador de pellejos), estuvo a punto de eliminarle los ojos de las bolsas.

     Pero, más allá de desearle un pronto restablecimiento al bueno de Maldonado, reparemos en una metáfora que se nos antoja descorazonadora: la del hombre del tiempo abrumado por el paso del tiempo, víctima también del síndrome de Peter Pan, esa patología social, tan arraigada en Occidente, que idealiza la juventud y nos hace renegar de nuestra edad biológica.

     Vivimos obsesionados con perpetuar el verano, pero un día, el espejo, ese Meteosat doméstico, nos anuncia que se acabó la vendimia y, en lugar de seguir mostrándonos esos días azules y ese sol de la infancia,  nos devuelve un mapa previsto para mañana en el que habrá cielos parcialmente nubosos con posibilidad de precipitaciones. Es sólo el principio. Luego las predicciones empeoran, y una noche, después de ducharnos, comprobamos que las bajas presiones se ciernen sobre la península de un cuerpo que empieza a sufrir las consecuencias del cambio climático: cotas de nieve intensa por encima de las sienes, fuerte marejada en el estrecho de la papada, o una sequía cada vez más pertinaz a la altura de las rías bajas.

     A veces, las arrugas del tiempo no se instalan sobre el espejo del alma, sino sobre el alma misma, y ahí sí que no hay cremas rejuvenecedoras, ni colágeno, ni botox que nos rediman de esos bancos de niebla que nos sumergen en la nostalgia de horas más luminosas y clementes, cuando bailábamos bajo la lluvia, o calentaba el sol, allá en la playa.

     Qué difícil es luchar, dignamente, contra las inclemencias del tiempo.      

     (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 26-02-2009)                 

           

 

              

           

HUELE A ONANISMO

HUELE A ONANISMO

     Tengo un pedazo de tipo para el año que viene: será un homenaje merecidísimo a todos esos genios del tres por cuatro que sacan a pasear la vanidad en cada cuarteta. La agrupación, da igual la modalidad, estará formada por un solo componente, que ejercerá, a la vez, de letrista, músico, coplero, tramoyista y postulante. Un reconocimiento expreso al carnaval de autor, un pelotazo egocentrista.

     "Yo soy yo y mis petulancias", se va a llamar, en homenaje a Ortega, a Gasset, y, sobre todo, a Narciso, ese joven perito en ripios (poeta, según confesión propia), que se enamoró hace años de su propia imagen reflejada en las tablas del Falla, y que cree que Cádiz le debe los últimos recibos de sus 3.000 años de luz.  El vestuario podemos convenirlo: yo apuesto por un disfraz a medio camino entre Arturo Fernández y Antonio Gala.

     En la presentación aparecerá este renacentista de la rima fácil acariciando un yo-yo. Suena de fondo la música de "A la primera persona" (del singular), y nuestro protagonista confiesa entre lágrimas que se le rompió el amor (propio) de tanto usarlo. El escenario es puro delirio (de grandeza). Un río de babas atraviesa el patio de butacas.

     Los pasodobles estarán dedicados a su ombligo (sin pelusas), a la horma de sus zapatos, a sus carnes morenas, a la sangre de su sangre, a su media naranja, a las niñas de sus ojos, y a la madre que lo parió a él.

     Un cuplé contará que va todos los años media docena de veces a hacerse un chequeo médico, tal es su afán de reconocimiento. En otro se mete con Obama, ese negro que tiene un negro que escribe discursos plagiando sus letras. Otro, a un castillo encantado de haberle conocido. Y otro al sistema astral, del que forma parte por aclamación popular.  Me falta el popurrí, lo sé, pero tenemos tiempo más que suficiente.

     Por lo demás, le propongo al Jurado Diario que estudie la posibilidad de puntuar también, a partir del próximo año, los niveles de megalomanía en sangre de estos poetas del onanismo.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz, el 11-02-2009)

           

           

DIOS EN LA CÁRCEL

DIOS EN LA CÁRCEL

     Mi número de teléfono se parece mucho al de una cárcel de la provincia. A menudo recibo llamadas de personas que tienen a alguien allí dentro, en las que me piden entrevistas, o me preguntan por el horario de autobuses que van a la prisión, o, simplemente, me dejan recados para aquellos a los que, a pesar de todo, siguen amando.

 

     Son voces nerviosas, sepultadas por la desdicha, que se expresan con dificultad. Voces, casi siempre, de mujeres, porque son ellas las que normalmente afrontan con mayor dignidad las tragedias de la vida. Yo les digo que se han equivocado y les doy el número correcto, pero ellas insisten sin apenas oírme, acostumbradas como están a la negativa por respuesta. En esos momentos, la verdad, me gustaría ser el psicólogo, o la asistente social, o la Junta de Tratamiento entera (ya casi me se de memoria la relación de puestos de trabajos del Centro Penitenciario), con tal de arrojar un poco de luz sobre esas voces apagadas que imploran unas briznas de compasión, aunque sólo sea administrativa.

 

      Lo peor es cuando vuelvo a casa y me encuentro los mensajes en el contestador. La madre de Joaquín, para saber como sigue su hijo de lo suyo; la abuela de Jonathan, que sigue rezando por él todas las noches; la hija de Manuel, que solicita, por favor, una cita urgente con el Director, porque su padre está muy enfermo; la hermana de Cristian, que quiere felicitarle por su cumpleaños. 

 

     De sobre sé que hay víctimas inocentes que un día tuvieron la desgracia de encontrarse tal vez con Joaquín, tal vez con Jonathan, tal vez con Manuel, y vieron trastornadas sus vidas, quién sabe hasta qué extremos. Que no hay ángeles en ese pudridero de hombres.  Mas yo, cada vez que una voz nerviosa, que se expresa con dificultad, marca mi número confundiéndolo con el de la prisión, odio de veras el delito, compadezco de corazón al delincuente, pero, sobre todo, siento una piedad enorme por aquellos que, como la abuela de Jonathan, todavía creen que, probablemente, también en las cárceles, Dios existe.

 

(Columna publicada en Diario de Cádiz, el 29-01-2009)

POR FAVOR

POR FAVOR

     Tengo un amigo con una enfermedad mental rarísima. La han bautizado, provisionalmente, como "trastorno bipolar inverso asociado a la coyuntura económica". Curiosamente, los episodios depresivos de mi amigo van ligados a épocas de bienestar social. Sus brotes de euforia, sin embargo, coinciden con períodos de pánico en los mercados.

     No hace falta decir que atraviesa un gran momento de forma, que vive, según confesión propia, una de las etapas más radiantes de su vida. Lo pudimos comprobar en el brindis de fin de año, en el que aseguró, ante el estupor general, que se puede ser optimista sin interrupción. Dicho esto, empezó a recopilar botellas, para nosotros medio vacías, pero que para él estaban aún sin descorchar.

     ¿Puede un hombre ser feliz en una ciudad dominada por la peste?, se preguntaba Albert Camus. ¿Tiene este infeliz, con perdón, derecho a ir permanentemente con el paso de las emociones cambiado? ¿A circular por la autopista de la realidad siempre en dirección contraria? ¿A presumir, con la que está cayendo, de tener el corazón contento, corazón contento, lleno de alegría?

      Qué complicado es convivir con una persona así. Es muy fácil hacer discursos políticamente correctos sobre la integración, la igualdad en la diferencia, etc. ¿Cómo tratar a alguien que practica un optimismo negro y un pesimismo blanco? ¿Qué actitud tomar ante un individuo que ve las vacas entraditas en carnes cuando usted y yo las vemos flacas y tristes, y viceversa?

       Insisto: uno no puede, por mucho trastorno raro que tenga, presentarse de luto riguroso en las ferias y vestirse de fiesta en los funerales. Póngase en el lugar de su compañero de trabajo hipotecado hasta las cejas, que se echa a temblar cada vez que este perturbado (con perdón, de nuevo) se acerca a su mesa a contarle un par de chistes malos. O en la piel de su vecino, trabajador fijo de una pequeña empresa, que lleva ya meses oyéndole cantar en la ducha el ERE tú, de Mocedades.

       Por favor.

       (Columna publicada en Diario de Cádiz, el 15-01-2009)

AQUELLA NAVIDAD

AQUELLA NAVIDAD

     La tarde en que mis hermanos y yo buscamos desesperadamente a Chencho por entre las 625 líneas del televisor, mientras anochecía sobre los puestos navideños de la Plaza Mayor de Madrid y sobre la voz, más rota que nunca, de Pepe Isbert. El patio de vecinos que tenía el olor antiguo de la fraternidad, en el que las mujeres amasaban juntas tortas, esperanzas, pestiños y confidencias.

     Aquellos días primeros de 1972 en que nos prohibieron jugar en la calle por miedo a que apareciera El Lute, el hombre más malo del mundo (más malo, incluso, que los Hermanos Malasombra), que aquella nochevieja saltó los muros del penal de El Puerto y caminó hasta reventar por la noche oscura de España.

     La campaña "Navidad con Amor", en el Teatro Principal, y la ofrenda al Niño Jesús, en la que llevábamos presentes a aquellos que carecían de futuro: los ancianitos y los necesitados, hoy colectivos en riesgo de exclusión social. Los Reyes Magos de Osborne, que no salían de Oriente sino del colomato (en castellano, economato), con los que mi padre tenía una confianza que a mí no me parecía normal para verlos de año en año.   

     El camino que llevaba a Belén  y a Carmen Polo, de la mano hiperactiva y de la voz prodigiosa de Raphael, y las muñecas de Famosa, que se dirigían al Portal para hacer llegar al Niño su cariño y su inestabilidad. El hijo interesado de El Almendro, que  volvía a casa por Navidad, ponía cara de reencuentro, cogía los regalos, los embutidos, cobraba el anuncio y hasta el año siguiente. San Ildefonso, los niños y Doña Manolita, una familia muy generosa que jamás se acordó de nosotros.

     El Fuerte de Comansi, que era más bien endeble. Los Juegos Reunidos Geyper,  en mi casa, desgraciadamente, siempre de 10. Y el Escalestrix, que nunca pasaba por nuestra calle.

     En los aljibes íntimos que alimentan estos días hay una Navidad matriz que, como la lluvia en el poema de Borges, siempre sucede en el pasado.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz, el 18-12-2008)

           

 

             

MEMORIAS DE UN AMNÉSICO

MEMORIAS DE UN AMNÉSICO

     El libro "Memorias de un amnésico" va camino de convertirse en el best seller de estas Navidades. Lo firman, al alimón, derechas e izquierdas, rojos y gualdas, monárquicos y republicanos. El último capítulo lo han escrito dos pesos pesados (a veces, plomizos) de la cultura nacional: Zapatero y Rouco.

     El primero, fiel exponente de la literatura de evasión,  ha dicho, en referencia al  entierro del franquismo, que "todo lo que sea que eso esté en el olvido, en el olvido más profundo de la memoria colectiva de la sociedad española, será un buen dato". Al menos por ahora, los datos son malísimos: el subsuelo está lleno de huesos con una memoria de elefante. Huesos tozudos que, en cuanto salen a la luz, se animan a contar historias horribles de dolores no amortajados.

     El Presidente de la Conferencia Episcopal, que ha dejado definitivamente las homilías para dedicarse de lleno a hacer remakes del Apocalipsis, ha afirmado que "a veces es necesario olvidar, en virtud de una voluntad de reconciliación y perdón verdaderamente responsable y fuerte". Yo creo que este país necesita justamente lo contrario: una cultura de la memoria, alejada, eso sí, de toda intención partidista, que incorpore al presente el pasado dolorido de las víctimas. De todas las víctimas.

      En 1987, Klaus Barbie, ex jefe de la Gestapo en Francia, fue juzgado por crímenes contra la Humanidad. Cuando uno de los damnificados se lo echó en cara, el nazi contestó: "Yo no me acuerdo de nada. Si ustedes se acuerdan, es problema de ustedes". Aquí todavía hay muchos "ustedes" con un problema parecido: hijos de la guerra que se acuerdan de todo; abuelos que siguen dando amparo al niño con el pijama de rayas que un día fueron; supervivientes de aquella sublevación sanguinaria que vieron asesinado su futuro con proyectiles del quince y medio.

      Y quedan, sobre todo, miles de huesos que amaron hasta los huesos, y que, en cuanto salen a la luz, nos recuerdan que el olvido está lleno de memoria.

       (Columna publicada en Diario de Cádiz el 04-12-2008)

 

LAS EXTRAESCOLARES

LAS EXTRAESCOLARES

     En el Día Internacional de la Infancia, hablemos de las actividades extraescolares, y de los padres de las criaturas de esta parte rica del globo, obsesionados con esculpir, bajo presión, niños prodigios sin tiempo para perder el tiempo.

     Ni mejor ni peor, cualquier tiempo pasado fue sólo eso, anterior, pero entre las permanencias de antaño y las extraescolares de ahora hay la misma diferencia que entre un buen puchero y una sopa de sobre. Durante aquella hora suplementaria repasábamos las hazañas de El Cid (que continuaba ganando batallas después de muerto, pero aún no había roto como torero), cantábamos el "Himno de la Alegría" (cuando el maestro tenía un subidón, el "Viva la Gente"), o le pegábamos navajazos a un jabón Lagarto hasta que salía un molino, un castillo o un Corazón de Jesús.  Mas, a las seis en punto, en cuanto sonaba la sirena, comenzaba la diversión chiripitifláutica.

     Hoy, los hijos, convertidos en el gran proyecto mercantil de sus progenitores, viven sin vivir en ellos, estresaos y estrozaos, desde que se levantan hasta que Los Lunis aparecen dando las buenas noches, a una hora en la que la mayoría todavía no ha empezado ni a merendar.

     A ver cuando Tráfico diseña una campaña contra aquellos desaprensivos que se pasan a diario la educación vial por la palanca de cambio con tal de que el niño no se pierda ni una sola patada en la boca en la clase de taekwondo. Podrían, no sé, adaptar el clásico de Perlita de Huelva y fichar a Falete (ese hijo secreto, por mucho que ambos lo nieguen, de El Mani y María del Monte) para que cantara "precaución amigo conductor, la prisa es peligrosa, y te espera una tarde horrorosa". Porque hay padres, yo los he visto, que, para ganar tiempo, obligan a los chiquillos a sacar ellos solos el piano del capó, o los arrojan del coche en marcha como si fueran Los Hombres de Harrelson.

     Luego nos lamentaremos de que la calidad del semen y de la vida, valga la redundancia,  siga deteriorándose.

      (Columna publicada en Diario de Cádiz, el 20-11-2008)

SOÑADOR

SOÑADOR

     En la plaza de toros de mi pueblo vienen sucediendo, desde hace ya tiempo, cosas extrañísimas, misterios sin resolver más propios de un relato de terror que de una crónica taurina. El Triángulo de las Bermudas sigue estando en el Atlántico, pero las corrientes marinas lo han empujado muy cerca del río del olvido: ahora es un círculo de albero, a un par de millas de Romerijo, en el que en lugar de marineros, pilotos y turistas, desaparecen carteles, banderillas y demás enseres relacionados con la historia de la plaza.

     "Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros", pero algún funcionario de Patrimonio debería pasarse una mañana de estas por el coso portuense para hacer inventario: como nos descuidemos, un día no veremos ni el mosaico sobre el que brilla la famosa frase, ni a Joselito, ni al Gallo, ni a Galloso. En la plaza mejor iluminada del mundo todo es de color azul oscuro, casi negro.

     Lo último que la Federación de Peñas Taurinas Portuenses ha echado en  falta es la cabeza de "Soñador", el primer toro que se lidió en la corrida del centenario  (qué cruel la estampa de un soñador con la cabeza perdida). Parece que el matador Dámaso González, que fue el encargado de acabar con la vida de este admirador de Calderón de la Barca, quiso verlo el pasado mes de agosto, pero el animal ya tenía la cabeza en otro sitio.

     Descartemos, por razones obvias, la huida voluntaria: es imposible que saliera por patas. No es verosímil la hipótesis de que se haya enamorado de la luna, pues estaba bajo techo. Tampoco parece probable  que haya mutado en minotauro, aunque esta opción no deberíamos soslayarla: algunos políticos son capaces de ponerse cualquier cosa encima del pescuezo con tal de entrar, valga la redundancia, de pescuezo, aunque sea para ver al bombero torero.

     Si alguien puede aportar algún dato racional sobre su paradero, puede dirigirse a la asociación Ecologistas en Acción que, ironías del destino, tiene su sede en la misma plaza. Otro misterio.

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 06-11-2008)

EL MATERIALISMO DIALÉCTICO

EL MATERIALISMO DIALÉCTICO

    "Si aún nos queda un remanente de sueños compartidos habrá que ir pensando en reflotarlos, cariño", me dijo el martes mi mujer, antes de salir de casa camino del trabajo. La frase, la verdad, me arrugó el ánimo, así que puse la radio del coche (Radio Marca, para qué voy a engañarles), con el propósito de espantar malos presagios. Hablaban de que Messi, a corto plazo, ofrecía una alta rentabilidad con un riesgo aparentemente bajo; Ronaldinho, sin embargo, se depreciaba a marchas forzadas.

     Cuando llegué a la oficina, dos compañeras compartían confidencias en la máquina del café. "Hemos roto, no estoy dispuesta a seguir permitiéndole esa política sentimental expansiva", susurraba, con la voz entrecortada, la agraviada. "Los tipos de interés, qué estafa", espetó la otra.

     La voz metálica de mi jefe tronó, al fondo del pasillo, reclamándome con urgencia en su despacho: "No se lo tome a mal, Mendoza, pero debería dejar de lado las decisiones unilaterales y esbozar una acción fuerte y coordinada en el Departamento. Hay una evidente crisis de credibilidad en su gestión, sus acciones son cada vez más tóxicas y percibo excesivas turbulencias en su manera de proceder que están contaminando todos los sistemas afectivos del Servicio", sentenció con la altanería que le caracteriza.

     Pasé la mañana como buenamente pude. Recibí una llamada de mi cuñado, según él para inyectar confianza en nuestra relación, siempre al borde del colapso. Otra del tutor de mi hijo pequeño, quejándose de sus ofertas de depósitos, agresivas con el resto de compañeros. Otra de mi madre, recriminándome mis fluctuaciones de carácter. Y una de un amigo la mar de hipocondríaco, para contarme que se había vuelto a desplomar por tercera vez en la misma semana.

     Salí de la oficina preguntándome cómo puñetas se reflotan los sueños. Llamé al psicólogo de la familia, pero me saltó el contestador de un asesor financiero.

     Desde ayer estoy de  baja por recesión. Todo esto es rarísimo.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 23-10-2008)

 

DESPEDIDA

DESPEDIDA

     Un sábado de octubre como el de hoy, de hace ahora tres años, me subí a esta columna con la misma ilusión con la que de pequeño marineaba por los árboles del Camino de los Enamorados buscando piñas y gorriones. Fue Francisco Andrés Gallardo quien me prestó la escalera. Él fue también el que me ofreció un candié calentito con el que combatir el frío que a veces cala los huesos de quienes no escriben al abrigo del poder. Han sido, exactamente, setenta y siete columnas y quinientas noches.

      Durante este tiempo he procurado ser fiel al primer mandamiento del maestro Manuel Alcántara: no aburrir ni a Dios, sobre todas las cosas. Sé que no lo he conseguido, pero nadie puede quitarme la gloria del intento: la liturgia quincenal de asomarme a esta ventana con vistas al Guadalete, ha tenido más de gratificante que de tortuosa. Algunas muestras de solidaridad, un par de agradecimientos y otros tantos denuestos, me confirman que unos pocos me leyeron, esfuerzo impagable por el que doy sinceramente las gracias. También se las doy a Teresa Almendros y a su equipo, que me ampararon fraternalmente cuando recibí algún perdigonazo.

     Salgo del Alambique con más perplejidades y menos certezas de las que tenía, pero con amistades más anchas y contrastadas. Ni las musas, ni el Dios de los poetas, ni el hijo de Francisco de Asís hecho vasco, Ángel Angulo, han sabido explicarme por qué el verbo se hizo carne y la carne sustantivo. Quise ser dulce con el débil y feroz con el prepotente. Confirmé, a través de rostros y nombres, que la felicidad no necesita de la belleza tanto como la desventura. Y que los derrotados, vengan las crisis que vengan, seguirán siendo invencibles.

     Espero que no me hayan tomando nunca ni completamente en serio ni completamente en broma. Si algún jueves se aburren, pueden encontrarme en la  página cuatro de este mismo Diario. El jefe de todo esto aún no se ha dado cuenta de que yo de la realidad local no sabré, pero de la provincial, menos.

     Un último ruego: hagan ustedes el favor de ser felices.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 11-09-2008)