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El blog de Pepe Mendoza

SE VENDE LAVAVAJILLAS

SE VENDE LAVAVAJILLAS

     De todas las labores del hogar, ninguna me pone tanto, intelectualmente hablando, como fregar cacharros. Emparejar calcetines fomenta la escasa vocación  matemática de mis neuronas, pero me sumerge en una visión de la existencia demasiado binaria. Tender la ropa no está mal, aunque es difícil entregarse a la contemplación filosófica, a la vez que exhibes, por ejemplo, ante el mismo cielo raso que llenaba de admiración el ánimo de Kant, un sujetador negro de encaje.

     Lo que más me gusta, ya digo, es ponerme de espaldas al mundo, coger el Scotch brite (yo no puedo estar sin él) y abandonarme a la gloriosa tarea de sacarle brillo a cacerolas y sartenes, actividad que lejos de cansarme me permite disfrutar sin reservas de una especie de éxtasis místico, que hace que el platero y yo, en ocasiones muy puntuales, levitemos juntos por el universo juanramoniano. Es tal el grado de comunión que puedo llegar a alcanzar con la Hermana Vajilla (Coral, para los amigos), que el otro día vino mi mujer corriendo desde el salón a cerrar el grifo de agua caliente, pues me estaba achicharrando las manos sin darme cuenta. Tuve que prometerle, mientras procuraba calmarla con la ayuda de Quevedo (es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente, etc.) que el frotar, sin guantes, se iba a acabar.

     Durante esa liturgia doméstica, que uno practica diariamente armado de paciencia y de bayeta, hay tiempo, además, para poner los sueños en remojo, pues no sólo de razón y de contemplación vive el hombre que friega. Lástima que siempre acaben escurriéndose por el sumidero de las ilusiones rotas. Todo fluye, nada permanece, dejó dicho Heráclito, mucho antes de que se inventaran las piletas de acero inoxidable y los grifos monomandos. 

     No se lo van a creer, pero ayer, desconozco por qué extraña asociación de ideas, mientras intentaba mantener el desagüe libre de obstrucciones y atascos (tarea fundamental  para que luzca el aclarado), me acordé de González Cabañas.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 25-03-2010)

                       

VIAJE CON NOSOTROS

VIAJE CON NOSOTROS

     La ficción es la verdad dentro de la mentira. Gracias a esta inquietante frase, que leí el otro día no recuerdo dónde, he descubierto que he sido víctima de un juego de rol. Déjeme, por favor, desahogarme: le demostraré que mis evidencias no engañan.

     La trama sucede en el autobús de COMES de las dos y media de la tarde, el que cubre el trayecto Cádiz-El Puerto. Los personajes son actores aficionados, disfrazados de conductores y de clientes de la Compañía. El argumento está bien trabajado, pero últimamente a los guionistas se les ha ido la mano en algunas escenas demasiado cargadas de realismo social, lo que, además de descuidar la atmósfera onírica que debe envolver todo viaje,  le ha restado credibilidad al juego.

     Hay que ser muy inocente para tragarse que el Consorcio de Transportes pueda permitir que decenas de personas se queden tiradas en las paradas porque el incompetente de guardia decida, un día sí y otro también, poner en circulación un vehículo con la mitad de las plazas necesarias para atender a todos los que a esa hora  vuelven de las dignidades del trabajo o del estudio. O para asumir, sin la más mínima sospecha, que los cadáveres que se amontonan en la parte de atrás del autobús, en avanzado estado de descomposición física y moral, aunque todavía con fuerzas suficientes para degradar a los pasajeros a la condición de rehenes, son, ciertamente, lo que parecen ser, en lugar de estudiantes de arte dramático perfectamente caracterizados de toxicómanos.

     Ya sólo me queda averiguar cuál es la Compañía COMES verdadera del Consorcio de Transportes verdadero. Esta mañana entré precisamente en la web del Consorcio y, pásmense, leí que los usuarios del catamarán tienen acceso a Internet gratis y todo. Que me lo voy a creer yo: nosotros de pie, apilados como ganado en dirección al matadero, en un autobús sin decoro y con goteras, y ellos como marqueses, chateando entre las aguas plateadas y azules.

     A lo mejor me estoy obsesionando, pero me da que esa página web también es falsa.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 11-03-2010)

MARIÉN

MARIÉN

     Dice El Principito que lo esencial es invisible a los ojos. Pero en fin, aquí entre nosotros, si la belleza interior también se asoma de vez en cuando a la abierta ventana del mundo, vive Hermes, digo Dios, que todos salimos ganando.

     Sabido es, también, que el glamour (según la Real Academia de la Lengua, ese "encanto sensual que fascina"), no ha gozado nunca, como las madrastras en los cuentos de Walt Disney, de muy buena prensa.

     Tal vez para deshacer ese prejuicio, y, de paso,  socializar la elegancia, apareció un día de octubre de 1989, por la Oficina de Empleo de Cádiz-Andalucía (lugar, ciertamente, de lo más prosaico), una rubia agradable a la vista, por dentro y por fuera, que practicaba, sin usura, la noble virtud de escuchar, el sano ejercicio de ponerse siempre en el lugar del otro, la hermosa tarea de entrelazar afectos.

     Ahora que tanto se lleva la grosería, el mal humor y el cinismo de los que están de vuelta de todo sin haber ido nunca a ningún sitio, es bueno agradecer públicamente el glamour sosegado de Marién, el hechizo amable de un corazón experto en resurrecciones inexplicables que, contradiciendo al Principito, se levanta cada mañana para convencernos de que lo esencial también salta a la vista.

      (Homenaje a nuestra amiga y compañera Marién, celebrado el 05-02-2010 en la Escuela de Hostelería de Cádiz. No hace falta escribir que "la rubia del cartón del paro", dedicada ahora a otros menesteres, está como Fundador: como nunca. Y a aquellos que todavía permanecen en edad y situación de merecer, ya les advierto que el señor que aparece junto a ella en la foto, vigilando con los dientes apretados el tipo de mirada con la que usted observa a nuestra protagonista, es Don Ignacio Fernández Portillo, Santo Varón y Esposo de la susodicha).

 

             

OPERACIÓN TOSCANA

OPERACIÓN TOSCANA

     Por mucho que el ex niño ex torero, hoy reconvertido profesionalmente en tratante de carne humana, criticara en su día la hipocresía social sobre el sexo de pago, afirmando que es mejor que las prostitutas copulen en un club de alterne antes que en la calle, no parece, según las pesquisas de la Guardia Civil, que desde el punto de vista de las trabajadoras que allí ejercían el oficio más antiguo del mundo, ese fuera el lugar ideal para relajar el cuerpo y la mente. Más bien al contrario: a la ya de por sí poco prestigiada profesión de puta inmigrante, hay que añadir, en este caso, unas jornadas laborales agotadoras, una alimentación de cartilla de racionamiento y un régimen de sanciones sometido al arbitrio del esbirro de guardia.

     Le cuesta a uno creer, también, que los clientes, algunos muy selectos, que visitaban La Hacienda,  quién sabe si pagando o cobrándose antiguos favores  administrativos, y en el que los más machos del lugar fardaban, en ese ambiente sórdido de sementales en vilo, de corridas más memorables que las del hijo del dueño, salieran de madrugada en paz consigo mismo por dentro y por fuera.

     Los que sí que disfrutaban plácidamente de una vida desahogada, ayuna de tensiones físicas e intelectuales, eran los miembros de la familia Galán. En su domicilio de Valdelagrana, la mansión fastuosa en la que contaban y escondían las plusvalías de la miseria, los réditos del hambre, no huele a colonia barata ni a ginebra de garrafón ni a lencería de mercadillo, pero el hedor moral que desprenden los fajos de dinero sucio que hemos visto estos días en los periódicos es tan insoportable como la pancarta de apoyo a los proxenetas que, supuestamente, han colgado a las puertas del burdel de El Puerto algunas de esas mujeres con la vida en ruinas.

     Por lo demás, no nos consta que entre los planes de expansión empresarial de "Los Galanes" se contemplara diversificar la oferta, ofreciendo un servicio en el que además de relajar el cuerpo y la mente, se pudiera tensar, siquiera un poco, la conciencia.

       (Columna publicada en Diario de Cádiz el 25-02-2010)

 

           

SE EXPLICAN DIVINAMENTE

SE EXPLICAN DIVINAMENTE

     El ministro de Trabajo ha declarado que el Gobierno no está comunicando bien su propuesta de reforma laboral, pero a mi me parece que se explican como un libro abierto. El domingo pasado, el propio Corbacho volvió a hablar, y yo, que soy más bien cortito, le entendí todo. Dijo: "La crisis no se arreglará con una sola reforma". En román paladino eso quiere decir "agárrense a Junior, que vienen curvas". Desde una óptica marxista, tendencia Groucho, la interpretación es: "Esta es mi primera reforma. Si no les gusta, tengo otras".

     Así que ya saben, cualquier proposición, por muy indecente que sea, es siempre susceptible de ser empeorada. Y hacia ese despeñadero vamos. Visto lo que se avecina, uno se conforma con que los desórdenes del trabajo no dañen aún más a las familias, que ese si que es un ataque frontal, a pesar de que aún no hayamos oído a Martínez Camino quejarse porque muchísimos padres y madres no pueden ver a sus hijos despiertos y rezar con ellos, cuando llegan, extenuados, a casa.

     ¿Qué, les parece que exagero? ¿Sí? Pues pasen y lean una par de  aportaciones al debate recogidas de los medios. El diseñador Adolfo Domínguez aboga por una liberalización total de las relaciones de de trabajo, "sin trabas administrativas ni laborales". "No creo en los derechos que no podamos pagar", ha sentenciado el afamado modisto, que ofrece su tijera para recortar lo que haga falta, pues piensa que la arruga del paro es plebeya. Al catedrático José Barea, que fue ministro del PP, le parece que a los 67 años todavía no hemos salido completamente de la pubertad, y plantea que la edad de jubilación debe situarse en torno a los 70.

     ¿Pero no habíamos quedado en que para superar de la crisis hacia falta un cambio de rumbo, que las cosas no podían volver a ser como antes, que las recetas ultraliberales perjudicaban gravemente la cohesión social?

     Se explican todos divinamente. El problema es precisamente ese: que hasta cuando callan son la mar de claros.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 11-02-2010)

           

 

MIGUEL

MIGUEL

     En Orihuela, su pueblo y el nuestro, han comenzado las celebraciones del centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Entre las actividades programadas figura el envío a la luna de su libro "Perito en lunas", una iniciativa que a uno le parece demasiado esnob para homenajear a un cabrero que apacentaba palabras y utopías tan a ras de tierra. Que el poeta manchado de naranjas, tal como le retrató Neruda, se definiera a si mismo como lunicultor, no creo que justifique tan estrafalario disparate, por mucho que la empresa con la que se ha contratado el viaje haya declarado estar encantada de incluir a Miguel en su próxima misión espacial. Ya puestos, y por seguir con el concurso de ocurrencias, se me ocurre que podíamos subir "El rayo que no cesa"  al video marcador del estadio de Vallecas.

     La mejor forma de honrar al zagal de alma gigantesca que nunca renegó de sus orígenes ("soy pastor desde niño, es un oficio de dioses paganos y héroes bíblicos", le contó a Juan Ramón Jiménez), es asomarnos a la hondura de sus versos, en los que resuena, orgullosa, la voz antigua de la tierra. Y no olvidar nunca la tragedia que le arrancó la vida a la  temprana edad de 31 años, en aquella represión cruel que llevaron a cabo los que ganaron la guerra, sedienta de venganza y cadáveres, que le reventó los pulmones, anegados por la tisis, en la cárcel de Alicante.

     Ese es, creo, el más bello recordatorio que se le puede hacer a uno de nuestros mejores poetas, al hijo de la luz y de la sombra que estuvo hasta el final donde tenía que estar, en el bando de los perdedores de la Historia, el único en el que se alistan, desde el inicio de los tiempos, los que sangran, luchan y perviven por la libertad.

     Mandar a la luna los poemas de Miguel, alejarlos de los vientos del pueblo, de los aceituneros altivos y de los niños yunteros, es una frivolidad que probablemente no haga daño a nadie, pero es también un síntoma más de una sociedad enferma de infantilismo, incapaz de acercarse, con profundidad, al legado moral de sus profetas.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 28-01-2010)

 

UNA CUESTIÓN DE ORDEN

UNA CUESTIÓN DE ORDEN

    Dice Juan José Millás en su último libro que los objetos nos llaman. No tengo la más mínima duda: si eres blando de tímpanos, es fácil percibir a diario sus voces metálicas, sus quejidos de convalecientes. Ya conté aquí que alguna vez, en el silencio de la noche, he oído al frigorífico delirar de fiebre y al microondas tiritar de frío. Sólo hace falta un poco de empatía.

     Hay personas, sin embargo, que tienen serios problemas de comunicación con los seres mal llamados inanimados. Mis hijos, por ejemplo. El otro día, en la comida, se desnucó una cuchara al caer de la mesa y ninguno de los tres se agachó a prestarle el auxilio debido. Cuando llegamos su madre y yo a media tarde, el pobre cubierto aún estaba en el suelo retorciéndose de dolor. Eso por no hablar de sus pésimas relaciones con la ropa sucia: no es que no la miren, es que no la ven. Hay familias, usted lo sabe, que se han roto por un quita de ahí esos calzoncillos.

     Qué importante es respetar el espacio vital de los objetos,  ser conscientes de las innumerables ventajas que proporciona en la vida cotidiana el orden natural que pregonaban los presocráticos. Si en casa tenemos el Exín Castillos, qué necesidad hay de construir torreones en el cuarto de baño con los canutos de papel higiénico. Si la toalla nació con vocación de toalla, a qué viene travestirla de alfombra. Tiene razón Millás: los objetos nos llaman.  Hay veces que nos llaman de todo.

     Y si eso sucede en la casa de uno, imagínese qué no pasará en la aldea global, en donde es la propia vida humana la que está al retortero. Nos dijeron que la crisis iba a poner las cosas en su sitio y lo que ha hecho es desubicar aún más a sus poseedores. Este Diario informaba el otro día que en el triángulo de las Bermudas de la estadística, esa ciencia que miente con extraordinaria precisión, 40.000 parados de la provincia habían desaparecido de repente por no estar donde tienen que estar, esto es, en los tajos, en las oficinas, en las fábricas.

     Un poco de orden, por favor.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 14-01-2010)

 

DEDICATORIA

DEDICATORIA

     Para la anciana que en el invierno de su vida acudió a la escuela de adultos de su pueblo para que le enseñaran a leer. Para el yudoca de once años que tras ganar tres combates sin despeinarse, preguntó a su padre, desde el tatami, que dónde estaba la cámara oculta. Para la madre que una noche de verano en Tarragona, iluminada por la emoción azul de las estrellas, bailaba con su hijo, paralítico cerebral, la canción más bonita del mundo.

     Para la amiga con la economía familiar en los huesos que devolvió, sin pensárselo dos veces, un ingreso en su cuenta que no le pertenecía. Para ese viejo militante de izquierdas que sigue cultivando valores sin precio. Para los amigos de la quinta de Iríbar con los que cada mañana de sábado juego el partido del siglo, porque no hay remedio más eficaz contra los achaques de la edad que correr detrás de esa vieja pelota que nos devuelve a los recreos de la infancia.

     Para el niño que en la medina de Fez clavó su mirada de desposeído en el corazón de mi conciencia de privilegiado. Para esa pareja, unida en la desventura, que comparte el mismo techo y el mismo drama existencial. Para la misionera que volvió a casa por Navidad y contempla perpleja esta orgía de consumo indecente. Para el abuelo que se mudó al olvido y sonríe indefenso desde el abismo de la desmemoria.

     Para las inmigrantes que reían la otra tarde en el autobús, conjurando, a carcajada limpia, esa tristeza negra que acompaña al desarraigo. Para los compañeros y compañeras con los que comparto, en régimen de alquiler, esta esquina de papel, por la que camina, buscando una columna en la que cobijarse, la letra pequeña de la vida. Para esa opositora, madre de familia numerosa, a la que nadie podrá arrebatarle nunca la gloria del intento.

     Para todos ellos va esta última columna del año. Y para usted, mi más sincero deseo de esa felicidad trabajada que se forja al calor del esfuerzo diario y que, cuando tiene a bien comparecer, trae incorporada la dicha de haberla merecido.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 31-12-2009)

REYES A LA CARTA

REYES A LA CARTA

     El pasado fin de semana, la Asociación Cultural "Aduaneros Sin Fronteras" convocó en asamblea a sus afiliados para preparar las fiestas navideñas. Como primer punto del orden del día figuraba la elección de los Reyes Magos.

     Nada más abrirse el turno de palabra, un socio propuso que Baltasar fuera un hombre de color (dijo negro, pero después rectificó). "Embetunarle la cara a un compañero es hacerle el juego a la derecha y a la multinacional Kanfort", sentenció en medio de una atronadora ovación. "Aunque yo soy más de Gaspar y el tema me afecta sólo colateralmente", matizó el Presidente, "he de decir que no hay personas de tez morena entre los afiliados, y que los estatutos de la entidad prohíben que alguien ajeno a la Asociación puede participar en las actividades internas".

     Una feminista pidió la derogación inmediata de ese artículo y, en agradecimiento a la mujer de  Obama, apostó porque los reyes fueran reinas, y que Melchor y Gaspar fueran representados por negras maquilladas de blanco, eso sí, con Kiwi, "porque se fabrica en un país oprimido: Cataluña". Un estudiante sugirió que fueran de Guinea Ecuatorial, por ser antigua colonia, y que no se repartieran conguitos a los niños, pues el personaje de la bolsa atenta contra la dignidad de esa raza hermana.

     Un jubilado, que se declaró monárquico hasta la médula, amenazó con borrarse de la Asociación si los reyes no eran de verdad. "Es un insulto a todas las Casas Reales del mundo que pongan a tres mamarrachos, que a lo peor son hasta republicanos", espetó malhumorado. ¡Y que profesen la fe católica!, apostilló una viejecita.

     La reunión siguió degenerando. Un admirador de Heraclio Fournier planteó la posibilidad de añadir un rey más al cortejo. Un abogado, que decía defender los intereses legítimos de los herederos de San Antón, solicitó que los elegidos llevaran  barbas  auténticas, "sin gomas detrás de las orejas". Y la dueña de una joyería exigió que se eliminara de la ofrenda el incienso y la mirra porque son "una mierda de regalos que no están a la altura del agasajado".

     P.D.: ¿Es un impresión mía o, verdaderamente, se nos está yendo la olla?

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 17-12-2009)

 

 

GLORIA BENDITA

GLORIA BENDITA

     Del silencio, el recogimiento y la contemplación sólo pueden salir cosas bien hechas, obras y trabajos decentes que reportan bienestar y cultura a la comunidad, por más que los vándalos del escape libre, los activistas del botellón y los técnicos del PROTEJA no alcancen a entenderlo, y sigan atentando, impunemente, contra la paz  urbana. Místicos, poetas, científicos, creadores en general, saben de sobra que la escasez de silencio es una tragedia tan grave como la escasez de agua o de vergüenza. El camino a todas las cosas grandes, escribió Nietzsche, pasa por el silencio.

     Las monjas de clausura pertenecen a esa rara especie en vías de extinción que ama el sosiego sobre todas las cosas, y entre laudes y vísperas, entre novenas y completas, elaboran, bajo la golosa mirada del Altísimo, dulces que dan fe de que, efectivamente, Dios anda entre pucheros, pero donde de verdad se nota su mano de santo es en el sublime arte de la confitería.

     Acostumbradas a trabajar sin usura, ajenas al ruido de mitras que llama agresiones a la pérdida de privilegios, y a las detonaciones de una clase política agrupada toda en la hucha final, las hermanas y su Jefe conviven en perfecta armonía, pues no es lo mismo estar a las órdenes de Díaz Ferrán, ese patrón del XIX, que de un Padre generoso y bueno. Tan exquisita repostería, además, lejos de provocar enfrentamientos, auspicia la concordia entre personas de toda ideología, religión y creencias.

     Del ruido, la prisa y la falta de respeto al prójimo sólo puede salir la comida basura. Del silencio, el recogimiento y la contemplación, nacen manjares como el cabello de ángel y el tocino de cielo (denominación de origen),  que ponen el paladar en comunicación directa con las manos del Creador. Como los dulces que, dentro de la muestra de repostería de conventos "Qué rico, Dios mío", se exponen mañana en la Fundación Municipal Universitaria de Algeciras, en una cita ya clásica que tiene el sabor antiguo y fraterno de la verdadera Navidad. Gloria bendita.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 03-12-2009)

 

 

TERRORES LEJANOS

TERRORES LEJANOS

     Bajo el título "Maestros del Terror", el diario El País ha reeditado una selección remasterizada de las mejores películas del género, supongo que para acojonarnos todavía más de lo que estamos. Será difícil: la realidad que vivimos es mucho más espeluznante que la ficción que alimenta nuestras peores pesadillas. Abrir el periódico cada mañana se ha convertido en un ejercicio de valentía que es mejor no afrontar solo.

     Yo vi el otro día "El Exorcista" y, la verdad, es una película que ha envejecido muy mal. Más que pánico me dio fatiga. Y pena de la criatura. Porque esa chiquilla lo último que necesitaba para que le miraran lo suyo era un cura gritón. En cualquier clase de la ESO hay niñas más bastas que la pobre Regan, hablando un lenguaje menos comprensible y más chabacano, y a nadie se le ocurre llamar a Martínez Camino, pues terminaría excomulgando hasta al esqueleto de la clase de Ciencias.

     En aquellos años, dos buenas "jofetas" a tiempo habrían acabado pronto con esos numeritos. Hoy en día, con un equipo multidisciplinar bien cohesionado, el tratamiento duraría algo más: una Supernanny para los tratornos de conducta; un buen fisioterapeuta que pusiera remedio a sus problemas con las cervicales; el mismo otorrino que trata a Sabina, para curarle esa afonía aguardentosa. Y, sobre todo, unos padres más comprometidos con su educación, y más limpios: el cuarto de un quinceañero hay que ventilarlo diariamente y las sábanas hay que cambiarlas de vez en cuando.

     Pero es que, además, Satanás nunca fue tan burdo en sus comparecencias públicas. Creer que va a perder tiempo y dinero trabajando de ventrílocuo de una adolescente es pecar de ingenuos. Al padre del que vive en Chiclana le ponen más otras faenas. Sigue transitando, es cierto,  por escaleras oscuras y empinadas, pero éstas ya no conducen al sótano o a la buhardilla, sino a una concejalía de Urbanismo, a la presidencia de un club de fútbol o al Consejo de administración de un banco.

     Más que en películas de terror, yo le veo ahora en papeles de realismo sucio.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 19-11-2009)

¡PADRINO, BÚFALO!

¡PADRINO, BÚFALO!

     Invierno en Madrid, noche  de perros. El frío y la lluvia invitan a no salir de casa, pero el teatro ha vuelto a llenarse. Terminada la función, el actor principal se abriga antes de despedirse de sus compañeros. ¡Que te mejores!, oye  al cerrar la puerta del camerino. Nadie en el patio de butacas ha notado que el cómico ha trabajado mermado por la gripe. Al salir, abre el paraguas y se dirige a una parada de autobús. Un compañero le ve guarecerse del temporal bajo la marquesina. Preocupado por la salud del veterano actor, se acerca y le pregunta que por qué no coge un taxi. "Si lo pagas tú, sí; si no, sigo esperando, que la cosa está fatal", contesta con la misma voz  musicada  con la que borda en escena sus berrinches.

     La anécdota nos la contó, entre amigos, la persona que esa noche compartió taxi, que no el importe de la carrera, con José Luis López Vázquez, un tipo insignificante, según el mismo se definió, que quedó marcado para siempre por las penurias de la posguerra. Un señor feucho y apocado que se volvía hiperactivo en cuanto entraba en escena. El secundario de lujo que nos enseñó que la comedia nace de las entrañas de la tragedia. "Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo" de todo lo que oliera a interpretación.

     Fue el señorito (pronúnciese, por favor, en tono ascendente y marcando con énfasis las sílabas) del cine español de los sesenta, el empleado infeliz  que quiso atracar a la hora del telediario el banco en el que trabajaba, el hombre corriente que nos obligó a hacer contorsionismo cada vez que entrábamos a hacer una llamada en una cabina, una mano en el teléfono y la otra procurando que la puerta no se cerrara nunca del todo.

     En este su último viaje,  Don José Luis, dígale al taxista (o al conductor del autobús, que la cosa está todavía peor) que le lleve al paraíso del viejo teatro en el que ya le espera la Gran Familia de cómicos que forjaron aquellos sueños más grandes que la vida. Y dígale de mi parte a Marlon Brando que el padrino es usted.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 05-11-2009)

HAY UN AMIGO EN MÍ

HAY UN AMIGO EN MÍ

     Menudo berrinche se cogió el otro día, mientras leíamos el Diario juntos, el niño que aún me habita. Al chaval, que cuando menos le espero me sale de dentro, hay que entenderle: rebelde y ocioso, continua jugando en la vieja calle a esa edad en la que uno está dispuesto a comprar a cualquier precio una certeza. Y ahí sigue, fiel a su mundo de siempre: las aventuras de los payasos de la tele, aquella novia primera con la que jamás cruzó palabra, el Atlético de Ufarte, Luís, Gárate, Irureta y Becerra. Uno intenta tratarle con toda la ternura de la que es capaz, aunque he de reconocer que a veces me puede su insultante inocencia, virtud que yo empecé a echar en falta cuando dejé de ser él, no se si me explico.

      De un tiempo a esta parte, no gana para disgustos mi pequeño amigo del alma. El último, ya digo, se lo dio el columnista de este periódico Francis Gallardo, que anteayer  aseguraba que Uri Geller, el hombre que allá por 1975, en el programa "Directísimo"  de José María Iñigo,  paralizó España declarando la guerra a todo tipo de cuberterías, era un impostor. Ni fuerza mental, ni leches: tenía las yemas de los dedos pringadas de una sustancia con componentes de aluminio que degradaba en frío el acero inoxidable de las cucharas. Y lo relojes los ponía en marcha con unos micro imanes que llevaba camuflados en las manos.

      Mentira cochina, dijo Pepito. Otro mito al carajo (como Fidel, como Brigitte Bardot, como la transición democrática), dije yo. Lo peor de los mitos, intenté hacerle ver con mucha delicadeza, es que encienden el corazón pero no el cerebro. Ahora me dirás que la inclinación prodigiosa de Locomotoro, digna del mejor contorsionista, es otra falsificación de la Historia, o que Chencho no se perdió sino que lo abandonaron,  o que la abeja Maya no vivía en un país multicolor sino en un país de mierda, bramó llorando antes de esconderse en mi interior, más concretamente en una de las habitaciones oscuras de mi infancia, que es la suya.

      No sabe ese niño que la decepción, como él,  va por dentro.

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 22-10-2009)

 

QUE MUERO PORQUE NO MUERO

QUE MUERO PORQUE NO MUERO

     El científico norteamericano Ray Kurzweil ha asegurado que en veinte años (veinte años no es nada) alcanzaremos la inmortalidad, incluidos los legionarios, que tendrán que ir pensando ya en cambiar de novia. Así que si usted llega vivo/a  al 2029, vaya preparándose para lo peor. La nanotecnología (en adelante, la nano), un campo de las ciencias aplicadas dedicado al control y manipulación de la materia, hará posible reemplazar nuestros órganos vitales por vísceras artificiales.

     Como remedio contra la enfermedad, nos parece bien que la nano se preocupe por aumentar la calidad y calidez de vida de aquellos que fueron arrojados a la existencia hace menos de un siglo (un siglo ya es algo). Si un estudiante de Filosofía echa una mañana el hígado por la boca, después de oír en la radio a Leire Patín o a Federico Trillo, está muy bien que un "cirunano" se lo reemplace antes de entrar en clase, para que después pueda volver a echarlo al escuchar al profesor de Ética, y así, sucesivamente. O si a Diego Tristán, debido a la acumulación de partidos, se le sale un domingo el corazón por el escudo de la camiseta, tranquiliza bastante que los avances médicos permitan que se le pueda zurcir un corazón de plástico o hacerle un transplante de escudo.

     En lo que no podemos estar de acuerdo es en pasar las tardes de la eternidad junto a un brasero que no calienta y un dolor sin fecha, sumidos en una vejez interminable, viendo como el tiempo, ya abolido, sigue poniéndose amarillo sobre las fotografías. No se quién le habrá dicho al Sr. Kurzweil que queremos ser inmortales. Yo por lo menos,  prefiero ser polvo enamorado a pellejo arrinconado.

     Eso sin contar con los daños colaterales que provoca esa condena perpetua: la imposibilidad de disfrutar con el primer café de un obituario bien escrito, la desoladora certeza de que tu cuñado seguirá vacilándote por los siglos de los siglos...

     El listo ese desconoce que la vida es bella porque es efímera. Que no hay compasión en los huesos del tiempo. Por cierto, ¿alguien sabe qué va a pasar con la Resurrección?

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 08-10-2009) 

 

COLECCIONABLES

COLECCIONABLES

     Septiembre ya no es el mes de la vendimia, sino de los coleccionables. Ahora, en lugar de pisar uvas, pisamos fascículos, que es lo que hice yo el otro día cuando daba un paseo por una de las pocas aceras de El Puerto que han tenido la inmensa fortuna de no guardar un tesoro debajo. Al agacharme para poner el artículo en su sitio, un título me llamó poderosamente la atención: "Cómo destrozar una ciudad impunemente".

     Me interesé por la colección y el quiosquero me preguntó si estaba empadronado. No, es mi carácter, le contesté secamente por meterse donde no le llamaban. Es que si es usted portuense se la podemos personalizar adaptándola a la idiosincrasia local, replicó el hombre derrochando cultura y amabilidad. Le dije que sí y por un euro me dio los dos primeros números.

      Las entregas no tienen desperdicio. "A la mierda con el patrimonio histórico" es el primer fascículo, con el que me regalaron una piqueta y un muñeco vudú, con gafas y cara de cabreo, que a mi me recuerda a Luís Suárez. El segundo, "Viaje al centro de esta tierra", recopila, en un DVD interpasivo, testimonios de personas que un día se animaron a poner un negocio en el centro de la ciudad y hoy son empresarios en riesgo de exclusión social, pobres almas en pena y en suspensión de pagos cuyos comercios ya no son de este mundo. Impresionante el relato de un autónomo recordando, entre sollozos, el último par de zapatos vendidos (unos "gorilas" con una pelotita verde).

     Como este tipo de industria está siempre atenta a las últimas novedades, ya han previsto sacar un fascículo extraordinario que recogerá  ese episodio glorioso de la semana pasada en el que cientos de libros de Cervantes, Clarín, Juan Ramón Jiménez y García Márquez, entre otros muchos, provenientes de la biblioteca de un colegio público, fueron arrojados, con premeditación y algarabía, a un contenedor de basura. Se va a llamar, "Que lean ellos, si pueden". Ellos somos nosotros, creo. Los que nos desfilamos ni bajo consignas ni bajo mazas.

     ¡Qué colección! La de  políticos de la muy noble y maltratada ciudad de El Puerto de Santa María, digo.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 24-09-2009)

 

CIUDADANO RICARDI

CIUDADANO RICARDI

     A lo mejor me he perdido algo, pero a día de hoy sólo una ex consejera de la Junta de Andalucía ha tenido la decencia de pedir disculpas a Rafael Ricardi, el ciudadano portuense que ha pasado los últimos trece años de su  vida entre rejas por un delito de violación que no cometió. En julio de 2008, Evangelina Naranjo declaró que más vale un delincuente en la calle que un inocente en la cárcel.

     Sucede, sin embargo, que, desde entonces, lo que tenemos es un inocente en la calle, un ciudadano a medias, que debe presentarse cada quince días ante la justicia para firmar no se qué papel, porque para el Estado parece que todavía es sospechoso de algo. El infierno existe, quién dijo que no, y tiene una sucursal chapada donde huele a lejía y a humanidad, y en la que, de vez en cuando, algunas personas pagan en vida las culpas de otros o los errores de personas con poder que cometen equivocaciones criminales sin que nadie les pida nunca responsabilidades por  sus actuaciones. De allí viene Rafael, temeroso, con su petate pobre y su mirada desolada de perrillo abandonado.

     Ninguna indemnización, cuando llegue, va a compensar  ya a Ricardi de tanto sufrimiento, pues nada podrá reparar el inmenso daño causado, pero este señor merece un trato más elegante, un acogida más cálida, la misma compasión, al menos, que se ejerce con las víctimas de otros dramas personales y colectivos. Porque cuesta digerir la frialdad alevosa con la que los poderes públicos han reaccionado ante este escándalo jurídico, el silencio indoloro de un gobierno que presume a diario de sensibilidad social y que no ha tenido el coraje moral de llamar a Ricardi para pedirle perdón en nombre de todos. Y luego están los nueve folios en los que el Tribunal Supremo anula la sentencia condenatoria, que merecen un lugar destacado en la Historia universal de la infamia.

     Aquí parece que todo el mundo ha actuado con una profesionalidad encomiable  y nadie tiene que arrepentirse ni disculparse por nada. Pero un hombre ha pasado trece años de su vida secuestrado en un penal por un delito que no cometió. Algo habrá hecho.  

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 10-09-2009)

Y NO SE ME OCURRE NADA

Y NO SE ME OCURRE NADA

     Se va agosto, menos mal, un mes que también debería ser inhábil para escribir artículos de opinión. Cuánto lamento ahora no haber apoyado al compañero Modesto Barragán, nuestro Delegado de Prevención, que ya a principios de verano advertía del riesgo que supone para la salud enfoscar columnas a pleno sol, con los pies colgando de un párrafo, mientras repellamos un punto y aparte.

     Aunque tarde, asumo sus justas reivindicaciones, pero confieso que lo hago por puro egoísmo, pues me acaba de ocurrir lo peor que le puede pasar a un columnista: me he quedado sin tema. Son las cinco de la tarde del miércoles, antes de las seis debo enviar al periódico dos mil caracteres, y ni siquiera se todavía de qué voy a escribir. Los pájaros de la zozobra  vuelan sobre mi cabeza (mira que eres cursi, qué pedante eres, me digo con música de bolero y  la autoestima  a la altura de un pozo minero).

     Las cinco y media. Le pido a mi mujer y a mis hijos que por favor hablen un poco más bajo, que me desconcentran, aunque de pronto caigo en la cuenta de que se fueron todos a la playa esta mañana y aún no han vuelto. Desesperado, me levanto, cojo una recopilación de artículos de Julio Camba y otra de Manuel Alcántara, y se me ocurre que podría copiarle novecientos caracteres a cada uno y poner doscientos míos para disimular. Esta vez no me atrevo.

     Podría hablar de Teófila y del drago que se convirtió en mojama, pero algunos me van a acusar sin pruebas (se lleva mucho ahora) de ser un mercenario a sueldo de Pepe Pettenghi. O del municipalismo expansionista de Barroso, que le ha hecho apoderarse de la alcaldía de Puertollano, mas lo mismo Fernando Santiago me pide derechos de autor.

     Las seis en punto. Suena el teléfono. Le digo a mi mujer que no me llame que me desconcentra, pero es  Rafael Navas, señor, si señor, y me suelta, sin entradilla, que si me he creído que soy Julio Camba o Manuel Alcántara. Le envío, a la voz de ya,  esta columna invertebrada, este artículo indeterminado.

     Tengo que hablar con el compañero Modesto. Por si me echan.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 27-08-2009, con el título "Tieso (como el drago)")

 

EL CASTILLO

EL CASTILLO

     Parece que han pasado siglos, pero cada verano volvemos a reconstruir aquel castillo de arena que levantamos una mañana luminosa de domingo bajo cuyos cimientos guardamos el tesoro fantástico que escondimos para siempre a la edad en la que se fijan los primeros recuerdos. Por mucho que nos hayamos alejado de él, por mucho vuelo de bajo coste que concertemos buscando paraísos remotos con todo incluido, siempre terminamos allí, en la misma orilla en la que la felicidad cabía en un cubo lleno de camarones, el miedo a la libertad duraba lo que tardábamos en encontrar nuestra sombrilla y la fraternidad se forjaba alrededor  de una pelota Nivea.

     Abre uno la puerta del viejo castillo, que  todavía sigue en pie pese a las olas gigantes de Santiago, se adentra por sus túneles y pasadizos, y llega, sin más GPS que la memoria agradecida, al mismo patio en el que los vecinos se sentaban a la fresquita, a hablar de sus cosas, en las noches limpias de agosto. Allí está  también, arrumbada en un rincón del recuerdo, la vieja manta que después del almuerzo tendíamos en la casapuerta, mientras los mayores se dejaban cae y sólo las chicharras tenían derecho a hablar en voz alta.

     Oigo, lejana, la voz metálica del afilador, ese aguafiestas que traía el levante en una moto y que suspendía, a golpe de cuchillo, los planes de playa del día siguiente. Suena, también, como un rumor antiguo, el pregón dulce del arropiero, arropías de Turquía, las llevo largas y retorcías. En la radio, ese altar civil, habla Don Puyazo y sabe de qué habla.

     Si cerramos los ojos podemos vernos embadurnados de crema, con un bocadillo de tortilla en una mano y el rastrillo en la otra, las horas obligatorias e interminables de la digestión, sobre cuya duración exacta los mayores nunca se ponían de acuerdo. La vida, en fin, bella y desnuda, en ese tiempo quieto en el que el ayer y el porvenir no hacían pie.

     Parece que han pasado siglos, pero aquel castillo primero sigue allí, en la misma orilla, con la puerta encajá. Sólo hay que atreverse a entrar.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 13-08-2009)

  

ALMA, TERMOSTATO Y VIDA

ALMA, TERMOSTATO Y VIDA

     Por Freud sabemos que los gritos de socorro con los que a veces se defienden algunos órganos del cuerpo, son metáforas de un conflicto mental o sentimental que se encuentra oculto tras la maleza de esa zona gris en la que retozan las neuronas.

     Bien, estamos de acuerdo con Don Sigmund (¡qué gran descubrimiento también su tinto de verano!). El alma y el culo, con perdón, están interconectados, de forma que la angustia puede derivar en hemorroides, los gases en melancolía, y viceversa.

     Pero hoy queremos ir un poco más allá. Los animistas, unas personas estupendas que siempre están de buen humor, sostienen que también las cosas tienen alma, corazón y vida. Los electrodomésticos, por ejemplo, en lugar de corazón tienen termostato, que viene a ser lo mismo, y nos hablan desde un abismo blanco y metálico de kilovatios, destellos y fusibles. Piensen en la cafetera y en su sentido de la trascendencia: cuanta fe pone cada mañana en su café, su café Saimaza. O en el exprimidor, ese galán siempre dispuesto a sacar lo mejor de su media naranja. Yo, de tanto rozarlos, he hecho míos sus dolores y esperanzas, sus sueños y derrotas, hasta el punto de emocionarme en algunas ocasiones ante las nobles aspiraciones de la aspiradora o la limpieza de miras del lavavajillas.

     La otra noche, sin ir más lejos, en el silencio de la ídem, me despertaron unos gritos espantosos que provenían de la cocina. Sobrecogido por aquellos quejidos chirriantes, llegué dando tumbos al frigorífico, que lloraba como un niño chico. Para calmarlo, le puse la mano en el congelador: ardía.  De pronto, también el microondas empezó a dolerse. Pensé que no era más que un ataque de celos, pero me acerqué y estaba frío como un cadáver.

     No se qué pensarán Freud y los animistas de todo esto, pero últimamente me río por no llorar y viceversa. A lo mejor mi termostato interior, tan proclive a la empatía, necesita también un poco de cariño.     

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 30-07-2009)          

HABLEMOS DE ESO

HABLEMOS DE ESO

     El periodista David Barba acaba de publicar 100 españoles y el sexo, un libro de entrevistas en el que personajes públicos de la sociedad española nos cuentan sus aventuras y desventuras con, según Woody Allen, el órgano más importante de su cuerpo, por delante incluso del cerebro. Por razones de espacio, nos detendremos en los más veteranos.

     Manuel Fraga asegura que jamás en su vida se ha puesto un presevartivo (la contundencia en la respuesta nos hace pensar que tampoco piensa utilizarlos en el futuro). Además, el gallego indomable confiesa que aún guarda el meyba sobaquero con el que se bañó en Palomares. "Me lo he puesto luego muchas veces y les aseguro que tengo los cojones en el mismo sitio y no he notado nada de nada", declaró hace ya algunos años con la sensibilidad  que le caracteriza.

     Otro superviviente, Santiago Carrillo, uno de los pocos españoles capaz de fumar entre cópula y cópula siete u ocho cartones sin que de ello podamos deducir una cierta irregularidad en su actividad amatoria, declara que en su día  le ofrecieron señoras bellísimas a las que tuvo que decir que no por seguridad nacional. Los jóvenes comunistas trataban de ligar desesperadamente, pero no permitíamos desmanes, asegura el curtido político. Pues vaya mierda de paraíso comunista, ¿no?, decimos nosotros.

     Alfredo Landa, ese sex symbol alternativo que se ha pasado media vida en calzoncillos (todavía nos cuesta verle vestido), recuerda que la censura prohibía sacar trajes de baño con señoras dentro. Cuenta que su madre le preguntaba siempre lo mismo: ¿No serán verdad todas esas porquerías que cuentan de ti y las suecas? Y él asegura que  no se comía una rosca. Qué duros debieron ser los rodajes, de cintura para abajo, para nuestro macho ibérico más entrañable.

     Más allá del intento de trazar el recorrido erótico de la historia de nuestro país, poco aporta el libro sobre esa fiesta de los cuerpos íntima y gozosa, grotesca quizá cuando nos dejamos abierta la puerta del dormitorio. Nada nuevo, en fin, bajo la ropa interior.

     (Columna publicada en El Diario de Cádiz el 16-07-2009)