Blogia

El blog de Pepe Mendoza

¡QUÉ ESTAFA!

¡QUÉ ESTAFA!

     Por lo visto, a Eufemiano Fuentes, el médico detenido en la Operación Galgo contra el dopaje, le apodaban Asterix, pues tenía siempre  dispuesta una poción mágica para que los tramposos pudieran llegar a la meta más rápido que el resto de compañeros que solo se metían entre pecho y espalda plátanos y aquarius.

     Confieso que la noticia, más allá de la traición sentimental que me produjo haber confiado en la limpieza física y moral de la gran dama del atletismo español, no me ha sorprendido demasiado. Si el deporte imita a la vida,  el deporte de élite imita a la vida de las élites, esa que se construye a diario sobre los cimientos de la desigualdad ante la ley, la falta de escrúpulos y la falsificación de la verdad.

      Ahí está, por ejemplo, lo de Wikileaks, un control antidopaje por sorpresa al Poder, que ha socavado los cimientos de las democracias con la misma virulencia con la que el picudo rojo taladra las palmeras, dejando al descubierto la fullería grosera de unos gobiernos que adulteran con hormonas exógenas la bella musculatura del Estado de derecho.

      Con tan peligrosas prácticas, ¿qué razón hay para creer que el deporte profesional, el de las medallas y los patrocinadores, va a asentarse sobre los pilares de la dedicación, la honradez  y el trabajo bien hecho? Si para encontrar un empleo o que le operen a uno de algo antes de que sea demasiado tarde, es mas eficaz acudir a los estímulos artificiales del enchufe o el amiguismo, sobre todo ahora que asistimos sin rechistar al desguace del estado del bienestar, ¿cómo salir victoriosos de esa maratón que cada mañana corremos en busca de la prosperidad, en la que el mejor tiene todas las papeletas para llegar por detrás del mediocre?

      Al druida del Asterix verdadero, no a ese matasanos siniestro que ha dejado podridos cuerpos, sentimientos y competiciones, habría que encargarle con urgencia un brebaje natural que nos ayudara a correr, a gorrazos, a todos los tramposos.

     (Diario de Cádiz, 16-12-2010) 

           

DISCULPEN LAS MOLESTIAS

DISCULPEN LAS MOLESTIAS

     Buenos días, señoras y señores. ¿Tienen cinco minutos? Pedir no es fácil para nadie, pero si triste es de pedir, más triste es de robar. No, no necesito dinero. Mi crisis no es económica, sino existencial: un complejo problema de desdoblamiento interior, un trastorno atípico de la personalidad. No tengo claro quién soy, así que solo quiero que me digan si mi cara les suena.

     Creo que fue Dostoievski el que escribió que, por lo menos, somos cinco o seis: un místico, un pragmático, un avaro, un vagabundo, un jugador, un idiota. O sea, que la cosa no es tan sencilla como aseguró Ortega, que pensaba que uno sólo tenía que gestionar su yo y unas cuantas circunstancias. No me extraña que terminaran rebelándosele las masas.

      Cuando apenas cabíamos en casa, parió la abuela, en este caso Freud, que vino a decir que todos esos individuos tenían, además, un ello, un yo y un superyó. Un lío del copón. Conócete a ti mismo, recomendaban los griegos. Como si fuera fácil con tanto okupa dentro del subconsciente, o donde demonios se aloje ese ejército de sombras.

      La cosa se complica todavía más conforme uno va envejeciendo y haciéndose más vulnerable. Es fácil que a partir de cierta edad se nos cuelen a diario, hasta la cocina del alma, personajes cada vez más raros: un hipocondríaco, un cascarrabias, un viejo verde. Entre tanto desconocido, es tremendamente difícil dar con uno. La otra tarde vi llover, vi gente correr y no estaba yo. ¿Quién era, entonces, el mirón de la ventana?

      Es un tremendo error pensar que por el simple hecho de decir “yo” (la sílaba que más repetimos a lo largo de nuestra existencia), conocemos de sobra al que nos saluda desde el otro lado del espejo. Nos creemos los autores del guión y resulta que no somos más que una novela andante poblada de secundarios sin brillo con los que convivimos como vecinos mal avenidos. Puro fragmento, eso es lo que somos.

     Échenle, por favor, un último vistazo a la foto de aquí arriba. ¿Nada? Gracias igualmente y disculpen las molestias.

     (Diario de Cádiz, 2 de diciembre de 2010)           

SEVILLA, 13-N

SEVILLA, 13-N

     Supongo que  tendrán conocimiento de que en la Administración andaluza se han infiltrado células ultraderechistas y que miles de trabajadores públicos han caído en sus redes. Dicen que en algunas Delegaciones hay Jefes de Negociados que acuden a trabajar vestidos de requetés. Rumores sin confirmar apuntan que los funcionarios más beligerantes se reúnen al iniciar la jornada en torno a la máquina del café para cantar “Montañas Nevadas”. Una vergüenza.

     Esta revuelta antidemocrática congregó el pasado sábado en Sevilla a más de 40.000 empleados públicos. Una especie de Tea Party, pero con Cruzcampo, en plena Alameda de Hércules y que, según Mar Moreno, lo único que pretendía era mostrar su hostilidad al gobierno andaluz con una “clara intencionalidad política”. Manuel Pastrana, secretario general de UGT, un símbolo en la lucha por la independencia sindical, ha ido más allá, denunciando el peligro que suponen para la convivencia estos  grupos violentos.

     Vale, como homenaje póstumo a Berlanga todo este esperpento de declaraciones por parte del poder y sus palmeros no está mal, pero como análisis de la realidad de la función pública autonómica es manifiestamente mejorable.

     Yo estuve allí: en mis 25 años de servicios en la Administración no recuerdo una protesta más libre, cívica y antipartidista por la dignidad de lo público, ese espacio común que, en palabras de Antonio Muñoz Molina, constituye “la única defensa de la inmensa mayoría contra los abusos de los saqueadores y de los corruptos”.

     Tristes tiempos estos en los que hay que recordar lo evidente: la independencia política del funcionariado como garantía de los ciudadanos ante las tropelías del poder, el acceso al empleo público por oposición y no a través de operaciones de blanqueo laboral que priman el nepotismo sobre el mérito y la capacidad. Cuestiones, en fin, que un gobierno que se autoproclama a diario progresista debería llevar en el ADN de su ideario político.

     (Diario de Cádiz, 18 de noviembre de 2010)

        

NOVIEMBRE Y OTRAS LUCES

NOVIEMBRE Y OTRAS LUCES

     Es cierto que la vida da muchas vueltas, pero la muerte (cómo se viene la muerte/tan callando) no se queda atrás. Dan tantas vueltas que hay veces que no sabe uno en que día vive o muere, si amaneció en el porvenir del algún pasado o sestea abrazado a los recuerdos de un futuro que ya nunca será lo que fue.

     Algunas tardes de otoño, la delgada línea roja que separa el más acá del más allá, es borrada por la lluvia, el viento o la nostalgia, y una multitud silenciosa de almas desorientadas cruza esa frontera de penumbras. Es entonces cuando aquéllos que nos dejaron, pero que nunca estuvieron ausentes, se hacen visibles. Sólo hay que saber mirar. 

     No hace falta ser creyente, ni medium, ni miembro del equipo de Cuarto Milenio, para apercibirse de que no todas las presencias reales con las que coincidimos en el ascensor o en la cola de Mercadona son de carne y hueso. Hay difuntos que gozan de una salud extraordinaria, como hay vivos sobre cuyas fotos el tiempo ya se puso amarillo.

     Un tibio aroma de café, el rumor de seda de la máquina de coser, un almuerzo bien conversado que se prolonga en una larga sobremesa, hace que regresen, con más gloria que pena, de ese exilio involuntario en aquella casa antigua por donde la primavera se ha olvidado de pasar. Vuelven, como siempre, atareados en sus cosas, que son las cosas nuestras, las cosas de todos. Y se ponen a trastear de madrugada, sólo hay que saber oír, por los cajones polvorientos de la memoria, y nos llevan de la mano a las regiones luminosas de la infancia, a aquellos días azules en que estábamos convencidos de que la muerte era mentira, que todos los que partían, más tarde o más temprano, terminarían regresando.

      Noviembre está lleno de resurrecciones inexplicables. Cada año, por estas fechas, tiene uno la impresión de que la vida y la muerte, cuando se ponen a girar juntas, más bien parecen la metáfora de otra cosa.

     (Diario de Cádiz, 3 de noviembre de 2010)

PIENSO, LUEGO INSISTO

PIENSO, LUEGO INSISTO

     Me ha parecido estupenda la iniciativa de invitar al señor Rodin a Cádiz, a pasar unos días de su merecida eternidad. Y me alegra que su obra más universal, “El pensador”, en agradecimiento, esté impartiendo clases de filosofía gratis en plena calle Ancha, estimulando las actividades cognoscitivas de los viandantes, esos robinsones urbanos que van del gimnasio a sus asuntos sin advertir que también el encéfalo necesita ejercitarse dos o tres veces por semana. Nos vendrán muy bien sus enseñanzas, pues los abdominales del entendimiento, últimamente, los trabajamos muy poco.

     Un hombre desnudo sentado sobre una roca, a solas con su destino y su conciencia, librando, contra sí mismo, una dura batalla interna.  Un ciudadano que se rebela, negándose a asumir como verdades incuestionables lo que no son más que ocurrencias comerciales (reparen las generaciones más jóvenes en el dato de que los oídos de la escultura están abiertos al mundo: contra lo que se cree, los auriculares no forman parte del conducto auditivo exterior). Un ser humano, en fin, que no se da por vencido, a pesar de saberse, de antemano, derrotado. Dan ganas de subirse a la peana sobre la que reflexiona y abrazarlo.

     Aún a riesgo de que no le entiendan a uno, yo propondría sacarlo en procesión por las calles de la ciudad que bosteza y sólo piensa en febrero, realizando estaciones penitenciales laicas en colegios y empresas. O por los foros de Internet, ese espacio en el que 9 de cada 10 cabezas embisten en lugar de razonar. A lo mejor, se nos pega algo y, en alguna avenida del pensamiento, terminamos reconociéndonos.

     Una persona que piensa es una persona que afirma, que niega, que discrepa, que duda, que quiere, que no quiere, que sueña, que siente. Se comprende, pues, ese afán del poder por mantener muy lejos de nosotros la funesta manía de pensar, la peligrosa tozudez de discurrir.

     Yo volvería a traer a este Superhéroe de la Resistencia un par de semanas antes de las elecciones municipales.

     (Diario de Cádiz, 21 de octubre de 2010)

VÍCTIMAS PROPICIATORIAS

VÍCTIMAS PROPICIATORIAS

     Contaba una vez un veterano columnista, que en los años 50 se hizo célebre el subtítulo de una noticia que apareció en no recuerdo qué Diario. Decía, refiriéndose a las víctimas de un accidente de tren ocurrido en nuestro país: “Afortunadamente, todos los muertos viajaban en tercera”. Para el periodista que cubría la información, a pesar de todo, había que felicitarse, pues dentro de lo malo (el fatal descarrilamiento), afortunadamente  pasó lo mejor (perecieron los menos importantes).

    Recuerdo otro titular, mucho más reciente, en un periódico de Madrid, que me llamó poderosamente la atención: “Llega a su casa y encuentra a su mujer violada y asesinada”. En este caso, el redactor dejaba entrever que lo verdaderamente noticiable no era que la pobre señora hubiera sido masacrada, sino que su esposo llegara al hogar después de una dura jornada laboral  y, en lugar de encontrarse la sopa caliente encima de la mesa, se diera de bruces con ese suceso tan terrible como inmerecido.

      Me acordé de este par de anécdotas el otro día, mientras leía una entrevista a Albert Boadella, ese bufón incómodo que salió de Cataluña en defensa propia y al que uno prefiere lo más alejado posible del Poder. Lo peor, pensé, no sucede cuando se reproducen ideologías totalitarias con el propósito de fanatizar a la plebe y estigmatizar al disidente. Lo peor se da cuando los viajeros miserables, las mujeres maltratadas o los cómicos que siguen declamando que el rey va desnudo, se convierten en víctimas propiciatorias, simplemente porque el clasismo, el machismo, o la paranoia identitaria de los de la boina o el caganer, es tenida por natural.

      Como la xenofobia en Europa, que parece que vuelve, avalada por los gobiernos democráticos de los 27, con una naturalidad que sobrecoge. Afortunadamente, eso sí, las víctimas de esta nueva deriva  hacia el viejo fascismo de toda la vida, siguen viajando, al menos por ahora, en tercera.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 07-10-2010)

 

J.L.G.O.

J.L.G.O.

     El individuo que responde a las iniciales que dan título a esta columna, ya les advierto, es un tipo peligroso. Un antisistema que pone en cuestión los fundamentos mismos de la sociedad occidental. Menos mal que este periódico, para no crear alarma social, ha despachado, en apenas cuatro líneas, el desagradable suceso que protagonizó hace unos días. No sabemos cómo es él, pero sí a qué dedica el tiempo libre: a cumplir, con un fanatismo espeluznante, con el décimo mandamiento.

      El pasado fin de semana, J.L., a esas horas en las que Dinio sufre un mayor grado de confusión, encontró, dice que en la calle Algeciras,  un sobre con 2.500 euros y un cheque con un pagaré. En lugar de silbar mirando para otro lado y meterlo todo en la de Ubrique, que es lo que haría cualquier persona normal, nuestro protagonista lo metió todo en Comisaría, alegando la ajenidad de los bienes. Los policías, como los bancos ahora, no daban crédito.

      Es sabido que aquí, desde que aparecieron aquellas monedas arcaicas, a poco que escarbes, es fácil encontrar, principalmente en algunos edificios públicos, sobres reventones de billetes. Pero también es cierto que detrás de un buen sobre, siempre hay un sobrecogedor, normalmente del ámbito político, rebañando la manteca. Ahí tienen a Rodríguez de Castro, que encontró tantos que se fue a Méjico a darle las gracias a la Virgen de Guadalupe.

      ¿En qué mundo vive J.L.? ¿Nadie le ha dicho que lo único que debe devolverse son los gitanos? ¿Qué pretende, convencernos de que predicar y dar trigo es la misma cosa? ¿Hacernos creer, quizá, que hay otro tipo de desprendimiento más allá del de retina? ¿No oyó nunca al Peña decir que vamos a llevarnos bien, pero, sobre todo, vamos a llevarnos lo que podamos? Sin apropiación indebida, el índice Nikkei, el apoyo del PNV a los presupuestos, los amiguitos del alma y hasta el hambre en el mundo, se irían, ustedes perdonen la ordinariez,  al carajo.

      Ese tipo, insisto, es peligroso. De Cádiz tenía que ser.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 23-09-2010)

           

                        

EL HIJO TONTO DE SATÁN

EL HIJO TONTO DE SATÁN

     Parece que anda suelto Satanás. Otra vez. No me refiero al padre, que pese a tener ya una edad sigue siendo un malvado infatigable. Ahora mantiene secuestrados a 33 mineros chilenos en el recibidor de su casa, y participa también, como cooperador necesario, en la deportación de gitanos que se está llevando a cabo en la Francia que un día alumbró al mundo con sus ideales republicanos de igualdad y fraternidad. Tiene la agenda cargadísima últimamente el Príncipe de las Tinieblas. Sólo las moscas se alegran, por razones obvias, de que no disponga de tiempo para aburrirse y convertir su rabo en arma arrojadiza.

      Pero yo hoy quería hablarles de un pobre diablo que asegura ser su único hijo verdadero, sin que hasta la fecha haya presentado un solo papel que acredite esa relación de parentesco en primer grado de consanguinidad. Es verdad que, si nos fijamos sólo en su cara, se le da un aire: es más feo que Picio. Mas un digno descendiente de Lucifer, por favor, no se anuncia en Cambalache como brujo espiritual experto en la resolución de problemas como el mal de ojo o la impotencia sexual. Y mucho menos le da por caer, en lugar del Cielo, como su supuesto padre, en un plató de Tele 5, más exactamente en ¡Sálvame Deluxe!, ese programa que justifica por sí solo la necesidad moral de mantener el Infierno abierto aunque sea deficitario.

      El Satanás de toda la vida es, ciertamente, más malo que un dolor, no vamos a echarle la culpa a la prensa también de esto. Pero reconozcamos su vasta formación intelectual. Lo dice el Antiguo Testamento y lo avalan pensadores de la talla de Nietzsche. Antes de que los celos le pudrieran el alma y se refugiara en la moda (ahora viste de Prada), era, no sólo el ángel más hermoso, sino el más cultivado.

     Nada que ver con  este Carlos Javier  que, una de dos, o es el hijo tonto de Satán, de lo cual no nos alegramos por muy desalmado que sea su progenitor, o es más falso que un amigo de Facebook.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 09-09-2010) 

 

DE REPENTE, UN TALADRO

DE REPENTE, UN TALADRO

     El verano es la estación de los manitas. No es que durante el resto del año se encierren en su caja de herramientas (algunas, verdaderas mansiones) y dejen de dar la tabarra sobre lo apañados que son y lo bien que manejan la fresadora de superficie, pero con la llegada del buen tiempo intensifican sus críticas al Creador, al que le achacan demasiadas prisas en el acabado del mundo. Piensa el homo habilis del Leroy que, por muy todopoderoso que uno sea, seis peonás son muy pocas, y que el domingo el Gran Arquitecto del Universo debió echar por lo menos medio día.

     Hablamos del torturador de paredes empeñado en acuchillar la sobremesa hasta dejar constancia de que, efectivamente,  puede haber alguien más feliz que un tonto con un lápiz: un tonto con un taladro. Del perito en ruidos al que, en plena profanación de la siesta, nada le sabe tan dulce como su broca. Del asesino de festivos que antes de que cante el gallo ya nos ha despertado tres veces.

     El psicópata de la Black & Decker, por lo demás, utiliza siempre la misa frase para agredir la autoestima del vecino cuando se le pide opinión sobre algún chapú: “Eso no tiene ”. Da igual que usted le pregunte sobre cómo ponerle una bombilla de bajo consumo al Faro de Alejandría o cómo cortarle el césped, sin que nos dé un ataque de vértigo, a los Jardines Colgantes de Babilonia. Eso, si lo sabrá él, no tiene .

     Tal trastorno obsesivo-compulsivo en las extremidades superiores no puede ser bueno. Los romanos, que sabían latín, consideraron el trabajo manual como “un algo de naturaleza maligna”. Nadie se ha atrevido nunca a reprocharles que dejaran el Coliseo a la mitad, que la puerta de Roma siga sin encajar bien del todo o que el Imperio se les viniera abajo de un día para otro por no echar los cimientos en condiciones.

     Yo  prefiero la sierra de Grazalema a la de calar. Sí, lo reconozco, les tengo mucha bricomanía a los manitas.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 26-08-2010)

VIAJES MARSANS

VIAJES MARSANS

     A principios de los 70, mi madre trabajó de limpiadora en Viajes Marsans, en la agencia de El Puerto. En verano, me gustaba acompañarla. Mientras ella adecentaba la oficina, yo viajaba, con la imaginación y con el Capitán Tan, por todo lo largo y ancho de este mundo, de la mano de unas revistas gordísimas que expedían sueños a unos precios que estaban al alcance de cualquiera que no fuéramos nosotros.

     A veces, a la vez que bruñía el suelo o le sacaba brillo al cristal del escaparate, mi madre me hablaba de las dignidades del trabajo y de mi obligación inexcusable de estudiar para ser el día de mañana un hombre de provecho, pero yo andaba ya muy lejos de allí, celebrando un gol de Gárate en el Calderón, comprobando a pie de volcán que el Teide medía los 3.718  metros que decía mi libro de Sociales, o batiéndome en duelo contra un barco pirata a pocas millas de Mallorca.

     Algunas tardes, la fantasía también se iba de vacaciones, y mi avión, a poco de despegar, aterrizaba como podía en la mesa de la señorita Emilia, o en la de Don Joaquín, un señor que, a pesar de venir de una familia tan humilde como la nuestra, se había labrado un porvenir como escribiente.

     Un pirata, con el alma de palo y demasiadas cuentas pendientes, mucho más peligroso que aquéllos contra los que yo luchaba de niño mientras mi madre hacía de la necesidad virtud, ha mandado al paro, esa tierra hostil donde habita la angustia, a los 1.400 empleados de Marsans, una sociedad rentable hasta que comenzó el saqueo. Las navidades pasadas, ya consiguió que Air Comet no levantara nunca más el vuelo.

     Sostiene mi madre que igual que se dictan órdenes de alejamiento contra los que maltratan a su pareja, también deberían prohibir acercarse a las empresas a aquéllos que maltratan a los trabajadores. Y dice también, mientras limpia cansada el cristal amarillo de la memoria, que le da mucha pena que haya cerrado la oficina de Marsans en El Puerto.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 12-08-2010) 

           

ENEMISTADES PELIGROSAS

ENEMISTADES PELIGROSAS

     Como Zapatero, yo también tengo serios problemas para conciliar el sueño. Anteanoche, harto de dar vueltas sin poder pegar ojo, me levanté y, tras asegurarme de que no había fantasmas desconocidos vagando por la casa, decidí encender el ordenador hasta que se me apagara el insomnio. Pinché en Facebook,  pero me equivoqué al meter las claves, pues introduje la contraseña en el espacio destinado al correo electrónico, y viceversa. A pesar del error, comprobé asombrado que estaba dentro de la página. De otra página.

      El diseño era el mismo, pero los servicios que ofrecía los había cargado el mismísimo Diablo. La lista de amigos sólo contenía enemigos de toda la vida, los foros no eran de discusión, sino de ajuste de cuentas, el muro estaba lleno de escupitajos en imperativo y las invitaciones menos groseras eran a morirme. Deduje que, al invertir las claves, había entrado en la cara B de esa red social, en el lado oscuro de la plataforma merengada en la que todo el mundo quiere tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar. Los paraísos, ya ven, tienen  patios traseros cargados de amenazas.

      Intenté animarme pensando que, salvando las distancias, en el blog de Fernando Santiago, en los días de mayor ardor guerrero, hay un ambientillo parecido. O que por algunas columnas de José Pettenghi, también aparecen, de vez en cuando, a perpetrar comentarios, señores de muy buena familia con un cuchillo jamonero debajo del sobaco. Pero yo no pertenezco a ese sindicato de derrotistas. Yo soy un hombre de orden que jamás he conspirado contra los valores eternos de una ciudad que es un ejemplo inigualable de extraordinaria placidez.

      La del alba sería, cuando llegué a la cama. Desperté a mi mujer para desahogarme, pero me cortó en seco. El problema de los paranoicos, dijo dándome la espalda, es que al final es verdad que alguien les persigue.

      A lo mejor debería hacérmelo mirar.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 29-07-2010)

 

            

VÉRTIGO

VÉRTIGO

     No se cómo llevan ustedes eso de ser, de un día para otro, campeones del mundo. Les confieso que yo estoy empezando a preocuparme. Pánico me da no saber gestionar bien esta merecidísima victoria. Temo, porque me conozco, que se me vaya la olla, y acabar, al final, como Maradona, o como Pancho (el de Verano Azul), o como Camilo Sesto.  Algo de mí, algo de mí, algo de mí, se va muriendo. De éxito.  

     Hasta el domingo por la tarde, uno no era más que un pobre hombre, un pusilánime que intentaba llevar con discreción la insoportable levedad de una existencia tibia, más proclive a las rutinas de la pesadumbre que a los afanes de la dicha. Un mediocre, en fin, con un brillante curriculum de perdedor, apenas ensuciado por pequeños éxitos de mierda. Un accésit en la modalidad de redacción, en la campaña Navidad con Amor de 1973; un tercer puesto en un trofeo de rentoy de la barriada; un LP de Los Pecos en un concurso de El Gran Musical… El balance es, no hace falta que me lo digan, ciertamente desolador.

     Hay que tener la cabeza muy bien amueblada para acostarse una noche sabiéndose un don nadie y levantarse, a la mañana siguiente, con una estrella en la pechera del pijama y una copa de cinco kilos de oro puro encima de la mesita de noche. Es cierto que, por primera vez en mi vida, el lunes, cuando desperté, el dinosaurio del pesimismo mundialista ya no estaba allí. Ni tampoco Cardeñosa, ni  Eloy, ni Tasotti, ni Algandur. Pero me está pudiendo el vértigo.

     Ser campeón del mundo, lo reconozco, me viene grande. La vida está llena de pobres juguetes rotos que no supieron digerir con naturalidad las mieles de una gloria repentina. Uno siempre había pensado, tal vez para justificar su propia medianía, que se aprende más de las derrotas que de los triunfos, y teme que esta hemorragia de felicidad traiga consigo la inevitable cuota de ignorancia y altivez que destila la fama.

     Ahí tienen al pulpo Paul, que ya ha anunciado su retirada, incapaz de aguantar la presión. Yo también me estoy viniendo abajo.

      (Columna publica en Diario de Cádiz el 15-07-2010)

            

¡CÓMO ESTÁ EL SERVICIO!

¡CÓMO ESTÁ EL SERVICIO!

     Supongo que conocen la polémica suscitada por ese juez que examina de Historia a los extranjeros que solicitan la nacionalidad española. Como si fuera el presentador de “Saber y Ganar”, el responsable del Registro Civil de Getafe pretende comprobar el grado de integración de los inmigrantes con cuestiones como qué ocurrió en 1868, cuántas dinastías de reyes han dirigido España y quién era Calderón de la Barca. Más allá de la procedencia o no del examen y de que algunas de las preguntas se puedan impugnar (el de La Barca es Cortijo, no Calderón), a mi me parece un grave error conceder la nacionalidad a los que progresan adecuadamente, en lugar de a aquéllos que necesitan mejorar. Si queremos seguir teniendo a camareros de sol a sol en la cocina de los restaurantes, o a mujeres cuidando ancianos o bruñendo suelos por dos duros, yo creo que es mejor contar con gente lo menos cultivada posible.  

      Imagine que usted y su pareja necesitan contratar a una empleada de hogar y que optan por una inmigrante que se sabe de carrerilla que España limita al Norte con el mar Cantábrico, que Extremadura son dos, Cáceres y Badajoz, y que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir, etcétera. Piense por un momento en que a la vez que usted hace speening en el salón escuchando de fondo a Bustamante o a El Barrio, del cuarto de servicio sale la sinfonía número 5 de Mahler o la 6 de Tchaikovsky. Reflexione sobre la hipótesis de que su pareja se acueste con Antonio Gala y la sirvienta lo haga con Borges. O yo que sé, que su hija mayor mate por la última vomitona de Belén Esteban mientras la interna resucita a sus dolores en las Redes cálidas y acogedoras de Eduardo Punset.

     ¿Para que a uno le hagan el cuerpo de casa y le cocinen macarrones con atún dos  veces por semana es necesario verse humillado intelectualmente de esa forma? ¿Y si les da por estudiar también Derecho Laboral? ¿Es una temeridad o no es una temeridad lo del juez ese que se cree Jordi Hurtado?

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 01-07-2010)

           

VIAJE AL CENTRO DE UN COLEGIO

VIAJE AL CENTRO DE UN COLEGIO

     Les propongo un viaje al pasado. Con todos los gastos pagados, faltaría más, aula matinal, comedor y actividades extraescolares incluidas. Cojan sólo lo imprescindible, porque partimos ya mismo: una mochila pequeña, un bollycao, un zumo, un cuaderno y un lápiz, dos o tres arrugas de menos, cuatro o cinco ilusiones de más, un recuerdo agradecido para los que ya no están… ¡Ah!,  y no olvide  lo más importante: su hijo o hija. El de la cosecha del 98, hagan el favor de no liarse. Abróchense los cinturones y tómense la pastilla contra el mareo interior que producen los ejercicios de nostalgia. ¿Están preparados? ¿Sí? Pues allá vamos.

     Ya estamos volando. El humo de las Torres Gemelas ciega nuestros ojos y nuestro entendimiento. En aquella nube a la izquierda están sentados Paco Rabal, Gila, Anthony Quinn y Jack Lemon, esperando que San Pedro les de habitación. ¿Qué hacen esas vacas ahí abajo derramando los bidones de leche? Ah, ya, son las vacas locas. Veo a Shrek y a Fiona y a un montón de Monstruos que han constituido una Sociedad Anónima, contentísimos, porque se van a asomar a las pantallas de los cines de todo el mundo. Más felices todavía parecen esos madridistas que celebran en La Cibeles un nuevo título de Liga. Ni rastro de Guardiola ni de Messi.

     No se lo van a creer, pero acabamos de aterrizar. Ni hemos notado el contacto con el suelo, tal es nuestro estado de enajenación sentimental transitoria. Hemos llegado. ¿Qué a dónde? Al 17 de septiembre de 2001. Nos encontramos justo  a las puertas del módulo de infantil del Colegio Público José Luis Poullet. Perdonen la ordinariez, queridas madres, padres, profesoras y profesores: están ustedes mucho más jóvenes. A los niños, en cambio, les veo bastante encogiditos, por dentro y por fuera, con el puchero y la sospecha puesta, el desconcierto arqueándoles las cejas, las cabezas bajas, como queriendo no existir. Y sus manos, sobre todos sus manos, pegadas con Loctite a las nuestras. Se temen lo peor. En pocos minutos serán príncipes y princesas destronados, y un ogro o una bruja, o los dos a la vez, van a romper definitivamente el cordón umbilical que les une a su entorno familiar, a la torre de marfil en la que han habitado hasta hoy sin que otros locos bajitos les tosieran.

     La Pantera Rosa, esa que muchos nombraban cuando alguien les preguntaba días atrás que a dónde iban el lunes, no aparece por ningún rincón de esta habitación sin aire y sin salida en la que acaban de ser secuestrados con la complicidad incomprensible de unos padres a los que de pronto parece que se los hubiera tragado la tierra. ¿De qué cuento habrá salido esa bruja que habla tan alto y me seca las lágrimas y los mocos como si fuera mi madre?, se pregunta uno. ¿Quién será ese ogro con barbas que ha empezado a cantar y a tocar las palmas a grito pelado, intentado que me calle cuando-yo-no-pienso-callarme-mientras-no-me-saquen-de-aquí?, grita otra.

     Los conciertos de llantos, las explosiones de histeria, poco a poco, van amainando. Entrelazando garabatos, anudando vocales, entre virus y juegos, conquistas y extravíos, pasa el tiempo y pasa la bola chirinchinchin, mientras más de 70 elefantes se balancean sobre la  tela de una sola araña. Pobre araña. Conste donde tenga que constar, también, que el señor Don Gato es el único que permanece sentadito, aunque sea en su tejado, y que los patitos en el agua, al menar la colita, están mojando al bueno de Pin Pon, que, por si no lo recuerdan, es un muñeco muy guapo y de cartón, de cartón.

     Lo más asombroso de los milagros es que existen: la bruja se ha convertido en seño; el ogro, en profe. Y la primera persona del plural, o sea el “nosotros”, ha logrado abrirse paso entre pupitres, sillas y egos revueltos. Somos del Infantil, del Colegio José Luis Poullet, y queremos estudiar y queremos aprender. ¿Quedó claro?

     Han aprendido tanto, la verdad, que acaban de cruzar,  ellos solos, la acera, y han llegado, buscando el tesoro apasionante del saber, a una isla llamada Primaria. Si cierran los ojos, pueden verlos explorar el conocimiento del medio y de la media, descubrir la lengua de las mariposas y la de Machado y la de Shakespeare, abrir el cofre infinito en el que se esconde el fascinante mundo de los números: los hay enteros (o sea, que nunca se vienen abajo), romanos (como las pizzas) y  primos por parte de madre. De fondo, se oye la melodía sosegada de una flauta que, por cierto, ya no suena por casualidad.

     Supongo que ya se habrán dado cuenta, después de la temeraria pirueta del comandante, que estamos haciendo el viaje de vuelta. Si se atreven a mirar por las ventanas podrán, a ritmo de bolero, adivinar el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando ya el retorno. No pasan los años, sino nosotros mismos. Miren, miren el 2006, metido en un laberinto por el que se asoma un fauno. Entramos ahora en el 2007, concretamente en la Quinta Estación: una chica mejicana dice que se muere por decirnos que el mundo se equivoca. Pues que lo diga, ¿no? Por ahí van juntos el 2008 y el 2009, corriendo que se las pelan, huyendo de la maldita crisis que han perpetrado los señoritos trabajadores contra los pobres banqueros. 

     Apaguen los móviles, pongan sus asientos en posición vertical y abróchense los cinturones porque estamos aterrizando. Ahí va, ¿quiénes son esas mozas y mozos que se ven a lo lejos y  que parecen tan atentos como aquellas asambleas de animales  de las fábulas que leían de pequeñitos? Qué barbaridad: qué guapos, qué altos, qué educados. Y cuánto se parecen, todavía, a los desconfiados mocosos que lloraban ahí, justo en la acera de enfrente, una mañana luminosa de septiembre, hoy hace exactamente ocho años, nueve meses y un día. Buenas tardes, queridísimos preadolescentes.

     Vienen, creo, a despedirse de este colegio amable, de esta escuela decente de barrio. A dar las gracias por esos días azules, por ese sol de la infancia. Llevan en la mochila del corazón la honda verdad de sus primeros años, y, dentro, una carpeta repleta de recuerdos y lealtades, de sueños y esperanzas. Han aprendido algunas cosas que le van a servir de aquí a la eternidad. Que la mejor manera de luchar contra la oscuridad de la ignorancia es encender la vela del conocimiento. Que el que hace lo que puede no está obligado a más. Que nadie es más ni menos que nadie. Que estimarse a si mismo y a los demás es el único y verdadero secreto de la felicidad. Y lo han aprendido aquí, en las aulas de este dignísimo colegio público.

     No deberían olvidar tampoco, por muchos años que cumplan, que, como ya hemos recordado más arriba, lo más asombroso de los milagros es que existen. Por cierto, no he saludado todavía, qué fallo, a los ogros y brujas, digo, a los maestros y maestras que llenos de valor y de optimismo, empeñaron lo mejor de sí mismos en el noble afán de demostrar a estas niñas y niños  que la educación, como la verdad, nos hace libres. Gracias, de corazón, a la comprometida y valiente tripulación que ha convertido este apasionante viaje que hoy termina, en una hermosa historia de amor.

     Pueden desabrocharse los cinturones.     

    (Despedida a los alumnos de 6º de Primaria del Colegio José Luis Poullet, el 18-06-2010)

 

EL FÚTBOL ERA ASÍ

EL FÚTBOL ERA ASÍ

      Desde que una tarde de junio te asomaste de puntillas a la pantalla de aquel General Eléctrica Española y contemplaste alucinado como once samberos en pantalón corto bailaban sobre las ruinas futbolísticas del Imperio romano, ya no te abandonó nunca la pasión por la religión pagana que más fervores concita. Veías, sin saberlo, la final del Mundial de México de 1970, en la que Brasil arrasó 4-1 a Italia. Eduardo Galeano aconseja recordar el último gol de la canarinha de pie: la pelota, antes de terminar en la red, la disfrutaron los once jugadores brasileños.  

      A ese hermoso deporte, lleno de épica, leyenda y alegría, querías tú jugar el resto de tu vida, sin perder nunca la ingenuidad con la que regateabas por los recreos de la infancia; la ilusión con la que te enfundaste aquella primera camiseta celeste en la que tu madre te cosió un 9 rojo a la espalda y que daba categoría de equipo a lo que hasta entonces había sido una pandilla multicolor de mocosos chupones. Tú entonces eras Gárate, el mejor delantero centro del mejor club del mundo, un señor educadísimo que daba las buenas tardes a los defensas al entrar en el área y consolaba a los porteros mientras sus compañeros celebraban apiñados su fino instinto de caballero goleador.

       Como Camus, casi todo lo que sabes sobre ética se lo debes al fútbol.  Por eso, y porque no hay remedio más eficaz contra el envejecimiento que rememorar los partidos que jugabas en el patio del colegio, o los desafíos a Caseras entre barriadas, sigues retrasando lo más posible tu retirada, y acudiendo cada sábado, desde hace más de 25 años, a sudar la camiseta del equipo de veteranos que más se parece al Brasil de Jairzinho, Gerson, Tostao, Rivelino y Pelé.

       Para recordar los goles más bellos de Los Pardillos C.F., también nos ponemos de pie, en el tercer tiempo, con una copa intercontinental de Cruzcampo entre las manos, y la certeza de que, como aquellos samberos del Mundial del 70, ninguno de nosotros es tan bueno como todos juntos.

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 17-06-2010)

 

PERDIDOS

PERDIDOS

     Como en el final de "Perdidos", pensábamos que los socialistas de este país estaban, ideológicamente hablando, todos muertos, y que Zapatero, Salgado o Corbacho  no eran más que espectros abrasados por la fe del converso, almas en pena dedicadas a vagar por el purgatorio de los medios repitiendo la salmodia fúnebre dictada por los que regentan el casino: tranquilicemos a los mercados, devolvamos la confianza al sector financiero, calmemos la ansiedad de los inversores, amén. A ver cuando se acuerdan de nosotros y nos ofrecen aunque sea una tila.

      Esta ceremonia de la confusión política cuenta, seamos honestos, con la ayuda inestimable de nuestra indecente mediocridad de pobres hartos de pan,  preocupados por mantener la verticalidad social y no caer en el abismo por el que tantos se han despeñado en estos últimos años sin que ni siquiera nos preguntáramos por quiénes doblaban las campañas. Ahora andamos acojonados con esa nueva degradación de las condiciones laborales que abandera Díaz Ferrán, un señor que no contento con haber destrozado su casa, lleva tiempo empeñado en arruinar también las nuestras.

      Menos mal que de higos a brevas surgen voces críticas que pasan del manual del perfecto socialista, alejándose algo del discurso oficial. La de Borrell, por ejemplo, que el otro día afirmaba cosas tan evidentes como que las medidas de ajuste están provocando aumentos en la desigualdad, o que los gobiernos deberían ser los policías de los mercados y no a la inversa. Nada del otro mundo, lo sabemos, no nos hacemos ilusiones, pero reconforta oír, ante tanta impostura intelectual, argumentos con los que podamos identificarnos los que aún somos zurdos de ideas.

      Ya se que estamos rodeados, que somos muchos pero muy cobardes, que si algo ha conseguido la crisis es expandir la angustia y la insolidaridad más negra por los hogares y las empresas. Aún así, reconforta que, ante esta nueva refundación del socialismo de derechas, todavía haya políticos que se atrevan a considerarnos ciudadanos, en lugar de tontos de baba. Con lo poco que se conforma uno.

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 03-06-2010)

    

CONSTRUCCIONES ILEGALES

CONSTRUCCIONES ILEGALES

      "El periodismo es ese trabajo que se hace en los huecos libres que deja la publicidad" (Javier Ortiz)

     Soñé que un agente judicial se personaba en la puerta de esta columna para notificarme que los tribunales me habían condenado a demolerla. Alguien me había denunciado por construcción ilegal, concretamente por redactar las dos líneas finales de mi último artículo en el suelo protegido de la publicidad. La sentencia era firme. No cabían recursos, ni siquiera literarios.

      En la vista, yo había declarado que tenía un permiso de palabra (nunca mejor dicho) del Director de este periódico, y aporté como prueba su encendida defensa  de la libertad de expresión en el pregón de la feria de El Puerto. Pero la acusación particular alegó que mi imputación en la causa tenía que ver con la vulneración del derecho a la libertad de impresión. De la impresión de la propaganda, como ya les he dicho. Alegué que el propio Diario me había facilitado el enganche a la luz ilustrada de sus 143 años de historia. Y que la publicidad de IKEA había invadido semanas atrás, en la edición digital, la sección de Opinión, sin que la fiscalía hubiera movido un dedo. Pero el juez se hizo el sueco.

      Me dieron dos días para desalojar este pequeño apartamento de 2000 caracteres. Esa misma mañana le pedí permiso a la firma invitada que figura aquí a la izquierda para depositar provisionalmente mis escasas pertenencias. Agrupé en las cajas más grandes los sujetos y los  predicados. En las medianas, introduje, apretándolos mucho, sustantivos, adjetivos y adverbios. Y en las más pequeñas apilé las conjunciones, las interjecciones y los signos de puntuación. Cuando terminé de empaquetar eché en falta un par de objetos: el directo y el indirecto. En el  traslado también perdí el tarro de las preposiciones, un paquetito de frases hechas y un par de artículos (indeterminados) de primera necesidad.

      Anoche mientras dormía, soñé, maldita obsesión, que esta columna yacía en medio de un socavón.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 20-05-2010)

 

EXTRATERRESTRES

EXTRATERRESTRES

     El físico Stephen Hawking ha afirmado que es lógico aceptar la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra. Aquí dentro, la verdad, cada vez es más difícil reconocerla. Casi hemos asumido que "vida inteligente" es una contradictio in terminis, como "motero silencioso" o "austeridad rociera".

     Claro que, a renglón seguido, el hombre de la silla fantástica desaconseja el contacto con los parientes de ET, pues sospecha que pueden ser más chulos que Del Nido. A mí, sinceramente, siempre me parecieron algo maleducados. Está feísimo bajar de vez en cuando por esta pedanía de Marte y sólo devolverle el saludo a J.J. Benítez.                   

     Un documental, basado en las teorías de Hawking, cuestiona ahora los estudios ufológicos del Yuyu y el Selu, vigentes desde 1989: los sanmolontropos no son verdes, sino amarillos. Esta afirmación refuerza la línea de investigación que tengo abierta. Yo sostengo que ya están aquí, cargados de malas ideas, como las medusas de El Ardentía. Eso sí, en lugar de entrar por el aeropuerto de La Parra, para evitar enfrentamientos con los ultras xerecistas o ser confundidos con empleados de IKEA, han preferido aparecer por Cádiz disfrazados de cruceristas tiesos. Los comerciantes son las primeras víctimas del despotismo marciano: sin coacciones, aquí nadie abriría una tienda a la hora de la siesta.

     Pero es que además el índice de malages por metro cuadrado ha crecido en el último trimestre espectacularmente, y eso tampoco es normal, pues sabido es que el gaditano, como el Vaporcito, siempre ha tenido una gracia exquisita. Urge crear un Observatorio de Siesos Maníos (OSM), que demuestre empíricamente si el pollo y los transgénicos también agrían el carácter o es que hemos vuelto a ser invadidos y Pérez Peralta es un alienígena disfrazado de Pérez Peralta. 

     Yo, por si acaso, he tomado algunas  precauciones. Por lo pronto, no vuelvo a montarme en una nave con alguien que no conozco. Tengo un amigo que fue abducido una noche en Cortadura y cuando se vino a dar cuenta estaba en Castellón.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 06-05-2010)

   

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

     Hace mucho que le debo una columna a mi Ángel de la Guarda. La rabiosa actualidad ha demorado en exceso el merecido homenaje a quien el mes pasado cumplió 46 años a mi servicio. Quince trienios y pico velando sin usura por la integridad física y sentimental de un servidor. Ya toca.

      Uno puedo creer en muchas cosas: en el andalucismo azul oscuro casi negro de Antonio Moreno, en la educación republicana de Barroso, o en el periodismo sosegado y elegante de Teo Vargas. Allá cada cual con sus fervores. Pero de lo que uno no debería renegar nunca es del Custodio que nos lleva en volandas por las cuestas más empinadas de la existencia. De desagradecidos anda España tan sobrada como de chorizos, razón por la cual hay personas que jamás han reparado en la tutela generosa del que con nosotros va, como si fuera la caprichosa casualidad la responsable de que el ascensor baje sin tiranteces o la que nos despierta algunas noches de esa pesadilla antigua en la que se nos queda la boca como a Miguel El Mellao.

     Es verdad que mi Ángel no posee ya esa punta de velocidad con la que antaño me libraba de las patadas de los veteranos tuercetobillos que aún no se pasaron al padel. Que no conserva, tampoco, el fino olfato que me anticipaba la fascinante visita de mi cuñado para vacilarme con la última ganga adquirida en Media Mark (yo no soy tonto y siempre me quitaba de en medio). Pero a pesar de que cada vez se apresura más despacio, mi protector madruga a sus achaques, y continúa desviviéndose por este pobre hombre al que algunas veces, en épocas de pertinaz sequía creativa, ha tenido incluso que dictarle las columnas.

     Y aquí sigue, rescatándome, todavía, de las habitaciones oscuras de mi infancia, ayudándome a cruzar el viejo puente que separa el pasado del mañana, ofreciéndome sus alas para que pierda de una vez por todas el miedo a volar. Y aquí sigue, sin haber disfrutado nunca ni de un día siquiera de asuntos propios, sin desampararme, en fin, ni de noche ni de día, pues él sabe de  sobra que me perdería.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 22-04-2010)

          

OBREROS

OBREROS

     Los maestros que más han influido en mi formación humana no pertenecen al gremio de la enseñanza, sino al movimiento obrero. Tuve el honor, recién salido del tiempo convulso de la adolescencia, de conocer a algunos militantes de izquierda que me enseñaron a mirar, a comprender, a decir no, a rebelarme, a adentrarme en los misterios de la filantropía. Aquellos autodidactas tenaces, casi todos brillantes oradores, pasaban su jornada laboral en los tajos más duros, y luego, en el poco tiempo libre que les quedaba,  nos educaban  con la esperanza y el convencimiento de quienes se veían a sí mismos como soldados derrotados de una causa invencible. Queda muy poco ya de ese hermoso legado ético. De aquella forma elegante de estar en el mundo que llenó de dignidad un tiempo indigno.

     Les recordé el otro día, mientras leía el informe de los peritos judiciales sobre las causas del cierre de Delphi, que viene a corroborar lo que ya se sabía: que junto a una mayoría de trabajadores decentes, existía también un número considerable de profesionales de la IT, de escaqueados sin escrúpulos morales que olvidaron la vieja máxima de que con las cosas de comer no se juega. Y volví a evocar a esos hombres y mujeres, a quienes debemos una buena parte de nuestro estatus de señoritos privilegiados, al oír las provocadoras declaraciones del secretario general del Sindicato de la Policía Local de Jerez, para quien la ausencia al trabajo del 60 % de sus compañeros, simulando una enfermedad, "sólo muestra que la plantilla del 092 está más fuerte y más unida que nunca". Muestra más cosas: un desprecio absoluto por la ciudadanía a la que se deben y una falta de honestidad profesional que deslegitima sus reivindicaciones por muy justas que pudieran ser.

     Ahora que tanto abundan los parados sin esperanza y los ocupados sin conciencia, es bueno recordar a aquellos militantes de la vida que nos enseñaron otra manera más honrada y generosa de entender la lucha por la dignidad obrera.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 08-04-2010)