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El blog de Pepe Mendoza

LA VILEZA

LA VILEZA

     "Un militar ha fallecido y seis  personas han resultado heridas, una de ellas muy grave, tras la explosión de un coche bomba esta madrugada frente al Patronato Militar Virgen del Puerto de Santoña" (Diario Gara)

     Si no lleváramos casi cuarenta años años enterrando muertos (más de 800), si no existiera la memoria dolorida de las víctimas, si no estuvieramos ya cansados de asombrarnos ante tanta vileza, usted y yo nos asomaríamos ahora al ambiguo titular que encabeza esta columna y nos haríamos algunas preguntas tan ingenuas como necesarias.

     Leemos: un militar (que no alcanza, parece, la categoría de persona) ha fallecido. ¿De un ataque al corazón, atropellado por un tren, tal vez en un accidente laboral, quizá se suicidó tras una larga depresión? Las mismas interrogantes se nos abren ante las seis personas (que no deben ser militares) heridas: ¿por el desprendimiento de la cornisa de un edificio en ruinas? ¿un ajuste de cuentas entre familias? ¿una atracción de feria que no pasó las inspecciones técnicas? ¿un accidente de tráfico por exceso de velocidad?

     Sigamos leyendo. "Tras la explosión de un coche bomba". Es probable que la tecnología haya avanzado tanto por ahí arriba que los coches y las bombas no necesiten de personas que los manipulen. A lo mejor, yo qué se, en algunos pueblos  oprimidos de Euskadi los vehículos ya circulan sólos y son tan fantásticos como los delirios estalinistas de los de la boina calada hasta las cejas, y hasta las explosivos pasean también la mar de independientes por el centro de Bilbao o de San Sebastián. Puede darse el caso, en fin, que la fatalidad  haga que coche y bomba coincidan casualmente en la esquina de una calle cualquiera y esa unión fortuita acabe en tragedia por una impredecible  pirueta del destino.

     Hay que tener el alma muy podrida, hay que estar muy enfermo de odio, para titular así en la portada de un periódico. El régimen nazi acabó narcotizando a la sociedad alemana a través de la perversión interesada del lenguaje. Robarle la verdad a las palabras, esa es la primera  misión de los tiranos.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz, el 27-09-2008)

 

 

MANO A MANO

MANO A MANO

          Ni Ponce, ni Manzanares, ni Morante, ni Tomás: los grandes triunfadores de la temporada 2008 han sido dos becerristas de la tierra, dos jóvenes promesas que manejan la suerte del engaño como hacía tiempo que no se veía en el coso en el que Joselito ubicó la grandeza de la fiesta nacional. Andaba El Puerto buscando un torero y, mire usted por dónde, los encuentra a pares.

         Nuestro periódico ha seguido, con pañoleta y garrocha, las tardes de gloria de "El Arenero Impoluto" y "El Bedel Emprendedor", nombre artístico de estos dos diestros que manejan como nadie la siniestra, inconmensurables en los lances al alimón, sublimes, sin interrupción, en desplantes y galleos. Independientes (su heterodoxia nos impide encuadrarlos en ninguna escuela), portuenses (llevan nuestra ciudad en el corazón), no nos pregunten quién atesora más cualidades, pues sabido es que el arte no admite comparaciones. 

        El Arenero, por ejemplo, siempre de verde y oro, es de los que, ya desde el paseillo, se mete las entradas, digo, el público, en el bolsillo. Lejos de esconderse, se crece ante los morlacos: lleve muchos años dando capotazos en terrenos imposibles.

        El Bedel, subalterno con hechuras de primer espada, ha revolucionado todas las suertes. Si el maestro Luís Miguel Dominguín dominaba la puya, iba de sobrado con los palitroques y mandaba al desolladero a los toros sin despeinarse, éste, además, los diseca, de ahí que en sus inicios adoptara el sobrenombre, demasiado engolado para nuestro gusto, de "El Ordenanza Taxidermista".

        Intelectuales de reconocido prestigio ya hablan del nacimiento de un nuevo género literario: la corrida picaresca. Otros, menos pretenciosos, sitúan a los dos estoqueadores en la escuela filosófica de El Peña y El Masa: vamos a llevarnos bien y a llevarnos lo que podamos.

        Mención aparte merece el apoderado de ambos, un tal Gómez, que, con la solemnidad fúnebre que le caracteriza, ha salido en defensa de la pareja de moda, hablando de "más o menos ética", "regalos envenenados" y "churras y merinas". No hay quien entienda a estos académicos.

        (Columna publicada en Diario de Cádiz, el 13-09-2008) 

 

DE PERROS Y PELOTAS

DE PERROS Y PELOTAS

     El edil socialista Francisco Ferrer ha declarado que jamás se habían visto en las playas portuenses tantos perros y pelotas como este verano. La denuncia, avalada por la tozudez incontestable de los hechos, peca, a nuestro humilde entender, de una evidente estrechez de miras. Si nuestro protagonista sólo percibe el desmesurado aumento de chuchos y  objetos rodantes durante la canícula, algún mal pensado puede preguntarse a qué dedica el tiempo libre el Sr. Ferrer durante el resto del año, justo después de que la Patrona y el Dúo Dinámico anuncien que el final del verano llegó y tú partirás. ¿Desaparece, haciendo mutis por el foro portuense, como desapareció Gago en El Algarve Independiente la noche en la que le dejaron solo, con la única compañía de su peluche (El Puerto) en el corazón y una venganza azul gaviota en la cartera?

     Pero vayamos al segundo grave defecto de fondo que, entendemos, contiene su imputación: el ámbito geográfico. ¿Cree el concejal opositor, de verdad, que únicamente por la orilla del mar transitan perros y pelotas? ¿De verdad piensa que, sin contar el Toys, la playa es el hábitat exclusivo en el que cohabitan ambos especímenes? ¿Le dejó aquel pacto infame la vista cansada, por todo lo que tuvo que ver, y  esa tara le impide hoy reconocer a los mismos perros-pelotas y pelotas-perros  (hay híbridos la mar de conseguidos) en los aledaños del Ayuntamiento, en algunas tertulias, en el Teatro Muñoz Seca, o en la Plaza de Toros? ¿Qué extraña enfermedad en los ojos padece el concejal del PSOE  que le incapacita para otear  más allá de la zona marítimo-terrestre?

     "Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo", saludaba, genuflexión mediante, José Luís López Vázquez en "Atraco a las tres", aquella obra maestra del mejor Forqué. Si le añadimos "y una entradita, señor", tenemos el epitafio perfecto para el verano que agoniza, en el que reinaron, con el beneplácito de la afición, bufones, palmeros y demás fauna "sobre-cogedora", al amparo de este gobierno municipal gris marengo, encantado de haberse conocido, que no se mueve, pero que sale en todas las fotos.

     Que haya mejoría, Don Francisco.            

     (Columna publicada en Diario de Cádiz, el 29-08-2008)

 

           

 

 

20 AÑOS

20 AÑOS

     Puede que el tango tenga razón, que 20 años no sea nada. Puede que el tiempo amarillo caiga, implacable, sobre los viejos calendarios, como deja su huella indeleble sobre los bordes de las cartas y de las fotografías. Pero no es cierto que el olvido todo lo destruya: doy fé de que, en los aljibes íntimos que alimentan mi memoria, atesoro anécdotas y rostros, rutinas y nombres, amigos y risas.

     Con el alma poblada de recuerdos y la nostalgia jugando, desde hace días, alguna que otra mala pasada,  otro destino y otras tareas profesionales me esperan.

     Puede que 20 años no sea nada. Pero yo hoy aquí, mientras escribo estas líneas y recojo mis últimas  pertenencias, no se dónde meter tanto agradecimiento, tanto afán compartido, tanto afecto.

      Fuí feliz.                           

      (Esta columna no ha sido publicada en ningún sitio. Es más, ni siquiera es una columna: es una forma, como otra cualquiera, de despedirme de las compañeras y compañeros de trabajo que durante veinte maravillosos años me han aguantado. Parafraseando a Don Mario Benedetti, ellos son "el porvenir de mi pasado". Gracias, de corazón, a todos.

RELATO DE UN NÁUFRAGO

RELATO DE UN NÁUFRAGO

     Soy víctima de un juego de rol. Las evidencias no engañan: desde hace aproximadamente dos meses, mi conexión a Internet se viene y se va, como la Nochebuena. Un grupo de piratas la mar de protocolarios, perfectamente organizados y bajo la bandera corporativa de la Compañía Telefónica, se dedica, impunemente, a bombardear la pobre barquilla con la que yo tendría que navegar, sin sobresaltos, pegadito al espigón de un humilde Router Monopuerto.

 

     El caso es que, como digo, los bucaneros en cuestión han clonado, con la precisión de un relojero antiguo, a la mismísima Compañía Telefónica. No pueden ustedes ni imaginar el grado de sofisticación que han alcanzado esos  trileros de la banda ancha. La falsificación, créanme, es más real que el propio original: los mismos números de teléfono, la misma página web, los mismos técnicos con los mismos uniformes de trabajo, la misma factura, la misma incapacidad para resolver las incidencias.

 

     Tal pulcritud a la hora de dar gato por liebre, dificulta enormemente el curso de mi investigación. De hecho, he de confesarles que nadie de mi entorno avala la teoría de la conspiración rolera. Mi mujer, por ejemplo, que a estas alturas de su vida desconfía ya de las instituciones tanto como de mí, incrimina, directamente, a la  auténtica Compañía Telefónica. El otro día  me dijo, de mala manera, que dejará de hacerle fotocopias  a la realidad, que la verdad no admite figurantes. Tu pasión por Kafka va a acabar con nosotros, cariño, sentenció malhumorada.  

    

     Empiezo a sospechar que la empresa que encerró a López Vázquez en aquella cabina homicida ya no existe. Que ha sido absorbida por ese grupo de picados del rol. ¿Seré yo, también, la fotocopia irreal de un cliente virtual de una Compañía Telefónica duplicada? ¿Debo dejar de leer a Kafka?  Me cago en todo.   

 

     (Columna publicada en el Suplemento Veraniego "60 Días" de Diario de Cádiz, el 28-07-2008)

EL CUMPLE DE PIPI

EL CUMPLE DE PIPI

     Pipilota Rollgardina ha cumplido cuarenta años. Nos lo recordó el otro día Francisco Andrés Gallardo, ese joven con nombre y alma de bolero, siempre dispuesto a colorear, con los Alpinos de la nostalgia, las 625 líneas de aquel tiempo en el que éramos felices e indocumentados.

      La amiga hippie de Tomy y Anika, rebelde con casa, llegó a nuestro país en 1974, el mismo año en el que el eurovisivo Peret ponía en evidencia las contradicciones intrínsecas de nuestro sistema político. Por un lado reivindicaba la alegría de vivir y por otro torturaba vilmente a una pobre guitarra española.

     Confieso que estuve locamente enamorado de la pecosa de las trenzas zanahorias, de sus vuelos rasantes por el sofá sin miedo a la alpargata. Porque la Calzaslargas y yo estábamos hecho el uno para el otro. Ella poseía un Pequeño Tío que era un caballo, y yo un tío pequeño, por parte de madre, bastante burro. En casa  teníamos, igualmente, un mono, pero era de Osborne. Sus zapatos eran tan grandes como los Gorilas que yo heredaba de mi primo Antonio. Y un servidor también andaba para atrás, como los cangrejos moros (hoy, crustáceos del Norte del Magreb), cuando en casa me pillaban en alguna travesura. 

     Volví a verla en los primeros ochenta, en una de las muchas reposiciones, pero ya nada fue igual. En lugar de en bombones y caramelos, en esa época yo habría invertido sus monedas de oro en otros vicios más propios de la adolescencia. Para medias largas, sinceramente, las de Laura Antonelli. Y, la verdad, las suecas de Benidorm y de López Vázquez estaban mucho más buenas.

     Supe que había abandonado definitivamente la edad de la inocencia cuando empecé a sospechar que el padre de Pipi y la madre de Marco estaban liados. Dos padres ausentes, como el Espíritu Santo, cantaban mucho. Con quince años y algunas espinillas, lo de Taca Tuca y la Argentina era, seguramente, una trola más de las muchas que me habían contado.      

NO SOMOS NADIE

NO SOMOS NADIE

     No somos nadie. Y en bañador menos. Ves por el paseo marítimo al director de tu banco, con el meyba de cuadros, las manos, por una vez, dentro de sus propios bolsillos, y no das crédito. Contemplas, absorto, a la Jefa del Negociado de Decesos del Ayuntamiento, poniendo toda la carne en el asador de la barbacoa, y te preguntas quién será, de verdad, la madre del cordero. Saludas en el chiringuito al cura de la parroquia, le miras de soslayo la concupiscencia secreta que acumula en la barriga, y se te cae el alma a los pies.

    Somos, en última instancia, el cuerpo que se nos ha dado. Agua y vísceras. Sangre y casquería. Sin el lacoste, el audi y los tacones, sin los anclajes invisibles que sostienen a diario el armazón de cristal de bohemia sobre el que cuelga de un hilo la dulce vanidad (que es el amor propio, también al descubierto), el ser humano no es otra cosa que la anatomía de un destino. Carne trémula. Hueso enamorado.

     Te cruzas por la orilla con el conductor de autobús, le ves conducir sus pasos hacia ninguna parte buscando su sombrilla, y celebras que el GPS de su existencia también se desconfigure de vez en cuando. O escuchas en la toalla de al lado a la matrona del pueblo poner a parir a su hija y te convences, definitivamente, de que en todas las familias hay cesáreas. Ayer, sin ir más lejos, sorprendí a mi vecino el bombero, incapaz de apagar su propio incendio, ajustándole el paso a una rubia ebúrnea.

     Libre de vanaglorias y adherencias, en bermudas o en bikini, en tanga o en pelota picada, créanme, ganamos mucho. A pie de playa exudamos una alegría descalza, una ternura ingenua, que nos devuelve a esos días azules y a ese sol de la infancia.

     Mirando al mar, casi desnudos, como sus hijos, comprobamos cada verano, mientras las olas nos hacen cosquillas en los juanetes, que no somos nadie. Y en bañador, menos.

      (Columna publicada, en el Suplemento Veraniego de Diario de Cádiz "60 Días", el 15-07-2008)

           

EL MÁS ACÁ

EL MÁS ACÁ

     El equipo de Milenio 3, de la Cadena Ser, estuvo la semana pasada por aquí, intentando acojonar todavía un poco más a la concurrencia, como si no tuviéramos bastante con la mano invisible que mece la cuna de la desaceleración. Cierto es que  traían en el saco los mismos sustos de toda la vida y de toda la muerte: los sarcófagos fenicios, la Casa Cuna, el más allá de por acá, en fin. ¿Es que en esta esquina del mapa no hay fantasmas con menos de cincuenta años? ¿Todos los espectros tienen, como mínimo, una media de edad de la Edad  Media? ¿No existe un Plan Renove para las historias de terror?

     Creo que en la provincia hay misterios de rabiosa actualidad que habría que abordar con carácter de urgencia.  La  risa tonta y  palurda de la alcaldesa de Jerez tras el descenso del Cádiz al averno, por ejemplo, que algunos atribuyen a que ha sido poseída por el espíritu de Chapín. Yo llamaría al Libi para que le hiciera un exorcismo. O  las psicofonías obtenidas en Altadis, en la que se oye la voz de ultratumba de una cigarrera  que grita, entre sollozos, "¡manifiéstate!".  

     Me cuentan que, una vez finalizado el programa, cuando el equipo comandado por Iker Jiménez abandonaba el Teatro Falla (esa mansión tenebrosa ensangrentada por fuera), se oyó, en uno de los palcos, el llanto de un niño pequeño. A la hora de cerrar esta columna trabajamos con dos líneas de investigación. La primera: que sea uno de los 100.000 hijos de San Luís, que ha venido, por el Bicentenario, a pedir perdón. Dos: que se trate del inocente del pasodoble de Los Simios, el que llegó a las puertas de la Gloria  triste y gateando, y que ha huido del limbo para reclamarle a Diego Caraballo la pensión de orfandad.

      Por lo demás, parece que ha aumentado considerablemente el número de gaditanos que caminan,  peligrosamente, por la sombra del Anticristo. Pero eso será por la caló.

      (Columna publicada en el Suplemento Veraniego de Diario de Cádiz  "60 Días", el 06-07-2008) 

 

 

FELIZ VERANO

FELIZ VERANO

     El verano ha venido y todos sabemos como ha sido: destrozando termómetros, achicando rutinas, sosegando afanes y quehaceres. Llegó y con él, la anarquía en los relojes, los cuerpos ligeros de equipaje, la bendita algarabía de los críos celebrando el tiempo de la holganza. Vuelven, también, cada estío, palabras que navegan por el mar de la memoria: piriñaca, búcaro, mantecado, casapuerta, Virgen del Carmen, mareas de Santiago, toros en El Puerto. El pasado, dijo alguien, no está muerto: ni tan siquiera está pasado. Mi infancia son recuerdos de un baño en La Puntilla.

     El verano ha venido y ya gobierna en esta esquina del Paraíso, al ritmo de la sal y de la luz. Se deja ver, vestido de nostalgia, en las puestas de sol de Las Murallas, la playa hippie en la que nunca acaba de anochecer del todo. O alumbrando las tertulias de los patios de vecinos, ese espacio comunitario que es, como usted sabe, la patria chica del pobre. O dando un paseo, a la fresquita, por el muelle del Vapor, enarbolando la memoria del río del olvido.

     ¿Qué decir de rito sagrado de la siesta, esa muerte chiquita que nos asalta, violenta, tras la última tajá de sandía, resucitándonos más tarde, como resucitó El Papi en Málaga, hace ya algunos años? ¿Qué contar de esas santas cenas, sin traidores, que son las barbacoas? ¿O del ya clásico Festival de Comedias, en el que usted y su señora, habrán de asumir, otra vez, con la filosofía propia del certamen, que son los únicos que pasan  por taquilla?

     Un servidor se marcha hasta septiembre. El jefe de todo esto ha tenido a bien liberarme de las altas temperaturas que en esta época del año destila el Alambique, y me ha ofrecido, sin usura, un rinconcito en la playa del Suplemento de Verano de este Diario (60 Días, se llama), para que pueda seguir construyendo columnas, como castillos de arena, desde esa orilla de papel. Pasaré por su sombrilla, los domingos a la hora del aperitivo. Nos vemos mañana mismo, si usted quiere, según se deja la caseta de información general, a la derecha. ¿El tinto?, con limón, por favor.

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 05-07-2008) 

 

 

           

ADIÓS, PRIMARIA, ADIÓS

ADIÓS, PRIMARIA, ADIÓS

     La nostalgia hoy nos conduce, gentilmente, al recuerdo amable de aquella  primera mañana. Si cerramos los ojos, les vemos llegar caminando muy despacio sobre el fondo desvaído del tiempo: la mochila, ligera de equipaje, cargando con ellos, la sospecha arqueándoles las cejas, sus manos apretando con fuerza las nuestras, las cabezas bajas, como queriendo no existir. Mediaba septiembre de 2000, en Sydney  estaban de Olimpiadas, los bollicaos todavía traían el precio marcado en pesetas y la factoría Disney anunciaba para Navidad "El emperador y sus locuras".

     Cuando se dieron cuenta, un ogro con cara de ogro y voz de ogro les había encerrado en una habitación sin aire y sin salida. Ni rastro de mamá, ni de papá. Ni rastro de la Pantera Rosa. Afuera, los pájaros de La Puntilla construían la mañana recién estrenada con los hilos de luz que salían de sus cantos. Allí dentro, en cambio, el concierto era un desconcierto de lágrimas y mocos.

     Entre virus y garabatos de colores, soltando miedos y anudando vocales, pasaron los dos primeros cursos. Un día repararon en que, para contar sus años, la mano se les había quedado pequeña, y decidieron, con la veteranía incontestable de sus seis primaveras, cruzar la carretera y mudarse a la Calle Primaria. Mi mamá me mima, Pipo tiene hipo, Pablito clavó un clavito: el milagro de leer les dejó boquiabiertos y orgullosos. Se adentraron, también, en el fascinante mundo de los números: los había enteros (o sea, sin achaques), romanos (como las pizzas) y primos por parte de madre. Tuvieron conocimiento del medio y de la media, de la gimnasia y la magnesia, de la lengua de los mamíferos y de la de Shakespeare (bueno, más bien de la de Beckam). Y de la flauta, que ya no sonaba por casualidad.

     Hoy están aquí más alegres, más altos, más guapos. Vuelven a mudarse. La mochila que ayer les acompañó casi vacía, parte hoy repleta de recuerdos y lealtades, de sueños y esperanzas. Comparecen para decirle adiós a una Pantera Rosa que sigue sin aparecer, pero que como las meigas en Galicia, haberla, hayla. Si no viviera en el colegio, para qué iba a presentarse por aquí, de vez en cuando, el Inspector.

     Pero han venido, sobre todo, para despedirse de aquellos ogros que un día les acogieron con los brazos abiertos: las maestras y maestros que, valerosos y optimistas, todavía creen que la educación, como la verdad, nos hace libres.

     Ellos no lo saben, pero una parte indeleble de lo que serán mañana se formó, durante ocho maravillosos años, en este humilde colegio público.

 

     (Esta columna fue leída en la fiesta de graduación del Colegio José Luis Poullet, el 21-06-2008, y publicada, en versión reducida, en el Diario de Cádiz del mismo día) 

 

 

           

FUERA DE JUEGO

FUERA DE JUEGO

     Ojo al dato: un 72% de los aficionados españoles prefieren ver un partido antes que entregarse a los placeres de la alcoba. El estudio, encargado por Canon, la multinacional de las cámaras de fotos, fue publicado hace un par de semanas con motivo de la Eurocopa de fútbol.

     He aquí un diagnóstico certero sobre el estado actual de nuestra nación. Con esa encuesta, íntima y desoladora, podemos tener una idea aproximada de porqué funciona España como funciona. A la luz de esta información, es fácil entender los gatillazos de la Justicia, la impotencia de la Sanidad, la disfunción eréctil de la Educación. Comprendemos, también, el fuego amigo sobre Rajoy, el onanismo independentista de Ibarretxe, la lengua satánica de Jiménez Losantos, la mala educación de Barroso, las armas de mujer mafiosilla de Anita Obregón.

      No ponerse en la piel del otro o de la otra, en el sentido literal de la expresión, perjudica gravemente la salud. ¿Cómo apostar por una sociedad ecológicamente sostenible si desdeñamos los apremios íntimos de la naturaleza? ¿Se puede luchar contra el calentamiento global reprimiendo el individual? ¿Qué alianza de civilizaciones ni qué ocho cuartos, si  no nos aliamos ni con  la señora que duerme al otro lado de la cama? ¿De verdad cree usted que es lo mismo abrazarse en el bar de la esquina a un  borracho desconocido, para celebrar un saque de banda de España, que compartir con su amante veinte poemas de amor y un revolcón desesperado? ¿Qué futuro le espera a un país en el que casi tres de cada cuatro varones prefieren jugar con Manolo el del Bombo, antes que con su pareja?

     Los antitaurinos dirán lo que quieran, pero donde se pone una buena corrida (ahí sí que funciona, sin desajustes, el achique de espacios de Valdano) que se quiten los mercenarios del Sabio de Hortaleza, que puede que sea de ese barrio de Madrid, pero que tiene de sabio lo que tengo yo de rociero.

     Espero que haya quedado muy claro que  formo parte, faltaría más, del 28% de españoles que prefiere el catre al césped. Más o menos el mismo porcentaje de ciudadanos que no dicen la verdad en las encuestas.

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 07-06-2008)

                         

 

           

LA MAGNITUD

LA MAGNITUD

     Al correo de este periódico que me da de escribir, llegó la semana pasada un e-mail, dirigido a Teresa Almendros, la jefa de todo esto. Por lo que se ve, la onda expansiva de mi columna "Los Gañoteros", ha dejado daños colaterales que, a juicio del Gabinete de Prensa del Ayuntamiento y a instancias de Javier Maldonado, Jefe del Servicio Municipal de Patrimonio, es urgente y necesario reparar. Lamenta el peticionario "que el señor Mendoza deje caer una acusación de esa magnitud sobre todos los jefes de servicio y personal de las distintas Concejalías allí ubicadas".

     Empecemos por lo de la magnitud, que es "aquella propiedad de un cuerpo o sustancia susceptible de ser distinguido cualitativa y cuantitativamente". Efectivamente, yo definía a Los Gañoteros como maestros en el arte de olerse lo mejor, peritos culinarios expertos en distinguir, desde muy lejos, cualitativa y cuantitativamente, el embriagador aroma de los más selectos manjares. Rechazo, sin embargo,  lo de dejar caer una acusación: no la dejo caer, la sostengo.

     No admito, tampoco, que se le robe verdad a mis palabras. ¿Dónde dice que la Hermandad del Prendimiento de Delicatessen la forman todos los trabajadores de las  concejalías que allí se ubican? ¿Es necesario explicar el significado cuantitativo de "un selecto grupo de funcionarios de élite? 

     Espero y deseo que alguien le haya dicho ya al Jefe de Prensa  que, desgraciadamente, el episodio que aquí se narraba había alcanzado la categoría de costumbre. Yo levanto columnas, no calumnias. Me consta que algunos de los que participaron en tan bochornoso espectáculo han reconocido su participación en el mismo y han pedido perdón por ello, lo cual atenúa la falta. Otros, por el contrario, más preocupados por la dietética que por la ética, creen que auto invitarse por el morro a celebraciones ajenas y perpetrar asaltos a bandejas de canapés en horas de trabajo, es algo de lo que no hay que avergonzarse.

     Por lo demás y para desactivar rumores malintencionados, quiero dejar claro que Javier Maldonado no participó en ese fiestorro indecente. Quien haya pensado lo contrario, desconoce la magnitud profesional de ese servidor público.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 23-05-2008)      

           

LOS GAÑOTEROS

LOS GAÑOTEROS

     Bajo el sobrenombre de "los gañoteros", pasa las mañanas, en el edificio de San Luis Gonzaga, un selecto grupo de funcionarios de élite con una altísima cualificación técnica. A las órdenes de un Jefe de Servicio que, sin comerlo ni beberlo (es un decir), asumió, desde el primer convite, su indiscutible liderazgo, estos empleados públicos tienen un poder olfativo-gastronómico que para sí lo quisieran muchos perros de caza.

      El celo profesional que ponen en sus actuaciones les lleva a discernir, sin margen de error, si en el catering con el que se cierra un evento celebrado en el salón de actos, las gambas llevan gabardinas o van en mangas de camisa, o si el solomillo de novillo argentino es anterior o posterior a la resurrección de Gardel.

     Tras alcanzar la excelencia en el terreno especulativo, pasan rápidamente a la acción. En cuanto les da en la nariz el olor a vianda, aparecen, haciéndose los encontradizos, a la caza y captura de su presa, a poder ser ibérica. Da igual que el acto en cuestión haya sido organizado por un organismo público o por una entidad privada. Mientras el resto de compañeros se dedica a tareas más mundanas, nuestros gañoteros, en horario de oficina, asaltan bandejas con premeditación y algarabía, ora croqueteando, ora agarrando cruzcampos como el que agarra un rencor.

      Ni hablo de oídas, ni escribo al dictado. Fui testigo del despliegue táctico de este comando de operaciones especiales hace algunas semanas, cuando la empresa para la que trabajo organizó unas jornadas técnicas, tentempié incluido, a las que asistí junto a compañeros de otras provincias andaluzas. Finalizadas las ponencias, a eso de las dos, ya estaban allí los superhéroes del canapé de pescuezo, apertrechados detrás de una triste mesa de negociado, reconvertida para la ocasión en acogedora mesa de cocina creativa.

     Ellos lo llaman el impuesto revolucionario. Como la cesión de las instalaciones a aquellas entidades que lo solicitan es gratis, han establecido un canon que en lugar de repercutir en la gestión, redunda directamente en su digestión, vino a decir, más o menos, el responsable del catering.

      Los gañoteros. Joder, qué tropa.  

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 10-05-2008)

FINO PLATÓN

FINO PLATÓN

     El Real de la Feria es un ágora griego en el que, a la caída de la tarde, o largas un discurso o te lo largan. Está más que demostrado que, con albero en los zapatos y fino en el gañote, la incontinencia verbal supera, con creces, a la urinaria. El zumo de la uva  fomenta, además, el roce que, como usted bien sabe, hace el cariño. In vino veritas, siempre a la veritas tuya, entonan, sobones, los meta-físicos del achuchón. Rebujito ergo sum: traga, luego insisto.

     "El que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino?", dijo una noche en el muelle antiguo, con un tajá como un piano, El Chamaco, tras beberse hasta los peces del río del olvido. "El que desembocó en el planeta Tierra y denosta el elixir de la parra, ¿por qué motivo, razón o circunstancia habita entre nosotros?", tradujo al castellano cursi, centurias más tarde, un tal Fernando Gago, discípulo de Sócrates, otro pedazo de futbolista.

     Pero a lo que iba: la feria está llena de filósofos, de Sénecas con el vaso al cuello que, sin conocerte de nada, te paran en la calle del Infierno y te dicen: "El infierno son los otros", refiriéndose a los niños de su cuñao. O te abordan en los Espejos de la Risa y en lugar de reírse de su suegra, como hace todo el mundo, te sueltan, de un tirón, empinando otra vez el Codex: "Conócete a ti mismo".

     Más ejemplos. Atracción de los ponis, ayer por la noche. Uno de los caballitos se vuelve y me dice: "La vida da muchas vueltas". Yo me quedo turulato, sin dar crédito a lo oído. Cuando vuelve a pasar por mi lado, el corcel enano continúa su discurso: "Es lo que Nietzsche llamó el eterno retorno. Así habló Zaratustra y así relincha este poni republicano que fue nieto de un caballito de la Reina". Si pueden, acérquense a verlo. Es el animalillo negro, con manchas blancas, que tiene un tatuaje de Herodes en el lomo. 

     Antes de irme me pasé por la caseta municipal y pedí un caldito de puchero: me trajeron el libro de Juan Rincón. Ya a la salida, me encontré con otro sabio, San Agustín (Fernández). "El filósofo debe arrimarse y exponer, como los buenos toreros", me dijo mientras nos bebíamos la penúltima. Al despedirnos, nos hicimos las mismas preguntas de todas los siglos, de todas las ferias: ¿quiénes somos, de qué caseta venimos, en qué autobús nos llevan?

     (Columna publicada en el Suplemento de la Feria de El Puerto de Diario de Cádiz el 26-04-2008) 

             

 

LA MACARIA

LA MACARIA

     La noche del sábado 6 de abril de 1968, el maestro Rafael Ibarbia subía, impasible el ademán, al escenario del Royal Albert Hall de Londres. Segundos después salió Massiel, enfundada en un vestido cortísimo de organdí que, según nuestra vecina de enfrente, parecía más la indumentaria de una mujer de la vida que la de una mujer de su casa. Al fondo, en la esquina izquierda de la pantalla de nuestro General Eléctrica Española, tres muchachas, con un modelito similar, se colocaban esperando los primeros acordes. Fue entonces cuando mi madre dijo: ¡la de en medio es La Macaria, nuestra paisana!

 

     Mientras Massiel cantaba, mi padre no paró de hacer gestos de desaprobación, pues no le gustaba nada el balanceo con que  interpretaba el tema compuesto por el Dúo Dinámico. Para su gusto, abría excesivamente los brazos, como si fuera a salir volando de un momento a otro. "A lo mejor, los que le han hecho la canción le obligan también a ser dinámica", dijo mi madre para excusarla. Ya entonces yo tenía clarísimo, tras oír a mis progenitores, que era La Macaria, la niña del coro de la Prioral, la que tendría que haber sustituido al tío ese catalán que era tan torpe que no sabía decir la, la, la en español, con lo fácil que era.

 

     La votación fue reñidísima y mi padre, para aplacar los nervios, se tomó un Soberano que esa noche, al menos en mi casa, fue más cosa de hombres que nunca. En la entrega de los premios, mientras celebrábamos el triunfo sobre la pérfida Albión, el Soberano ya no era cosa de hombres en general, sino de un solo hombre en particular, más concretamente de mi padre, que, pletórico, cantaba a la tierra que le había visto crecer y también a su madre (la abuela Luisa) que dio vida a su ser. Mi madre también perdió la compostura, pero de otra forma: movía la cabeza y el tronco de un lado a otro, buscando desesperadamente en el televisor a nuestra simpática paisana, que, en su humilde opinión, había sido la gran triunfadora de la noche.

 

      Suecedió hace cuarenta años. En el número 17 de la Calle San Sebastián, La Macaria, la nieta de Macario Valimaña, el del cine, había ganado, ella sola, el XII Festival de Eurovisión.

 

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 12-04-2008)

 

              

EL DIARIO DE PATRICIA

EL DIARIO DE PATRICIA

     Cuentan de Luís Miguel Dominguín que, tras una espectacular corrida con el animal más bello del mundo, o sea Ava Gardner, se levantó de la cama y empezó a vestirse con atropellada urgencia. ¿A dónde vas ahora, honey?, le susurró la diva tras aquel maravilloso polvo de estrellas. ¡A contarlo, que es lo más importante!, contestó, desde la puerta, el torero.

     Patricia Ybarra, la joya de la corona del equipo de gobierno, ni es Dominguín, ni mucho menos la Gardner. Pero como Luís Miguel, va a salir a la calle a contar los orgasmos políticos (Zerolo, dixit) del gobierno Popular. Por lo pronto, dicen que manejará 2,3 millones de euros en la Concejalía de Comunicación. No soy nadie para darle consejos, pero mucho me temo que si decide, un poné, hacer un talk show diario, en horas de máxima audiencia, lo mejor para ganarse la confianza del personal es la dieta mediterránea romana: pan y circo. No se engañe: al ciudadano medio portuense le importan mucho más los moteros que la cruzada policial contra Montero.          

     Así que, admirada Patricia, voy a esbozar, en representación mía y de mis circunstancias, algunos de los temas que usted deberá abordar más temprano que tarde. Cuente, por favor, si es cierto que Fernando Gago tiene contratados como escoltas, a cargo del presupuesto municipal, a los luchadores de Pressing Catch,  para cuando pasa por delante de la sede de Independientes Portuenses. Díganos las verdaderas razones por las que Anacleto se divorcia. Atrévase a confesar que no habrá PGOU hasta un par de meses antes del Apocalipsis.

     Sea capaz de reconocer que este año tampoco El Coco y El Bimbo estarán en los carteles de feria de la Plaza de Toros. Pregúntele de mi parte a Antonio Jesús por qué sólo me escribe e-mails en campaña electoral. Si le sobra algún dinerillo, compre algún libro de esos de autoayuda que sirven para hablar mejor en público. A usted no, pero algunos de sus compañeros le vendrá muy bien.

     Y ya por último, aquí entre nosotros: ¿qué hay de lo suyo con Enrique Miranda?

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 29-03-2008)                   

                         

 

                       

 

EL BIPARTIDISMO

EL BIPARTIDISMO

     La otra noche tuve un sueño muy raro. Era lunes o martes, lo recuerdo porque del calendario del móvil habían desaparecido los demás días de la semana. El despertador sonó a la una o a las dos, tampoco se me olvida, pues la esfera del reloj no tenía más números. Dormido todavía, abrí el armario y sólo había dos perchas, cada una con una camisa y un pantalón. Me vestí añorando los tiempos en que tenía tanta ropa que no sabía qué ponerme. 

     Salí de casa y entré a desayunar en el bar de siempre. Pedí un cortado, pero el camarero me respondió que ya sólo servían manchados o con leche. Cogí el Diario para echarle un vistazo y no tenía más que la portada y la contraportada. Me marché recordando los días en que cada manchado tenía un color distinto y al periódico se le salían las páginas y las noticias por el costado derecho.

     Al llegar a la oficina, mi jefe, a modo de saludo, me pregunto qué tal estaba. Regular, le dije. Deje las medias tintas y defínase por una vez, Mendoza, replicó ofuscado. Uno o está bien o está mal, lo demás son mariconadas. Un tío que se viste por los pies no puede pasarse la vida enseñando vergonzosamente sus matices. Salí del despacho  tapando, con todo el pudor del que fui capaz, dos o tres puntos de vista que se me salían por la entrepierna.

     A las tres fui a recoger a mi mujer y decidimos comer en el self-service que hay cerca de casa. En las bandejas sólo había carne o pescado. Nos fuimos sin pedir el postre (plátano o naranja, era la disyuntiva)  y, para animarnos un poco, acudimos a una agencia de viajes a ver las ofertas de verano. Este año sólo organizamos excursiones a Pinto o a Valdemoro, dijo la chica que nos atendió. ¿Y entre Pinto y Valdemoro?, le pregunté como quien no quiere la cosa. Imposible, señor. Ya en la calle, se me vino a la mente, qué tontería, el Capitán Tan y sus viajes por todo lo largo y ancho de este mundo.

     Me despertó mi hijo Pablo, preocupado porque en su caja Alpino de colores sólo estaban el lápiz blanco y el lápiz negro. En la radio, un psiquiatra hablaba de los efectos colaterales del bipartidismo.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 15-03-2008)

VICTORIA

VICTORIA

     Estaban definidas todas las distancias, pero decidió achicarlas justo el día en que resolvió acabar con un dolor de años. Esa mañana, al levantarse, recogió su corazón hecho pedazos, se miró al espejo sin verse, le dio con la puerta en las narices a la cobardía y, sin mirar atrás, salió agarrada a la esperanza, que era su vida misma defendiéndose.

     Con la debilidad de las convalecientes, caminó sin parar echándose a la espalda la carga pesada de sus dudas. En rebeldía contra la resignación, en plena discusión con su pasado, quiso parar pero sus pies  no la dejaron. Ligera de equipaje y de autoestima llegó al Centro municipal de Información de la Mujer. Nadie podía quitarle ya la gloria  del intento. Era como si la pena hubiera encontrado una salida al mar. Miró el mapa de la felicidad y comprobó que  no había camino de vuelta, que no había ni una sola carretera secundaria que la llevara al lugar por donde había venido.

     Cuentan los que la acompañaron en ese peregrinar hacia la libertad que era una mujer con una gran capacidad intelectual, educada y llena de inquietudes. Elegante y de sonrisa fácil, de una dulzura humilde. Que el dolor no había emponzoñado su carácter. "Una señora", en palabras de la Directora del Proyecto Avante, programa de formación y empleo destinado a mejorar la inserción laboral de colectivos en riesgos de exclusión social y en el que Victoria participó en el módulo de Geriatría. Dicen los que la trataron que empezaba a disfrutar de las cosas menudas de la vida, a andar sin muletas machistas, a ser una naranja entera, a bendecir sin complejos  su dignidad de mujer.

     Estaban definidas todas las distancias, hasta la que le impedía acercarse a su ex pareja porque, curiosa justicia esta,  era sobre ella, y no sobre su matarife, sobre la que  pesaba una orden de alejamiento. Estaban definidas todas las distancias, todas salvo la delgada línea roja, roja de sangre, que separaba el alma podrida de su asesino, de la esperanza amable de Victoria, que era, como ya se ha dicho, su vida misma defendiéndose.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 01-03-2008)

           

             

           

ESE CADÁVER

ESE CADÁVER

     Sabemos que la fé mueve montañas, que mientras hay vida hay esperanza y que hay muertos que gozan de una salud de hierro. Los más fervorosos, incluso, se atreven a asegurar que, además del alma, también la carne, ese envoltorio débil y atrevido, gozará un día de la propina generosa de la resurrección. Sabemos todo eso y muchas cosas más, pero también nos han dicho que eso no sucederá, si sucede, hasta el final de los tiempos, así que mientras tanto, deberíamos aceptar, con resignación cristiana, que la vida es bella pero efímera.

     Hay algunos, sin embargo, que creen que las evidencias también engañan y llevan casi un cuarto de siglo intentado reanimar un cadáver que ya huele a perros muertos. Si los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía, los delirios cutres y subvencionados desembocan, irremisiblemente, en el patetismo. Así que, por el bien de nuestra salud popular, deberíamos asumir, sin rasgarnos los disfraces, que el Carnaval portuense hace ya mucho que debería reposar en el patio de los calladitos. Sacar cada febrero en procesión el cadáver de ese anciano sabio y libertino, es un delito de profanación tipificado en el Código Penal, que impone pena de prisión a aquellos que falten al respeto debido a la memoria de los muertos. Ver ultrajados cada año los recuerdos musicados de los más viejos del lugar, pasear el sábado por la noche por el centro viendo fantasmas que se llaman a sí mismos poetas, contemplar ruborizados ese botellón itinerante (cabalgata, le llaman todavía), es, ciertamente, un espectáculo que deberíamos ahorrarnos, en el sentido más economicista del término.  

     Lo dramático no es que el Carnaval del Puerto haya muerto. Es ley de vida. Le enterramos, le damos laica sepultura y le rezamos un responso chirigotero en Cádiz, ciudad en la que vive su hermano mayor y en la que, allí sí, el ingenio es sublime sin interrupción. ¿No se mancomunan los servicios? Pues mancomunamos también las fiestas: ellos ponen las coplas en febrero y nosotros las copas en abril.

     Lo dramático es ver a lo momia de Don Carnal vagar, cada año, como alma en pena, reclamando una muerte digna.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 16-02-2008) 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RAMÓN BAYO

RAMÓN BAYO

     Decía Ortega que un historiador es un profeta al revés. Don Ramón Bayo Valdés, coleccionista de instantes, aficionado desde chico al recuerdo,  pasó los mejores años de su existencia inventariando enseres, recomponiendo, con paciencia y pulcritud de relojero, las esquirlas desprendidas de un pasado por el que  transitaba convencido de que nada de lo que fue digno un día debe desaparecer. A esa afán consagro el rumbo de las horas, en ese empeño trabajó con vocación de amanuense, sin importarle lo más mínimo que, también sobre su fotografía, un día el tiempo habría de ponerse amarillo.

     Cuentan los que tuvieron la suerte de tratarle que, en su domicilio de la calle San Francisco, se hallaba el código genético de nuestro pasado más decente: fotos de un Puerto con las fachás  encalás, calles de chinos peluos,  etiquetas de botellas de vino que aún conservan el esplendor de una ciudad que vivía las vendimias como una epifanía. Aquella casa era un reverbero humilde que iluminaba, tenaz y orgulloso, la entrada en un porvenir por el que era imposible extraviarse.

     ¡Qué quietas están las cosas y qué bien se está con ellas!, escribió Juan Ramón Jiménez, como si conociera de toda la vida a nuestro paisano. Se fue Don Ramón soñando con recogerlas en un museo, aunque  ya intuía, con el pesimismo esperanzado de los sabios, que aquella promesa de ubicar sus colecciones en los bodegones de la Plaza de Toros era una argucia falaz para mercadear unos cuantos votos. "El día de mañana estas piezas se perderán para el Puerto", vaticinó poco antes de partir a explorar otros lugares.

     La segunda muerte del señor Bayo, tuvo lugar, como saben, hace unos días. El legado de nuestro coleccionista más inquieto se irá, si nadie pone coto al despropósito, fuera de la ciudad, y será gestionado por manos privadas.

     Me debo estar quedando sordo, porque aún no he oído a la primera autoridad municipal responsabilizar al anterior equipo de gobierno, a la Junta de Andalucía y a Rodríguez Zapatero, de este desprecio intolerable.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 02-02-2008)