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BRICOMALAJES

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     Hay encargos domésticos que te arruinan el día. Yo oigo la frase “acércate un momentito a la ferretería” y se me cae el alma a los pies. Momentito y ferretería es un oxímoron, como lo de hielo abrasador y fuego helado pero sin pizca de lírica. Por muy simple que sea lo que tienes que comprar, a la ferretería siempre hay que ir por lo menos dos veces. Cuatro viajes como poco, dos de ida y dos de vuelta. Un montón de momentitos. Si, además, uno no tuvo demasiada suerte con la herencia genética que le dejó nuestro ascendiente más mañoso (el Homo Habilis, en el árbol genealógico de la familia), comprenderán que un servidor sufra una considerable bajada de tensión en la autoestima cada vez que oye el recado maldito.

Esa tara en el ADN la huele el ferretero en cuanto te ve entrar. Das las buenas tardes y por la forma en que te acercas al mostrador ya sabe perfectamente que tienes la misma soltura en las manos que un click de Famobil. Pides un simple tornillo de mierda, para terminar de montar un simple zapatero de mierda de esa república independiente pero iletrada en la que los que meten las cosas en las cajas no saben ni contar, y te acribillan a preguntas malintencionadas. Como si en lugar de en una ferretería estuvieras en El Objetivo de Ana Pastor. En el convenio colectivo de esa gente debe de haber un plus por humillar a los que aprobamos por lástima la Pretecnología de la EGB.

Hace ya muchos años mi padre me mandó a comprar un martillo. El dependiente, que tenía la misma sensibilidad que el Hombre de Hojalata después de encontrarse con la bruja, empezó a dispararme signos de interrogación en cuanto terminé de decir “quería un martillo”. “¿Un martillo? ¿Qué tipo de martillo? Porque martillos hay de muchas clases… ¿De bola?, ¿de cabeza metálica?, ¿de maceta?, ¿de mocheta?, ¿de orejas?, ¿de tramoyista?”. Yo, con la autoconfianza chorreando sangre, balbuceé como pude que un martillo de los de toda la vida, de esos que le dan collejas a una puntilla hasta que la pobre se queda quieta con la cabeza fuera y el cuerpo consagrado a  la vida interior a salvo de los peligros del mundo. El tipo no le gustó nada mi microrrelato y empezó a mirarme con cara de mala leche. A mí y a algunas de las herramientas que tenía de exposición. Salí corriendo y no paré hasta llegar a casa. Creo que le dije a mi padre que la ferretería estaba cerrada por defunción. Casi. Por poco.

No se si lo han notado, pero me dan muy mal rollo las ferreterías. Y la mayoría de los ferreteros, esos bricomalajes con la empatía oxidada. ¿Qué se puede esperar de un gremio que le vendió a Pilatos los clavos de Cristo?

19/05/2017 08:03 pepemendoza #. sin tema Hay 1 comentario.

ARIZA, EL INTERIOR ALEGRE

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     En el otoño de 1973, mi familia se mudó a Crevillet. Crevillet era entonces un paraíso casi virgen, con unas cuantas barriadas enclavadas entre arboledas perdidas bañadas por las olas cálidas y domésticas de La Puntilla. De la plaza de toros para adelante, todo era Crevillet. Nosotros recalamos en la barriada Francisco Dueñas, que pronto fue rebautizada por los oriundos del lugar como los pisos del Sindicato y por la policía como el Distrito 21.

Yo tenía nueve años y el Brasil del 70 me cautivó de tal manera que tuve clarísimo a una edad tan precoz lo que quería ser de mayor: feliz y futbolista, por ese orden. No un tuercebotas cualquiera, sino un pelotero de categoría. Pelé mismo. Y si no podía ser, porque pedirse Pelé era mucho pedir, por lo menos Tostao, que además del nombre también tenia la cara como el pan del desayuno. O Rivelino, que metía golazos de falta justo por el hueco que había dejado tras agacharse un compañero incrustado en la barrera contraria.

Así que entendí aquella mudanza como un regalo del destino que me llevaría irremisiblemente a convertirme en un futuro no muy lejano en un fijo de la selección de Kubala. En la calle San Sebastián, nuestro domicilio anterior, era imposible romper en futbolista con una pelota gigante de Nivea en una diminuta casapuerta de tres por tres. Pero en Crevillet, donde había un campo de fútbol en cada esquina y partidos a todas horas, mi ascensión al olimpo de los dioses del balón estaba cantada. Lo que allí disputábamos no eran exactamente partidos, sino desafíos, palabra que tenía un componente épico añadido del que carecían los enfrentamientos en el recreo del colegio. Que los de Fermesa me han pedido un desafío. Que los de la barriada La Playa dicen que estamos cagaos y que por eso no queremos desafíos contra ellos. Que los de Los Marineros quieren repetir el desafío del sábado porque el gol que nos dio la victoria fue alta. Y que les devolvamos las Caseras, que si no nos vamos a enterar.

Justo enfrente de mi calle, en la barriada San Francisco Javier, vivía un chaval algo mayor que yo, del que me hice pronto amigo, que manejaba las dos piernas con exquisita solvencia y remataba de cabeza como si fuera Santillana. Además, mientras todos los del equipo salíamos a jugar con los dientes apretados y con la cara de los indios en las películas del Oeste, él saltaba al campo siempre riéndose, como el que va a contar chistes en un bautizo en lugar de a jugarse la vida contra los enemigos acérrimos de la barriada de enfrente.

Era tan bueno, que pronto vinieron a por él y empezó a jugar en un equipo federado, que era como alcanzar la internacionalidad en el barrio. Fue el interior derecho, el interior alegre, del Zeppelín y de La Salle, un 8 con llegada y disparo, cuando los números en el dorsal todavía decían algo. Jugar en un campo de verdad, con dos porterías de verdad en vez de dos piedras, y con la cal delimitando el campo en lugar de tener que marcar las líneas arrastrando las Tórtolas por la arena, no estaba entonces al alcance de cualquiera. Yo ya me lo imaginaba saliendo de un sobre de estampas vestido de blanco, pues era madridista confeso, y pegándolo con engrudo en el álbum de la Liga. Amancio, Ariza, Santillana, Velázquez  y Roberto Martínez.

José Luis Ariza Villar, nuestro amigo Ariza, jugó siempre como jugaba con nosotros en el barrio: defendiendo la alegría, disfrutando cada minuto dentro y fuera del campo. Se juega como se vive. Pasaron los años y cada vez que nos veíamos uno siempre salía mejorado del encuentro. Si cierro los ojos, puedo verlo en un cromo de la época, mediados de los 70, en un álbum en el que ya hay demasiadas ausencias, posando, atlético y feliz, con la camiseta a cuadros verdiblancos del Zeppelín, en el centro del campo del colegio La Salle. Y riendo, siempre riendo.   

21/04/2017 23:06 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ELOGIO DEL LUNES

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   Siempre he creído que los fines de semana están sobrevalorados y que los principios no merecen tan mala reputación. Aquí tienen, casi sin estrenar todavía, al pobre lunes, un día estupendo que a mí siempre me ha parecido humilde, formal y sensato. No tiene los aires de grandeza del viernes, ni la cabeza llena de pajaritos como el sábado. Pero es como ese amigo que no va de nada y que siempre está cuando lo necesitas.

Fue un lunes cuando Dios se puso manos al obrón y echó la peoná más agotadora de las seis que inauguraron la primera semana laboral del primer autónomo. Creó Dios los cielos, la tierra y la luz, dice el plumilla del Génesis. El techo, los cimientos y la instalación eléctrica natural, ahí es nada. Se ganó a pulso la categoría profesional de Sumo Hacedor. Y, de paso, dotó al lunes de un compromiso con las dignidades del trabajo que no hemos sabido valorar.

Un lunes fue el día en el que el hombre puso un pie en la luna por primera vez. Un pequeño paso para el hombre y otro gran paso para el prestigio emprendedor de los lunes. La Primera Guerra Mundial acabó un lunes y fue un lunes también cuando los nazis se rindieron en la Segunda. Una manera justa, democrática y esperanzada de empezar la semana.

La gente le tiene mucha manía al lunes. A casi todo el mundo se le hace larguísimo, pero eso es porque el lunes lo empezamos, emocionalmente, el domingo por la tarde, a esas horas feas que son como los minutos de la basura del baloncesto y en la que no hacemos otra cosa que lamentarnos de la insoportable levedad del fin de semana.

Cuando lo tratas y te desprendes de los prejuicios, el lunes es encantador. Es el día de las pequeñas cosas: el repaso a primera hora de la lección, los buenos olores, el café bien conversado, el propósito de enmienda, los reencuentros. Cada día de la semana tiene sus imágenes legendarias en la memoria de uno y yo siempre me veo dentro del mismo lunes. Un lunes invernal, frío y soleado de la infancia en el que llego a la escuela por detrás de la bocina, con el babi otra vez limpio y otra vez con todos los botones. Y luego ya en la fila, atravesando el patio de la SAFA, caminando soñoliento en dirección a la clase. No había fila más prieta que la que formábamos los lunes.

Yo defiendo el limpio y humilde batallar de los lunes, su borrón y cuenta nueva, su inercia resucitadora. El mundo se acaba los domingos, a eso de la media tarde. Afortunadamente, vuelve a comenzar los lunes.

03/04/2017 07:47 pepemendoza #. sin tema Hay 1 comentario.

LOS OTROS

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     Para no dejarse los cuartos en el psiquiatra hay que tener una doble vida. Ser otro, además del que el Registro Civil dice que somos. San Agustín, que sabía latín, ya defendía hace quince siglos ese desdoblamiento de personalidad: “Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos al completo”. Merece la pena construirse una segunda existencia en la que vivir a salvo de contradicciones y amenazas. Como Mortadelo cuando se disfraza para huir de sus jefes. La vida es muy corta, pero hay días malos que se hacen larguísimos en el que todos necesitamos que nuestro álter ego nos rescate de un naufragio interior, de un insomnio cruel o de un grupo de whatsapp. 

     Tener una doble vida te compromete a cuidar de otra familia y de otros amigos. Es probable que tus íntimos de siempre no lo entiendan y que se vivan momentos de tensión. Que si tú estás muy raro últimamente. Que si no nos haces ni puñetero caso. Que si no te soporto cuando callas porque estás como ausente. No vamos a idealizar  esas otras amistades porque también tienen sus cosas, como todos, pero son gente de bien que estuvo cuando había que estar. Por alguna extraña jugada del destino, un día coincidisteis en algún cruce de caminos y se quedaron contigo para siempre. Puedes decir más cosas de ellos que de algunos primos o cuñados. Cuando llegaron tal vez te sentías solo, quizá deprimido, y unas palabras suyas bastaron para animarte, para proporcionarte compañía o una esperanza a la que agarrarte. Qué gente más maja.

     A mí esa doble existencia y esos otros amigos me han salvado la vida muchas veces. Para ayudarme a sobrellevar un taciturno amor de juventud, un domingo luminoso apareció por mi cuarto Florentino Ariza, y me preguntó si había visto a Fermina Daza, a la que llevaba medio siglo buscando en un “ir y venir del carajo”. Una mañana de invierno de hace más de treinta años, navegando a la deriva, me encontré en medio del mar con Santiago, un viejo pescador que luchaba sin desfallecer contra un pez de espada que era más grande que su barca mientras me hablaba con su ejemplo de la obligación moral de no rendirse nunca ante las adversidades. Recuerdo también aquel atardecer lejano en el que Rafael, un vecino también con más vidas que un gato, me sacó de paseo por mi pueblo y me llevó a un melancólico lugar de retamas blancas y amarillas al que llamaba la Arboleda Perdida.

     Una sola existencia no da para mucho. Lo sabía aquella señora que le reprochaba a Mia Farrow, en La rosa púrpura de El Cairo, que se hubiera enamorado del actor de carne y hueso en lugar del personaje que el actor representaba en la pantalla. “¡Le está bien empleado, por quedarse con el de verdad!”, bramó enfadada a la salida del cine.

  Hay que tener una doble vida. La literatura es Alicia recordándonos desde su país maravilloso que con una sola no basta.

10/03/2017 07:46 pepemendoza #. LOS OTROS Hay 1 comentario.

RAFALITO

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     Hará cosa de diez años mi padre se mudó al olvido. Un reventón en su cabeza y, de pronto, los seres queridos y los paisajes que lo arroparon durante su existencia se convierten en un arboleda calcinada, en una casa de vecinos en ruinas. En esa noche oscura de la memoria vivió Rafalito ayuno de recuerdos, como queriendo no existir, durante una década que a nosotros nos pareció un siglo. Contemplando indefenso, tras la espesura de la niebla, como en los versos de Jorge Manrique, cómo pasaba la vida, cómo se venía la muerte, tan callando.

     A mí me gustaba imaginar, en defensa propia, en defensa nuestra, que en la memoria de Rafalito tal vez hubiera alguna luz en aquel oscuro túnel del olvido. Que, por qué no, algunas sonrisas incomprensibles tenían que ver con el chispazo luminoso de un recuerdo en el que de pronto él se veía envidiablemente joven y eternamente feliz. Tal vez en ese momento volvía en su bicicleta verde un mediodía de principios de verano contento por haber encontrado trabajo como camarero hasta finales de agosto en una caseta de la playa. O era sábado y tras pasar el control de avituallamiento en el bar del Tinaja, después de una semana dura de faenas, le daba a mi madre aquel sobre amarillo, con la paga de la semana, que olía a sudor, a dignidad y a decencia.

     Quizás, quién sabe, detrás de aquella sonrisa que le iluminaba la cara, ordenaba papeles y nos enseñaba orgulloso aquel título de electricidad que cursó en el Programa de Promoción Profesional Obrera. O disfrutaba de una tarde de toros en El Puerto, ejerciendo de acomodador en el tendido 8, “donde se sentaba el Sol”, mientras esperaba nervioso que Galloso tuviera suerte con su lote y volviera a demostrar que era el mejor torero del mundo. O, yo qué sé, que lo acababan de llamar de la bodega para comunicarle que por fin dejaba su condición de eventual y lo hacían fijo de plantilla.

     Me gustaba imaginar, en defensa propia, en defensa nuestra, que detrás de su mirada acuosa y perdida, de vez en cuando lo asaltaban retornos fugaces, rememoraciones dichosas, que él sentía y vivía en su mundo, más justo y generoso que el nuestro. Me gusta soñar, en defensa propia, en defensa nuestra, que Rafalito salió ayer por fin del oscuro túnel del olvido. Que vuelve a ser joven y eternamente feliz, mientras pedalea, de camino a casa, a lomos de su vieja bicicleta verde.

05/02/2017 08:47 pepemendoza #. RAFALITO Hay 2 comentarios.

CASABLANCA

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     Se van a cumplir 75 años del reencuentro probablemente más romántico e inesperado de la historia del cine. De todos los garitos de todos los pueblos del mundo, ella ha tenido que entrar en el suyo, también es casualidad. Accede acompañada por su marido, un reputado líder de la resistencia contra el fascismo. Ella es Ilsa, la mujer que lo abandonó en Paris sin darle explicaciones. Él es Rick, el administrador del exclusivo club  nocturno en el que conspiran cada noche ciudadanos de la Francia de Vichy, oficiales de la Alemania nazi, asilados políticos, ladrones y contrabandistas de todos los pelajes. Rick, un cínico con el corazón en ruinas, es el jefe de la banda. Aunque contra quien de verdad conspira a tiempo completo es contra sí mismo, contra la mordedura  de un pasado en el que fue feliz.  Con Ilsa.  Por Ilsa.

     De eso va Casablanca, del vano ayer. De la relación efímera pero eterna entre un hombre y una mujer que se enamoraron perdidamente mientras el mundo se desmoronaba. Del duelo largo del adiós. De las segundas oportunidades. Del encarnizado combate entre el deber y el placer. De las trampas de la memoria. De los claroscuros de la vida. De todas las vidas. Porque todos hemos estado alguna vez en aquel Paris que Rick e Illsa disfrutaron juntos, que es un lugar sentimental, un paraíso perdido en el que vivimos, éramos jóvenes e inmortales, la plenitud de un amor imposible. Casablanca es nuestra porque todos guardamos en algunos fotogramas de la memoria una historia feliz y triste en la que ya no sabemos cuánto hubo de real y cuánto de  ficción. Una verdad mentirosa. Una mentira verdadera.  Puro cine.

   Se cumplen 75 años  del reencuentro probablemente más romántico de la historia del cine, del principio de una bella amistad. Y ahí siguen, agazapados entre la niebla, Rick e Ilsa. “Siempre nos quedará París. No lo teníamos, lo habíamos perdido hasta que viniste a Casablanca, pero lo recuperamos anoche”. Y ahí seguimos también nosotros. En el París íntimo y personal que siempre nos queda. Porque a diferencia del presente, que vive solo la fugacidad de los estrenos, el pasado sí tiene reposiciones.

     Tócala una vez más, Sam.  En recuerdo de los viejos tiempos.

20/01/2017 07:48 pepemendoza #. CASABLANCA No hay comentarios. Comentar.

EL REY FONSI NIETO Y EL CORTESANO QUINTANA

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     De desagradecidos anda el mundo lleno. Y de maleducados, todavía más. Que alguien te invite a su casa sin apenas conocerte de nada y te dé tratamiento de rey debería ser acogido por el agasajado con la mejor de las actitudes. Si, además, la categoría es de rey mago y el generoso anfitrión es una ciudad a la que llaman de los cien palacios, con más de 3.000 años de historia, en la que, indudablemente, sobran reyes y sobra magia, el comportamiento antes, durante y después de la visita debería ser intachable. La buena educación obliga incluso a pasar por alto las pequeñas incomodidades que podamos sufrir durante la estancia. Nos lo enseñaron nuestros mayores desde que éramos muy chicos: es de bien nacidos ser agradecidos.

Al señor Fonsi Nieto, uno de los cargos directivos de esta comunidad de vecinos que es El Puerto, el inefable Ángel Quintana, le propuso hace meses, ignoramos en base a qué mérito, capacidad o compromiso con nuestra ciudad, venir a nuestra casa común y disfrutar de una de las tareas más fascinantes que uno puede desempeñar en la vida: ser uno de los tres Magos de Oriente, en su caso Gaspar. El lujo impagable de mirar y mirarse en los ojos de los niños en la noche más hermosa. La dignidad de representar a todos los reyes de un pueblo, muchos de condición muy humilde, que han hecho posible que sus hijos, sobrinos o nietos,  puedan disfrutar de sus regalos la mañana del 6 de enero. El homenaje merecido al niño que no nos abandonará nunca. La bendita dicha  de regalar y regalarse.

Pero el señor Fonsi Nieto no estuvo en ningún momento a la altura del inmenso honor con el que fue investido. No creó lazos afectivos con los miembros de la comitiva real. No participó ni se interesó jamás por el trabajo que el resto de compañeros desempeñó para que todo saliera de la más manera más decente posible. En las visitas a las entidades y asociaciones se mantuvo en todo momento al margen del grupo, negándose incluso a posar con aquellos que le solicitaban una foto. Pasó la mayor parte del tiempo hablando por el móvil. Cuando algunos portuenses se lo reprocharon en las redes sociales, achacó su cara de sieso manío a  la “alergia a los caballos”. Y su adicción al móvil la justificó diciendo que “tenía que hacer fotos para una marca de caramelos que le regaló kilos y kilos para que los niños disfrutaran y para el club de fans de Valentino Rossi, que le regaló el merchan”.  “A merecido la pena” (sic), escribió también dando buena cuenta de su exquisita ortografía, y agradeció la colaboración de todos, en especial de  “los ancianitos y  los niños enfermitos”.

El cortesano de Nieto, Ángel Quintana, como concejal nuestro que es, nos debe una explicación.  En base a qué criterios Nieto fue elegido rey, cuál es su vinculación con la ciudad, por qué no le llamó al orden y ejerció de representante de los ciudadanos a los que el falso Gaspar faltó al respeto, en lugar de  atender sus continuas quejas de niño bien (hay quienes apuntan que estuvo a punto de dar la espantada antes de que las carrozas se pusieran en marcha). Por qué, en definitiva, un tipo tan desagradecido y maleducado ha sido rey mago en una ciudad en la que sobran reyes amables y sobra realismo mágico.

SONIDOS ETERNOS

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     La bocina del Vaporcito, que daba las horas por lo civil y por lo popular. La flauta del afilador, convocando, en un maridaje peligroso, a los cuchillos y al levante. El motor atorado del isocarro. El chirrido de la máquina de cortar fiambre de la tienda de Manolo. El himno del Racing tronando por los altavoces mientras los jugadores estiraban los músculos y nosotros el paquete de pipas Churruca. Veinte iguales para hoy, ¿quién me compra otro cupón?

     La válvula de la olla exprés suspirando un puchero. El jarrillo de lata buceando en la tinaja. La maquinilla eléctrica de mi padre. La Alfa de mi madre cabalgando sobre un mantón de Manila. La carraspera del transistor desintonizado. El rebobinado de la cinta de casete. El tic tac del despertador gigante de la mesita de noche de mi abuelo Paco. La rueda del teléfono fijo yendo y volviendo de los números. El chasquido al romper los sobres de los cromos y los golpes para que quedaran bien pegados en el álbum. El dado del parchís bailando agitado en el cubilete.  Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón…

     La tiza de color dibujando la fecha al noroeste de la pizarra. Las tijeras atravesando inexpugnables la cartulina. El pelo de la sierra de marquetería escarbando en la madera. El crujir de los escalones que nos llevaban, mariquita el último, al gallinero del Teatro Principal. Los primeros compases del NODO y el rugido desganado del león de la Metro. El balón golpeando contra la pared las tardes en las que no bajaba nadie a jugar. En la caseta de Información se encuentra un niño que se ha perdido, viste bañador rojo  y dice llamarse Miguel.

     El silbido de la piedra saliendo del tiraó. La bola de la máquina de flippers de El Gazpacho chocándose con todo y nosotros empujándola a golpes de cadera apara que no bajara nunca.  El disparo seco del lateral izquierdo del futbolín.  La sirena de la SAFA. El crepitar metálico de la máquina de escribir. El chirrido de las gomas de los coches choques sobre la pista de Crevillet. Libre, libre, quiero ser, quiero ser,  quiero ser libre…

    Sonidos eternos que forman parte de la banda sonora doméstica de la vida de uno. Yo los sigo escuchando, a lo lejos, aunque ya apenas suenen. Son la memoria auditiva de nuestra biografía.    

21/12/2016 08:00 pepemendoza #. SONIDOS ETERNOS No hay comentarios. Comentar.

EL PAYASO DE ALEPO

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     Se llamaba  Anas al Basha,  tenía 24 años y  se había casado hacía apenas dos meses. Era trabajador social y regalaba sonrisas a los niños en Alepo, que es, desde hace cinco años, el epicentro del Infierno. Dirigía un grupo de animación llamado Espacio para la Esperanza, una ONG que ofrece terapia y asistencia económica a casi 400 niños que han perdido a uno o a ambos padres. Cuando cesaban los bombardeos y el cielo recuperaba su belleza natural, Anas se ponía una peluca naranja, un sombrero amarillo con flores, se pintaba la nariz de rojo y se convertía en el payaso de Alepo. Siempre hay héroes anónimos que en las circunstancias más adversas asumen el riesgo de crear un espacio para la esperanza, humilde pero valeroso, en medio del horror. Como su compatriota el doctor Wasim, el último pediatra que quedaba en la ciudad y que murió en abril en un bombardeo sobre el hospital en el que trabajaba en condiciones miserables. La esperanza, dice Cortázar, le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.

    En julio, cuando su familia decidió huir, él prefirió quedarse. De las 250.000 personas atrapadas en esa locura organizada, 100.000 son niños y adolescentes. Ya no funciona ningún hospital, no hay reservas de medicinas ni de alimentos. Un alto funcionario de la ONU declaró hace unos días que la ciudad corre el riesgo de convertirse en un cementerio gigante. Anas tal vez pensó que privar de la risa a esos santos inocentes era ya un castigo excesivo que su conciencia no se podía permitir. Que tenía que defender incondicionalmente la alegría. La de sus jóvenes vecinos y la suya propia.

  Anas al Basha murió la semana pasada en uno de los innumerables bombardeos que sufre la capital Siria desde hace meses. Tenía 24 años y se acababa de casar. La noticia apenas ha tenido trascendencia en los medios occidentales, tan ocupados como estamos aquí con nuestras cosas.

   En los últimos días, cuentan sus amigos más cercanos que pese a que estaba muy cansado y muy débil seguía saliendo a la calle con su peluca naranja y su sombrero amarillo de flores. Era solo un payaso que hacía reír a los niños en el mismo epicentro del Infierno. Darles, en fin, un poco de esperanza, que es, como dice Cortázar, la vida misma defendiéndose.

04/12/2016 20:07 pepemendoza #. EL PAYASO DE ALEPO No hay comentarios. Comentar.

PACO PEPE

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En los últimos días del invierno de 2011 yo andaba intentado poner en pie el encargo que los Amigos de los Patios Portuenses me habían hecho: escribir veinte o treinta folios para presentar su fiesta grande. Tenía la idea, pero el trabajo no despegaba. La papelera de reciclaje rebosaba de textos aburridos, previsibles, sin climas ni matices. Una tarde abrí la carpeta de la memoria en la que almacenamos paisajes, paisanajes y décadas, y di con el recuerdo de una sobremesa, datada en enero de 1971, en la que vi por primera vez a mi pueblo en el telediario. La fama nos llegó gracias a las desventuras de un quinqui que saltó los muros del penal. Era mejor estar muerto que verse allí pa toa la vía.

A una musa de esas que siempre pasan de mí, y que cuando no andan de vacaciones están de asuntos propios, le debí dar pena y me susurró al oído que la historia de la huída de El Lute podría ser uno de los relatos sobre los que construir mi trabajo. Me recomendó también que llamara a Francisco José Román para proponerle que recreara en un audio la que fue la sin duda la noticia de ese año. El año en el que los niños vivimos peligrosamente acojonados. El año en el que aquel analfabeto perito en fugas caminó hasta reventar haciendo más kilómetros que Ángel Nieto, Luis Ocaña y Mariano Haro juntos.  

Aunque me daba mucho apuro, cumplí a rajatabla el encargo de la musa mediática con la esperanza de ganármela para siempre y de que a partir de entonces me escribiera las columnas como hacía con los escritores en condiciones. Al otro lado del teléfono, el periodista me dijo con la misma entonación solemne con la que abre un informativo: “Haré lo que pueda”. 

Lo que pudo lo hizo en media hora, que fue lo que tardó en enviarme el audio. “Sí, atención, interrumpimos nuestra programación para contarles que El Lute se ha fugado del penal aprovechando la relajación navideña. Prosigue a esta hora la búsqueda por los bosques portuenses y por la campiña de Jerez…”. El niño que va siempre conmigo pegó un respingo de la silla de enea en la que en ese momento oía la radio en el número 17 de la calle San Sebastián. Primero orgulloso de oír por primera vez en el parte el nombre de su pueblo. Luego, muerto de miedo en la cama, ya de noche, viendo como el fugitivo está escondido detrás de las cortina de su habitación para, en cuanto sus padres se duerman, retorcerle el pescuezo como a las gallinas que roba.

A Paco Pepe, que con su regalo me salvó un pregón condenado al fracaso, le han concedido, junto al resto de su equipo, el Premio Andalucía de Periodismo por su programa “Surco y marea”, en el que nos cuenta la actualidad andaluza agrícola y pesquera. De dónde venimos, quiénes somos, de eso va su espacio. El relato fundacional de nuestra tierra, en fin, en este tiempo servil en el que nuestra identidad comunitaria y nuestro orgullo cívico han alcanzado mínimos históricos. La nostalgia de lo que ni siquiera sabemos que hemos perdido.

Escucha uno a diario a Paco Pepe, su manera de ejercer dignamente ese periodismo de proximidad a cuyos  pechos se crió uno, y vuelve a aquellos días de radio en familia en los que lo verdaderamente universal sucedía en el pueblo, en el barrio y en la casa de uno. Si yo tuviera que ponerle voz a El Puerto que amo y en el que me reconozco como vecino, le pondría la voz antigua, elegante y cercana de Paco Pepe. 

17/11/2016 22:23 pepemendoza #. PACO PEPE No hay comentarios. Comentar.

EL FACEBOOK DE LA BIBLIA

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- Disfrutando del dominguito, después de seis días de no parar. Estrenándolo todo. El chuletón de la barbacoa es del buey que creé ayer mismo. Suerte de ser Dios!

- A Eva le gusta la página "No tengo nada que ponerme". 

- Caín ha compartido la publicación de la Asociación Sosdesaparecidos: “Ayúdanos a encontrar a Abel”.

- Moisés está transmitiendo en vivo: El mar Rojo abriéndose ahora mismo!

- Hoy es el cumpleaños de Matusalén.

- Abraham ha añadido una foto nueva. Con mi hijo Isaac, justo después de que el Ángel me dijera que no hacía falta sacrificarlo, que al final valía con un carnero mismo. Ufff!!!

- Entra en www.change.org.empezamosbien y firma la petición para detener el holocausto de carneros en el Antiguo Testamento.

- Job ha trabajado en la Asociación de Personas con Déficit de Atención e Hiperactividad.

- José tiene un relación compleja.

- De bodorrio con la familia en Caná de Galilea. Almorzando justo ahora. Cortita de vino veo la cosa.

- Lázaro ha escrito: Se que no le vas a dar me gusta ni compartirás esta foto porque tengo una doble vida y huelo mal.

- Mi hijo Jesús andando sobre las aguas. Orgullo de madre!

- Hombre de Poca Fé ha escrito un comentario en “Mi hijo Jesús andando sobre las aguas”: Cómo va a ser hijo de Dios si no sabe nadar ni ná!.

- María Magdalena se siente enamorada.

- Judas y Caifás son ahora amigos.

- Pedro ha comentado “No se de qué me hablas. No lo he visto en mi vida. Ni amigo de Facebook es siquiera. No es no”.

- A Jesús le entristece el comentario de Pedro.

- A Pilatos le gusta la página “Palanganas de Judea”.

- A 12 personas les gusta el enlace  “De cenita de empresa. A disfrutarla como si fuera la última!”

- Jesús ha escrito: Yo me voy a comer a la barra, no aguanto al chivato ese.

- Jesús ha escrito: Romanos, cabrones!

- Desayuno de chicas. Con María Magdalena, María la de Jacobo y Salomé, celebrando la resurrección del hombre más sexy del mundo. Pedazo de domingo!

- Jesús ha escrito: Ya nos vemos y eso.

- Marcos ha escrito: Empezando mi libro. El Evangelio de Marcos se va a llamar, que para eso es mío. Y no digo más, que hay mucho copión por aquí.

- Mateo ha escrito: Empezando mi libro.

- Lucas ha escrito: Empezando mi libro.  

- Juan ha escrito: Empezando mi libro.

- Jesús ha compartido un recuerdo de hace 2000 años: Llegando!

ORGULLO Y PREJUICIOS

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     Soñé que llegaba al gimnasio y estaba cerrado por defunción. Me asusté pensando que algún conocido pudiera estar de cuerpo presente de una forma menos saludable que la que nos congregaba allí cada tarde, criando malvas en lugar de cultivando abdominales. No somos nadie y en calzonas menos.

     Enseguida llegó un grupo numeroso de usuarios y desplegó una pancarta. “La carne es débil, pero la mente lo es más”, podía leerse. El líder era un tipo con el que me cruzaba algunos días y que me caía fatal. Llevaba la cara taladrada de argollas, lucía tatuajes hasta en el MP3 y siempre me lo imaginaba escuchando a Andy y Lucas mientras se machacaba los bíceps haciendo pesas. Le pregunté, con el orgullo vano del que se cree superior intelectualmente, que de qué iba aquello: “Protestamos por la muerte de la Filosofía. Y estoy aquí en mi doble condición de seguidor de Aristóteles y de culturista. Me duele en el alma y en el cuerpo, que son, como dijo el Estagirita, una unión sustancial, a partes iguales".

     Un veinteañero con gorra y una mochila a la espalda, con pinta de haber exterminado a varias generaciones de Pokemons, también tomó la palabra: “Yo soy más de Plutarco. Creo que lo que logramos internamente termina cambiando nuestra realidad exterior. Todo está permitido si dejamos de usar ese tonificador ético que muscula el alma y, por ende, transforma la vida".

      Un tipo de casi dos metros de alto y de ancho, depilado de las cejas a los tobillos y que llevaba una camiseta de Sergio Ramos, expuso con la voz entrecortada que cada vez que cogía de su biblioteca un libro de Santo Tomás, se le transustancionaba el alma, se le transustancionaba. Eso dijo. Algo parecido a lo que le pasaba a Rocío Jurado, pensé avergonzado por no estar a la altura.

      Una monitora de zumba, que llevaba una recreación del mito de la caverna repellada en un gemelo, confesó entusiasmada lo que había cambiado su existencia desde que, gracias a Platón, se había mudado del mundo de lo sensible al mundo de las ideas. “Es un barrio más seguro y en el que se sufre menos”, sentenció aeróbicamente.

     Me desperté cuando la señora de la limpieza, que también había acudido a la protesta, disertaba sobre la mayéutica de Sócrates. De camino al baño, a oscuras, pensé en el mundo sensible de Sócrates, pero la idea de Sócrates me lo reveló trazando diagonales imposibles en el centro del campo del Brasil del 82.

18/10/2016 19:17 pepemendoza #. ORGULLO Y PREJUICIOS No hay comentarios. Comentar.

QUÉ MIRAR, DESDE DÓNDE MIRAR

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     A mi amigo Fidel Raso le han otorgado hoy el premio Manu Leguineche de Periodismo, y yo, que tengo vocación de admirador nato, no quepo en mí de gozo. El pasado verano me enseñó, como el que muestra el mapa del tesoro de la felicidad, la dedicatoria que le hizo Leguineche en un ejemplar de  El camino más corto, probablemente el mejor libro del mejor reportero español del siglo pasado. Que el galardón lleve el nombre de su maestro es una prueba irrefutable de que a veces, algunas veces, el destino hace bien su trabajo.

     Porque Fidel, hay que decirlo aunque él se ruborice al leerlo, es un dignísimo discípulo de Manu. Los dos han cultivado con esmero y decencia los valores fundamentales que deberían figurar en el ADN de todo periodista: curiosidad por contar las historias de los que sufren la Historia, un compromiso ético y militante por sacar a la luz los desmanes del poder y una infinita compasión por los desposeidos. Su pluma y su objetivo se han adentrado siempre en la espesura. La verdad no se ve nunca a primera vista. Hay que ir a buscarla con profesionalidad y honradez. En un mundo, el del periodismo, de egos revueltos, Fidel es uno de esos tipos que certifica que se puede tener talento y ser decente al mismo tiempo. 

     Natural de Sestao, cosecha del 53, mi amigo ha hecho guardia en las peores garitas. Ha cubierto la inmigración en el sur de Europa, las fronteras de Ceuta y Melilla incluidas. Estuvo en el derrumbe del Muro de Berlín, en la primera Guerra del Golfo y en las primeras elecciones democráticas en la URSS. En los años 80 y 90 trabajó para Diario 16 investigando el terrorismo de ETA y el terrorismo de Estado de los GAL. Ha gastado suelas y carretes en Jordania, Israel, Turquía, la frontera de Siria y el territorio kurdo. Ir, ver, volver y contar, resistiéndose al deseo de olvidar y de aceptar la versión oficial de los hechos, a eso ha dedicado el soldado Raso los mejores años de su vida profesional. Qué mirar y desde dónde mirar, esas han sido para él las dos únicas preguntas importantes a la hora de ejercer su oficio.

     Ahora mira al mundo y a sus víctimas (y se mira también a sí mismo en los ojos de su compañera Tamara Crespo, otra periodista de raza), desde la garita luminosa de su librería Primera Página, en Urueña (Valladolid), la única Villa del libro de España. “Solo espero que la eternidad sea una interminable vuelta a un mundo en paz, aunque lleno de aventuras”, dejó dicho Manu Leguineche cuando se acercaba al final de su vida, ese camino tan corto. Seguro que hoy habrá hecho una paradita, en cuanto recibió el teletipo, para brindar, como he brindado yo esta noche, por Fidel y su pasión por mirar y contar lo que se nos quiere ocultar.

YO HE VISTO COSAS QUE VOSOTROS NO CREERÍAIS

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Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto burros desfilar apesadumbrados con serones cargados de arena por calles de chinos peluos. He visto afiladores que traían la música del viento y la súbita melancolía de un frustrado día de playa. He visto llegar la leche en lecheras gigantes, en botellas de cristal y en bolsas de plástico, y a abuelas hirviéndola. He visto a ancianos sonarse los mocos con un pañuelo de tela. He visto a mujeres jóvenes enlutadas de por vida y a hombres taciturnos con un botón negro cosido en la pechera de la camisa.

He visto a niños jugando al fútbol con chapas. He visto escribir a máquina con papeles de calco. He visto gente hablando en una cabina telefónica con el pie por fuera por miedo a que se cerrara para siempre. He visto echar cartas en un buzón de correos. He visto darle cates a un televisor para estabilizar la imagen. He visto rebobinar una cinta de cassette con un bolígrafo Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal.

He visto niños echarle una peseta y luego un pulso a una máquina naranja atornillada a la pared para sacar bolas de chicle de colores. He visto mujeres vendiendo chucherías detrás de las rejas del cierro de su casa. He visto pañales de tela. He visto gente con la vacuna de la viruela tatuada en el brazo. He visto a hombres con gorra de plato que guardaban las llaves y los secretos de todas las puertas del barrio. He visto un isocarro con publicidad de Fino Quinta. 

He visto pegar cromos con agua y harina. He visto libros forrados con papel de periódico. He visto a niños chicos tomar candies (huevo, azúcar y lingotazo de oloroso) y a niños grandes tomar un vaso de leche caliente antes de dormir. He visto llegar, con la regularidad ancestral con la que llegaban las cosechas, el tiempo de los bolis, el tiempo del trompo, el tiempo del clavo… He visto diteros con la oreja puesta detrás de una puerta que no se abría.

Gentes del porvenir, jóvenes de la diáspora y el tuit, yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Todas esas cosas se perdieron en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Lástima que algunas no hayan sobrevivido. ¿Pero quién sobrevive?

1986: EL AÑO QUE ENTRAMOS EN EUROPA Y EN LA JOY SHERRY

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Habíamos entrado en 1986 a carcajada limpia, que es como deberíamos entrar en todos los años que nos quedan de aquí a la eternidad. En el especial de Nochevieja, el dúo Martes y Trece bordó un sketch hilarante en el que una señora, fan de Encarna Sánchez (pronunciése “¿Encaanna?”), llamaba en directo a la radio mientras se le achicharraban en el fuego unas empanadillas. También entramos, por fin, en Europa, que acababa de aprobar un nuevo PGOU. Ya no limitábamos al norte, como toda la vida de Dios, de Isabel y de Fernando “con el mar Cantábrico y los montes Pirineos que la separan de Francia”, sino con el mar Báltico y el mar del Norte. Ahora podíamos ir la tarde de verano que quisiéramos a bañarnos allí y comprarle un cartucho de patatas congeladas a algún colega vikingo de El Papi, qué alegría de veranos tan fresquitos. Ya “semos” europeos. Nosotros y nuestros vecinos del bloque de la izquierda, los que venden toallas tiradas de precio e hicieron una revolución con claveles.

El cambio ha sido radical. En apenas unos meses hemos pasado del Y viva España de Manolo Escobar, a la novena sinfonía de Ludwig van Beethoven. Del OTAN de entrada no, al OTAN de cabeza por toda la escuadra. Del “que dice mi madre que se lo apunte en la libreta, que ya se lo pagará a final de mes”, al “¿lo quiere usted con IVA o sin IVA?”. De la chaqueta de pana socialista y obrera, al traje de Armani del liberalismo de la izquierda caviar y de la beautiful people. Todo en un plis plas, como pasamos del burro al isocarro y del isocarro a la furgoneta. Lo anunció el profeta del Antiguo Socialismo, Alfonso Guerra: a España no la va a conocer ni la madre que la parió.

Yo también he cambiado mucho, sobre todo por los bolsillos. He conseguido, después de varios intentos, mi primer trabajo estable. Un par de exámenes en condiciones me abren las puertas de la Administración como auxiliar administrativo interino en la Delegación de Educación. Con educación se va a cualquier sitio. Y con mi máquina de escribir portátil, una Lettera 40, a cualquier oposición, Dios la tenga en su gloria y en su despacho. De terminar cada día como la baldaita de la sevillana, sin poderme ni mover, cuando me contrataban esporádicamente para descargar atunes y marrajos diez y doce horas diarias en VIMFRISA, la empresa frigorífica en la que trabaja mi padre, a formar parte del proletariado de cuello blanco, oliendo a Brummel en vez de a pescado azul.

Para celebrar que ya no tengo que ir a ver al Teja al sindicato y que disfruto de una nómina (bueno de media, porque la otra media se queda en casa), me voy a finales de julio con mi amigo Pepe Vázquez a las fiestas de moros y cristianos de Villajoyosa. Allí nos espera otro amigo común, Tomás Galiana, que dejó por amor la arboleda perdida de Crevillet y ejerce de anfitrión a tiempo completo. Desde alguna otra arboleda perdida del Universo, Tomás, que pensaba que todo puede ser perdonado en este mundo menos no ser divertido, debe estar ahora brillando con la misma intensidad con la que brillaban las estrellas de la Vila en aquellas noches límpidas de verano.

Será casualidad, pero ha sido entrar en la Comunidad y las extranjeras ya nos miran por la playa de otra manera. No sé, con lujuria pero sin cachondeito. Atrás quedó el macho cañí de pelambrera en pecho, corto de talla, que le habla a las guiris por señas y gritando. El landismo ha muerto. Hemos dejado de ser la España hambrienta de mundo y carne. Bueno, mis amigos y yo no del todo, la verdad. Ya no somos tampoco la reserva espiritual de Occidente, aunque las peñas de moros y cristianos del pueblo nos acogen como si fuéramos los sobrinos preferidos de Dios y de Alá. Nos pasamos el día comiendo, bebiendo y bailando, de cara a la Meca, al camino de Santiago, a la barra del chiringuito o a donde haga falta. Al calor del amor en un bar, como Gabinete Caligari, descubrimos la absenta, una bebida alcohólica con un sabor anisado y amargo. A altas horas de la madrugada, más que moros o cristianos somos devotos de una nueva religión que tiene como líder espirituoso a Paquito El Chocolatero: la Iglesia Absentista del Séptimo Pelotazo. En las peñas, además de las marchas propias de los desfiles, suenan los éxitos del momento. Triunfa un tal Rufino, un tipo con aire de pingüino, libertino, divino y superficial, que coquetea con Luz Casal, quién pudiera. Y Alaska y Dinarama: a quién le importa lo que yo haga, a quién lo importa lo que yo diga,  hatajo de cotillas. A las cinco se cierra la barra del 33, aunque Mario no sale hasta las seis. Pero eso es en el bar de Mecano. En los nuestros, los camareros son más generosos y los chapan después de ponernos púos de horchata con churros.

Cuando volvemos a El Puerto, nos enteramos que el alcalde Rafael Gómez ha paralizado, a instancia de lo ecologistas, parte de las obras de Puerto Sherry, pues incumplen el proyecto original. Puerto Sherry se enclava en La Colorá, una playa en la que Sol se acostaba muy despacito. De buen rollo, la chirigota Los Cubatas había recomendado al que lo enclavó que se lo enclavara en el culo. Se ha inaugurado también una nueva discoteca, la Joy Sherry, que abre sus puertas el 25 de julio. Para el diario ABC, su principal decoración es la naturaleza, “magistralmente ordenada al más genuino estilo francés y versallés”. Más de 5.000 personas asisten a la fiesta de apertura, en la que cantan, más o menos, Bertín Osborne y José Manuel Soto. Un avión privado ha venido desde Madrid con más de 200 ricos y famosos: la princesa Beatriz de Orleans, Cayetano Martínez de Irujo, Paloma Segrelles, Mila Santana, Lolita Flores, Lita Trujillo, Norma Duval, Alfonso de Hohenlohe... Los jóvenes proletarios del lugar, que veníamos de bailar de lado (bailar de lado no es bailar) en un zulo con bombillas de colores llamado el Club 2000, alucinábamos cada vez que entrábamos en ese palacio que parecía sacado de El Gran Gatsby. Recuerdo alguna vuelta a casa, después de que hubiéramos fracasado otra vez en el arte de la seducción, cantando con la lengua pastosa Tristeza de amor, la serie interpretada por Alfredo Landa, que ahora ejercía de digno perdedor en lugar de perseguidor de suecas.  

Hasta donde me llega la memoria, en la segunda mitad de la década de los 80 y en los primeros 90 El Puerto vivió su década prodigiosa, su epifanía turística. En el verano de 1987 abrió sus puertas otro templo canalla de la movida coquinera: el Convento. Pero para eso todavía falta un año.  

(Diario de Cádiz, 28-08-2016)



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