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CIEN AÑOS DE SOLEDAD TRIPARTITA

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     Muchos años después, frente al pelotón de la cola del paro, algunos miembros de la familia Del Álamo Aceituno-Hernández habían de recordar aquella sobremesa remota en la que quedaron para comer juntos en la feria. Fue, según cuentan las hemerotecas, un 28 de abril de 2016. Hay incluso imágenes grabadas por 11500elpuerto.es, aquella empresa de comunicación que a raíz de la invasión amarilla fue absorbida por 不可思議elpuertodepekin.es. En ellas se puede ver al entonces alcalde clausurar, en una ambiente festivo, el pleno de esa mañana. “Somos más de veintitantos y nos vamos a la feria”, dijo antes de recordar a toda la corporación que la cita era a las dos de la tarde en la caseta municipal.

     La rama de los Del Álamo fue la primera en llegar al Real. En cuanto se bajaron  del autobús de campaña (2016 fue un año en el que la gente votaba y se rebotaba casi todas las semanas), empezaron a repartir bocadillos. La Tere, nada más enterarse, salió fuera de sí y de su tartana y les acusó airadamente de competencia desleal. “Tiene narices que hayáis pactado con los del Ibex 35, aunque no os haya servido para nada, y que ahora que estáis otra vez pidiendo el voto os hagáis los rojazos renegando del libre mercado y boicoteando mi derecho a vender bocadillos como me de la gana”. Eso les dijo. Como todavía quedaba más de media hora para el almuerzo, para hacer tiempo, Angelito, el cuñado guaperas, se dio un homenaje a sí mismo de esos que tanto le gustaban. Selfies bailando sevillanas corraleras con su sombra, selfies sacando la cabeza por arriba del toldo del gusano loco, selfies en los espejos de la risa (que lejos de desfigurarlo como al resto de los mortales lo hacían todavía más bello)…

     Llegaron luego los Aceitunos, que venían en romería desde la Zona Norte, donde habían celebrado una asamblea ciudadana alternativa para pedir el cambio de nombre de la manzanilla Maruja. A juicio de esa parte de la familia la denominación de origen daba una imagen doblemente estereotipada de la mujer. Por un lado el sustantivo manzanilla, que recordaba, encima con un diminutivo intolerable, la fruta que sirvió de coartada para prefabricar el mito machista de Eva y su juicio sumarísimo por el pecado original. Y por otro, el nombre propio Maruja, que el diccionario de la RAE define de manera claramente despectiva como ama de casa sin dedicación profesional a otras actividades. “Desde la Zona Norte, yo vengo andando, y los pasos que doy los voy contando, mientras levanto El Puerto de arriba abajo”, cantaban juntos cuando pasaron con el puño en alto por la portada. Fue entonces cuando un viejo filósofo del vino les dijo haciendo eses: “A ver si lo estáis levantando por donde no es”.

     Los últimos en aparecer por la caseta municipal (hoy, bazar chino “Lebu-Hito”), con casi una hora de retraso, fueron los Hernández. Le echaron la culpa de la demora a los niños, que es a quienes, más allá de ideologías, se les echa siempre la culpa de todo. Por lo visto, al pasar por delante del puesto del algodón empezaron a patalear pidiendo que les compraran uno. Pero una marxista de la corriente Groucho les explicó que el algodón es la metáfora de una sociedad blanda y empalagosa, que el dulce es un sabor que debe probar lo menos posible un militante de izquierdas y que el rosa ha hecho muchísimo daño en la publicidad sexista, además de ser el color de los capotes taurinos. Uno de los chiquillos preguntó si podían pedir una lechuga verde esperanza cultivada en una cooperativa ecológica, condimentada con mucha sal y mucho vinagre para tomar conciencia a través del gusto de la aspereza de la vida, lo que fue celebrado entre los mayores al grito de ¡sí se puede, sí se puede!.

   Al principio, cuando los gañotes no estaban aún los suficientemente lubricados por el caldo de la uva, la temperatura emocional del almuerzo fue la mar de agradable. Que si volvían a gobernar juntos la feria iba a ser gratis para todo el mundo. Que si se iba a prohibir la pesca de patitos hasta que todos fueran declarados iguales y valieran los mismos puntos. Que los megáfonos de las tómbolas podrían ser municipalizados para convocar un círculo urgente en el propio recinto ferial. Que con ellos en el gobierno siempre iba a haber luz al final del túnel del tren de los escobazos… Pero de pronto, una señora de la rama de los Aceituno, que se había tomado ya unas cuantas a la salud de la revolución, recriminó a los Hernández su impuntualidad, y todo se torció. “El agua de pozos dulces está contaminada por la traición imperdonable de algunos en la causa de los aparcamientos”, espetó uno antes de elevar el brazo cogiendo postura para hincarse un pimiento frito. “De todo hay en Las Viñas del señor concejal de Medio Ambiente”, insinuó otra, imitando con muy mala leche a un perro abandonado. “Hay que ser muy macaco para dejar que los del Monkey se escaparan a Sevilla”, gritó un modernillo antes de hacer mutis por el foro del retrete. “En el video que se mandó a Fitur El Puerto parecía Comala, el pueblo fantasma de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo” sentenció un cargo de confianza muy leído mirando al tendido. 

     El caso es que aquel almuerzo acabó como el rosario de la Aurora y el de la Prioral juntos. Como terminan todas las comidas familiares, las de sangre y las políticas. Fue hace 40 años y fue la última que juntó a toda la familia Del Álamo Aceituno-Hernández. Algún anciano del lugar también recuerda, aunque de eso no hay constancia en las hemerotecas, que en aquella feria también vio a los Candor-Ovejero Coronita recoger firmas en la pizzería Blanca Paloma para hacer a la Virgen del Rocío concejala perpetua de Fiestas. 

      Lo dejó escrito García Máiquez (Enrique), hace años, en una de las quince columnas diarias que a día de hoy, 1 de mayo de 2046, sigue publicando en el Diario de Shan-cai: “Las estirpes condenadas a cien años de soledad, aunque sea en un tripartito, no volverán a tener una segunda oportunidad sobre la tierra que un día fue de Menesteo y hoy es de la dinastía Shangdi Cruzcampo”.

     (Diario de Cádiz, 1 de mayo de 2016)

30/04/2016 20:53 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LEER Y ESCRIBIR

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     Dice San Juan en su Evangelio que al principio fue el verbo. Antes del verbo estaban el cielo y los mares, la luz sin recibos, el maldito polvo de los ácaros, el huevo o la gallina, los domingos con todo cerrado, los pictogramas de Panamá... Pero como nadie sabía cómo nombrar todas esas cosas, no existían. El lenguaje es el primer inventario en condiciones que se hizo en el universo.

     Claro que, al principio, que San Juan me perdone, más que el verbo fue el sustantivo, ¿no? Puede que el hombre fuera de ciencias y se liara un poco con la metáfora. No es lo mismo la oración cristiana que la oración gramatical. Y, además, dependería también del lugar. En Galilea, por ejemplo, fue primero el gentilicio y luego el adjetivo: “¡Romanos, cabrones!”. Y en la selva, primero fue el pronombre y luego el nombre propio: “Yo, Tarzán; tú, Jane”.  

     Bueno, da igual. El caso es que al verbo bíblico le siguió después el verbo laico que se hizo carne en los delirios caballerescos de un viejo hidalgo y su compañero de fatigas. Vinieron luego otros verbos maravillosos que nos contaron la infidelidad atormentada de Madame Bovary; el despertar aterrador de aquel gris comerciante de telas que un día amaneció convertido en insecto; la incesante búsqueda del tiempo perdido de Proust; el triunfo del amor para toda la vida en aquellos oscuros tiempos del cólera...

     Leemos y escribimos porque seguimos siendo niños con la merienda en una mano y el lápiz en la otra que buscan una historia que poner debajo de la palabra Redacción del cuaderno de Lengua. Sí, nos hacemos mayores, pero en el fondo somos todavía aquellos mocosos que esperan con ansiedad otro cuento porque necesitamos la ficción para encontrarle sentido a la realidad. Vivir es ir contándonos historias. Ser persona es tener una historia que contar.

     Leemos y escribimos para inventar un mundo y recrearlo. Como terapia para sobrevivir a esta tragicomedia humana en dos actos que un día tuvimos que salir atropelladamente a interpretar. Mientras fabulamos, dice Rosa Montero, la muerte no existe y somos intocables y eternos.

     Leer y escribir es compartir con otros el miedo a quedarnos solos con nuestra felicidad y con nuestro dolor. Una manera hermosa, modesta y digna de estar juntos en el mundo.

     (Diario de Cádiz, 22 de abril de 2016)               

22/04/2016 07:39 pepemendoza #. sin tema Hay 1 comentario.

EL TEJA

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     La mañana de noviembre de 1975 en la que un señor con orejas de soplillo salió en la tele con el puchero puesto diciendo que el Excelentísimo la acababa de espichar, el Teja ya estaba allí. Allí es en la calle Recta, más concretamente detrás del mostrador del sindicato, que entonces se llama Promoción Profesional Obrera, el PPO para los amigos. Luego lo rebautizaron como SEAF-PPO, que parecía un modelo de coche en vez de un sindicato en condiciones.

     A finales de 1978, los ecos de sociedad del BOE informan que el Ministerio de Trabajo ha visto bendecido su hogar con el nacimiento de un hijo, el INEM, aunque para los vecinos del lugar es niña y su nombre es la Iné. El Teja y el mostrador son ya una pareja consolidada, una unidad de destino en lo laboral. Del melancólico destino que asola a los hombres que pasan los lunes al sol de la Ribera y que llegan al mostrador hablando como si fueran niños: una preguntita, un trabajito, una paguita.

     En la primavera de 1994, la Iné  se  traslada a la Avenida del Descubrimiento. El Teja y el mostrador van abrazadísimos los dos en el camión de la mudanza. En mayo de 2003 se traspasan las políticas activas de empleo a la Junta. La Iné, como la niña de Julio Iglesias, se ha hecho mujer, y se acaba de independizar del SAE. El SAE es una oficina modernísima, con más pantallas que un aeropuerto, y que va a acabar con el paro por los siglos de los siglos. En el mostrador del Teja, sin embargo, se sigue llamando, como toda la vida de Dios y de San Pancracio, al sindicato sindicato, al suicidio suicidio y al cartón del paro cartón del paro.

     Ha llovido mucho desde aquella mañana de julio de 1975 en la que el Teja se colocó detrás de un mostrador para toda la vida. Detrás del mostrador se casó, tuvo dos hijos y unas cuantas motos, fue perdiendo pelo y ganando trienios y hasta salió en la televisión. Quien no ha visto al Teja una mañana en la oficina del paro no sabe lo que es una mañana en el paro.

     Un rumor no confirmado asegura que se ha jubilado. Que una tarde de marzo le dio la vuelta al mostrador, le acarició el lomo y se despidió emocionado del que fue carne de su carne, de cintura para abajo, durante más de 40 años. Un mostrador que es el mismo mostrador pero que ya no es el mismo.

     (Diario de Cádiz, 8 de abril de 2015) 

08/04/2016 07:36 pepemendoza #. sin tema Hay 1 comentario.

EL CASO

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     TVE acaba de estrenar El Caso, una serie basada en el semanario de sucesos que fue el periódico más vendido durante buena parte de la segunda mitad del siglo pasado. Testigo de un país desarmado ideológicamente pero acostumbrado desde siempre a resolver sus conflictos a garrotazo limpio, de El Caso se decía que había que sacudirlo para que escurriera la sangre antes de leerlo. En sus páginas habitaba la España más  profunda, nuestra intrahistoria más genuina. Esa que, como escribió Ángel González, es como la morcilla de los pueblos: se hace con sangre y se repite.

     Mi abuelo Paco lo compraba todas las semanas. Yo algunas veces lo ojeaba muerto de miedo, a sabiendas de que algunas de esas caras siniestras me perseguirían durante un tiempo por las esquinas más oscuras de los sueños. Era, decían, el periódico de las clases bajas. Le llamaban, despectivamente, el “diario de las porteras”. Mi abuelo era el arquetipo de lector, pues era cortito de talla y también se ganaba la vida abriendo puertas, aunque él tenía más mérito porque las abría a oscuras. Mi abuelo era sereno y tuvo 16 hijos. Cerrando la puerta de su dormitorio con mi abuela dentro y el sol fuera  tenía igualmente una pericia fuera de lo común.  

     En el mes de enero de 1971, dos portadas de El Caso hicieron que yo me sintiera orgulloso de ser portuense. Fue la primera vez que vi el nombre de mi pueblo en un periódico de tirada nacional. A mí me hubiera gustado más verlo en el As Color, por las fotos y porque los disparos de sus páginas eran con balones, pero lo importante era que toda España se enterara de que existíamos. La primera portada hablaba de que el “Quinqui Lute” se había escapado del penal. Como Estrellita Castro, El Lute también prefería estar muerto antes que verse pa toa la via allí metido. La segunda recogía la detención del hijo de un arropiero que a veces pasaba por mi calle vendiendo esa chuchería larga y retorcía que sabía a fresa y a tarde de cine de domingo. El tipo engañaba mucho: aunque su ídolo era Cantinflas mataba más que el Séptimo de Caballería.

     Aquellas dos portadas de El Caso en enero de 1971 pusieron a El Puerto, por fin, en el mapa de España. Ya solo había que cambiar la sangre por Sangre y Trabajadero.

     (Diario de Cádiz, 25 de marzo de 2016)

25/03/2016 08:17 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DON MANUEL DEL NORTE DEL MAGREB

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     Buenas tardes, Don Manuel Morillo, aunque el nombre políticamente correcto en este tiempo cursi de ahora sería Don Manuel del Norte del Magreb. Si mis fuentes están, como casi siempre, bien informadas, según el calendario lunar mañana cumple usted cincuenta y tantos, ni uno menos. Cuatro años y pico, ni uno más, en el almanaque que marca en rojo aquella resurrección inexplicable, la que cuelga en la vieja alcayata que hay en la cocina de su corazón. Le felicito muy sinceramente y le pido que me ponga también a los pies de su señora, esa Santa. Está usted hecho un chaval. Doy fe de que se sigue fajando con entusiasta bravura en la zona en la que se pelea por los balones importantes de la vida, como cuando jugaba de pívot, antesdeayer, en el Club Baloncesto Portuense.

     Me ha dicho Doña Cecilia, la Jefa de Todo Esto, que cuente una morillada simpática que ilustre a los oyentes sobre algún aspecto de su transversal y bohemia personalidad. Ahí vamos. Recuerdo un viaje que hicimos juntos a Tánger, usted y yo, como pareja de desecho. Recuerdo que los dos nos fuimos a llorar a las puertas del Teatro Cervantes, aquel templo civil de variedades que en los años 50 del siglo pasado vio actuar, entre otros muchos artistas, a Estrellita Castro, Carmen Sevilla, Imperio Argentina, Antonio Machín o Lola Flores. Recuerdo que yo iba por delante, y que el señor que vigilaba aquella ruina todavía hermosa me dio el alto y me dijo que no podía pasar. Recuerdo también que caminaba usted unos metros rezagado, cámara en ristre, con ese porte tan suyo a medio camino entre López Vázquez y Francisco Umbral, y que, cuando el sagaz centinela reparó en su presencia, se le acercó amabilísimo para preguntarle si su inesperada visita tenía como objetivo negociar la compra del teatro.

     Ese trato diferenciador que nos dieron a usted y a mí es la metáfora que ilustra la enorme distancia que hay entre un funcionario gris, o sea yo, y un ex banquero jubilado y con posibles, o sea usted. Lo suyo es puro teatro, pocos pelos en la lengua y muchas horas al amparo de aquel sol de la infancia que tan bien calentaba en aquellos días azules en el Barrio Alto. Y es aquella escena de neorrealismo coquinero, en la que, en el cine de verano de su memoria, usted, barbilampiño y asustado, parte en un autobús en dirección a Valencia, más concretamente a la Universidad de Cheste, mientras contempla a través del cristal a Pepe Morillo, su padre de usted, que no puede despedirse de su hijo porque el autobús adelantó sin avisar la hora de salida. Tal vez aquella no-despedida es también la metáfora de una relación entre ambos que cada día es más estrecha.

    Dijo Picasso, el de la Sara de la Citroen no, el de las Señoritas de Aviñón, que cuando uno es joven lo es para toda la vida. Haga el favor de ser feliz, Don Manuel, que es un requisito imprescindible para que los que lo queremos disfrutemos tan bien como usted lo hace de los placeres y los días. Y cuando pueda, no se demore mucho, convíe.

     Pepe Mendoza, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo. 

     (Columna leída en el programa "Pensión Triana", de Radio Puerto, el 17-03-2016)

18/03/2016 09:24 pepemendoza #. sin tema Hay 1 comentario.

TRABAJADORAS

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     Escribo esta columna el martes 8 de marzo, día de la mujer trabajadora. Qué digo columna: esta plegaria civil, este ejercicio de acción de gracias. Este acto de fe en algunas de las muchas mujeres que me han marcado a sangre y afectos a lo largo de mi vida, que me ayudaron y me ayudan a ser y a estar.

     La mujer que me dio a luz en una habitación sin vistas de la Plaza de la Cárcel y me educó en la trabajosa disciplina de la libertad. La mujer de aquella primera miga de la calle las Cruces que me enseñó a leer y a escribir sentado en su regazo. La mujer de lutos rigurosos y olor a puchero que nos echaba un ojito cuando mi madre subía a la azotea a tender sábanas blancas y presagios negros. La mujer de mi barrio que rodeada de churumbeles, vendía, ¡niña, los caracoles!, a duro el vaso.

     La mujer que me adiestró en el arte de escribir a máquina, a la que le debo mi vida: mi vida laboral. La mujer que pese a los achaques y a las ofensas del tiempo sigue cantándole las verdades al barquero en estos tiempos oscuros. La mujer que los miércoles de los primeros 80 nos hablaba de lo torcidos que andan siempre, por los callejones del mundo, los derechos humanos. La mujer que al volver de la mili me pagó la primera mensualidad de la carrera porque en casa no podían, y que cuando le pedí explicaciones me dijo: tú puedes, tú debes.

     La mujer que aquella primavera sombría vio a su hija volar hasta el infinito y más allá y hoy entra en los hospitales regalando sonrisas a otros ángeles heridos. La mujer que me contagió la dignidad discreta de ser funcionario público y se asomó conmigo al abismo insondable que separa el estar sentado detrás o delante de la mesa en una oficina de empleo. La mujer que un día, en el suplemento dominical de El País, escribió la mentira piadosa de que yo era un columnista estupendo. La mujer que desde hace treinta años me ayuda cada mañana a buscar, con la elegancia con la que lo busca Batiatto, mi centro de gravedad permanente.

     Decía Camus que el sol que reinó en su infancia lo privó de todo resentimiento. A mí me pasa lo mismo con esta hermandad indestructible de mujeres de todas clases. Humildes astros que iluminan mi vida y que hacen que un tipo tan común como yo se levante cada mañana sintiéndose único. 

(Diario de Cádiz, 11 de marzo de 2016)

NOTA: La foto es de Rafa (Colección Encarni Pulido).

11/03/2016 07:40 pepemendoza #. sin tema Hay 4 comentarios.

NUESTRO AMIGO MARCO

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     El niño que vivía en un pueblo italiano, al pie de la montaña. El chiquillo que iba de Los Apeninos a Los Andes como si fuera del Distrito 21 a Fermesa. El hijo pequeño de Pietro y Anna, de los Rossi de toda la vida, acaba de cumplir 40. Su fotograma de nacimiento dice que es japonés, y que fue dado a luz el 4 de enero de 1976. Ciudadano del mundo y de las cordilleras, cruzó Los Pirineos para este lado un sábado de enero de 1977, a eso de las tres y pico, justo después de que Lalo Azcona recogiera los papeles del telediario.

     Yo entonces no lo sabía, pero los Rossi, como la mayoría de las que vivían en mi barrio, eran también una familia desestructurada. Un padre más flojo que un muelleguita, un hermano mayor que iba a lo suyo y una madre que un día se quitó de en medio. Y Marco, claro, que llevaba un zurrón en la cintura y un mono blanco en la cabeza. Nosotros también teníamos un mono en casa, pero era azul y de Osborne.

     Casi un año estuvo aquella familia dándonos las sobremesas de los sábados. 52 capítulos, 52, nos pasamos gritando como un conjuro no te vayas mamá, no te alejes de mí, todos buscando desesperados a la señora Anna, sin Paco Lobatón, sin móvil y sin Facebook. Un sinvivir. En cuanto acababa el episodio, mis amigos y yo bajábamos corriendo a la plazoleta para hacer terapia de grupo. “En el siguiente ya la encuentra, que lo ha visto mi hermana en el Teleprograma”, decía siempre el optimista de la pandilla para elevarnos la moral.

     Fue tal el estado de orfandad y de angustia que provocó en los niños la serie, que TVE comenzó a emitir los capítulos de dos en dos, para acabar cuanto antes con esa tristísima odisea y adelantar el feliz reencuentro de madre e hijo. Cada vez que la mía tardaba en volver de la plaza de abastos yo rezaba para mis adentros, Dios mío, Dios mío, sí se ha ido a la Argentina que sea al ultramarinos.

  Como entonces no había psicólogos ni pedagogos ni supernannys, nunca sabremos cómo nos afectó por dentro aquella pena tan grande. Igual tiene que ver con otras habitaciones oscuras de mi infancia, pero yo sigo poniéndome nervioso cuando me acerco a casa de mi madre y no está.

     El hijo pequeño de Pietro y Anna acaba de cumplir 40. Parece que fue ayer cuando se presentó aquel sábado en el salón de casa. Qué rápido pasan en la no ficción los capítulos del relato de la vida de uno.     

     (Diario de Cádiz, 26 de febrero de 2016)

26/02/2016 08:00 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ULTRAMARINOS LA GIRALDA

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     Todos guardamos, en esa casa de vecinos que es la memoria, una vieja alacena repleta de olores y sabores antiguos. En cuanto el olfato o el paladar cazan al vuelo un aroma de otro tiempo, el cerebro nos lo devuelve en forma de recuerdo. Detrás de ese recuerdo, al fondo de esa evocación luminosa, hay siempre un almacén. El almacén de la esquina.

     El almacén de la esquina de El Puerto es, desde hace más de un siglo, La Giralda, nuestra más antigua tienda de proximidad. De proximidad sentimental. Situémonos en 1914, cuando el mundo se desangraba con la primera Gran Guerra. Un chaval, Antonio Ruiz González, “Tonino”, que había bajado de la montaña cántabra años antes y se había doctorado como chicuco y dependiente en tiendas de este pueblo bullicioso de marineros y arrumbadores, arrienda en la esquina de Luna con San Bartolomé dos habitaciones con vistas al porvenir. Y el porvenir fue generoso con él. Casi siempre los es con los que perseveran en sus afanes.

     Muchos años y muchos sueños después, a Tonino empezaron a fallarle las fuerzas. Ya en el invierno de su vida, un día salió para siempre de detrás del mostrador, se quitó el babero beis y se lo entregó a su hijo Pepín. Pasaron solsticios y equinoccios, más días persiguiéndose, y  Pepín, a los 76, hizo lo propio con sus hijos Alfonso y Angelita. Les legó lo mismo que él recibió: la misma pasión, el mismo trabajo bien hecho. Tal vez como homenaje íntimo a ellos Alfonso sigue llevando las cuentas a mano. Como su abuelo y su padre él tampoco entiende nada que no puede apuntarse en un papel de estraza.

     Se asoma uno a La Giralda y se reencuentra con un pasado ya lejano que rememora unos tiempos más duros pero también más nuestros. Y se ve en aquella tienda de la esquina de su calle esperando impaciente su turno, con la chivata en la mano y escuchando el palique sabio y elegante del dueño. Niño, te toca. Que dice mi madre que cuartoymita de chorizo, una tarrina de Tulicrem y una Casera de naranja. Y que se lo apunte.

     Entrar en La Giralda es volver al territorio cálido y sagrado de la infancia. En una esquina rota de ese paraíso perdido hay siempre un almacén en el que huele y sabe a gloria bendita.

     (Diario de Cádiz, 12 de febrero de 2016) 

     Nota a pie de mostrador: La foto es del blog Cosas de Comé.

MÚSICA DE VIENTO

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     Como en esos estadios en los que los aficionados más exigentes no se conforman solo con la victoria de su equipo sino que quieren que además juegue bien al fútbol, empiezan a escucharse pitos en las gradas de algunos mentideros políticos de nuestra ciudad. No provienen solo del entorno de la anterior junta directiva. También de algunos significados seguidores que refrendaron en las urnas a la nueva, y que creyeron, con más o menos entusiasmo, en el nuevo proyecto.  

     Se quejan esos viejos rockeros curtidos en mil batallas populares del blindaje con el que algunos comisarios políticos protegen a sus jefes, ora posponiendo sine die peticiones de audiencia, ora vetando directamente a quienes ejercen la crítica legítima en medios de comunicación y redes sociales. Algunos de esos comisarios, con las mismas manos con las que ayer enarbolaban pancartas, ejercen hoy de palmeros. La vida (política) es como una caja de bombones, nunca sabes lo que  te va a tocar.

     Silba también la hermandad de utópicos sin hipotecas partidistas contra una estrategia de comunicación manifiestamente mejorable. ¿Tiene pensado el responsable de Medio Ambiente contarnos algún día quién manda realmente en su área y cómo recuperaremos los 90.000 euros de la barra libre de Las Viñas? ¿Aparcamientos sí, no, o todo lo contrario? ¿Cuándo acaba la presentación en sociedad y la Gira Promocional de Sí Mismo del concejal de Turismo? Por otro lado, más allá de que el equipo de gobierno se alegre mucho del éxito y de la expansión del festival, nadie nos ha explicado aún por qué los del Monkey Week se han mudado al Planeta de los Miarmas. Probablemente fueron razones estrictamente económicas, pero nos gustaría saber si cuando sonó por primera vez la voz de alarma se hizo todo lo posible para que se quedaran. No llorábamos tanto por culpa de unos monos desde el pasodoble de Los Simios al niño de Puerto Real.

     Hay sin duda logros importantes que la mayor parte de la ciudadanía aprueba y celebra. Pero sería un error mayúsculo ignorar esa música de viento de un sector de la afición que se ubica en la parte izquierda del graderío. Esos que no se conforman con vencer sino que exigen también convencer. Y si es posible, jugar bonito.

     (Diario de Cádiz, 29 de enero de 2016)

EL DINOSAURIO

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     A principio de los 70, cuando yo hice la primera comunión y El Lute mutis por el foro del Penal, el dinosaurio ya estaba allí. Cuentan los más memoriosos del lugar que entonces era un Ultrasaurus joven y arribista. Llevaba, dicen, una libretita en la que apuntaba cosas. Tomaba nota de todo tan bien y transmitía la información a las autoridades pertinentes con tal celo profesional que llegó a ser Consejero Local del Movimiento.

     Una mañana de noviembre de 1975, la radio nos despertó con la noticia de que el dinosaurio más depredador y sanguinario, el Tyrannosaurus caudillus, acababa de extinguirse él solo. El nuestro seguía ahí, aunque, renovarse o morir, ya en pleno proceso de readaptación al medio (al medio ambiente, para ser exactos). En un ejercicio de mimetismo que hubiera hecho llorar de emoción al mismísimo Darwin, adquirió para siempre esa habilidad en la que solo el camaleón y David Bowie han alcanzado la excelencia: el cambio de coloración. De un día para otro pasó del azul falange al rojo socialdemócrata. Cara al sol con la camisa nueva, en pie famélica legión.

     En 1984 me fui a la mili y cuando regresé de ese secuestro legal nuestro dinosaurio seguía estando ahí, ahora colocado en el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento. Con su contrato laboral los hermanos Marx hubieran hecho un remix magnífico de aquel diálogo surrealista de Una noche en la ópera. La parte contratante de la primera parte la había firmado él mismo como empresario y la parte contratante de la segunda parte la había firmado él mismo como trabajador. Hay que tener mucho talento para contratarse uno a sí mismo en una Administración pública para toda la vida, no me digan que no. Y para llegar a ser Jefe de Servicio sin tener ninguna titulación.

     Desde entonces es el rey del mambo del Parque Jurásico. Gobernaron comunistas, socialistas, independientes, peperos y todos miraron para San Cristóbal cada vez que el dinosaurio exhibía su ancestral poderío. Ahora son los tres tenores del tripartito los que silban  cuando le preguntan por la penúltima jugada del Ultrasaurus del Polvorista: los 90.000 euros tirados en el centro de animales de Las Viñas.

     Cuando despertemos, el dinosaurio, como el de Monterroso, seguirá estando ahí. Apuntando cosas.

     (Diario de Cádiz, 15 de enero de 2015)

15/01/2016 07:43 pepemendoza #. EL DINOSAURIO Hay 3 comentarios.

BRINDEMOS

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     Sin ser malo del todo, no pasará 2015 a mi historia personal como uno de los mejores años. Pero me tengo prohibido quejarme desde hace siglos. Perdí a una amiga del alma con la que quise mucho y con la que me sigo viendo casi a diario cuando el Más Allá y el Más Acá se funden en su frontera de penumbras. No pasé hambre, ni frío, ni sentí el desamparo del desamor, ni la salud me jugó malas pasadas más allá de algunos achaques propios de la edad. No olvidé ninguno de los 365 días pasados mi estatus injusto de privilegiado. Pertenezco por una de esas extrañas carambolas del destino a ese porcentaje ínfimo de seres humanos que tiene sus necesidades básicas cubiertas. Es mucho más de lo que merezco.

     Es bueno recordar, también, que no es el tiempo lo que pasa, sino nosotros mismos. Cuando ya tenemos empaquetados estos doce meses para subirlos al altillo de la memoria, hay que volver otra vez a Don Antonio Machado: Ni el pasado ha muerto, ni está el mañana ni el ayer escrito. Así que habrá que seguir caligrafiando a veces con trazo firme, a veces con el pulso tembloroso, este relato personal en el que se entrecruzan el drama, la comedia y la magia, y en el que somos el actor o la actriz principal.

     El relato trata de dejar una herencia digna y decente en lugar de una vida en ruinas. De buscar nuevas aventuras en las que desfacer los entuertos que nos impiden ser felices y hacer felices a los demás. Como dice Juan Talllón, adentrándose en la niebla como si tras ella esperase Ingrid Bergman para subir a un avión y huir de Casablanca.

     Brindemos, pues, por la hazaña de seguir vivos, todo un milagro tal como están las cosas. Salud.

01/01/2016 11:18 pepemendoza #. BRINDEMOS No hay comentarios. Comentar.

ALGUNOS DE LOS NUESTROS

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     El bombero que se negó a colaborar en el desahucio de una anciana y fue condenado “por alterar el orden”. La mujer de 60 años que subía y bajaba a hombros a su hijo, paralítico cerebral y con distrofia muscular, desde un tercero sin ascensor. El parado sin subsidio que oyó por la radio que el ex Director General de Trabajo de la Junta y su chófer gastaban 25.000 euros al mes en cocaína con el dinero de las ayudas para el desempleo. La profesora de literatura que pagaba todos las mañanas el desayuno a un alumno sin derecho al pan nuestro de cada día. Los pacientes de hemodiálisis que tenían que llevarse la almohada de casa.

     El ex alcalde de esta ciudad, toda la vida buscando los huesos de su padre, que se quedó sin palabras cuando escuchó decir al portavoz del Gobierno de España que las víctimas de la dictadura solo se acuerdan de sus familiares cuando hay subvenciones. La pareja que vive con sus dos hijos pequeños en una cochera de diez metros cuadrados sin agua corriente. La maestra que se comprometió a pagar de su bolsillo el material escolar para que no cerraran la escuela rural. La amiga que al  terminar la carrera se fue a Inglaterra de au pair y tiene una habitación en Facebook, pintada de azul nostalgia, con vistas a La Puntilla.

     Los preferentistas que dejaron su sudor, sus ahorros y su salud en manos de unos gánsters de reconocido prestigio. La administrativa de una empresa contratada por cuatro horas al día, a la que le pagan por seis y echa diez. La autónoma que para sacar 938 euros al mes tiene que ingresar 2.000. El licenciado en económicas que trabaja de expendedor en la gasolinera en la que habitualmente reposto y me ilustra algunas mañanas sobre las oscilaciones en el precio del barril de Brent. El estudiante dominicano de notas excelentes que quiere ser ingeniero y no puede ir a la universidad porque su madre, que limpia casas por horas, no puede pagársela. El viejo y la vieja militante de la vida, expertos en naufragios, marineros rasos en muchas mareas ciudadanas.

     Decía Ganivet que cuando los de abajo se mueven, los de arriba se caen. El domingo tenemos que seguir moviéndonos. Aún quedan muchos de los de arriba por caer. Y muchos de los nuestros por levantar.

     (Diario de Cádiz, 18 de diciembre de 2015)

UNA COLUMNA INDECENTE

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     Dice una vieja máxima del periodismo amarillo: no dejes que la realidad te estropee una buena noticia. A mí la realidad local me acaba de desbaratar una columna normalita. La escribí anoche y la iba a enviar ahora mismo al Diario, para que ustedes mañana se la salten como siempre. Pero un espía que surgió del wasap me informa que el problema social que iba a denunciar ya se ha solucionado. O sea, que lo que tengo en el escritorio es un artículo perecedero, una opinión caducada, como los yogures Hacendado de galleta que se acumulan de una compra para otra en casi todos los frigoríficos. Me cago en la realidad. 

     Puede que como decía Kapuscinski uno sea un cínico que no sirve para este oficio, pero qué más les daba a las partes haber dejado la solución para después del puente. No hay derecho a que te derriben una columna de esta manera, con el trabajazo que tiene ponerlas en pie. Con lo que cuesta humedecer las palabras antes de empezar a construirla, fijar los argumentos a la base, alinear los párrafos, repellar las redundancias, cepillar el título… 

     Pónganse en mi lugar, hagan ustedes el favor. Es jueves y son las seis de la tarde. Hace una hora que este artículo tenía que estar en el correo del periódico. He pedido una prórroga, pero me han dicho que ya vamos por la tercera tanda de penalties. Diez minutos, suplico con la pantalla del ordenador más blanca que el lavabo. Reloj no marques las horas porque voy a enloquecer, tarareo con un nudo en la garganta. Me cago en la realidad otra vez. 

     Los fantasmas que me asedian cada vez que escribo (yo no he visto a una musa en mi vida) se han venido arriba. "Qué capacidad de improvisación, Julio Camba", me suelta uno. "Total, si los que te leen caben en un taxi, Paco Umbral", me anima otro con la sábana desencajada de la risa. 

     Yo tenía la columna escrita, cagoendiez. Y no estaba mal, lo juro. Era normalita, pero tenía su cosa. A eso se dedica la puñetera realidad ahora, a estropearle los artículos a una joven promesa del periodismo que un día ganará el Pulitzer. Y a darle munición a mis fantasmas. 

     Me llaman. No lo cojo. Mando esto mismo. Guardar como. Insertar archivos como datos adjuntos. Enviar. A tomar por culo.

     (Diario de Cádiz, 4 de diciembre de 2015)

04/12/2015 07:51 pepemendoza #. UNA COLUMNA INDECENTE No hay comentarios. Comentar.

EL ABUELO HIPERACTIVO

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   Aquel abuelo de todos era de fidelidades y costumbres fijas. Su familia, sus oraciones, su cacería, su pesca… A sus nietos nos visitaba todos los domingos en el cine, sin faltar ni uno, antes de que empezara la sesión infantil. En cuanto se apagaba la luz sonaba una fanfarria ardorosa y él aparecía siempre muy tieso para contarnos sus batallitas y advertirnos de los peligros del mundo. La de cosas que le había dado tiempo hacer de un domingo para otro. Aunque ya tenía una edad, no paraba quieto. Eso era un abuelo en condiciones y no el de Heidi, que era más flojo que un muelle de guita.

   Era un tipo excelente. Qué digo excelente: Excelentísimo. Con mayúsculas, que era todavía más. El Excelentísimo acude a misa con su señora, narraba en el NODO Matías Prats, aquella voz legendaria por la que veíamos los partidos en la radio. Y todos los curas lo esperaban fuera de la iglesia con un toldo con palos, debajo del cual se metían aunque no lloviera. El Excelentísimo visita una obra y se protege la cabeza con un casco como el del Capitán Tan. El Excelentísimo inaugura otro pantano. El Excelentísimo preside un desfile militar. El Excelentísimo contempla cómo unas muchachas tiran unos aros para arriba, se dan una vuelta y los cogen sin que se caigan al suelo.

     El Excelentísimo en el fútbol, regalando una copa que era suya, casi siempre al Athletic de Bilbao. El Excelentísimo recibiendo en su casa a un montón de gente importante con la mesa hasta arriba de papeles. Cuando las visitas eras muchas y no cabían en su despacho, se asomaba al balcón y desde abajo todos coreaban muchas veces su apellido. Él decía españoles, movía la mano derecha y se iba corriendo a otra alta responsabilidad. Qué estrés, por Dios y por España.

     Hoy hace 40 años que se fue. Un señor mayor vestido de negro con orejas de soplillo y el puchero puesto salió por la tele diciendo que el abuelo acababa de llegar al Cielo. Yo también me puse triste, pero como no había colegio no llegué a llorar, la verdad.

     Conforme fui creciendo me fui enterando de que aquel abuelo bajito y de voz aflautada hizo muchas más cosas además de las que nos contaban los domingos por la tarde. Pero de esas batallitas nadie me dijo nunca nada.

     (Diario de Cádiz, 20 de noviembre de 2015)

LA CABINA

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     En 2016 quedará sin efecto la ley que obliga a instalar un teléfono público por cada 3.000 habitantes. Una medida lógica en un país con más de 50 millones de móviles. Así que las cabinas telefónicas pasarán a formar parte del museo cada vez más poblado de nuestra memoria sentimental. Cuántas cosas hay ya que ya no existen. Empezar a enumerarlas y no parar, eso debe ser hacerse mayor.

     Yo empecé a frecuentarlas en la adolescencia.  Bastaron un par de facturas para que mi padre descubriera que yo estaba queriendo. En una sobremesa inolvidable, tras tatuar en el mantel con un golpe seco la libreta de ahorros, soltó, mirándome fijamente, una de las frases míticas de la época: “Un día voy a arrancar el teléfono”. 

     Confieso que a partir de entonces, muchas noches, por amor, tuve que tirarme a la calle con unas cuantas monedas en el bolsillo y media docena de frases cursis en la boca. La cabina que estaba justo al lado del Bar Pepito, probablemente la que mejor olía de El Puerto, se convirtió en mi segunda residencia. La de historias de amor para toda la vida de unas cuantas semanas que vivió uno entre esos cuatro cristales. A veces, muy pocas veces, sucedía un milagro. Con la baba ya a la altura de las rodillas, reparabas en que el dinero no caía, que llevabas una eternidad diciendo y yo más con los mismos dos duros que habías puesto al entrar. Qué sensación esa, la de saber que podías pasar allí la noche gratis total recitando a Neruda o a Los Pecos, dependiendo si la novia del momento era más de los 20 poemas de amor o del Superpop. Sin embargo, siempre había algún envidioso que rompía aquellos suspiros encadenados con frases como “dile adiós ya, capullo, que como yo entre a sacarte va a llorar hasta el teléfono, como en la canción de Domenico Modugno”. Eso si que eran emociones fuertes y no la mariconada esa de los emoticones.

     Muchos años después, por una extraña pirueta del destino, pasé por allí el día en que unos operarios la desmontaban. Mientras la subían a un camión, me vi dentro de ella, tan joven como entonces, sin poder salir, como José Luis López Vázquez en La cabina, aquella película de Antonio Mercero. Me dejaron en este lugar de ahora tan raro que aún no sé muy bien qué es.

     (Diario de Cádiz, 6 de noviembre de 2015)

06/11/2015 06:36 pepemendoza #. LA CABINA No hay comentarios. Comentar.


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