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EL PUERTO ESCONDÍO... EN LOS MEJORES CUADROS DE LA PINTURA UNIVERSAL

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Un revolucionario estudio, publicado por la prestigiosa revista de Historia del Arte “Galerías Preciadas”, revela que El Puerto de Santa María aparece en algunos de los cuadros más famosos de la pintura universal. Tras casi una década de investigación, un equipo de expertos asegura que artistas de todos los tiempos se inspiraron en rincones de nuestra ciudad para inmortalizar algunos de sus excepcionales trabajos.

Los hermanos José María y Manolo Murillo, descendientes del genial pintor sevillano del barroco y administradores de la página web “Gente del Cuelga Fácil”, nos presentan en rigurosa exclusiva algunos de las obras maestras en las que es fácil reconocer paisajes y paisanajes de nuestra ciudad.

Con los cuadros se acompaña también una reinterpretación porteña y, sobre todo, crítica de los mismos, que obligará a revisar los libros de arte desde el Renacimiento hasta nuestros días.

Unos versos apócrifos encontrados en los terrenos de la que fue la primera “Droguería Roque”, demuestran que algún porteño ilustrado ya se mosqueó en su día al percatarse de que los artistas no referenciaban sus fuentes geográficas.

Pintor que pintas mi tierra,

no le pierdas el respeto.

Nombra, artista, mi ciudad.

¡Aunque sea en el libreto!

 

Para ver los cuadros y su reintepretación en clave portuense y coquinera, pinchar aquí:

http://www.gentedelpuerto.com/2019/08/17/4-070-el-puerto-escondio-en-los-mejores-cuadros-de-la-historia-del-arte-por-pepe-mendoza/

Que ustedes los disfruten.

17/08/2019 11:22 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CHANQUETE PUDO SER VECINO DE EL PUERTO

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Chanquete ha vuelto. Lo juro. Reapareció el pasado jueves, a las dos menos cuarto, en la 2 de Televisión Española. Si no me equivoco, es la décima resurrección del viejo marinero que tenía un barco varado entre judías verdes y tomates. A su lado, Lázaro, que sólo se levantó y anduvo una vez, es un pobre aprendiz de vividor. Lo que pasa es que el Evangelio siempre tuvo más lectores que el Teleprograma. Según nos cuenta Francis Gallardo en el Diario, para dotar la escena de la muerte de más realismo Mercero le dijo a Tito que Ferrandis había fallecido de verdad. Y el chaval, durante un rato, con el puchero puesto, se lo creyó. Hoy, el bueno de Mercero hubiera sido denunciado por maltrato a la infancia.

Pero vamos a lo que vamos: el enésimo óbito del marinero tendrá lugar el próximo 26 de agosto. La primera vez que salió del barco con los pies por delante, el 7 de febrero de 1982, algunas revistas y diarios lo adelantaron por la mañana en sus portadas: “Hoy muere Chanquete”. Eso sí que eran espoilers de verdad. Casi cuarenta años llevamos acompañando en el sentimiento a dos pandillas de amigos afectados por su muerte en distinta medida: a los amigos de Chanquete y a los de Gines. Los primeros, más cercanos, lloran a moco tendido ignorando que el viejo tiene más vidas que un gato. Los segundos, contratados en el sepelio para cantar las “Sevillanas del Adiós””. De haber sabido que iba a vivir de aquí a la eternidad, igual las hubieran subtitulado las “Sevillanas del Hasta Luego”. Y nosotros nos hubiéramos ahorrado mucho sufrimiento, la verdad.

No se si saben que Verano Azul pudo rodarse en nuestra provincia. Antonio Mercero, ese mago que nos enseñó que la ternura es una forma de rebeldía, prefería la arena más clara de esta zona al color grisáceo de la de las playas malagueñas. Sin embargo, los efectos nocivos que el levante podía ejercer sobre el sonido determinaron que la serie recalara en Nerja. Personalmente, de Mercero también aprendí que si tenías que llamar a tu novia desde una cabina lo mejor era poner un pie para atrancar la puerta. Por si las moscas.

Maldito levante. Lo que nos hubiera cambiado la vida como pueblo si la serie se hubiera rodado aquí. Yo es que lo estoy viendo. La pandilla en bici silbando por el Camino de los Enamorados. El chiringuito del Priñaca en lugar del de Ayo. La Dorada anclada en La Puntilla. Los niños cantando el “No nos moverán” para impedir que nos robaran La Colorá. El Parque Calderón en vez del Balcón de Europa. La excursión a la Sierra de San Cristóbal en lugar de a la Cueva del Gato Verde. Pancho, jinete enmascarado, a la grupa de un caballo de Terry por Valdelagrana, mientras suenan de fondo Los del Carmen cantando “Ay, caballo Descarao”. Julia, la pintora, llegando a la estación de trenes de El Puerto (la bonita, la de toda la vida) con el lienzo de su vida hecho pedazos. Chanquete comprando a primera hora churros en el puesto de Charo para desayunar con sus amigos en el Bar Vicente Los Pepes. Los padres de los niños escandalizados con el despelote de las francesas del Cangrejo Rojo. Pancho y Javi compitiendo a ver quién cruza el canal más rápido y llegando sin resuello a la otra banda para impresionar a Bea. Una excursión al Palacio de Purullena en la que Tito y Piraña ven al fantasma de Juana Ortuño vagando por la casa. Pancho saliendo por El Castillito gritando que Chanquete ha muerto otra vez. El final del verano llegó y tu partirás, las familias de vuelta a Madrid en sus coches, surcando la Nacional IV. Y el toro de Osborne al fondo, mientras suena, antes de que salgan los créditos, el pasodoble del Vaporcito.

Hubiera estado bien, no me digan que no. Para El Puerto y para los que formamos parte de esa entrañable pandilla con la que descubrimos los ritos sagrados de la adolescencia, en ese tiempo en que casi todos éramos jóvenes y el futuro venía cargado de promesas. En ese tiempo en el que los veranos eran infinitos. Habría que explicarles a las nuevas generaciones, eso sí, que los niños no jugábamos a la Play sino a las chapas, al trompo y al clavo, interconectados todos en la plazoleta de la barriada. Que la plataforma Instagram era entonces una tabla del mueble bar en la que reposaban las fotos familiares que firmaba Pantoja. Que no cenábamos en el McDonald sino en la calle, a la fresquita, o, muy de tarde en tarde, en El Apolo o en Er Beti. Y que Chanquete, aunque era mayor y vivía solo, ni tenía móvil ni falta que le hacía. También habría que contarles que unos meses antes del estreno de la serie, un tipo patibulario, con bigote y tricornio, quiso que los veranos volvieran a ser en blanco y negro. Que en 1981 y 1982 la Real Sociedad ganó dos ligas consecutivas, cuando la liga no la jugaban sólo el Madrid y el Barcelona. Y que el Consejo de Ministros indultó a El Lute, el hombre que, junto al Arropiero y a los hermanos Malasombra, nos tuvo acojonados media infancia.

Fueron, probablemente, tiempos más duros, pero también más nuestros. Chanquete ha vuelto. Y el levante. Y aquellos veranos azules y aquel sol de la adolescencia. La vida está llena de resurrecciones inexplicables.

 

02/08/2019 05:46 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HE HAS A DREAM

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Ha nacido una estrella. Un poeta del compromiso infatigable. Un jornalero del verso. Un mártir de las horas extras que se deja la piel por El Puerto. Qué digo la piel: el alma, el corazón, la vida y la cama sin deshacer. David Calleja, concejal del PP y actual delegado de Fiestas y Patrimonio Histórico, acaba de inaugurar una nueva corriente poética: la poesía de la experiencia sudorosa. Una nueva sentimentalidad basada en echar peonás de sol a sol en la Plaza Peral, sin tiempo siquiera para ponerse un poco de desodorante entre reunión y reunión.

Dice que al igual que el año pasado ni tendrá vacaciones ni las necesita. Querer disfrutar de vacaciones es de burgueses, de vagos y maleantes que buscan cualquier excusa para no doblarla. Su jornada laboral "se extiende desde que amanece hasta la madrugada del día siguiente". Desde las claras del día hasta el mismo filo de la madrugá (con la música de Los Simios queda todavía más potente). "Y no miro ni el reloj, ni las ocho horas diarias legales porque realmente no me importa". Le da igual que el reloj no marqué las horas, porque él no se puede permitir el lujo de enloquecer (enloquecer también lleva su tiempo). Eso le pasará a Los Panchos, que son, solo hay que verlos y oírlos cantar, más flojos que un muelle de guita.

Presume de que no ha pisado la playa y que tiene casi abandonada a su familia y amigos. Si algún día se le rompe el amor, será de no usarlo, no como a otras. "Que el amor ya no existe en mi vocabulario porque ahora mi ciudad me necesita y se me pasan los días y hay momentos donde las cosas salen bien y entras en una felicidad desbordante y otros donde los problemas se esconden a la vuelta de la esquina...". Ni para poner un par de comas bien puestas y que no lleguemos al final de la frase como si hubiéramos subido corriendo la calle Ganado un día de levante, tiene el hombre tiempo. Qué tío. Este haiku coquinero también es sublime: "... porque yo soy como soy y solo lo que soy, gracias a como nací me crié y me desarrollé".

Tras su agradecido tributo a Los Simios, a Los Panchos, a Rocío Jurado, a la literatura japonesa y a Kunta Kinte, acaba su memorable Tribuna Libre en El Puerto Información a lo grande, recordando emocionado a Frank Sinatra y a German Beardo: "Así que alcen las banderas que quieran, que yo me sé defender a mi manera, con mi trabajo, mi creatividad, mi profesionalidad, mi equipo y el mejor jefe que se pueda tener". Impresionante. Cumbre. Sin parangón, signifique lo que signifique parangón. Partiendo de una modestísima concejalía, Calleja ha alcanzado las más altas cimas del compromiso laboral y de la literatura universal. Este hombre está pidiendo a gritos una placa, una peña, una pregón, una calle, un valium, una mención en Insomnia,  un contrato en un chino, una medalla de oro de 24 quilates al mérito en el trabajo a destajo...

Anoche cuando dormía, soñé, ¡bendita ilusión!, que David cabeceaba en medio de una reunión.

29/07/2019 16:39 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL CASTILLO

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Parece que han pasado siglos, pero cada verano volvemos a reconstruir aquel castillo de arena que levantamos una mañana luminosa de domingo. Bajo sus cimientos guardamos el tesoro fantástico que escondimos para siempre a la edad en la que se fijan los primeros recuerdos. Por mucho que nos hayamos alejado de él, por mucho vuelo de bajo coste que concertemos buscando paraísos remotos con todo incluido, siempre terminamos allí, en la misma orilla en la que la felicidad cabía en un cubo lleno de camarones, el miedo a la libertad duraba lo que tardábamos en encontrar nuestra sombrilla y la fraternidad se forjaba alrededor  de una pelota Nivea.

Abre uno la puerta del viejo castillo, que  todavía sigue en pie pese a las olas gigantes de Santiago, se adentra por sus túneles y pasadizos, y llega, sin más GPS que la memoria agradecida, al mismo patio en el que los vecinos se sentaban a la fresquita a hablar de sus cosas en las noches limpias de agosto. Allí está  también, arrumbada en un rincón del recuerdo, la vieja manta que después del almuerzo tendíamos en la casapuerta, mientras los mayores se dejaban cae y sólo las chicharras tenían derecho a hablar en voz alta.

Oigo, lejana, la voz metálica del afilador, ese aguafiestas que traía el levante en una moto y que suspendía, a golpe de cuchillo, los planes de playa del día siguiente. Suena, también, como un rumor antiguo, el pregón dulce del arropiero, arropías de Turquía, las llevo largas y retorcías  En la radio, ese altar civil, habla Don Puyazo y sabe de qué habla.

Si cerramos los ojos podemos vernos embadurnados de crema, con un bocadillo de tortilla en una mano y el rastrillo en la otra, las horas obligatorias e interminables de la digestión, sobre cuya duración exacta los mayores nunca se ponían de acuerdo. La vida, en fin, bella y desnuda, en ese tiempo quieto en el que el ayer y el porvenir no hacían pie.

Parece que han pasado siglos, pero aquel castillo primero sigue allí, en la misma orilla, con la puerta encajá. Sólo hay que atreverse a entrar.

12/07/2019 07:37 pepemendoza #. sin tema Hay 1 comentario.

ESE VIENTO ANTIGUO

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Dentro, Los Rocieros cantaban a ese viento que igual viene que va. ¿Conoces El Puerto?, preguntó él. Mi infancia son recuerdos de un baño en La Puntilla, respondió ella con su mejor nostalgia.

Con el mismo humor y el mismo asombro continuaron toda la noche acariciando palabras, de caseta en caseta, de confidencia en confidencia. No bebas más que se te está poniendo la cara borrosa, dijo él. Soy libre, ya sé que soy libre, tatareo ella con la voz arañada.

Y el hastío se alarga de pronto en sombras dulces y los días se nombran según un sentimiento, habló Celaya por la boca de él. Cuando tú apareciste penaba yo en la entraña más profunda de una cueva sin aire y sin salida, declamó Alberti por la boca de ella.

¿De qué derrota vienes?, se preguntaron ambos sin esbozar respuestas.

Arriba, la luna irradiaba como una claridad flotando a la deriva. O quizá fuera ese viento antiguo, que igual viene que va.
29/05/2019 06:47 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

VIDAS DE PAPEL

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A estas alturas de la vida, de los libros y de sus autores puede decir uno más cosas que de algunos familiares cercanos. No vamos a idealizar esas amistades porque también tienen sus cosas, como todos, pero son gente de bien que estuvieron cuando había que estar. Por alguna extraña carambola del destino, un día coincidiste con ellos en algún cruce de caminos y se quedaron contigo para siempre. Cuando los saludaste por primera vez tal vez te sentías solo, quizá deprimido, pero unas palabras suyas bastaron para hacerte sonreír, para ofrecerte compañía o una esperanza a la que agarrarte.

A mí esos amigos me han salvado la vida muchas veces. Para ayudarme a sobrellevar un taciturno amor de juventud, un domingo luminoso apareció por mi cuarto Florentino Ariza y me preguntó si había visto a Fermina Daza, a la que llevaba medio siglo buscando en medio de un amor que había sobrevivido en los oscuros tiempos del cólera. Una mañana de invierno de hace más de treinta años, navegando a la deriva, me encontré en medio del mar con Santiago, un viejo pescador que luchaba sin desfallecer contra un pez de espada que era más grande que su barca, mientras me hablaba con su ejemplo de la obligación moral de no rendirse nunca ante las adversidades. Recuerdo también aquel atardecer lejano en el que un tal Rafael, un vecino de aquí con más vidas que un gato, me sacó de paseo por mi pueblo y me llevó a un melancólico lugar de retamas blancas y amarillas al que llamaba La Arboleda Perdida.

Merece la pena frecuentar a diario esas viejas amistades de toda la vida que ya forman parte de lo mejor de uno. Colarse, como Alicia, por un agujero blanco y echar los sueños y las emociones a volar. En defensa propia. La vida es muy corta, pero hay días malos que se hacen larguísimos en los que todos necesitamos que nos rescaten de una reunión de la comunidad de vecinos, de un naufragio interior o de un insomnio cruel.

La literatura es Alicia recordándonos desde su país maravilloso que es imprescindible descender por la madriguera y vivir aventuras que nos salven de una existencia vulgar y efímera. Qué sería de nosotros sin esas supletorias vidas de papel. Sin la magia infantil y la pasión arrebatadora de la lectura.
23/04/2019 06:20 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

RELATO DE UNA NAUFRAGIO

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Es posible que la historia que voy a contarle le baje las defensas por mucho Actimel que tome. Así que aún está a tiempo de abandonar esta columna y buscar cositas más livianas. Si, pese a la advertencia, prefiere seguir leyendo, luego no diga que no le avisé.

El pasado 20 de enero el periodista Darío Menor, de El Ideal de Granada, publicó un reportaje que yo no he visto recogido en ningún medio de comunicación nacional de nuestro país, enfrascados como estamos en temas tan trascendentes como descifrar qué servidor público tiene la cara más dura y la bandera más larga. La crónica es el pan nuestro de cada día. La sempiterna noticia del naufragio de una barcaza atestada de desgraciados. Ocurrió el 18 de abril de 2015, en el Canal de Sicilia. Murieron más de mil inmigrantes. Más o menos, pues en este tipo de tragedias nunca se sabe el número real de desaparecidos. Gente que se juega la vida para vivir en condiciones. Pecata minuta. Nada nuevo bajo el sol y bajo las fosas sépticas del Mediterráneo. O quizás sí.

Nos cuenta Darío que entre los cadáveres que pudieron ser rescatados, a la forense encargada de realizar las autopsias le llamó la atención el de un niño. Un niño que, debido al desarrollo de sus huesos, determinaron que tenía en torno a 14 años. La sorpresa vino cuando empezaron a desvestirlo. La médico palpó que dentro de un bolsillo de su chaqueta había algo cosido, duro y cuadrado. Lo cortó desde dentro para no dañarlo. “Me encontré entre las manos con un pequeño haz de papeles con varios estratos. Traté de separarlos sin que se rompieran y luego leí: Boletín Escolar”, declaró la forense. Era el expediente académico de secundaria del chaval, escrito en francés y en árabe. Un brillante expediente académico, con notazas en matemáticas y física.

Leí la noticia ayer, en el blog del juez Emilio Calatayud, y me puse a llorar como una Magdalena.Imaginé al adolescente preparando días antes el viaje de su vida. Lo vi sonreír ilusionado, mientras cosía al bolsillo de su chaqueta su boletín de notas. Pude sentir su orgullo de pobre, su dignidad de niño responsable y trabajador, su esperanza de llegar sano y salvo a esta Europa vieja y despiadada para poder mostrar sus excelentes resultados en las escuela. Lo oí hablar ante el funcionario que lo atendía a su llegada, presumiendo de que ya no era un niño, sino un adulto del que se podían fiar. Un hombrecito honrado que merecía una oportunidad en el paraíso al que acababa de llegar. Busqué su nombre en el artículo para memorizarlo y que no lo borrara el viento del olvido, pero no venía.

Contad esta historia a vuestros hijos y alumnos, dice el juez Calatayud en su blog. Contársela sobre todo a los ninis que no estudian y trabajan porque no les da la gana. Se lo debemos a ese niño de 14 años que quería enseñarnos sus buenas notas para poder quedarse con nosotros.

Y vamos a contárnosla también a nosotros mismos, añado yo. Para sentir al menos, si aún nos queda algo de compasión, el naufragio interior de la vergüenza.

03/04/2019 11:14 pepemendoza #. sin tema Hay 1 comentario.

1979: ALUNIZAJE EN UNA AZOTEA

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JULIO DE 1969. FLORIDA. Tres norteamericanos compañeros de curro con ganas de disfrutar de unas vacaciones distintas se pillan una nave espacial, el Apolo XI, y tiran para arriba. Destino: la Luna. Tras cuatro días de viaje, alucinan y alunizan en esa pedanía de la Tierra. Ya instalados, se dan un garbeo por el centro y comprueban que el todo incluido con el que viajan incluye poquísimo. Algunos suburbios de el Bronx están mejor iluminados que aquel astro mentiroso que tanto prometía visto desde abajo. Sin atmósfera, imposible que haya el más mínimo ambiente. Tampoco hay agua. Como para pedir unas cruzcampos. Decepcionados, ninguno entiende como un toro podía haberse enamorado de Ella hasta el punto de abandonar por las noches la maná. Los libros de Historia contarán después que los tres colegas, pese a que se aburrieron como ostras celestes, habían dado un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la Humanidad.

JULIO DE 1979. EL PUERTO DE SANTA MARÍA. Un grupo de adolescentes disfrutan de sus primeras vacaciones juntos. Una noche deciden emular, salvando las distancias siderales, a los tres norteamericanos. Parten de la Plaza del Polvorista, un centro de operaciones más salado y con más historia que Cabo Kennedy, con más o menos, el mismo objetivo: tirar para arriba. Suben exactamente a Luna 27, en cuyo segundo piso viven los Jiménez Serrano, una familia numerosa que encabezan don Francisco Jiménez Lerdo de Tejada, a quien Dios y la Virgen de la Veracruz tengan en su gloria, y doña María Teresa Serrano Molina. El primogénito de sus vástagos, Ico para los amigos, socio fundador de la nueva pandilla, ya tiene alguna experiencia en el espacio. En la SAFA le llaman el Cometa, pues se va de las clases volando. Es él el que invita al resto a un guateque a ras de cielo en la azotea de su casa. Poblado estoy de muchas azoteas./Sobre la mar se tienden las más blancas/, había cantado unas décadas antes un vecino ilustre que vivió cerca de allí.

Durante el trayecto, los chavales paran a comprar alcohol de garrafón y refrescos en un ultramarinos de la Plaza del Castillo. Quieren celebrar por todo lo alto aquella ascensión histórica en pleno corazón de El Puerto. A llegar al destino, suben una escalera empinada con decenas de peldaños con la misma facilidad con la que César Pérez de Tudela escala ocho miles. No hay ascensor ni naves espaciales. El Apolo más cercano es el bar de la esquina de Palacios con Nevería. Aquel día, mientras bailan, inmortales y despreocupados, con una levedad aún mayor con la que los tres astronautas se desplazaban diez años antes por el espacio, se confabulan para celebrar cada entrada del verano en aquella atalaya con vistas al Guadalete.

Durante más de un década suben a Luna 27, ligeros de equipaje y cargados de ilusiones, acompañados por una tripulación de categoría: Elthon Jhon, Village People, Donna Summer, John Travolta y Olivia Newton John, Miguel Ríos, Ana Belén, Triana... Todavía no lo saben, pero como Amstrong, Aldrin y Collins, ellos también van dando pequeños pasos para el hombre que van a ser y grandes pasos para la humanidad con la que construyen una amistad indestructible.

El otro día volvimos a aquella casa encendida después de muchísimo tiempo. Celebrábamos el cuarenta aniversario de nuestro primer alunizaje. La escalera se había empinado más aún y los peldaños no se acababan nunca. La gravedad también era mayor. Y los achaques. Pero eso duró lo que duró el ascenso. En cuanto llegamos, con una ginebra y un ron ya en condiciones, volvimos a sentir la emoción de aquel viaje iniciático. A bailar descocados al ritmo de canciones que hoy son la banda sonora de la pandilla. Recordamos y volvimos a reírnos con las misma anécdotas de siempre. Hablamos de los viejos sueños, de los que se cumplieron y de los que no. Brindamos por aquellas noches antiguas, por la música lejana, por los besos y los versos compartidos. Y por nosotros, que nos queremos tanto.

Poblados estamos de esa azotea.

26/02/2019 05:49 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EN UN LUGAR DE LA VIDA

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     El calendario, ese riguroso albacea del tiempo, nos depara a veces curiosas coincidencias. En el año del cuarto centenario de El Quijote celebra AFANAS el cuarenta aniversario de su nacimiento como Asociación. La vida, ya saben, imita con relativa frecuencia a la literatura. Y las páginas de la más grande novela de aventuras,  alumbran, desde hace cuatro siglos, hermosas utopías que hacen el mundo más respirable cada mañana.

     La de AFANAS, ciertamente, tiene muchos de los ingredientes de la novela cervantina. Allá por 1965, un grupo de caballeros andantes salió a desfacer los entuertos de un colectivo social hasta entonces condenado a pasar sus vidas recluidos en infames manicomios. Eran muchos los gigantes a los que había que derribar, numerosos los molinos de viento que movían sus aspas en dirección contraria a la integración de aquellos que Luca de Tena llamó los renglones torcidos de Dios. Como protagonistas, un ejército de derrotados invencibles, una procesión de Sanchos que no querían ínsulas, sino que les amaran y respetaran como son. Haciendo suyas las palabras de Alonso Quijano -"la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago"-, decidieron que, a partir de entonces, en su hambre mandarían ellos. Así, se constituyeron en Asociación, similar a la Orden que el Ingenioso Hidalgo creó para defender a las doncellas, amparar a las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos.

     Cuarenta años no es nada, en la larga lucha por la integración de las personas con discapcidad, pero convendrán conmigo que mientras los perros rabiosos de la discriminación laboral ladran por los gabinetes de selección de personal de las grandes empresas, ellos cabalgan a lomos de un rocín flaco que les procura calidad y calidez de vida.

     Lo dice Mafalda, mi filósofa de cabecera: si no fuera por todos, no seríamos nadie. Seres incompletos que nos pasamos la vida haciéndonos, lo que nos define como humanos no es lo que somos sino lo que deberíamos ser. Quién esté libre de taras que arroje la primera piedra. A todos nos falta algún tornillo que nos impide ser mejores, que nos hace sentir dolorosamente el peso trágico de nuestras carencias. La obra del manco de Lepanto (discapacitado también) está ahí para recordarnos que nadie es más que nadie, que todos somos iguales en la diferencia.

     Tal vez ese sea el mensaje del Quijote, la lección que nos enseña AFANAS. Que Dulcinea puede ser down. Que se puede ser caballero andante en silla de ruedas.  

 

13/12/2018 07:58 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¡CRIMINALES, VAIS A MATAR A UN GENIO!

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Granada. Martes, 18 de agosto de 1936. Tres y cuarto de la madrugada. Ricardo Rodríguez camina en dirección a su casa tras pasar la noche jugando a las cartas. Al llegar al Gobierno Civil, ve a su amigo Federico salir escoltado por guardias y falangistas. “¡Criminales, vais a matar a un genio!”, grita desde lejos. Se libra por poco de ser  detenido. El poeta va esposado a un maestro de escuela. Dos banderilleros anarquistas, también maniatados, cierran la cuerda de presos. Los cuatro hombres son introducidos en un coche que los traslada hasta Fuente Grande, muy cerca del barranco de Víznar. No hay luna esa noche.

Unos días antes, Ramón Ruiz Alonso, ex diputado de la CEDA, ha denunciado a Federico ante el Gobernador Civil de Granada. Se le acusa de ser socialista, masón y homosexual. Lorca, desolado, acepta el ofrecimiento de un buen amigo, el también poeta Luis Rosales, y se esconde en su casa. Un lugar que ambos consideran seguro, ya que dos de los hermanos de Luis eran destacados falangistas. Pero el domingo 16 de agosto la Guardia Civil se presenta en el domicilio de los Rosales y lo detienen. Acompañan a los guardias el ex diputado de la CEDA que lo ha delatado, y su compadre, Juan Luis Trescastro, un falangista fanfarrón y pendenciero muy conocido. El Gobernador consulta con Queipo de Llano qué debe hacer con el preso. Éste responde: “Dale café, mucho café”. Se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada. El termómetro marcaba 16 grados. Fue  una noche oscura de verano.

Amanece en Víznar. En el Bar Pasaje, conocido popularmente como La Pajarera, los vecinos más madrugadores desayunan. Alguien abre bruscamente la puerta del bar y se acerca gritando al mostrador. Los paisanos giran  la  cabeza y reconocen enseguida al alborotador: es Juan Luis Trescastro. “Acabamos de matar a Federico García Lorca. Le he metido dos tiros en el culo, por maricón”, vocea orgulloso su hazaña. Así se lo va a hacer saber también horas más tarde al pintor Gabriel Morcillo, amigo de Federico: “Don Gabriel, esta mañana hemos matado a su amigo, el poeta de la cabeza gorda”.

Federico García Lorca, natural de Fuente Vaqueros, provincia de Granada, varón de 38 años, de profesión escritor, fue fusilado a las 4:45 de la madrugada del martes 18 de agosto de 1936, en el camino que va de Víznar a Alfácar, junto al maestro nacional Dióscoro Galindo González y a los banderilleros anarquistas Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas. Fue una noche oscura de verano. No hubo luna esa noche.

 

18/08/2018 09:42 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CARTA ABIERTA A PABLO IGLESIAS

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Sr. D. Pablo Manuel Iglesias Turrión: 

Leí hace unos días en un periódico digital que aboga usted por legalizar la marihuana para su “consumo recreativo”. En su opinión, España debería aprovechar los enormes beneficios fiscales que deja su venta, llegando incluso a proponer la creación de una empresa pública que gestione su exportación al resto del mundo. Marihuana Marca España, denominación de origen. Nada personal, solo negocios, que diría Vito Corleone.

Para defender su tesis asegura que “el mayor problema que genera el cannabis no es de salud pública, sino la delincuencia y la explotación asociadas al tráfico ilegal”. No sé qué datos maneja usted, pero los que yo he consultado sí que certifican que el consumo de canabis entre los más jóvenes es ya un grave problema de salud pública en nuestro país. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud, revela que un 22% de españoles de entre 15 y 24 años es adicto al canabis. Conozco a algunos. Y a algunas de sus familias, la mayoría de clase obrera, víctimas silenciosas de sus cambios bruscos de humor y de su agresividad, testigos dolientes y desesperados de sus bajadas en el rendimiento académico, de su pérdida de interés por sus aficiones, por sus actividades, por sus antiguas amistades. La Asociación Proyecto Hombre, que algo sabe del tema, ha dicho que el aumento del consumo es un dato muy preocupante, y ha alertado de que la percepción del riesgo de ese consumo en España se banaliza. Para muchos, incluido usted, está incluso bien visto porque piensan que es inocuo. La realidad, dice la misma ONG, es bien distinta: entre el 30 y el 40% de los episodios psicóticos en hospitales se producen como consecuencia del consumo de marihuana. Perdida y desarmada la conciencia de clase, parece que un sector de la izquierda no ve inconveniente en que los jóvenes pierdan también la conciencia de la vida real.

Como soy algo mayor que usted, permítame que le cuente una batallita no de abuelo, que uno todavía se conserva en un aceptable estado de revista, sino de padre Cebolleta. Pasé mi adolescencia en un barrio marginal de El Puerto de Santa María, en un piso de esos de currantes con los que se sigue identificando social y emocionalmente el alcalde de Cádiz, su compañero Kichi. La única casta que conocí fue la que le echaban las familias a sus vidas para sacar adelante a sus hijos en una barriada que tenía varios nombres, como los niños de familias bien: Maestro Francisco Dueñas Piñero en el nomenclátor, los pisos del Sindicato para los nativos y el Distrito 21 para la policía. En los primeros 80, casi todas las semanas amanecía algún chaval tieso en la casapuerta de algún bloque, con una aguja taladrada en la vena y una goma amarrada al brazo, las mismas que utilizaban en sus tiradores cuando eran más pequeños para cazar gorriones en el pinar. Todos se iniciaron, “recreativamente”, consumiendo hachís y marihuana. El instinto vital de mi Ángel de la Guarda y el de otros ángeles fieramente humanos que salieron a defenderme me libró de vivir rápido y morir joven.

No entro en el debate eterno de si las drogas deben ser legalizadas o no, porque, sinceramente, sigo sin tenerlo claro. Pero comprenderá usted que su pronunciamiento a favor de que el Estado hago caja con el dolor de los más jóvenes y los más pobres (la clase alta siempre ha solucionado sus miserias a golpe de talonario) no solo no es de izquierdas, sino que me parece profundamente reaccionario. Cuando se tiene una edad biológica de 18 años pero todavía se es un crío perdido en un bosque acechado por lobos, el consumo no es nunca, señor Iglesias, un ejercicio de libertad responsable. Declarar, además, que sería fantástico que con la venta de marihuana se pudieran sufragar los gastos de sanidad y los servicios públicos me parece de un cinismo insoportable. En una paradoja perversa, las familias con hijos adictos que contribuirían con sus modestos salarios a engordar el PIB subvencionando inconscientemente el consumo de sus hijos, serían las mismas que luego acudirían a los servicios sociales a pedir ayuda para desenganchar a sus chavales.

Permítame solo un par de preguntas más. ¿Cómo explica usted que hayamos hecho un esfuerzo tan encomiable para reducir el consumo del tabaco y ahora nos resignemos a que la marihuana circule patrocinada por el Estado como si fuera una chuchería? ¿Por qué es progresista combatir el tabaco y conservador oponerse a la legalización de la marihuana? La cuestión es demasiado seria y dolorosa para que usted la despache con una frivolidad más, marca de la casa: “Si es con marihuana, a lo mejor hasta con Felipe González se puede fumar la pipa de la paz”. Fume usted recreativamente marihuana cuando quiera y con quien quiera, que ya es adulto y sabrá lo que hace. Pero haga el favor de no lanzar a los jóvenes españoles el mensaje de que consumir droga es recreativo, moderno, de izquierdas y guay.

27/06/2018 08:42 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LOS OJOS SIEMPRE ABIERTOS

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Es viernes, 27 de marzo de 1942. Josefina Manresa visita a su marido en la cárcel de Alicante. No lleva al hijo con ella, y Miguel, que presiente que no va a volver a verlo, se lo reprocha con lágrimas en los ojos: “Te lo tenías que haber traído. Te lo tenías que haber traído”. Josefina sabe también que el final está muy cerca. “Le toqué los pies y estaban fríos y con rodales negros. Tiene la ronquera de la muerte”, le dice al salir a su cuñada Elvira, la hermana de Miguel.

Sábado, 28 de marzo de 1942, víspera del Domingo de Ramos. “Sr. Jefe de Servicio: El oficial que suscribe tiene el honor de informar a Vd. que a las 5:30 horas del día hoy ha fallecido el recluso hospitalizado en este enfermería Miguel Hernández Gilabert. Significo a Vd. que el haber salido el cadáver con los ojos abiertos ha sido debido a no poder cerrárselos por medios naturales, según me manifiesta el médico auxiliar recluso”. Aprovechando la relajación en la vigilancia, algunos de sus compañeros de celda logran salvar, escondiéndolos en dos bolsas, las cartas y poemas que Miguel ha escrito en la cárcel.

Josefina vuelve a la prisión a media mañana. Cuando pone la fiambrera con la comida en la taquilla, un funcionario se la rechaza mirándola a los ojos. Ella se va sin preguntar nada. Ya lo sabe todo. A la salida, recuerda una de las últimas frases que le ha dedicado su marido: “¡Ay, Josefina, qué desgraciada eres!”.

La muerte del poeta ya es conocida por familiares y amigos, que van compareciendo en la puerta de la prisión para hacerse cargo del ataúd y llevarlo al cementerio. No está su padre. “Él se lo ha buscado”, responde a quienes se acercan a su casa a darle el pésame. Cuando el cortejo fúnebre llega al campo santo se le prohíbe quedarse a velarlo, pues es allí donde cada noche llevan a fusilar a los presos condenados a muerte. Lo entierran a la  mañana siguiente. Con los ojos abiertos, pues no pudieron cerrárselos.

“No me perdonarán nunca los señoritos que haya puesto mi poca o mi mucha inteligencia, mi poco o mi mucho corazón, desde luego a dos cosas más grandes que todos ellos juntos, al servicio del pueblo de una manera franca y noble”, dejó escrito.

No le perdonaron nunca los señoritos que fuera fiel a los vientos del pueblo, a los aceituneros altivos, a los niños yunteros. Que se alistara, como Federico y Antonio, en el bando de los perdedores de la Historia. El bando en el que militan, desde el inicio de los tiempos, los que sangran, luchan y perviven por la libertad.

28/03/2018 08:34 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL WIFI

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Catroce días y catorce noches seguidas llevan los de Orange diciéndome, con letra y música de The Beatles, que todo lo que necesito es amor. Puede que sea verdad, no digo yo que no. Pero yo los llamo porque de lo que estoy falto es de teléfono fijo, de ADSL y de megas. Para eso, y no para que me hablen de nuestras carencias afectivas, se deja esta familia numerosa a principios de cada mes una pasta desde hace más de una década.

Conforme van pasando los días, también les pido que dejen de tomarme el poco pelo que me va quedando. Porque aunque según su argumentario corporativo el plazo de subsanación de incidencias no excede de 48-72 horas, son ya catorce días y catorce noches esperando que me solucionen la mía. Alguna vez, incluso, me han sacado de la cama para hacer pruebas al filo de la madrugada.

El relato de mis llamadas cada vez más desesperadas es siempre el mismo. Marco el 1470. Empieza a salirme espuma por la boca. Mi mujer y mis hijos van corriendo al mueble del baño a por el tensiómetro, Suena el estribillo de All you need is love veinte o treinta veces. Los Beatles como teloneros del operador de turno que salta al escenario y me pregunta, melifluo y dicharachero, que en qué puede ayudarme. Yo grito como un poseso all you need is vergüenza, profesionalidad, decencia, etc., etc.. Mi mujer me señala el tensiómetro y hace la señal de la Santa Cruz. El operador no se altera, elude responsabilidades y expide su ración de diaria de presunción de culpabilidad. Un día la culpa es del router, otro del PTR, al siguiente de Telefónica. O de lo lejos que me fui a vivir del repetidor. O del booguie. O del cha-cha-cha. Cuando cuelgo, estoy solo y con la presión arterial por las nubes. Los míos se han encerrado en sus cuartos aterrorizados, como si fueran la mujer de Jack Nicholson en la escena de El Resplandor en la que él se lía a hachazos con la puerta.

Igual necesito mucho amor, no digo yo que no. Y algo más de calma también. De hecho, esta tarde cambiaré de estrategia. En defensa propia ya tengo preparada otra canción de los chicos de Liverpool para combatir al enemigo con sus mismas armas. Cuando termine de sonar “Al you need is love”, les voy a poner “Hello, Goodbye”. 

20/03/2018 08:55 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL DÍA QUE FORGES ME LLAMÓ POR TELÉFONO

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En 1995, mi amigo Rafa Travieso, enfermero y pacifista, valga la redundancia, se declaró insumiso al servicio militar obligatorio. Por aquel entonces, negarse a formar parte de la sinrazón de la guerra se castigaba en este país con dos años de cárcel y de diez a catorce años de inhabilitación absoluta. Para complicarse la vida de esa forma, como en la canción de Radio Futura, hacía falta valor. Y valores. Un montón de valores.

Como había que dar a conocer la causa de Rafa y luchar contra su más que previsible entrada en el trullo, unos cuantos sospechosos habituales montamos un grupo de apoyo. Se trataba de contarle al mundo que nuestro amigo era un tío cojonudo, el yerno que toda suegra le gustaría tener, un tipo al que cualquiera le compraría un coche de segunda mano. Un ATS que cuando salía de su trabajo visitaba por amor al arte de sanar a los enfermos del barrio, un cristiano que vivía en pie de paz, un militante comprometido con las causas de los más desfavorecidos. ¿Cómo iba a dar con los huesos en la cárcel alguien con ese brillante currículum vital?

Cuando repartimos las tareas en el grupo, a mí me tocó el Negociado de Asuntos Exteriores. Una de las iniciativas fue escribirles a personas de reconocido prestigio que pensábamos que podían solidarizarse con Rafa y con el movimiento de objeción de conciencia. Como entonces no había ni Internet, ni Twiter, ni Facebook, ni Change.org, me harté de echar horas extras.  Qué dura era la vida del activista social en el siglo pasado. Pero también tenía, reconozcámoslo, sus recompensas. En aquellos días era recibido en el estanco de la esquina de mi casa con honores de Jefe de Estado: me veían llegar y se volvían locos contando sobres y cortando sellos. Confeccioné, también, el primer mapa físico local de buzones de correos. Me aprendí de memoria los domicilios, códigos postales incluidos, de todas las televisiones, radios y periódicos. Y en un acto de patriotismo cultural sin precedentes, fruto de la necesidad de conseguir firmas al por mayor, multipliqué por cien el número de intelectuales de este país.  Pero como nos temíamos, la respuesta fue pobre. Es sabido que la mayoría de los escritores han venido a este programa al que llamamos vivir exclusivamente a hablar de sus libros. Hubo, eso sí, dos sorpresas maravillosas que nos alegraron aquellos días de zozobra por el futuro de Rafa.

Andaba yo una tarde en plena faena de cepillado de dientes cuando sonó el teléfono. Estaba solo en casa, así que no lo cogí. Es de mala educación hablar con la boca llena aunque sea de dentífrico. Volvió a sonar segundos más tarde y pensé que podía ser algo urgente. Descolgué intentando no manchar el auricular de Colgate y al otro lado alguien dijo: “¿Pepe Mendoza?” “Ji”,  contesté intentando no tragarme la pasta. “Soy Manolo Vázquez Montalbán”. “Home, Malolo”, se me ocurrió decirle ya con un río blanco de espuma bajándome por la barbilla. “Te llamo para decirte que podéis contar con mí apoyo. Y agradécele a Rafael Travieso de mi parte su valentía y su compromiso”. “Gasia a di”, me despedí ya completamente convencido de que Vázquez Montalbán colgó pensando que en el juicio a Rafa la fiscalía terminaría añadiendo como agravante en su contra el que yo fuera el portavoz del grupo.

La segunda sorpresa sucedió unos días más tarde. Llegué de trabajar y la luz roja del contestador parpadeaba. Le di al play y esto fue, más o menos, lo que escuché: “Buenas tardes, Pepe, soy Forges. Toda mi solidaridad con el insumiso Rafa Travieso. Para cualquier cosa que necesitéis, solo tenéis que llamarme. Mi número de teléfono es…. Aquí está el tío para lo que os haga falta. Un abrazo”. Aluciné. Nervioso, le devolví la llamada, esta vez ya con la boca completamente vacía y con algunas frases garabateadas en un papel para no volver a hacer el ridículo. Saltó su contestador con una bienvenida divertidísima que bien podían haber grabado la Cosma o la Blasa.  Le di las gracias por haber llamado, por  el detallazo de dejarnos su número de teléfono y por su apoyo.

Conservé su mensaje durante muchos meses hasta que se me estropeó la cinta de casete pequeñita que entonces tenían incorporados los contestadores. Lo escuché muchas veces sonriéndole a las criaturas tiernas, lúcidas y críticas de sus viñetas, que yo pinchaba en el tablón de corcho que tenía justo detrás del teléfono. Tengo abierta ahora la carpeta roja en la que las guardo. En una que le regalamos enmarcada a mis amigos Ángel Angulo y Miguel Vallecillo, dos frailes se asoman a un pozo y gritan: “¡¡¡Satanás, capulloooooo!!!”. Forges era, ha dicho su hermana Berta, la conciencia de la gente buena. En muchas de sus viñetas, digo yo, daban ganas de quedarse a vivir.

“Aquí está el tío, para lo que os haga falta”, dejó grabado en el contestador de mi teléfono aquella mañana de otoño de 1996. Se ha ido en el momento en que más falta nos hace.

P.D.: El juicio a Rafa Travieso se celebró 15 de septiembre de 1997. Lo defendió el franciscano y penalista Ángel Angulo. Ingresó en prisión el 3 de octubre de 1997. En esa fecha ya era padre de una hija, Lucía, que entonces tenía un año. Estuvo dos semanas encarcelado en Puerto II y 9 meses en régimen de tercer grado. Dos décadas después, sigue creyendo, como Forges dibujó a ras de cielo en una de sus viñetas, que no hay guerras justas ni guerras injustas. Que solo hay malditas guerras.

24/02/2018 20:50 pepemendoza #. sin tema Hay 2 comentarios.

UNA CIUDAD ANORMAL

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El pasado sábado, el Gran Puerto de Santa María, tal como lo rebautizó Alfonso X El Sabio al otorgarle la categoría de Ciudad, cumplió 736 años. El 16 de diciembre de 1281, la concesión de una Carta Puebla, una especie de estatuto de autonomía local que es considerado nuestro texto fundacional, reguló administrativamente el término geográfico y los recursos propios, facilitó el asentamiento de nuevos vecinos y eximió a los comerciantes que ejercieran aquí su trabajo de muchas de las tasas que debían abonar a la Corona. El Sabio, que tiene apodo de peón de confianza de torero antiguo más que de Rey, pasó a la Historia, si se nos permite la licencia, como nuestro primer  concejal de fomento.

Es una lástima que el cumpleaños pase cada diciembre desapercibido para la práctica totalidad de los oriundos del lugar. Ni siquiera las autoridades municipales nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos. Hace apenas dos semanas, sin embargo, celebraron con gran profusión de medios el 350 aniversario de la llegada de la primera delegación diplomática rusa a nuestra ciudad, y le levantaron un monolito y nos hicimos amigos de la Asociación Española de Cosacos del Volga, que a mí me suena  a chirigota mala que no pasa de preliminares, ustedes perdonen la frivolidad.

Una ciudad normal,  con ciudadanos con la autoestima y  el orgullo de pertenencia comunitaria a niveles normales, con políticos comprometidos y con un conocimiento de la realidad local más o menos normal, igual estaría a esta hora del sábado en el que escribo esta columna celebrando en la calle tan insigne efeméride. Como hacen con gran éxito de público y crítica pueblos muchos más modestos de la provincia. Una ciudad normal quizá uniría nuestro nacimiento como Ciudad con el nacimiento el mismo día de su hijo más ilustre, Rafael Alberti, el marinero en tierra de nadie que incomprensiblemente aún no tiene una ruta literaria y sentimental como la que tienen escritores con menos prestigio en otras localidades.

Pero esta ciudad y sus gentes no hemos sido nunca muy normales. Los nacidos en este melancólico lugar llevamos tatuado en el genoma comunitario la indolencia y la ingratitud con las cosas nuestras. Con las cosas de todos.

Feliz cumpleaños, en cualquier caso, a la ciudad luminosa que deslumbró a Alfonso X, el sabio toledano que hace siete siglos y pico creyó en nosotros más que nosotros mismos.

 

18/12/2017 08:43 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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