09/05/2008
LOS GAÑOTEROS

Bajo el sobrenombre de "los gañoteros", pasa las mañanas, en el edificio de San Luis Gonzaga, un selecto grupo de funcionarios de élite con una altísima cualificación técnica. A las órdenes de un Jefe de Servicio que, sin comerlo ni beberlo (es un decir), asumió, desde el primer convite, su indiscutible liderazgo, estos empleados públicos tienen un poder olfativo-gastronómico que para sí lo quisieran muchos perros de caza.
El celo profesional que ponen en sus actuaciones les lleva a discernir, sin margen de error, si en el catering con el que se cierra un evento celebrado en el salón de actos, las gambas llevan gabardinas o van en mangas de camisa, o si el solomillo de novillo argentino es anterior o posterior a la resurrección de Gardel.
Tras alcanzar la excelencia en el terreno especulativo, pasan rápidamente a la acción. En cuanto les da en la nariz el olor a vianda, aparecen, haciéndose los encontradizos, a la caza y captura de su presa, a poder ser ibérica. Da igual que el acto en cuestión haya sido organizado por un organismo público o por una entidad privada. Mientras el resto de compañeros se dedica a tareas más mundanas, nuestros gañoteros, en horario de oficina, asaltan bandejas con premeditación y algarabía, ora croqueteando, ora agarrando cruzcampos como el que agarra un rencor.
Ni hablo de oídas, ni escribo al dictado. Fui testigo del despliegue táctico de este comando de operaciones especiales hace algunas semanas, cuando la empresa para la que trabajo organizó unas jornadas técnicas, tentempié incluido, a las que asistí junto a compañeros de otras provincias andaluzas. Finalizadas las ponencias, a eso de las dos, ya estaban allí los superhéroes del canapé de pescuezo, apertrechados detrás de una triste mesa de negociado, reconvertida para la ocasión en acogedora mesa de cocina creativa.
Ellos lo llaman el impuesto revolucionario. Como la cesión de las instalaciones a aquellas entidades que lo solicitan es gratis, han establecido un canon que en lugar de repercutir en la gestión, redunda directamente en su digestión, vino a decir, más o menos, el responsable del catering.
Los gañoteros. Joder, qué tropa.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 10-05-2008)
24/04/2008
FINO PLATÓN

El Real de la Feria es un ágora griego en el que, a la caída de la tarde, o largas un discurso o te lo largan. Está más que demostrado que, con albero en los zapatos y fino en el gañote, la incontinencia verbal supera, con creces, a la urinaria. El zumo de la uva fomenta, además, el roce que, como usted bien sabe, hace el cariño. In vino veritas, siempre a la veritas tuya, entonan, sobones, los meta-físicos del achuchón. Rebujito ergo sum: traga, luego insisto.
"El que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino?", dijo una noche en el muelle antiguo, con un tajá como un piano, El Chamaco, tras beberse hasta los peces del río del olvido. "El que desembocó en el planeta Tierra y denosta el elixir de la parra, ¿por qué motivo, razón o circunstancia habita entre nosotros?", tradujo al castellano cursi, centurias más tarde, un tal Fernando Gago, discípulo de Sócrates, otro pedazo de futbolista.
Pero a lo que iba: la feria está llena de filósofos, de Sénecas con el vaso al cuello que, sin conocerte de nada, te paran en la calle del Infierno y te dicen: "El infierno son los otros", refiriéndose a los niños de su cuñao. O te abordan en los Espejos de la Risa y en lugar de reírse de su suegra, como hace todo el mundo, te sueltan, de un tirón, empinando otra vez el Codex: "Conócete a ti mismo".
Más ejemplos. Atracción de los ponis, ayer por la noche. Uno de los caballitos se vuelve y me dice: "La vida da muchas vueltas". Yo me quedo turulato, sin dar crédito a lo oído. Cuando vuelve a pasar por mi lado, el corcel enano continúa su discurso: "Es lo que Nietzsche llamó el eterno retorno. Así habló Zaratustra y así relincha este poni republicano que fue nieto de un caballito de la Reina". Si pueden, acérquense a verlo. Es el animalillo negro, con manchas blancas, que tiene un tatuaje de Herodes en el lomo.
Antes de irme me pasé por la caseta municipal y pedí un caldito de puchero: me trajeron el libro de Juan Rincón. Ya a la salida, me encontré con otro sabio, San Agustín (Fernández). "El filósofo debe arrimarse y exponer, como los buenos toreros", me dijo mientras nos bebíamos la penúltima. Al despedirnos, nos hicimos las mismas preguntas de todas los siglos, de todas las ferias: ¿quiénes somos, de qué caseta venimos, en qué autobús nos llevan?
(Columna publicada en el Suplemento de la Feria de El Puerto de Diario de Cádiz el 26-04-2008)
11/04/2008
LA MACARIA

La noche del sábado 6 de abril de 1968, el maestro Rafael Ibarbia subía, impasible el ademán, al escenario del Royal Albert Hall de Londres. Segundos después salió Massiel, enfundada en un vestido cortísimo de organdí que, según nuestra vecina de enfrente, parecía más la indumentaria de una mujer de la vida que la de una mujer de su casa. Al fondo, en la esquina izquierda de la pantalla de nuestro General Eléctrica Española, tres muchachas, con un modelito similar, se colocaban esperando los primeros acordes. Fue entonces cuando mi madre dijo: ¡la de en medio es La Macaria, nuestra paisana!
Mientras Massiel cantaba, mi padre no paró de hacer gestos de desaprobación, pues no le gustaba nada el balanceo con que interpretaba el tema compuesto por el Dúo Dinámico. Para su gusto, abría excesivamente los brazos, como si fuera a salir volando de un momento a otro. "A lo mejor, los que le han hecho la canción le obligan también a ser dinámica", dijo mi madre para excusarla. Ya entonces yo tenía clarísimo, tras oír a mis progenitores, que era La Macaria, la niña del coro de la Prioral, la que tendría que haber sustituido al tío ese catalán que era tan torpe que no sabía decir la, la, la en español, con lo fácil que era.
La votación fue reñidísima y mi padre, para aplacar los nervios, se tomó un Soberano que esa noche, al menos en mi casa, fue más cosa de hombres que nunca. En la entrega de los premios, mientras celebrábamos el triunfo sobre la pérfida Albión, el Soberano ya no era cosa de hombres en general, sino de un solo hombre en particular, más concretamente de mi padre, que, pletórico, cantaba a la tierra que le había visto crecer y también a su madre (la abuela Luisa) que dio vida a su ser. Mi madre también perdió la compostura, pero de otra forma: movía la cabeza y el tronco de un lado a otro, buscando desesperadamente en el televisor a nuestra simpática paisana, que, en su humilde opinión, había sido la gran triunfadora de la noche.
Suecedió hace cuarenta años. En el número 17 de la Calle San Sebastián, La Macaria, la nieta de Macario Valimaña, el del cine, había ganado, ella sola, el XII Festival de Eurovisión.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 12-04-2008)
29/03/2008
EL DIARIO DE PATRICIA

Cuentan de Luís Miguel Dominguín que, tras una espectacular corrida con el animal más bello del mundo, o sea Ava Gardner, se levantó de la cama y empezó a vestirse con atropellada urgencia. ¿A dónde vas ahora, honey?, le susurró la diva tras aquel maravilloso polvo de estrellas. ¡A contarlo, que es lo más importante!, contestó, desde la puerta, el torero.
Patricia Ybarra, la joya de la corona del equipo de gobierno, ni es Dominguín, ni mucho menos la Gardner. Pero como Luís Miguel, va a salir a la calle a contar los orgasmos políticos (Zerolo, dixit) del gobierno Popular. Por lo pronto, dicen que manejará 2,3 millones de euros en la Concejalía de Comunicación. No soy nadie para darle consejos, pero mucho me temo que si decide, un poné, hacer un talk show diario, en horas de máxima audiencia, lo mejor para ganarse la confianza del personal es la dieta mediterránea romana: pan y circo. No se engañe: al ciudadano medio portuense le importan mucho más los moteros que la cruzada policial contra Montero.
Así que, admirada Patricia, voy a esbozar, en representación mía y de mis circunstancias, algunos de los temas que usted deberá abordar más temprano que tarde. Cuente, por favor, si es cierto que Fernando Gago tiene contratados como escoltas, a cargo del presupuesto municipal, a los luchadores de Pressing Catch, para cuando pasa por delante de la sede de Independientes Portuenses. Díganos las verdaderas razones por las que Anacleto se divorcia. Atrévase a confesar que no habrá PGOU hasta un par de meses antes del Apocalipsis.
Sea capaz de reconocer que este año tampoco El Coco y El Bimbo estarán en los carteles de feria de la Plaza de Toros. Pregúntele de mi parte a Antonio Jesús por qué sólo me escribe e-mails en campaña electoral. Si le sobra algún dinerillo, compre algún libro de esos de autoayuda que sirven para hablar mejor en público. A usted no, pero algunos de sus compañeros le vendrá muy bien.
Y ya por último, aquí entre nosotros: ¿qué hay de lo suyo con Enrique Miranda?
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 29-03-2008)
14/03/2008
EL BIPARTIDISMO

La otra noche tuve un sueño muy raro. Era lunes o martes, lo recuerdo porque del calendario del móvil habían desaparecido los demás días de la semana. El despertador sonó a la una o a las dos, tampoco se me olvida, pues la esfera del reloj no tenía más números. Dormido todavía, abrí el armario y sólo había dos perchas, cada una con una camisa y un pantalón. Me vestí añorando los tiempos en que tenía tanta ropa que no sabía qué ponerme.
Salí de casa y entré a desayunar en el bar de siempre. Pedí un cortado, pero el camarero me respondió que ya sólo servían manchados o con leche. Cogí el Diario para echarle un vistazo y no tenía más que la portada y la contraportada. Me marché recordando los días en que cada manchado tenía un color distinto y al periódico se le salían las páginas y las noticias por el costado derecho.
Al llegar a la oficina, mi jefe, a modo de saludo, me pregunto qué tal estaba. Regular, le dije. Deje las medias tintas y defínase por una vez, Mendoza, replicó ofuscado. Uno o está bien o está mal, lo demás son mariconadas. Un tío que se viste por los pies no puede pasarse la vida enseñando vergonzosamente sus matices. Salí del despacho tapando, con todo el pudor del que fui capaz, dos o tres puntos de vista que se me salían por la entrepierna.
A las tres fui a recoger a mi mujer y decidimos comer en el self-service que hay cerca de casa. En las bandejas sólo había carne o pescado. Nos fuimos sin pedir el postre (plátano o naranja, era la disyuntiva) y, para animarnos un poco, acudimos a una agencia de viajes a ver las ofertas de verano. Este año sólo organizamos excursiones a Pinto o a Valdemoro, dijo la chica que nos atendió. ¿Y entre Pinto y Valdemoro?, le pregunté como quien no quiere la cosa. Imposible, señor. Ya en la calle, se me vino a la mente, qué tontería, el Capitán Tan y sus viajes por todo lo largo y ancho de este mundo.
Me despertó mi hijo Pablo, preocupado porque en su caja Alpino de colores sólo estaban el lápiz blanco y el lápiz negro. En la radio, un psiquiatra hablaba de los efectos colaterales del bipartidismo.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 15-03-2008)
29/02/2008
VICTORIA

Estaban definidas todas las distancias, pero decidió achicarlas justo el día en que resolvió acabar con un dolor de años. Esa mañana, al levantarse, recogió su corazón hecho pedazos, se miró al espejo sin verse, le dio con la puerta en las narices a la cobardía y, sin mirar atrás, salió agarrada a la esperanza, que era su vida misma defendiéndose.
Con la debilidad de las convalecientes, caminó sin parar echándose a la espalda la carga pesada de sus dudas. En rebeldía contra la resignación, en plena discusión con su pasado, quiso parar pero sus pies no la dejaron. Ligera de equipaje y de autoestima llegó al Centro municipal de Información de la Mujer. Nadie podía quitarle ya la gloria del intento. Era como si la pena hubiera encontrado una salida al mar. Miró el mapa de la felicidad y comprobó que no había camino de vuelta, que no había ni una sola carretera secundaria que la llevara al lugar por donde había venido.
Cuentan los que la acompañaron en ese peregrinar hacia la libertad que era una mujer con una gran capacidad intelectual, educada y llena de inquietudes. Elegante y de sonrisa fácil, de una dulzura humilde. Que el dolor no había emponzoñado su carácter. "Una señora", en palabras de la Directora del Proyecto Avante, programa de formación y empleo destinado a mejorar la inserción laboral de colectivos en riesgos de exclusión social y en el que Victoria participó en el módulo de Geriatría. Dicen los que la trataron que empezaba a disfrutar de las cosas menudas de la vida, a andar sin muletas machistas, a ser una naranja entera, a bendecir sin complejos su dignidad de mujer.
Estaban definidas todas las distancias, hasta la que le impedía acercarse a su ex pareja porque, curiosa justicia esta, era sobre ella, y no sobre su matarife, sobre la que pesaba una orden de alejamiento. Estaban definidas todas las distancias, todas salvo la delgada línea roja, roja de sangre, que separaba el alma podrida de su asesino, de la esperanza amable de Victoria, que era, como ya se ha dicho, su vida misma defendiéndose.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 01-03-2008)
15/02/2008
ESE CADÁVER

Sabemos que la fé mueve montañas, que mientras hay vida hay esperanza y que hay muertos que gozan de una salud de hierro. Los más fervorosos, incluso, se atreven a asegurar que, además del alma, también la carne, ese envoltorio débil y atrevido, gozará un día de la propina generosa de la resurrección. Sabemos todo eso y muchas cosas más, pero también nos han dicho que eso no sucederá, si sucede, hasta el final de los tiempos, así que mientras tanto, deberíamos aceptar, con resignación cristiana, que la vida es bella pero efímera.
Hay algunos, sin embargo, que creen que las evidencias también engañan y llevan casi un cuarto de siglo intentado reanimar un cadáver que ya huele a perros muertos. Si los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía, los delirios cutres y subvencionados desembocan, irremisiblemente, en el patetismo. Así que, por el bien de nuestra salud popular, deberíamos asumir, sin rasgarnos los disfraces, que el Carnaval portuense hace ya mucho que debería reposar en el patio de los calladitos. Sacar cada febrero en procesión el cadáver de ese anciano sabio y libertino, es un delito de profanación tipificado en el Código Penal, que impone pena de prisión a aquellos que falten al respeto debido a la memoria de los muertos. Ver ultrajados cada año los recuerdos musicados de los más viejos del lugar, pasear el sábado por la noche por el centro viendo fantasmas que se llaman a sí mismos poetas, contemplar ruborizados ese botellón itinerante (cabalgata, le llaman todavía), es, ciertamente, un espectáculo que deberíamos ahorrarnos, en el sentido más economicista del término.
Lo dramático no es que el Carnaval del Puerto haya muerto. Es ley de vida. Le enterramos, le damos laica sepultura y le rezamos un responso chirigotero en Cádiz, ciudad en la que vive su hermano mayor y en la que, allí sí, el ingenio es sublime sin interrupción. ¿No se mancomunan los servicios? Pues mancomunamos también las fiestas: ellos ponen las coplas en febrero y nosotros las copas en abril.
Lo dramático es ver a lo momia de Don Carnal vagar, cada año, como alma en pena, reclamando una muerte digna.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 16-02-2008)
01/02/2008
RAMÓN BAYO

Decía Ortega que un historiador es un profeta al revés. Don Ramón Bayo Valdés, coleccionista de instantes, aficionado desde chico al recuerdo, pasó los mejores años de su existencia inventariando enseres, recomponiendo, con paciencia y pulcritud de relojero, las esquirlas desprendidas de un pasado por el que transitaba convencido de que nada de lo que fue digno un día debe desaparecer. A esa afán consagro el rumbo de las horas, en ese empeño trabajó con vocación de amanuense, sin importarle lo más mínimo que, también sobre su fotografía, un día el tiempo habría de ponerse amarillo.
Cuentan los que tuvieron la suerte de tratarle que, en su domicilio de la calle San Francisco, se hallaba el código genético de nuestro pasado más decente: fotos de un Puerto con las fachás encalás, calles de chinos peluos, etiquetas de botellas de vino que aún conservan el esplendor de una ciudad que vivía las vendimias como una epifanía. Aquella casa era un reverbero humilde que iluminaba, tenaz y orgulloso, la entrada en un porvenir por el que era imposible extraviarse.
¡Qué quietas están las cosas y qué bien se está con ellas!, escribió Juan Ramón Jiménez, como si conociera de toda la vida a nuestro paisano. Se fue Don Ramón soñando con recogerlas en un museo, aunque ya intuía, con el pesimismo esperanzado de los sabios, que aquella promesa de ubicar sus colecciones en los bodegones de la Plaza de Toros era una argucia falaz para mercadear unos cuantos votos. "El día de mañana estas piezas se perderán para el Puerto", vaticinó poco antes de partir a explorar otros lugares.
La segunda muerte del señor Bayo, tuvo lugar, como saben, hace unos días. El legado de nuestro coleccionista más inquieto se irá, si nadie pone coto al despropósito, fuera de la ciudad, y será gestionado por manos privadas.
Me debo estar quedando sordo, porque aún no he oído a la primera autoridad municipal responsabilizar al anterior equipo de gobierno, a la Junta de Andalucía y a Rodríguez Zapatero, de este desprecio intolerable.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 02-02-2008)
17/01/2008
UNA VERDAD INCÓMODA

Cuentan de Buenaventura Durruti que una vez se le acercó un mendigo joven a pedirle limosna. El líder anarquista, más dotado para la acción directa que para la caridad cristiana, sacó su pistola y se la entregó al indigente. ¿Ves ese Banco de ahí? -le dijo-: si tienes valor para pedir, ten valor para conseguir lo que pides.
Me acordé de esta anécdota cuando, hace unos días, leí que la portavoz municipal de Izquierda Unida denunciaba la situación desesperada en la que vive la pareja que lleva un año acampada a las puertas del Ayuntamiento, exigiendo un trabajo y una vivienda. "Aquí se han estado pasando la pelota unos a otros, sin que nadie haya hecho realmente nada", declaró la concejala.
Me parece legítimo que, desde lo más profundo del abismo, se pida auxilio mientras se tienen fuerzas. En un Estado Social de Derecho, como el que proclama nuestra Constitución, los poderes públicos tienen la obligación de procurar unos mínimos de justicia que permitan a sus ciudadanos vivir con dignidad. A todos. También a aquellos que, ante situaciones de necesidad parecidas al del matrimonio en cuestión, optan por buscarse la vida, aunque sea en empleos precarios y mal pagados, en lugar de exhibir ante la opinión pública su dramática condición de desheredados. Además de acusar con fundamento a la Administración de insensibilidad ante la desgracia propia, uno echa de menos en esta pareja unas briznas de autocrítica. No estaría de más que, a estas alturas de la reivindicación, nos dijeran si tienen el carné de paro al día, a cuántos tajos han ido a pedir empleo, si han aparecido alguna vez por el servicio de orientación laboral portuense, cuántos Cambalaches han ojeado en todo este tiempo. Qué han hecho, en definitiva, además de sentarse en la puerta del Ayuntamiento, por, como le espetó Durruti al mendigo, conseguir lo que piden.
Claros sus derechos, alguien debería hablarles, también, sin demagogia, de sus deberes. Y hacerles ver que la pelota, por mucho que se la pasen unos y otros, siempre aparece, cuando el día despunta, en el tejado propio. Eso también es educar para la ciudadanía.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 19-01-2008)
04/01/2008
NOCHE DE REYES

Después de soportar durante muchos días al gordo ese macarra que dejó a los renos en El Refugio y ahora va de Spiderman por la vida, hoy llegan los Magos de Oriente. Los verdaderos. Los que, por razones que desconozco (no quiero pensar mal), siempre compran el Roscón en Holanda, que ya se ve, que ya se ve, que ya se ve. Los que generan un montón de puestos de trabajo, entre pajes, carteros e industria auxiliar. Los que, junto a los enanos de Blancanieves y Antonio Molina, más han hecho por los mineros de este país.
Eso sí, cada Cortejo Real tiene sus peculiaridades. El de este año, me cuentan, es de todo menos sigiloso. Fuentes bien informadas aseguran que las misiones diplomáticas de Melchor, Gaspar y Baltasar andan seriamente preocupadas con el reparto que comenzará dentro de unas horas. El silencio, que viene recogido como deber básico en el Convenio Colectivo de los trabajadores de la Magia, no parece que sea una seña de identidad de este séquito. Si recuerdan, los Reyes de 2007 apenas abrieron la boca. Nombraron, eso sí, un portavoz-alcalde que hablaba por los codos, pero tuvimos la suerte de que se quedara ronco antes de que comenzaran las visitas. Hubo niños en la Plaza de El Polvorista que preguntaban quiénes eran esos tres tíos con coronas y capas que rodeaban a Don Fernando. Son los Reyes Gagos, contestó un padre.
Pero esta noche se barrunta jaleo. Debería advertírselo a sus criaturas, para que no se asusten. Es probable que el Cartero Real lleve el encargo de Manolo Borne de hacer un programa en riguroso directo y le despierte a los niños a las cuatro de la mañana. No descarten que, para celebrar el 40 aniversario de su triunfo en Eurovisión, la Estrella de la Ilusión, que lleva siempre un ruiseñor en la garganta, improvise en su casa una pieza con sus tres notas musicales preferidas: la, la, la. Y si Baltasar, enfundado en una camiseta del Cádiz, le dice a su pequeño, después de tomarse la copita de anís de rigor, que le llame mejor El Beckembauer de la Bahía, no se lo tengan en cuenta. También para los Reyes, la profesión va por dentro.
Feliz noche.
(Columna publicada en Diario de Cádiz el 05-01-2008)


