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PERDER LA CONCIENCIA

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     José Ángel Fernández Villa, ex líder minero, ex sindicalista, ex socialista y ex pobre, sigue ingresado en un hospital de Asturias con “síndrome confusional”, un trastorno mental que produce una alteración del nivel de conciencia. Dicen los médicos que es consecuencia del  estado de agitación y desorientación que presenta desde que supimos que guardaba en su cuenta proletaria de ahorro un pico de 1,4 millones de euros. Como desde entonces no ha dicho ni mu, desconocemos si el dinero fue recaudado por la caja de resistencia de alguna huelga o es el montante de un fondo de solidaridad para ayudar a los compañeros a los que la mina les encharcó los pulmones de silicosis. El caso es que El Jefe, tal como se le conoce entre los suyos, ni sabe ni contesta. Igual cuando recupere el habla nos cuenta que, como le pasó a Ana Mato con el jaguar de su marido, no sabía que tenía aparcado el parné en el garaje de su casa, arrumbado entre las fotos en Rodiezmo con Alfonso Guerra, el megáfono de las manis y la cassette de La Internacional.

     Mientras escribo esta columna, leo que los ex secretarios de UGT Andalucía, Francisco Fernández Sevilla y Manuel Pastrana han sido imputados por el fraude de las facturas falsas relacionadas con las subvenciones recibidas por los cursos de formación. De momento, ninguno ha ingresado en ningún sitio, aunque la esposa de Pastrana ingresó hace unos años en la Administración pública andaluza por la cara, sin pasar por la preceptiva oposición. Una plaza de laboral para toda la vida, como los sueldos de Nescafé. Ella también se asomó un día al garaje y vio que de la vieja multicopista que décadas atrás anunciaba la revolución salía un contrato indefinido. Como aquí hace más de treinta años que tomamos el Palacio de San Telmo, ya no tiene sentido agruparnos todos en la lucha final. Con agruparnos los nuestros en torno a la hucha familiar es más que suficiente.

     Síndrome confusional, qué gran metáfora para retratar la patología social de una izquierda opaca que vivió por encima de sus sensibilidades y olvidó el legado ético de tantos militantes que dieron su vida por una sociedad más justa y decente. Esos que no perdieron nunca ni la conciencia ni la vergüenza.

     (Diario de Cádiz, 24 de octubre de 2014)

23/10/2014 22:44 pepemendoza #. PERDER LA CONCIENCIA No hay comentarios. Comentar.

MUÑOLI

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     Tal vez porque nació en plena guerra civil y en la calle Santa Clara, esa delgada línea roja que, en cuesta arriba desde Cielos al cementerio, comunicaba El Puerto de los vivos con el de los muertos (morirse entonces era “irse pa Santa Clara”). Tal vez por eso, porque la parca era una vecina mayor más, enjuta y de lutos rigurosos, como tantas del barrio, el niño Antonio supo desde muy chico que la vida iba en serio. “En El Puerto había entonces cientos de muertos vivos… En La Placilla, en el mercado de abastos, la gente se arrastraba por el suelo pidiendo”, tiene escrito en su libro Paisajes y Paisanajes.

     Muñoli pertenece a una generación a la que no le cabía el hambre en la boca, hombres y mujeres que crecieron con el porvenir torcido y el estómago agilao. Asegura que se alimentaba de flores y que “consumía mucho paisaje”, que es la forma poética que tiene de decir que pasaba más tiempo en la calle que los chinos peluos. Aquellas tardes pardas y frías de la posguerra las consumió pegado a una farola, escuchando a los chavales más mayores contar historias populares de palacios encantados y arboledas perdidas en la bruma amarilla del tiempo. Confiesa que, pese a todo, fue un niño feliz.

     Tal vez por eso, y tal vez también porque los jesuitas le enseñaron que ser buen cristiano es no resignarse a que cuando uno muera el mundo siga como si uno no hubiera vivido, el caso es que este hombre no ha parado, como un sereno amable e ilustrado, de encender las luces de las farolas de la razón, la cultura y la buena vecindad. Muñoli ha dado letra y orgullo cívico a los de abajo, a aquellos que, como él, se ganan a diario su culpa o su inocencia con el sudor de su frente. Y lo ha hecho aquí,  rescatando del olvido la intrahistoria más humilde y decente de esta vieja ciudad nuestra de marineros en tierra y arrumbadores sin botas. Antonio Muñoz Cuenca es El Puerto y El Puerto es Antonio Muñoz Cuenca.

    El niño moreno de Santa Clara presentó la semana pasada un nuevo libro, Relatos Portuenses, un homenaje entrañable a sus hijos literarios más raros, anónimos y libres, nuestros clásicos populares de toda la vida de Dios y de Menesteo. Un autorretrato colectivo muy recomendable para conciencias adormiladas y memorias agilás. 

     (Diario de Cádiz, 10 de octubre de 2014)

10/10/2014 07:37 pepemendoza #. MUÑOLI No hay comentarios. Comentar.

MISTERIOS

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     De entre los innumerables misterios sin resolver a los que el ser humano no ha logrado dar respuesta a lo largo de la Historia, hay uno que me tiene comida la moral desde que me casé: ¿dónde están los calcetines que perdemos para siempre, dejando  triste y sola, como se queda Fonseca, a su pareja de toda la vida? A este enigma inescrutable ha consagrado uno muchas horas de las tareas domésticas sin resultado alguno. Durante más de dos décadas he abierto líneas de investigación que pudieran darme alguna pista fiable sobre el paradero de tantas criaturas de algodón, lana o nailon que hoy sobreviven desamparados en mi casa, refugiados en una bolsa de Mercadona, esperando noticias del que un día fue su uña y carne aunque en pies distintos. El asesinato de Kennedy, la identidad de Jack El Destripador o la venta de APEMSA son a priori casos más complicados, pero se sustentan sobre teorías más o menos contrastadas. Lo de los calcetines, sin embargo, como las obras de la Avenida Micaela Aramburu, sigue formando parte de la categoría de fenómenos paranormales.

     Mi obsesión por encontrar una explicación racional a esa diáspora silenciosa me ha llevado a hacer cosas que ustedes no creerían. En los primeros años de mi matrimonio llegué a pensar que era mi mujer la que los escondía para probar mis niveles de celo en las tareas domésticas. He lavado los calcetines a mano, los he guardado sin lavar y hasta los he tenido puestos durante semanas para asegurarme de que seguían juntos. Vale, sí, una guarrada, pero siempre lo he hecho por necesidades de la investigación. Todo para nada. Al final -o le cogen la vuelta a la lavadora o te la cogen a ti-, desaparecen. Una fuerza telúrica, un triángulo de las Bermudas en el epicentro del centrifugado hace que diariamente en el mundo millones de esos humildes intermediarios entre el pinrel y el zapato se conviertan dramáticamente en singles. En la película Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno hay una frase que viene al pelo: "Dos hombres entran, sólo uno sale". Lo mismo que pasa con los calcetines cuando los introducimos en ese útero electrónico.

     Y hablando de súbitas desapariciones y de fenómenos paranormales: ¿alguien sabe algo de Antonio Jesús?

     (Diario de Cádiz, 26 de septiembre de 2014)

26/09/2014 07:46 pepemendoza #. MISTERIOS No hay comentarios. Comentar.

LA BUENA EDUCACIÓN

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     Albert Camus fue siempre un tipo agradecido. Nada más recibir el Nobel de Literatura, le escribió una emotiva carta a su maestro de primaria, German Louis. “Cuando supe la noticia pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto”. La madre de Camus, viuda, sordomuda y analfabeta, fregaba suelos de sol a sol en un barrio obrero de Argel. Al señor Louis le costó convencerla de que Albert era un niño demasiado avispado para dejar de estudiar y ser explotado en empleos precarios, por mucha falta que hiciera el dinero en casa. Como no se fiaba, acompañó al chico en el tranvía al examen de ingreso en Bachillerato, lo dejó en la puerta del Instituto y esperó sentado en un banco el resultado. Superada la prueba con nota, aquel maestro generoso y tozudo consiguió que le concedieran una beca.

     Comienza un nuevo curso escolar y piensa uno en la cantidad de camuses, que, pese a contar con el talento necesario, se malograrán por falta de madurez personal y de apoyo familiar, por la ausencia de políticas consensuadas que prohíban las ocurrencias partidistas y faciliten de facto el derecho de todos a una buena educación. El 25% de los jóvenes españoles, uno de cada cuatro, ni estudia ni trabaja. En nuestra Comunidad, esa que un día fue imparable y acumula no sé cuántas modernizaciones, nos salimos de las gráficas: estamos en un 28,8%, casi 4 puntos por encima de la media nacional y 16 por encima de la europea.

     La educación pública se desangra y las señoras y los señores Louis que se dejan a diario  la voz, la paciencia y la salud en las aulas no dan abasto. Son los valerosos maestros y maestras que trabajan humildemente por disminuir el abismo cultural que separa a los formados de los ignorantes. Los que hacen lo imposible para que el talento de los más desfavorecidos no se pierda. El de aquellos que, como dice Muñoz Molina, “más necesitan la escuela para avanzar socialmente, para descubrir y desarrollar sus propias capacidades, para encontrar un sitio justo en el mundo”. O, por lo menos, un poco menos injusto.

     (Diario de Cádiz, 12 de septiembre de 2014)

12/09/2014 07:33 pepemendoza #. LA BUENA EDUCACIÓN No hay comentarios. Comentar.

PARCHES

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     Hay una cosa peor que tener albañiles en casa: tener albañiles en las calles. En todas las calles. A todas horas. Todo el año. Cuadrillas de albañiles trabajando en obras de reparación sobre obras mal reparadas que volverán a repararse más temprano que tarde. El Puerto de Santa María, la Ciudad de los 100 Parches. El Puerto, para los amigos de las chapuzas. Igual Florentino Pérez ha comprado la ciudad como nave para FCC y nadie nos ha dicho nada.

     El penúltimo atraco a punta de hormigonera ha tenido lugar en la Avenida Micaela Aramburu. El obrón terminó hace sólo dos años y nos costó, a usted y a mí, 1,3 millones de euros. Se trataba de adoquinar, más o menos, y de apoquinar, más y más. Pues resulta que ha habido que rellenar los agujeros de la calzada con parches de alquitrán a la carrera, a la carrera de la Vuelta Ciclista España. No fuera a ser que algún ciclista se estrellara contra la tienda de ropa femenina Zacatín y pensará, aturdido por el chocazo, que las maniquíes del escaparate eran azafatas que iban a estamparle dos besos como ganador de una meta volante no identificada.

     Los socavones de esa arteria principal de nuestra ciudad, una avenida llena de cicatrices en la que podríamos montar un parque temático sobre el maltrato vial,  son la metáfora de una ciudad que se hunde mientras los hechiceros de la Plaza Peral aseguran que estamos creciendo incluso hacia el subsuelo. Debajo de los adoquines, decían los del Mayo del 68, está la playa. En El Puerto, debajo de los adoquines no hay más agua que las fecales de la improvisación, el despilfarro y el mal gusto.

     El parche y no el churro ese hortera de colores que trapicheó el concejal de Turismo en Internet debería ser el nuevo logotipo de la ciudad. Un parche negro y pringoso de alquitrán, a juego con la siniestra cofradía de “catetos irredentos” (Luis Suárez dixit) que han medrado y siguen medrando en la política local sin cualificaciones, conocimientos ni destrezas acreditadas. Un parche, eso sí, caro, muy caro, que aquí somos fulleros, pero fulleros a lo grande.  Como el que araña la vista y la memoria cuando pasamos por el Paseo de la Victoria, por la Casa de las Cadenas, por el Hospital de San Juan de Dios, por la Ermita de Santa Clara… No tenemos parches baratos.

     (Diario de Cádiz, 29 de agosto de 2014)

29/08/2014 09:03 pepemendoza #. PARCHES No hay comentarios. Comentar.

FICCIONES

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     Tiene escrito Paul Auster que nos hacemos mayores, pero que en lo esencial apenas cambiamos. Puede que nos hagamos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños: niños que esperan ilusionados que les cuenten historias que merezcan la pena. Una historia y la siguiente, y otra más. Un cuento más y ya está, imploraban mis hijos para demorar todo lo posible los terrores nocturnos. No prescriben nunca los miedos de la infancia. Necesitamos la ficción para encontrarle sentido a la realidad, para sobrellevar con unas briznas de esperanza el duro oficio de vivir.

     Se nos han ido esta semana dos estupendos contadores de historias: Robin Williams y Lauren Bacall. Todos fuimos alumnos del profesor Keating, todos formamos parte de aquel club de poetas muertos milagrosamente vivos que reivindicaban el derecho innegociable a soñar, ¡oh capitán, mi capitán! Todos nos enamoramos de aquella joven judía del Bronx que tenía los labios más sensuales de Hollywood. “¿Sabes silbar, verdad? Solo tienes que poner los labios juntos y soplar”, le dice a Bogart en Tener y no tener,  mientras le pide fuego con la mirada gatuna y la voz cavernosa que la inmortalizó.

     Los obituarios nos cuentan estos días que sus vidas reales estaban hechas con los mismos materiales que las nuestras. Que, como usted y yo, buscaban desesperadamente los trozos desperdigados del paraíso. Robin Williams, alter ego del maestro que nos animaba a aprovechar el momento –carpe diem, muchachos- malgastó trágicamente el miércoles todos los instantes eternos que le quedaban por vivir. A Lauren Bacall le costó veinte años salir de una depresión tras la muerte de Bogart, su pareja dentro y fuera de la pantalla. En lo esencial, los humanos somos muy parecidos.

     Qué razón tiene Auster. Envejecemos pero seguimos siendo aquellos niños que esperan ansiosos una historia nueva. ¿Sabes silbar, verdad? ¡Oh capitán, mi capitán! Un cuento más y ya está.

     (Diario de Cádiz, 15 de agosto de 2014)

15/08/2014 08:03 pepemendoza #. FICCIONES Hay 4 comentarios.

LOS QUINCE BAÑOS

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     De las propiedades terapéuticas de los baños en el mar ya hablaron en su día Hipócrates y Galeno, aunque mi madre era más de Don Luis Botello, un colega de ellos mucho más joven que pasaba consulta en el ambulatorio Virgen del Carmen. – Lo del niño es un resfriadillo de nada por quitarse el sayo antes de tiempo. Paños calientes, su candié y, en cuanto mejore, a la playa a darse los quince baños para que pase un buen invierno.

    Tenían que ser quince, pero muchas madres llevaban una contabilidad creativa de los chapuzones y adaptaban la cifra a la baja dependiendo de las circunstancias particulares de cada familia (podían valer 13, 11 e incluso 9). Era algo parecido a lo que pasaba con el cómputo del tiempo de la digestión, cuya duración variaba en función del estado de ánimo de los mayores. En la playa, las matemáticas tenían más de ciencia oculta que de ciencia exacta.

    Como mis padres trabajaban, solo los festivos y algunos sábados enterrábamos la sandía en La Puntilla. A eso había que descontarles los días de levante, los de los castigos, las mareas rojas de mi madre… Difícilmente podíamos llegar a la cifra mágica. Resumiendo: que por una cosa o por otra pisábamos menos la playa que Lawrence de Arabia.

     ¿Solución? Si los González Mendoza no podían ir a la playa, la playa iba a la casa de los González Mendoza. Por la salud de sus hijos unos padres hacen cualquier cosa. Hasta construir una sucursal de La Puntilla en plena calle San Sebastián. Para nosotros solos, como los ricos. Sacaban al patio el barreño de zinc en el que nos escamondaban los sábados, lo llenaban hasta arriba y se liaban a echarle sal. Las macetas recreaban los pinares y las Dunas de San Antón. Eran baños homologados que computaban para los quince. Nosotros disimulábamos, pero no era lo mismo, entre otras cosas porque para darse jogaillas  había que dominar el contorsionismo como Pinito del Oro y yo de niño tenía la misma agilidad que el perro de Heidi.

      El caso es que al final del verano, gracias a esa playa privada genuinamente familiar, juntábamos los quince baños recomendados por el médico. Nos daba un poco igual, la verdad. Entonces, uno se sentía inmortal y no nos asustaba la dureza del invierno.

     (Diario de Cádiz, 1 de agosto de 2014)

LOS ITALIANOS

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     Yo soy de cuando en los guateques y en las discotecas, a partir de cierta hora, se bailaba lento. De pronto, después de volvernos locos con Tequila o de sobrevivir a los cubatas de garrafón con Gloria Gaynor, la pista se quedaba a media luz, y nosotros, los simpáticos, a dos velas. Sólo los guapos tenían derecho a constatar que, en efecto, el roce casi siempre termina haciendo el cariño.

     Sonaban entonces los italianos, los putos amos de las baladas, unos tipos la mar de empalagosos que cantaban como con carraspera. Iban de mártires por la vida sentimental, pero al final, en la última estrofa, se lo comían todo. Hay idiomas que invitan a invadir Polonia y otros que invitan a invadir las camas. Las lenguas romances, como su propio nombre indican,  facilitan mucho el filtreo. No es lo mismo decirle a tu señora “No son digno di te, Giannina”, que decirle “Me he pasado tela, Lola”. O llamarse Pepe Mendoza que llamarse Toto Cotugno. Cómo va a ser lo mismo.

     Pero una lectura en frío de las canciones (las versiones que se hacían al castellano se parecían tanto a las originales como un buen puchero a una sopa de sobre) dejaba entrever que el romanticismo alcanzaba a veces la condición de patología. Adriano Celentano, tal vez para dejar claro que no solo parecía un boxeador, popularizó Una caricia y un puño, en la que decía cosas como “mi mano, en la que antes brillabas, se convierte en un puño cerrado”. La mismísima Mina le dice a su chico en Grande, Grande: “Eres el hombre más egoísta y prepotente que he conocido en mi vida. Pero al momento eres grande, grande”. ¿En qué momento? ¿Grande de qué?

     Aunque, para mí gusto, fue Sandro Giacobbe el más digno representante de la escuela cínica en las baladas de finales del siglo pasado. Triunfó con El jardín prohibido. Ya saben: el muchacho llega una tarde a casa de su novia y le suelta  que viene triste porque se ha tirado a la mejor amiga de ella. No es culpa de él, no, la culpa es de la vida, que es así de siesa. Intuimos que la chica no debió quedar muy satisfecha con las prestaciones íntimas de Sandrito. “Mi cuerpo fue gozo durante un minuto”, escupe en una de las estrofas de la canción que lo retrata. Un minuto duraba el guaperas. ¡Un minuto! Ni al estribillo llegaba.

     (Diario de Cádiz, 18 de julio de 2014) 

18/07/2014 07:41 pepemendoza #. LOS ITALIANOS No hay comentarios. Comentar.

DOS MILLONES

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     El Ministerio del Interior presentó ayer un nuevo sistema de alerta para menores desaparecidos. Estará operativo en las primeras 24 horas para casos graves en los que se considere que la vida del niño corre peligro. Me parece una idea estupenda. Tan buena que,  para rentabilizarla aún más, podríamos extenderla también a los dos millones de niños desaparecidos de las prioridades legislativas que según UNICEF, esa organización bolivariana, pasan hambre en España. No tener nada que llevarse a la boca es no estar ni contar para nada ni para nadie. Los datos que manipulan los de Cáritas son muy parecidos. Qué se puede esperar de unos antisistemas que adoran a uno de los mayores demagogos que ha dado la Historia. Un perroflatua que si no llevaba coleta es porque a María Magdalena le gustaba más con el pelo suelto.

     Dijo el Rey en su primer discurso que en este país cabemos todos, pero lo cierto es que dos millones de niños no caben en su casa a la hora de comer y transitan por colegios y comedores sociales sin poder participar de esa liturgia sagrada en la que la familia se reúne en torno a la mesa para compartir el pan. Sucede aquí, en el país serio que dice el presidente del gobierno que somos, y que a uno, de un tiempo a esta parte, le parece más bien fúnebre. Dos millones de críos desparecidos también de las  consultas de los dentistas y de los oftalmólogos, de los cines, de los libros, de las zapaterías, de las clases particulares, de los viajes… Dos millones de niños. Dos millones.

     Hablamos del mismo país serio que, después de Letonia, es subcampeón de Europa en desigualdad. La misma España dual que tanto le dolía a Baroja, Azorín, Unamuno, Machado y todos esos rojazos de la Generación del 98: la real y llena de miseria, y la oficial falsa y aparente. Aquella en la que Madariaga fecha esta anécdota. El capataz de un cacique iba de puerta en puerta comprando votos a dos duros, una fortuna entonces. Hasta que se encontró con un jornalero que cogió el dinero, se lo  tiró al suelo y mirándole a la cara le dijo: “En mi hambre mando yo”.

     En la de los niños, por acción u omisión, mandamos nosotros.

      (Diario de Cádiz, 4 de julio de 2014)

04/07/2014 09:08 pepemendoza #. DOS MILLONES No hay comentarios. Comentar.

DESAFÍOS

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     En aquellos veranos de los primeros 70, cada tarde jugábamos la final de un Mundial, cada día teníamos un partido del siglo. Nosotros le llamábamos “echar un desafío”. Que los de la barriada de La Playa quieren un desafío. Que ha venido uno de Fermesa pidiendo un desafío. Que el portero del 18 de Julio dice que el desafío del  sábado hay que repetirlo, que el gol de desempate fue alta. Aquellos sí que eran desafíos y no los de Jesús Calleja.

     Nuestro equipo se concentraba cada mañana en la plazoleta de la barriada Francisco Dueñas, los pisos del Sindicato para los porteños, el Distrito 21 para la policía. Un parque temático de la pobreza en el que los chutes más peligrosos no eran los que iban a los cristales de las ventanas sino directamente a la vena de la generación anterior a la nuestra. Teníamos un estadio compartido con el resto de equipos de Crevillet (de la plaza de toros a La Puntilla todo era Crevillet), el campo Arana, un agujero a los pies de las Dunas de San Antón camuflado entre pinos piñoneros, retamas y lentiscos. Nuestra camiseta era celeste, como la del Celta de Vigo. Las compramos en Tejidos López y las sufragamos con una rifa clandestina, pues todavía no se estilaba lo de los sponsors y esas cosas. Había libertad de modelos y colores para pantalones y calcetines. La mayoría calzábamos unas Tórtolas indestructibles, las Adidas F-50 de la época, cuyo único problema es que sudaban más que nosotros y por la noche cantaban más que Casillas.

     Los trofeos eran Caseras, aquellas Caseras de cristal con un tapón de porcelana que se te tatuaba en el dedo cuando las abrías. A veces saco una del frigorífico y doy a escondidas un par de tragos a morro. Me sucede lo mismo que le sucedía a Proust con su magdalena. El sabor dulce y la quemazón helada en la garganta me devuelven a aquellos días de abrazos puros a pie de campo tras cada victoria y de berrinches largos después de la derrota en el camino de vuelta a casa.

    En aquellos desafíos en los veranos de los primeros 70 en el campo Arana, entre amigos sudorosos barnizados por la arena y por el crepúsculo a la caída de la tarde, sitúo yo el último paraíso perdido de mi infancia.

      La policía iba de gris y nosotros de celeste.      

     (Diario de Cádiz, 20 de junio de 2014)

20/06/2014 08:14 pepemendoza #. DESAFÍOS No hay comentarios. Comentar.

UNOS PANTALONES TRIMILENARIOS

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     Unos arqueólogos han encontrado en China los pantalones más antiguos del mundo. No ha trascendido la marca, probablemente porque son falsificados. El modelo sí: son unos pantalones gastados, tampoco era muy difícil averiguarlo. La sorpresa ha sido que fueran vaqueros. Yo pensaba que en esa época, como en mi infancia, sólo había pantalones de vestir. Que el primero que se enfundó los jeans fue James Dean en Rebelde sin causa. Pero parece que no, que el homo metalúrgico ya mataba por unos Levis 501.

     Se calcula que pueden tener unos 3.000 años. Como El Puerto, más o menos. Si los hubiéramos encontrado aquí tendríamos el verano hecho. Un mercadillo medieval de pantalones antiguos y un ciclo de charlas de los chicos y chicas de Cultura. “Estos pantalones se los regaló Menesteo a un sobrino suyo, etc.”. Y así salimos un poco de la ruta del vino y de la Guerra de la Independencia, que parece que llevamos toda la vida con una botella en una mano y un arcabuz en la otra.

     Se imagina uno el diálogo entre el sobrinillo y Menesteo: - Tío Menes, tío Menes, cómprame unos vaqueros de esos molones que han puesto en el escaparate de “El Aculadero”. – Esa tienda es carísima, Demofonte. – Sí, pero  los únicos que tengo de marca me los compró mi madre antes de la Guerra de Troya, cuando el caballo era todavía un potrillo. Y tío Menes: - Vale, pero vamos a Porto Moda Primitiva, que seguro que allí están más baratos.

     El vendedor: - Hombre, señor Menesteo, qué alegría verle. Llevo años queriendo agradecerle que nos fundara. Pero me va usted a permitir que le diga, no se lo tome a mal, que este pueblo necesita ya una refundación. Si usted no se ve con fuerzas pues abdique, pero esta desembocadura es una ruina. Bueno, ¿qué desea? – Mi sobrinillo, que quiere unos pantalones. – Los tengo rebajados de la temporada anterior, o sea, del Neolítico. Pasados por la piedra, como es lógico. Y también estos, ya de la nueva, la Edad de los Metales. Aquí tiene usted pantalones para largo, esto es carne de perro.

     Yo seguiría excavando en Pozos Dulces. A lo mejor aparece, quién sabe, una enagua de Doña Blanca, la señora esa de El Poblao. Algo, no sé, que podamos venderle al mundo y nos ayude a salir de esta depresión interminable

     (Diario de Cádiz, 6 de junio de 2014)

DE HEROÍNAS Y HÉROES

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     Nadie que se haya atrevido alguna vez a emprender una aventura de verdad vuelva de ella tal como se fue. Debajo de sus gastados ropajes, de sus heridas interiores y exteriores, de su piel maltratada por las inclemencias del tiempo, el aventurero trae consigo una certeza, una convicción profunda. Más allá del fracaso o del éxito del viaje, el héroe que vuelve es otro. Se ha fajado en mil batallas, ha caminado por terribles parajes, se ha enfrentado a dragones, brujas y villanos, pero, sobre todo, ha descubierto el tesoro de su propia identidad. Los desafíos en las que se vio envuelto, el encuentro con desconocidos, las noches a la intemperie, le han marcado para siempre. Así de apasionante es la aventura. Así de apasionante es la aventura de la educación.

     Como el último replicante de la película Blade Runner, las familias de las heroínas y héroes que están a punto de graduarse os hemos visto hacer cosas que vosotros no creeríais. Os hemos visto encerraros en vuestro cuarto con Nietzsche y salir horas más tarde con la misma cara de loco que él. Os hemos visto buscar desesperadamente por la casa la mano invisible de Adam Smith para pegarle un tajonazo y acabar de una vez con las fluctuaciones del mercado en particular y con los apuntes de economía en general. Os hemos oído recitar de carrerilla los nombres de los Jefes de Gobierno de la República como si fuera la alineación del Athletic de Bilbao. O pasar la sobremesa de tertulia con Antonio Machado, Federico García Lorca o Miguel Hernández, que es más emocionante y enriquecedor, dónde va a parar, que pasarla con Jorge Javier Vázquez, Belén Esteban o Kiko Matamoros.

     El caso es que habéis tenido que superar miles de pruebas, con mayor o menor éxito. No habéis estado solos en la pelea. Habéis forjado para siempre amistades memorables. No os preocupéis si en alguna batalla fuisteis derrotados. Ni Sancho alcanzó nunca su deseada ínsula, ni Don Quijote tuvo tiempo de desfacer todos los entuertos, pero se tuvieron el uno al otro. Quien hace lo que puede no está obligado a más. Eso sí, que nadie pueda arrebataros la gloria de haberlo intentado. Al final, ya veréis como todo sale bien. Y si no sale bien, es que todavía no es el final.

     No olvidéis nunca, por muy bien que os trate la vida, que fuisteis alumnas y alumnos de un instituto público. Es bueno recordarlo en esta época oscura de villanos sin conciencia que creen que la educación es un lujo que solo debe estar al alcance de los que puedan pagarla. Sin educación pública, tiene escrito Antonio Muñoz Molina, ni hay desarrollo, ni hay igualdad, ni hay nada. Gracias a la formación que habéis recibido, a eso que antiguamente se llamaba la instrucción pública, podréis contribuir a devolver a la sociedad lo que la sociedad os ha dado.

     Decía el escritor Max Aub que uno es de donde hizo el bachillerato. Así que vosotros sois ya para siempre alumnos de este instituto en el que os hicisteis, también para siempre, hombres y mujeres. Ciudadanos y ciudadanas. Humildes heroínas y héroes que libraron descomunales batallas contra la ignorancia. Pescadores de sueños que navegaron juntos, sobre todo juntos, por las aguas cálidas y luminosas del Mar de Cádiz.

(Mi aportación al Acto de Graduación de 2º de Bachillerato del Instituto de Enseñanza Secundaria Mar de Cádiz, celebrado el 30 de mayo de 2014)

31/05/2014 14:32 pepemendoza #. DE HEROÍNAS Y HÉROES No hay comentarios. Comentar.

MIX OPERATION (OPERACIÓN REBUJITO)

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     No se si se han percatado de que El Puerto es esta primavera el principal destino de los Servicios de Inteligencia. La dedicatoria de la feria a los Estados Unidos ha congregado en nuestra ciudad a la flor y nata del espionaje mundial. Esto parece Tánger a mediados  del siglo pasado. No se veía un crisol de razas parecido desde la batalla del Guadalete. Están por todos lados, salvo en Puerto Escondido, un sitio demasiado obvio. Se marcan a ellos mismos con la misma intensidad con la que Gentile marcó a Maradona en el Mundial 82. Y, no se confíen,  vigilan también nuestros movimientos por tierra, mar y twitter. La comunidad internacional no quiere que los nietos de Mr. Marshall adquieran ventaja otra vez, por muy gordos y sanos que sigan viniendo. Así que en estos días da gusto ir por el centro y ver a lo más granado del cotilleo geopolítico disfrazados de lugareños, con los atuendos ya típicos de la temporada de verano: la camiseta blanca interior de tirantes, los pantalones vaqueros piratas y las chancletas o las sandalias cangrejeras de toda la vida de Dios y de Menesteo.

     Salvo para escritores de raza como el que firma esta joya del periodismo de investigación, la verdad es que es complicado distinguir a un espía de un vecino del barrio alto, tal es la perfección con la que la mayoría de los países han logrado clonar a los nativos del lugar. El otro día, en el restaurante chino de Fermesa almorzaba un tipo que tatareaba la banda sonora de Casablanca con la voz impostada de Ruibal. Tenía aspecto de norteamericano, maneras de francés, iba vestido de penitente de Los Cerillitos y se estaba hincando media docena de rollitos de primavera con una jarra de cerveza alemana como la deuda de Suvipuerto de grande. Estaba claro que era israelí, a mí me la va a dar. Son los mejores. O los peores, según se mire.  Los de la CIA también se esmeran bastante. El domingo en Vistahermosa había un tío vendiendo patatas fritas que era clavao al Papi. Igual de negro por dentro, igual de blanco por fuera, con las mismas resurrecciones a cuestas y el mismo dinero en el banco. Pero un detalle sin importancia que para cualquiera podía haber pasado desapercibido, a un servidor, alumno aventajado de Vaughan, le hizo caer en la cuenta de que no era el auténtico. Hubo un momento en que le traicionó el idioma y en lugar de decir “¡Qué alegría de verano!”, dijo “What summer happiness!”. Luego intentó disimular con lo de que todo lo verde lo seca y eso, pero ya era tarde.  

     Si esas cosas pasan en el centro imagínese en la feria, con la caseta norteamericana en el epicentro del real y  Los Hombres de Harrelson, Starsky y Hucht, Kojak, Colombo, McCloud, Banaché y toda esa gente apostada detrás de los puestos de algodón,  arriba de la noria o debajo de Helo-Libo. Yo estuve en la velada y había familias enteras que hablaban con la mano en la boca, como los futbolistas. Todas las precauciones son pocas. A la portada, por ejemplo, no pienso acercarme. ¿Por qué creen ustedes que tiene 23 metros de altura y una estructura de andamios interiores? Efectivamente: porque desde las garitas camufladas que han colocado arriba del todo, los sobrinos del Tío Sam controlan los flujos migratorios en general y los flujos y reflujos en particular de aquellos que buscan un punto de apoyo para tomarse la penúltima. Fuentes bien informadas aseguran que contemplan también la posibilidad de instalar un escudo antirotondas. Si usted no puede evitarlo porque es un clásico de los que siempre accede a los sitios por la puerta de entrada, nada de gestos bruscos, ningún zig zag sospechoso por muy borracho que esté, que le pegan tres tiritos y encima le dan un peluche descolorido de Piolín. Yo estoy entrando por Las Nieves, que ya sabemos desde la batalla de Leningrado que el frío dificulta mucho las estrategias militares.

     Hay atracciones, además, que no pienso pisar. Las tómbolas, por ejemplo. Cualquiera sabe a qué terminal está conectado el micrófono y lo que significa en el lenguaje cifrado “a por otro perrito piloto”. O a dónde lleva al final el laberinto de los espejos: ¿a Guantánamo, a Crimea, a Pekín? O, yo qué sé, quién se esconde detrás de la careta de la bruja del tren de los escobazos. Desconfié también de todo aquel que se ofrezca, por muy buena gente que parezca, a echarle un cable. Seguro que es de fibra óptica y lo que quieren es fisgonear sus llamadas y sus correos electrónicos.

     Mix Operation (Operación Rebujito) han bautizado los yanquis la misión para controlar El Puerto, la feria y a la competencia. Qué tíos. Están en todos sitios. Lo mismo aparece Obama el lunes repartiendo hamburguesas en la tartana de Tere. Ellos son así. Se apuntan a un bombardeo.

     (Diario de Cádiz, 25 de mayo de 2014)

25/05/2014 00:34 pepemendoza #. MIX OPERATION (OPERACIÓN REBUJITO) No hay comentarios. Comentar.

¡YA VOY!

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    Como los chicles malos, hay expresiones que se deshacen en la boca en cuanto las pronunciamos: a ver si quedamos un día, luego te llamo, no tengo nada que ponerme, estamos llegando… Son frases que, más que decir, desdicen.

     En mi casa “¡ya voy!” es trending topic desde hace años, muy por delante de “dame la paga” y “otra vez pescado”. La cofradía de los yavoistas gana por mayoría absoluta (tres hermanos mayores contra dos penitentes de la Hermandad de Nuestro Padre José Cautivo y María Isabel Santísima de la Desesperación). La fe de mis hijos mueve montañas. Montañas, por ejemplo, de ropa sucia. Yo he visto reptar por el cuarto de baño a una familia de toallas de Vila Real de San Antonio, hartas de esperar, como esperaban a Godot (otro yavoista) los protagonistas de la obra de Beckett, a que un buen samaritano las llevara en brazos a la lavadora. Las he visto enroscarse desesperadas como vulgares trapos de cocina intentando llegar al tambor. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais.

     ¡Ya voy!: una manera cómoda, descomprometida y mentirosilla de estar en el mundo. Estamos rodeados de gente que ya va pero que no viene nunca. De individuos que predican con el ejemplo de no ir, que desconfían de aquellos que acuden enseguida a la llamada. El mismo Jesús de Nazaret, que hay que reconocer que cuando vino vino de verdad, anunció que regresaría en segunda convocatoria. “Vuelvo pronto”, escribió en el muro del facebook de la Historia aquella mañana luminosa de domingo después de salir del sepulcro con el subidón de la resurrección. Hasta hoy.

     En realidad, ir, lo que se dice ir –no ir por ir, que es tontería- de frente y por derecho, asumiendo el coste personal y social del desplazamiento, no vamos casi nunca. Ir de verdad es agotador. Y revolucionario. El mundo es más amable y menos desapacible porque existen damas y caballeros andantes a los que en cuanto se les llama dicen ¡yo voy! en lugar de ¡ya voy! Hombres y mujeres de bien que van abriendo caminos para que el resto podamos transitar por la vida con la cabeza alta, el corazón caliente y el estómago lleno. El franciscano Ángel Angulo, sin ir más lejos. La de caminos que ha abierto ese hombre.

     (Diario de Cádiz, 9 de mayo de 2014)

09/05/2014 07:42 pepemendoza #. ¡YA VOY! Hay 2 comentarios.

LA GRAN EVASIÓN

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     Como Woody en Toy Story 3, yo también utilizo el cuarto de baño para escapar. Nos diferenciamos, además de en el sombrero y en las amistades, en que él lo usa como estación de paso para fugarse de la guardería en la que está atrapado y yo como fin de trayecto para huir de Canal Sur, de los gritos destemplados de los electrodomésticos, de los grupos de guasap, de mi mujer, de mis hijos, de la perra y hasta de mí mismo. Desembarazarse de uno sin dejar huellas incriminatorias es lo más complicado. Hasta que no echo el pestillo y me asomo al espejo y compruebo que no hay nadie al otro lado, no me quedo tranquilo. Luego hay que mentalizarse de que durante las primeras cinco o seis horas tu familia se irá turnando para aporrear la puerta con la violencia siniestra de Jack Nicholson en El Resplandor. Si logras superar ese último escollo, acabas mimetizándote entre las piezas. Y entonces, Carpe diem. ¡Y qué momento, señoras y señores!

     En su origen, el retrete era una habitación retirada de la casa que se utilizaba para rezar y leer mientras uno se depuraba también por dentro. Me recuerdo de niño con el Diario o el TBO en la mano en concurrida peregrinación hacia esa cueva paleolítica que tenía una estalactita de 60 vatios colgada del techo. Una vez leí que en los cuadros sobre la Anunciación de la Virgen el aposento donde el ángel se aparece es el váter, lo que certifica que las criaturas celestiales además de dar de alma también dan de cuerpo. La mística y la escatología no están tan desconectadas como aseguraba Ripalda en su catecismo. En los primeros meses de la adolescencia intensifiqué ese viaje iniciático a las profundidades del Ser (era otro tipo de urgencias).

     Tan placentero como entrar es salir un par de días después, con barba de náufrago y la tapa de váter tatuada en las nalgas, y comprobar que tu familia no es que no te mire, es que no te ve. Nadie dijo que el reencuentro fuera fácil. Lo importante es que sales purgado por arriba y por abajo, leído y aflojado, orgulloso de haber cumplido fielmente el encargo que nos hizo San Juan en sus cartas: “obrar y callar, que son cosas que recogen y dan fuerza al espíritu”. Y qué gusto dan también, hasta los ángeles lo saben, al cuerpo.

     (Diario de Cádiz, 25 de abril de 2014)

25/04/2014 07:34 pepemendoza #. LA GRAN EVASIÓN No hay comentarios. Comentar.


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