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YO HE VISTO COSAS QUE VOSOTROS NO CREERÍAIS

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Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto burros desfilar apesadumbrados con serones cargados de arena por calles de chinos peluos. He visto afiladores que traían la música del viento y la súbita melancolía de un frustrado día de playa. He visto llegar la leche en lecheras gigantes, en botellas de cristal y en bolsas de plástico, y a abuelas hirviéndola. He visto a ancianos sonarse los mocos con un pañuelo de tela. He visto a mujeres jóvenes enlutadas de por vida y a hombres taciturnos con un botón negro cosido en la pechera de la camisa.

He visto a niños jugando al fútbol con chapas. He visto escribir a máquina con papeles de calco. He visto gente hablando en una cabina telefónica con el pie por fuera por miedo a que se cerrara para siempre. He visto echar cartas en un buzón de correos. He visto darle cates a un televisor para estabilizar la imagen. He visto rebobinar una cinta de cassette con un bolígrafo Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal.

He visto niños echarle una peseta y luego un pulso a una máquina naranja atornillada a la pared para sacar bolas de chicle de colores. He visto mujeres vendiendo chucherías detrás de las rejas del cierro de su casa. He visto pañales de tela. He visto gente con la vacuna de la viruela tatuada en el brazo. He visto a hombres con gorra de plato que guardaban las llaves y los secretos de todas las puertas del barrio. He visto un isocarro con publicidad de Fino Quinta. 

He visto pegar cromos con agua y harina. He visto libros forrados con papel de periódico. He visto a niños chicos tomar candies (huevo, azúcar y lingotazo de oloroso) y a niños grandes tomar un vaso de leche caliente antes de dormir. He visto llegar, con la regularidad ancestral con la que llegaban las cosechas, el tiempo de los bolis, el tiempo del trompo, el tiempo del clavo… He visto diteros con la oreja puesta detrás de una puerta que no se abría.

Gentes del porvenir, jóvenes de la diáspora y el tuit, yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Todas esas cosas se perdieron en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Lástima que algunas no hayan sobrevivido. ¿Pero quién sobrevive?

19/09/2016 07:46 pepemendoza #. sin tema Hay 1 comentario.

1986: EL AÑO QUE ENTRAMOS EN EUROPA Y EN LA JOY SHERRY

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Habíamos entrado en 1986 a carcajada limpia, que es como deberíamos entrar en todos los años que nos quedan de aquí a la eternidad. En el especial de Nochevieja, el dúo Martes y Trece bordó un sketch hilarante en el que una señora, fan de Encarna Sánchez (pronunciése “¿Encaanna?”), llamaba en directo a la radio mientras se le achicharraban en el fuego unas empanadillas. También entramos, por fin, en Europa, que acababa de aprobar un nuevo PGOU. Ya no limitábamos al norte, como toda la vida de Dios, de Isabel y de Fernando “con el mar Cantábrico y los montes Pirineos que la separan de Francia”, sino con el mar Báltico y el mar del Norte. Ahora podíamos ir la tarde de verano que quisiéramos a bañarnos allí y comprarle un cartucho de patatas congeladas a algún colega vikingo de El Papi, qué alegría de veranos tan fresquitos. Ya “semos” europeos. Nosotros y nuestros vecinos del bloque de la izquierda, los que venden toallas tiradas de precio e hicieron una revolución con claveles.

El cambio ha sido radical. En apenas unos meses hemos pasado del Y viva España de Manolo Escobar, a la novena sinfonía de Ludwig van Beethoven. Del OTAN de entrada no, al OTAN de cabeza por toda la escuadra. Del “que dice mi madre que se lo apunte en la libreta, que ya se lo pagará a final de mes”, al “¿lo quiere usted con IVA o sin IVA?”. De la chaqueta de pana socialista y obrera, al traje de Armani del liberalismo de la izquierda caviar y de la beautiful people. Todo en un plis plas, como pasamos del burro al isocarro y del isocarro a la furgoneta. Lo anunció el profeta del Antiguo Socialismo, Alfonso Guerra: a España no la va a conocer ni la madre que la parió.

Yo también he cambiado mucho, sobre todo por los bolsillos. He conseguido, después de varios intentos, mi primer trabajo estable. Un par de exámenes en condiciones me abren las puertas de la Administración como auxiliar administrativo interino en la Delegación de Educación. Con educación se va a cualquier sitio. Y con mi máquina de escribir portátil, una Lettera 40, a cualquier oposición, Dios la tenga en su gloria y en su despacho. De terminar cada día como la baldaita de la sevillana, sin poderme ni mover, cuando me contrataban esporádicamente para descargar atunes y marrajos diez y doce horas diarias en VIMFRISA, la empresa frigorífica en la que trabaja mi padre, a formar parte del proletariado de cuello blanco, oliendo a Brummel en vez de a pescado azul.

Para celebrar que ya no tengo que ir a ver al Teja al sindicato y que disfruto de una nómina (bueno de media, porque la otra media se queda en casa), me voy a finales de julio con mi amigo Pepe Vázquez a las fiestas de moros y cristianos de Villajoyosa. Allí nos espera otro amigo común, Tomás Galiana, que dejó por amor la arboleda perdida de Crevillet y ejerce de anfitrión a tiempo completo. Desde alguna otra arboleda perdida del Universo, Tomás, que pensaba que todo puede ser perdonado en este mundo menos no ser divertido, debe estar ahora brillando con la misma intensidad con la que brillaban las estrellas de la Vila en aquellas noches límpidas de verano.

Será casualidad, pero ha sido entrar en la Comunidad y las extranjeras ya nos miran por la playa de otra manera. No sé, con lujuria pero sin cachondeito. Atrás quedó el macho cañí de pelambrera en pecho, corto de talla, que le habla a las guiris por señas y gritando. El landismo ha muerto. Hemos dejado de ser la España hambrienta de mundo y carne. Bueno, mis amigos y yo no del todo, la verdad. Ya no somos tampoco la reserva espiritual de Occidente, aunque las peñas de moros y cristianos del pueblo nos acogen como si fuéramos los sobrinos preferidos de Dios y de Alá. Nos pasamos el día comiendo, bebiendo y bailando, de cara a la Meca, al camino de Santiago, a la barra del chiringuito o a donde haga falta. Al calor del amor en un bar, como Gabinete Caligari, descubrimos la absenta, una bebida alcohólica con un sabor anisado y amargo. A altas horas de la madrugada, más que moros o cristianos somos devotos de una nueva religión que tiene como líder espirituoso a Paquito El Chocolatero: la Iglesia Absentista del Séptimo Pelotazo. En las peñas, además de las marchas propias de los desfiles, suenan los éxitos del momento. Triunfa un tal Rufino, un tipo con aire de pingüino, libertino, divino y superficial, que coquetea con Luz Casal, quién pudiera. Y Alaska y Dinarama: a quién le importa lo que yo haga, a quién lo importa lo que yo diga,  hatajo de cotillas. A las cinco se cierra la barra del 33, aunque Mario no sale hasta las seis. Pero eso es en el bar de Mecano. En los nuestros, los camareros son más generosos y los chapan después de ponernos púos de horchata con churros.

Cuando volvemos a El Puerto, nos enteramos que el alcalde Rafael Gómez ha paralizado, a instancia de lo ecologistas, parte de las obras de Puerto Sherry, pues incumplen el proyecto original. Puerto Sherry se enclava en La Colorá, una playa en la que Sol se acostaba muy despacito. De buen rollo, la chirigota Los Cubatas había recomendado al que lo enclavó que se lo enclavara en el culo. Se ha inaugurado también una nueva discoteca, la Joy Sherry, que abre sus puertas el 25 de julio. Para el diario ABC, su principal decoración es la naturaleza, “magistralmente ordenada al más genuino estilo francés y versallés”. Más de 5.000 personas asisten a la fiesta de apertura, en la que cantan, más o menos, Bertín Osborne y José Manuel Soto. Un avión privado ha venido desde Madrid con más de 200 ricos y famosos: la princesa Beatriz de Orleans, Cayetano Martínez de Irujo, Paloma Segrelles, Mila Santana, Lolita Flores, Lita Trujillo, Norma Duval, Alfonso de Hohenlohe... Los jóvenes proletarios del lugar, que veníamos de bailar de lado (bailar de lado no es bailar) en un zulo con bombillas de colores llamado el Club 2000, alucinábamos cada vez que entrábamos en ese palacio que parecía sacado de El Gran Gatsby. Recuerdo alguna vuelta a casa, después de que hubiéramos fracasado otra vez en el arte de la seducción, cantando con la lengua pastosa Tristeza de amor, la serie interpretada por Alfredo Landa, que ahora ejercía de digno perdedor en lugar de perseguidor de suecas.  

Hasta donde me llega la memoria, en la segunda mitad de la década de los 80 y en los primeros 90 El Puerto vivió su década prodigiosa, su epifanía turística. En el verano de 1987 abrió sus puertas otro templo canalla de la movida coquinera: el Convento. Pero para eso todavía falta un año.  

(Diario de Cádiz, 28-08-2016)

1981: EL VERANO QUE DURÓ NUEVE MESES

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Veníamos de un invierno largo y criminal. En febrero, un tipo patibulario y bigotudo intentó que volviéramos a aquellos días oscuros, a aquel frío de posguerra. El salvapatrias, que parecía recién salido de una escena de Luces de Bohemia, se coló en el Congreso de los Diputados exigiendo pistola en alto que nos tiráramos todos al suelo. A un periodista sueco su jefe le exigió un titular urgente que resumiera lo que estaba pasando esa noche en España. El plumilla miró la foto de Tejero y escribió: “Un torero asalta el Parlamento español”. Siglo y medio de pronunciamientos esperpénticos habían transmitido al mundo la imagen de un país también políticamente folclórico. En Cádiz, al día siguiente, el cuarteto Cuatro Parlamentarios Parlanchines y Estrafalarios parodiaba en el Falla el intento de golpe de estado invitando al patio de butacas a tirarse al suelo pero de la risa. Cómo va a ser lo mismo, por el amor de Momo, empuñar plumeros que empuñar pistolas.  El golpe, felizmente, no triunfó. Aunque hay quienes dicen que sí. 

La primavera tampoco hizo retoñar ese geranio que según Gloria Fuertes nos saca siempre del invierno. En mayo una extraña enfermedad provoca en sus inicios 25 muertos y 2.000 afectados, sin que las autoridades sanitarias sepan explicar qué está pasando. No fue hasta bien entrada la canícula cuando los expertos descubrieron la causa de lo que se llamó la neumonía tóxica: el aceite de colza adulterado. No se usted, pero yo acabo de terminar cuarto de FP en la rama de Administrativo y Comercial, en las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia. En mecanografía ya supero las 250 pulsaciones por minuto. Como en las olimpiadas, esa es para el Padre Martínez la marca mínima exigida en las oficinas para colocarse. 

El caso es que aquel verano teníamos muchas ganas de sacudirnos el invierno oscuro que pudo ser el último de nuestra juventud en democracia. En julio se aprueba la Ley del Divorcio. “No podemos impedir que los matrimonios se rompan pero si podemos impedir el sufrimiento de los matrimonios rotos”, declaró su mayor valedor, el ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordoñez, que fue machacado por la jerarquía católica y por los democristianos de su propia partido, la UCD. Pero la gente se sigue casando por la iglesia. Hasta por la anglicana. El 29 de julio contraen matrimonio Charles Philip Arthur George Windsor y lady Diana Spencer. Charles es hijo de la Beli (de la segunda) y del Felipe, de los York de toda la vida. La pareja empezó su viaje de novios en nuestra provincia, concretamente en Gibraltar, una pedanía de La Línea. A los reyes de aquí les debió parecer que iniciar la luna de miel en un páramo con dos calles y tres o cuatro monos era de un cutrerío insoportable. Y aunque fueron invitados a la boda, no asistieron, amargándoles el día más feliz de sus vidas a esos dos pobres inmigrantes en tierra de penumbras. No hay constancia de que se dejaran caer con algún regalo, aunque fuera una flamenca y un torero para encima del televisor. O un guardia civil. 

En el mismo mes se chapan por última vez las celdas, ya sin nadie dentro, del penal de El Puerto. Abierto en 1886, por ese pudridero de hombres pasaron políticos de la talla de Ramón Rubial o Lluís Companys. Pero fue El Lute, con su huída en la nochevieja de 1970, el que vengó de alguna forma el sufrimiento de todos los que allí fueron represaliados durante la dictadura. Eleuterio Sánchez aprovechó un descuido de sus vigilantes, saltó lo muros de aquel infierno y caminó hasta reventar, con Estrellita Castro y las Carceleras del Puerto como banda sonora de la huída.    

La lista de éxitos musicales la encabezaba “El baile de los pajaritos”. Una canción que había que bailar agitando los brazos como si nos infláramos a nosotros mismos y moviendo el culo para abajo como si nos estuviéramos acoplando en la taza del váter. Los que perpetraban la canción eran una tal María Jesús y un acordeón. Hasta esas fechas, que uno supiera, sólo Micky y su armónica y Manolo el del bombo habían incorporado su instrumento a su nombre artístico. También triunfaba “Caliente, caliente”, de Rafaella Carrá, una mujer que siempre estaba pensando en lo mismo. Y Caperucita Feroz, de la Orquesta Mondragón, que ya no era una niña inocente, sino una mujer completamente liberada, como la Carrá. Ahora era al lobo al que le daba miedo de ella. “Yo lo que quiero es tu cuerpo tan brutal, y lo que adoro es tu fuerza de animal”, le gritaba en medio del bosque con la trenca roja por los tobillos. Cómo había cambiado el cuento. 

Pero lo mejor de aquel verano es que fue larguísimo, como los de la infancia. Después de la Virgen, los bañadores y la pelota de Nivea no  fueron deportados al altillo como todos los años. TVE había decidido prorrogarlo cinco meses más (de octubre a febrero), invitándonos a seguir veraneando en Nerja sin salir de casa, con la pandilla de Verano Azul. Cualquiera nos movía del barco de Chanquete y del sofá. Muchos años después no enteramos de que la serie estuvo a punto de rodarse en nuestra provincia, pues Antonio Mercero prefería la arena de estas playas a las de Málaga. Pero la distorsión que el viento de levante podía ocasionar sobre el sonido nos privó de ser vecinos de Tito y del Piraña. Igual hoy hubiéramos estado sacándole los cuartos a los turistas con la Dorada anclada en el paseo de La Puntilla, unos pósters de los niños colgados en el parque Calderón y una visita guiada por las mesas del Bar Vicente “Los Pepes”, donde  hubieran jugado al dominó Chanquete, Buzo y Frasco. 

Nueve meses seguidos de verano, de junio a febrero, nos pegamos ese año en el que Chanquete perdió su primera vida. Nos lo merecíamos, después de aquel invierno en el que el tipo patibulario del bigote intentó que aquel fuera el último verano en libertad de nuestra juventud. 

(Diario de Cádiz, 8 de agosto de 2016)

08/08/2016 08:15 pepemendoza #. 1981: EL VERANO QUE DURÓ NUEVE MESES No hay comentarios. Comentar.

1976: EL VERANO QUE CREÍMOS QUE FOFÓ HABÍA MUERTO

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Para los mayores fue el primer verano sin Franco, pero para nosotros fue el verano en que se fue Fofó. El payaso más divertido nos dejaba para siempre (eso creíamos entonces) un 22 de junio, el último día de colegio antes de las vacaciones. Su hermano Gaby declaró en defensa propia y en defensa nuestra que Fofó no había muerto, que quien había fallecido era Alfonso Aragón. Pero a mí, que tenía 12 años y según mi tía Elisa era ya un muchachito, no me engañaba como a los niños chicos. De haberlo tenido cerca le hubiera cantado lleno de rabia uno de sus estribillos familiares: vaya mentira mentira mentira es. Muchos años, muchas canciones y muchas aventuras después supe que Gaby decía la verdad, que el payaso serio nunca habló más en serio. Hace falta media vida para entender cosas que suceden en un instante.

Franco no estaba, pero tampoco se había ido. El mismo viejo orejón que salió por la tele una mañana de otoño llorando su muerte, se empeñaba en que el Caudillo, como el Cid, siguiera ganando batallas después de muerto. El tipo oscuro del traje oscuro, a la sazón presidente del gobierno, tenía nombre de árbitro: Carlos Arias Navarro. Pero su apodo, el Carnicero de Málaga, como reconocimiento a su infatigable trabajo en la represión tras la guerra civil, le emparentaba más con el gremio de los boxeadores. En primavera, cinco trabajadores fueron asesinados por la policía en Vitoria y dos militantes del Partido Carlista corrieron la misma suerte en Montejurra a manos de pistoleros ultraderechistas. La entonces incipiente oposición forzó su destitución y el rey nombró a un joven guapo, desconocido e inexperto llamado Adolfo Suárez. En las radios y en las televisiones Jarcha cantaba que había libertad. Y si los más escépticos creían que todavía no la había, Martirio y sus amigos hippies aseguraban que terminaría habiéndola.

Los nuevos monarcas, Juan Carlos y Sofía, que todavía tenían un contrato en prácticas como reyes pues no llevaban ni un año en la empresa, nos habían visitado en abril, tomando los pueblos como si fueran pastillas: uno antes de cada comida. Almorzaron en Arcos, merendaron en Cádiz y cenaron en Jerez. Los portuenses fuimos agraciados con una paradita corta en la plaza de los Jazmines, delante del Corazón de Jesús. Allí fueron cumplimentados por el alcalde Manuel Martínez Alfonso, el abuelo de Heidi para los nacidos de este lado de la montaña de San Cristóbal. Entre la multitud, un anónimo poeta de la experiencia lanzó al cielo un verso desollado: “Juan Carlos, Sofía, la olla está vacía”.

En mi barriada -Maestro Francisco Dueñas Piñero en los papeles, Distrito 21 en las papelinas-, las ollas también estaban a la cuarta pregunta. Nunca vi la de los Troncoso Guisado, pero debía de ser tan grande como las que salían en las películas de caníbales. Los Troncoso Guisado, vecinos y residentes en el bloque 6, eran “los de los 18 hijos”. Ese verano eran ya también “los famosos”, pues habían ganado el Premio Nacional de Natalidad 1976. Una mañana llegó un autobús modernísimo a la plazoleta y salieron todos vestidos de domingo. Partían para Madrid con todos los gastos pagados por  José María Iñigo, que los iba a sacar en “Directísimo”. Por un pico le debió salir, pues según Dolores, la madre que los parió a todos, consumían a diario 12 kilos de pan. Salvo a nuestra paisana Merche Valimaña, la Macaria, que para mis padres había ganado ella sola el festival de Eurovisión haciéndole los coros con otras dos a la malaje de Massiel, yo no conocía hasta entonces a nadie que saliera en la tele. De pronto me contaba 20 de un tirón en mi colección de famosos, como cuando matabas a alguien en el parchis: Manuel, Dolores y los 18 niños. En la clasificación general por provincias, los gaditanos también estábamos que nos salíamos, nunca mejor dicho. Fuimos campeones de España en coeficiente de alumbramientos. Éramos unos monstruos debajo de las sábanas. Las ollas estaban vacías, pero en las camas había un ambientazo.

Por lo demás, los aires de libertad de los que hablaba Jarcha no habían entrado aún por la celosía de mi casa. Mi horario de recogida seguía siendo el de un estado de excepción. Que el toque de queda no se ampliara ni siquiera en verano me impedía ver la segunda peli en el Cine Playa, quedarme hasta tarde en las fiestas de  Crevillet o en la de los Marineros e incluso ir al trofeo Ciudad de El Puerto. Era ya un muchachito, pero solo la tía Elisa reparaba en ello. Una cosa es la libertad y otra el libertinaje, repetía mi padre como una letanía cada vez que le reclamaba un aumento de horarios. En mi pandilla yo era de los pequeños, pero entre los más mayores ya había libertinos que se lo pasaban bomba con otras niñas igual de libertinas. Al menos eso contaban ellos en la plazoleta. Tampoco estaba tan mal, pensaba yo, ser libertino con moderación, los fines de semana por lo menos. No un libertino como Sandro Giacobbe, no, que el cantante italiano más que libertino era un sinvergüenza. En El Jardín Prohibido se liaba con la mejor amiga de su novia, a la que luego iba a contarle la faena argumentando que lo sentía mucho, que la vida era así, ni que la hubiera inventado él. Qué morrazo. Miguel Gallardo por lo menos era más legal. Hoy tengo ganas de ti, le cantaba con elegancia y sin rencor a una ex que lo había dejado tirado. Aunque en el fondo, todos sabíamos de sobra de qué tenía ganas Miguel. De lo mismo que el señor Troncoso.

Vaya mentira es eso de ir haciéndose mayor sin un poquito de libertinaje, pensaba yo aquel verano en el que confundí, con la insolencia de mis doce años, la muerte de Alfonso Aragón con la de Fofó.

(Diarío de Cádiz, 1 de agosto  de 2016)

AMERICANOS

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  No quiero dármelas de interesante, pero un servidor fue probablemente el primer niño español que militó en la causa del Yankee go home. Tendría siete u ocho años y no entendía una papa de inglés, más o menos como ahora. Scooby-doo, the end, corner, chinco chicles Cheiw y poco más. Tampoco sabía que vietnamitas y cubanos eran aliados en mi batalla por repatriar a los sobrinos del tío Sam y del tío Gilito. Yo luchaba por libre, como Kung fu. A mi manera, como Frank Sinatra. Pero nadie deseaba tanto que los americanos dejaran la base naval y su anexión, la Venta El Nene.

  Para empezar, yo defendía que vinieran a Rota cuantos más militares mejor. A poder ser matrimonios gastones con muchos hijos. Una terrible contradicción, ya lo se, pero quién no las tiene, y más a esas edades. Luego, ahí sí hacía piña con las fuerzas vivas de la izquierda antiamericana, estaba de acuerdo en que en dos o tres años se largaran con la música chillona a otra parte.

     El comando subversivo la formábamos mi tío Ángel y yo. Él era el brazo ejecutor y yo el ideólogo. El plan era muy sencillo. Yo presionaba a mi tío cada vez que iba por casa para que se enterara si alguna familia iba a dejar la base. Y mi tío, que trabajaba de lechero en el recinto militar, se ponía a investigar sobre el asunto. En cuanto confirmaba una mudanza, se hacía con las coordenadas exactas de lugar donde iban a dejar la mayoría de sus pertenencias, pues casi todas las familias optaban por partir ligeras de equipaje. 

     Una vez cumplida la misión, nuestro hombre en la base, el cuarto rey mago por parte de madre, aparecía por la calle San Sebastián con la lambretta hasta arriba de bolsas con ropa y juguetes. Fuimos durante unos años los más modernos del barrio. Mientras nuestros vecinos seguían vistiendo como Pablito Calvo en Marcelino, pan y vino, nosotros ya llevábamos vaqueros y camisas gordas de cuadros como el niño de Furia.

     En los primeros setenta, mi casa fue, como el resto del mundo, uno de los muchos patios traseros de los EE.UU. Es verdad que si exceptuamos el gas lacrimógeno que llevaban los episodios de La Casa de la Pradera o los huevos podridos de Halloween que nos lanzaron muchos años después, nunca nos han bombardeado. Al menos por ahora.

     (Diario de Cádiz, 15 de julio de 2016)

15/07/2016 07:39 pepemendoza #. AMERICANOS Hay 1 comentario.

ANTONIO CARBONELL

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     “Cuenta lo que fuimos”, le pide Copons a Iñigo Balboa al final de la novela Alatriste. Cuenta lo que fuimos, le pido yo a mi cronista favorito en facebook, Antonio Carbonell, que guarda en su memoria prodigiosa el cuaderno de bitácora de este pueblo de azoteas encaladas con vistas al mar. Cuenta, amigo, aquellos días de vino, barcos y honra. Las historias vecinales que a mediados del siglo pasado sucedían a pie de calle, esos espacios narrativos a los que solo llegaban los altavoces en caso de desgracia. Las vidas desnudas de los descendientes de Menesteo, aquel caudillo ateniense que fue el primero en pisar estas mismas arenas y en bañarse en este mismo río. Cuéntalo para que no las borre el viento. Porque nadie merece ser olvidado. Nadie debería morir nunca del todo y para siempre.

     Y Antonio, perito en meridianas y naufragios, estiba a las del alba su prosa limpia, meticulosa y compasiva, las andanzas sin brillo de esos seres sin narración. Hombres y mujeres que tuvieron la suerte de que un día él apareciera por sus vidas, y que fuera anotando, en el dietario que un narrador desconocido nos presta para dar fe sentimental de nuestro paso por el mundo, aquellos instantes, aquellos encuentros, aquellas amistades. Paisajes y paisanajes envueltos en el azul de la nostalgia. La letra pequeña de la gente pequeña. Acaso vivir no sea más que eso: ir acumulando recuerdos, hacerlos regresar, disfrutarlos juntos. Y abrir el corazón lleno de nombres.  

     Se asoma uno algunos días al facebook de Antonio y se ve hecho un chaval, correteando por el barrio alto y por el verano de la infancia, que no acaba nunca. Por aquella época tan dura pero también más nuestra. Aquellos tiempos tan desdichados en los que fuimos tan felices.

     Descendientes de un caudillo griego que llegó una mañana y pisó estas mismas arenas y se baño en este mismo río. Un pueblo humilde de marineros y arrumbadores. No somos otra cosa. “No hallarás otra tierra ni otro mar, la ciudad irá en ti siempre, pero es siempre la misma. No busques otra, no lo hay”, dice Kavafis. No los recuerda también Antonio, con su prosa memorable y agradecida que da fe sentimental de quiénes somos, de qué dignidades venimos. Para que no se nos olvide. Para que no lo borre el viento.

     (Diario de Cádiz, 1 de julio de 2016)

01/07/2016 07:38 pepemendoza #. ANTONIO CARBONELL No hay comentarios. Comentar.

LEVANTEMOS EL PUESTO

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     En la divertidísima película La vida de Brian, el Frente Popular de Judea es una organización de resistencia a la invasión romana que pasa más tiempo discutiendo con una de sus facciones, el Frente Judaico Popular, que enfrentándose al enemigo común. Sus militantes son escasos, pero no se ponen de acuerdo en nada. Es una parodia certera de la incapacidad patológica que tiene la izquierda para estar unida incluso en situaciones de emergencia social.

     Tras veinticuatro años de alcaldías de derechas en nuestra ciudad, en las últimas elecciones municipales un 45,97 % de los electores votamos para que El Puerto tuviera un gobierno decente y de izquierdas, que devolviera la esperanza a esta ciudad casi muerta de pura melancolía. Puede que la mayoría no tuviéramos los tres dedos de tocino de izquierdista pata negra puro de oliva que exigen los que van a pecho descubierto hinchados de principios. Pero muchos de los que apostamos por el cambio, si no rojos, seguimos siendo por lo menos infrarrojos.  

     La semana pasada, apenas un año después de su pacto de gobierno, al tripartito (PSOE, Levantemos El Puerto e IU) saltó por los aires. El alcalde cesó a los ediles de Levantemos que no comparecieron a la Junta de Gobierno en la que había que aprobar la licencia para el aparcamiento de Pozos Dulces. De poco sirvió la lucha de los tres partidos y de una parte importante de la sociedad civil para intentar que el parking no se hiciera. El anterior equipo de gobierno dejó el negocio tan bien atado, que la empresa promotora había amenazado con ejercer acciones penales contra el alcalde (PSOE) y el concejal de urbanismo (IU).

     El caso es que los cuatro concejales de Levantemos podían haber asistido a la reunión y votar en contra de la concesión de la licencia. Pero prefirieron cogerse el día de asuntos propios. Acudieron al Ayuntamiento, sí, pero se quedaron fuera, manifestándose con la facción Levantemos El Puesto contras sus compañeros de gobierno, que dentro, perplejos, se comían el marrón de firmar por imperativo legal la concesión. La vida, dice García Montero, tiene muchas veces menos que ver con los principios que con la dignidad de los finales.

     Escribía Juan Clavero el otro día en esta misma esquina que Candón no habla. Como si le hiciera falta.

    (Diario de Cádiz, 16 de junio de 2016)

16/06/2016 21:11 pepemendoza #. LEVANTEMOS EL PUESTO No hay comentarios. Comentar.

FANTASMAS

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     Hay fantasmas que te persiguen toda la vida. Da igual dónde te escondas. Más tarde o más temprano, te encuentran. A algunos no has vuelto a verlos desde niño, y llegas a pensar que tus padres tenían razón, que en las habitaciones oscuras de tu infancia no había nadie. Claro que había. Claro que sigue habiendo. Claro que nunca vas a lograr deshacerte de ellos.

    De todos los fantasmas que algunas noches se congregan alrededor de las cuatro esquinas de mi cama poniendo en guardia a los cuatro angelitos que me la guardan, el que más miedo me da es un tal Schwarzenbeck. Hasta el nombre es espantoso. Es el espectro de aquel defensa del Bayer Munich que en mayo de 1974 nos birló la Copa de Europa en el último minuto de la prórroga. Cuando me juego la vida en algo, aunque sea al solitario, aparece siempre para recordarme en alemán que soy un ficken Verlierer (un perdedor de mierda). Cómo lo odio. El Lute, El Arropiero y hasta los Hermanos Malasombra son unos fantasmas bellísimas personas al lado de ese nazi sin compasión.

     El pasado fin de semana me fui a un pueblo de La Mancha a jugar un torneo de fútbol de veteranos. En realidad, yo lo único que quería era darle el esquinazo al de la sábana blanca y las calzonas negras. Como no las tenía todas conmigo, me llevé a un sacerdote, Ángel Angulo, y a un profesor de latín, Emilio Flor, por si me localizaba, terminaba poseyéndome y había que practicarme un exorcismo. Ya se me metió dentro en  aquel fatídico minuto 93 de Lisboa. Yo no recuerdo nada, pero en casa dicen que me puse a botar en el sofá y a soltar espuma de Cruzcampo por la boca. Dicen también que empecé a hablar con la voz de Sabina y que me ensañé con la señora Ramos, o sea mi mujer, como si fuera el padre Karras. ¿Has visto lo que ha hecho el cerdo de tu primo?, fue por lo visto una de las barbaridades que le solté.

     El sábado, cuando cerraba la habitación del hotel para bajar a ver la final, oí un ruido a mi espalda. Al volverme, un balón sin dueño vino botando hacia mí, como en aquella escena siniestra de El Resplandor. No pude impedir que traspasara la puerta. Al fondo del pasillo, una sombra dobló sigilosamente la esquina gritando ficken Verlierer. El fantasma de Schwarzenbeck me había encontrado otra vez. Qué hijo de puta.

      (Diario de Cádiz, 3 de junio de 2016)

03/06/2016 07:35 pepemendoza #. FANTASMAS Hay 2 comentarios.

COMUNISTAS

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     En noviembre de 2007, IU propuso retirarle a Franco la medalla de oro de nuestra ciudad y el título de alcalde honorífico que la corporación municipal le otorgó en 1962 (en febrero de 2008, el pleno del Ayuntamiento aprobó la moción, con la abstención del PP). Yo escribí una columna apoyando la medida. Para documentarme, quedé una tarde con tres huérfanos de la guerra que sufrieron directamente la insaciable sed de venganza que perpetraron los ganadores después de acabada la contienda: Rafael Gómez Ojeda, Paco Artola y Pepe Valiente. También estuvo Carmelo Ciria.

     Aquellos cuatro veteranos comunistas, invencibles militantes de la vida, me regalaron una de las tardes más emotivas que recuerdo. Rafael, Paco y Pepe evocaron, como si acabara de suceder, el último recuerdo que conservaban de sus padres antes de que desaparecieran para siempre. Ninguno lo volvió a ver ni vivo ni muerto. Crecieron, amaron y envejecieron juntos intentado desentrañar las claves de aquellos crímenes monstruosos contra unos buenos padres de familia por los que los niños Rafael, Paco y Pepe nunca dejaron de preguntar. Lo más conmovedor es que no había ni unas briznas de rencor en aquellos testimonios. Ayunos de venganza, no pretendían abrir ninguna herida. Solo poder cerrar definitivamente las suyas. Paco y Pepe se fueron con la pena de ese dolor no amortajado.

     Me he acordado de ellos estos días en los que ha vuelto a ponerse de moda escupir con desprecio la palabra comunista. Comunistas que representan lo que representan, ha dicho la presidenta de la Junta con la arrogancia que le caracteriza. Parece que la señora Díaz ha leído poca historia social contemporánea. Con sus luces y sus sombras, los comunistas de base representan, probablemente, la página más decente en la lucha contra el franquismo y por la democracia. Héroes discretos que se jugaron la vida para no renunciar ni al más viejo de sus sueños de justicia y fraternidad. No se cumplieron, pero aquella tarde apacible mis compañeros de conversación se sentían orgullosos de seguir teniéndolos.

     Comunistas, sí, y a mucha honra. Gracias a ellos, a su compromiso insobornable con la causa de los desposeídos, este país sin memoria y sin vergüenza no está peor de lo que está.

     (Diario de Cádiz, 20 de mayo de 2016) 

20/05/2016 09:13 pepemendoza #. COMUNISTAS Hay 1 comentario.

EN BLANCO Y NEGRO

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     No somos nadie. Y en bañador, menos. Pero en blanco y negro, dejemos a Sartre para tiempos mejores, algo ganamos. La insoportable levedad del ser se atempera un poco cuando nos sacan los colores. Haga la prueba. Entre un momento en la galería de su móvil y pase cualquier foto en color a blanco y negro. ¿Ya? ¿Qué tal? No me diga que no parece alguien. Una actriz, un pintor, un escritora, un presidente de algo… Alguien importante, en fin, que mientras posa está pensando en cosas profundas. Yo acabo de hacerlo con una en la que estoy en el Foster Hollywood con mi hijo Pablo, servidor con una mancha de ketchup en la pechera, los dos con un vaso rellenable de Coca Cola. De pronto, parecemos Rick Blaine y Louis Renault, tomando burbon en Casablanca. “Pablo, presiento que este es el comienzo de una gran amistad”, me dan ganas de declamar con la voz grave de un hombre en condiciones, si no fuera porque el juez Calatayud dice que si nos hacemos amigos de nuestros hijos los dejamos huérfanos de padre. El blanco y negro otorga prestancia y clase. Aunque lleves una camisa con lamparones.

     A mi amiga Oliva el blanco y negro le parece una cosa de viejos, pero yo creo que esos son los colores con los que se viste la Eternidad. Las cosas importantes de toda la vida, esas que no mueren nunca, son en blanco y negro: las películas de vaqueros, los bocadillos de pan con chocolate, la camiseta del Castellón, los periódicos, la partida de dominó del abuelo, los camareros de verdad, los amigos de la infancia, la voz de Nino Bravo, el olor a libro nuevo, el recuerdo del sabor del candié… No importa que esté usted sentado en una terraza del presente o que vaya a paso ligero de regreso al futuro. Da lo mismo. Como la lluvia, el blanco y negro siempre suceden en el pasado. En un pasado que no está muerto ni enterrado. Faulkner dice que ni siquiera es pasado.

    El blanco y negro es de verdad y para siempre. Como el blanco de la cal de las casas de vecinos y el negro del luto de las mujeres sentadas en sillas de eneas en los atardeceres de verano. La vida es a colores, pero el blanco y negro es más realista, escribió no me acuerdo quién.

     Imagine por un momento este desvarío de columna en color. Qué horror. Pero en blanco y negro, ¿verdad?, es otra cosa.

     (Diario de Cádiz, 6 de mayo de 2016)


CIEN AÑOS DE SOLEDAD TRIPARTITA

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     Muchos años después, frente al pelotón de la cola del paro, algunos miembros de la familia Del Álamo Aceituno-Hernández habían de recordar aquella sobremesa remota en la que quedaron para comer juntos en la feria. Fue, según cuentan las hemerotecas, un 28 de abril de 2016. Hay incluso imágenes grabadas por 11500elpuerto.es, aquella empresa de comunicación que a raíz de la invasión amarilla fue absorbida por 不可思議elpuertodepekin.es. En ellas se puede ver al entonces alcalde clausurar, en una ambiente festivo, el pleno de esa mañana. “Somos más de veintitantos y nos vamos a la feria”, dijo antes de recordar a toda la corporación que la cita era a las dos de la tarde en la caseta municipal.

     La rama de los Del Álamo fue la primera en llegar al Real. En cuanto se bajaron  del autobús de campaña (2016 fue un año en el que la gente votaba y se rebotaba casi todas las semanas), empezaron a repartir bocadillos. La Tere, nada más enterarse, salió fuera de sí y de su tartana y les acusó airadamente de competencia desleal. “Tiene narices que hayáis pactado con los del Ibex 35, aunque no os haya servido para nada, y que ahora que estáis otra vez pidiendo el voto os hagáis los rojazos renegando del libre mercado y boicoteando mi derecho a vender bocadillos como me de la gana”. Eso les dijo. Como todavía quedaba más de media hora para el almuerzo, para hacer tiempo, Angelito, el cuñado guaperas, se dio un homenaje a sí mismo de esos que tanto le gustaban. Selfies bailando sevillanas corraleras con su sombra, selfies sacando la cabeza por arriba del toldo del gusano loco, selfies en los espejos de la risa (que lejos de desfigurarlo como al resto de los mortales lo hacían todavía más bello)…

     Llegaron luego los Aceitunos, que venían en romería desde la Zona Norte, donde habían celebrado una asamblea ciudadana alternativa para pedir el cambio de nombre de la manzanilla Maruja. A juicio de esa parte de la familia la denominación de origen daba una imagen doblemente estereotipada de la mujer. Por un lado el sustantivo manzanilla, que recordaba, encima con un diminutivo intolerable, la fruta que sirvió de coartada para prefabricar el mito machista de Eva y su juicio sumarísimo por el pecado original. Y por otro, el nombre propio Maruja, que el diccionario de la RAE define de manera claramente despectiva como ama de casa sin dedicación profesional a otras actividades. “Desde la Zona Norte, yo vengo andando, y los pasos que doy los voy contando, mientras levanto El Puerto de arriba abajo”, cantaban juntos cuando pasaron con el puño en alto por la portada. Fue entonces cuando un viejo filósofo del vino les dijo haciendo eses: “A ver si lo estáis levantando por donde no es”.

     Los últimos en aparecer por la caseta municipal (hoy, bazar chino “Lebu-Hito”), con casi una hora de retraso, fueron los Hernández. Le echaron la culpa de la demora a los niños, que es a quienes, más allá de ideologías, se les echa siempre la culpa de todo. Por lo visto, al pasar por delante del puesto del algodón empezaron a patalear pidiendo que les compraran uno. Pero una marxista de la corriente Groucho les explicó que el algodón es la metáfora de una sociedad blanda y empalagosa, que el dulce es un sabor que debe probar lo menos posible un militante de izquierdas y que el rosa ha hecho muchísimo daño en la publicidad sexista, además de ser el color de los capotes taurinos. Uno de los chiquillos preguntó si podían pedir una lechuga verde esperanza cultivada en una cooperativa ecológica, condimentada con mucha sal y mucho vinagre para tomar conciencia a través del gusto de la aspereza de la vida, lo que fue celebrado entre los mayores al grito de ¡sí se puede, sí se puede!.

   Al principio, cuando los gañotes no estaban aún los suficientemente lubricados por el caldo de la uva, la temperatura emocional del almuerzo fue la mar de agradable. Que si volvían a gobernar juntos la feria iba a ser gratis para todo el mundo. Que si se iba a prohibir la pesca de patitos hasta que todos fueran declarados iguales y valieran los mismos puntos. Que los megáfonos de las tómbolas podrían ser municipalizados para convocar un círculo urgente en el propio recinto ferial. Que con ellos en el gobierno siempre iba a haber luz al final del túnel del tren de los escobazos… Pero de pronto, una señora de la rama de los Aceituno, que se había tomado ya unas cuantas a la salud de la revolución, recriminó a los Hernández su impuntualidad, y todo se torció. “El agua de pozos dulces está contaminada por la traición imperdonable de algunos en la causa de los aparcamientos”, espetó uno antes de elevar el brazo cogiendo postura para hincarse un pimiento frito. “De todo hay en Las Viñas del señor concejal de Medio Ambiente”, insinuó otra, imitando con muy mala leche a un perro abandonado. “Hay que ser muy macaco para dejar que los del Monkey se escaparan a Sevilla”, gritó un modernillo antes de hacer mutis por el foro del retrete. “En el video que se mandó a Fitur El Puerto parecía Comala, el pueblo fantasma de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo” sentenció un cargo de confianza muy leído mirando al tendido. 

     El caso es que aquel almuerzo acabó como el rosario de la Aurora y el de la Prioral juntos. Como terminan todas las comidas familiares, las de sangre y las políticas. Fue hace 40 años y fue la última que juntó a toda la familia Del Álamo Aceituno-Hernández. Algún anciano del lugar también recuerda, aunque de eso no hay constancia en las hemerotecas, que en aquella feria también vio a los Candor-Ovejero Coronita recoger firmas en la pizzería Blanca Paloma para hacer a la Virgen del Rocío concejala perpetua de Fiestas. 

      Lo dejó escrito García Máiquez (Enrique), hace años, en una de las quince columnas diarias que a día de hoy, 1 de mayo de 2046, sigue publicando en el Diario de Shan-cai: “Las estirpes condenadas a cien años de soledad, aunque sea en un tripartito, no volverán a tener una segunda oportunidad sobre la tierra que un día fue de Menesteo y hoy es de la dinastía Shangdi Cruzcampo”.

     (Diario de Cádiz, 1 de mayo de 2016)

30/04/2016 20:53 pepemendoza #. CIEN AÑOS DE SOLEDAD TRIPARTITA No hay comentarios. Comentar.

LEER Y ESCRIBIR

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     Dice San Juan en su Evangelio que al principio fue el verbo. Antes del verbo estaban el cielo y los mares, la luz sin recibos, el maldito polvo de los ácaros, el huevo o la gallina, los domingos con todo cerrado, los pictogramas de Panamá... Pero como nadie sabía cómo nombrar todas esas cosas, no existían. El lenguaje es el primer inventario en condiciones que se hizo en el universo.

     Claro que, al principio, que San Juan me perdone, más que el verbo fue el sustantivo, ¿no? Puede que el hombre fuera de ciencias y se liara un poco con la metáfora. No es lo mismo la oración cristiana que la oración gramatical. Y, además, dependería también del lugar. En Galilea, por ejemplo, fue primero el gentilicio y luego el adjetivo: “¡Romanos, cabrones!”. Y en la selva, primero fue el pronombre y luego el nombre propio: “Yo, Tarzán; tú, Jane”.  

     Bueno, da igual. El caso es que al verbo bíblico le siguió después el verbo laico que se hizo carne en los delirios caballerescos de un viejo hidalgo y su compañero de fatigas. Vinieron luego otros verbos maravillosos que nos contaron la infidelidad atormentada de Madame Bovary; el despertar aterrador de aquel gris comerciante de telas que un día amaneció convertido en insecto; la incesante búsqueda del tiempo perdido de Proust; el triunfo del amor para toda la vida en aquellos oscuros tiempos del cólera...

     Leemos y escribimos porque seguimos siendo niños con la merienda en una mano y el lápiz en la otra que buscan una historia que poner debajo de la palabra Redacción del cuaderno de Lengua. Sí, nos hacemos mayores, pero en el fondo somos todavía aquellos mocosos que esperan con ansiedad otro cuento porque necesitamos la ficción para encontrarle sentido a la realidad. Vivir es ir contándonos historias. Ser persona es tener una historia que contar.

     Leemos y escribimos para inventar un mundo y recrearlo. Como terapia para sobrevivir a esta tragicomedia humana en dos actos que un día tuvimos que salir atropelladamente a interpretar. Mientras fabulamos, dice Rosa Montero, la muerte no existe y somos intocables y eternos.

     Leer y escribir es compartir con otros el miedo a quedarnos solos con nuestra felicidad y con nuestro dolor. Una manera hermosa, modesta y digna de estar juntos en el mundo.

     (Diario de Cádiz, 22 de abril de 2016)               

22/04/2016 07:39 pepemendoza #. LEER Y ESCRIBIR Hay 1 comentario.

EL TEJA

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     La mañana de noviembre de 1975 en la que un señor con orejas de soplillo salió en la tele con el puchero puesto diciendo que el Excelentísimo la acababa de espichar, el Teja ya estaba allí. Allí es en la calle Recta, más concretamente detrás del mostrador del sindicato, que entonces se llama Promoción Profesional Obrera, el PPO para los amigos. Luego lo rebautizaron como SEAF-PPO, que parecía un modelo de coche en vez de un sindicato en condiciones.

     A finales de 1978, los ecos de sociedad del BOE informan que el Ministerio de Trabajo ha visto bendecido su hogar con el nacimiento de un hijo, el INEM, aunque para los vecinos del lugar es niña y su nombre es la Iné. El Teja y el mostrador son ya una pareja consolidada, una unidad de destino en lo laboral. Del melancólico destino que asola a los hombres que pasan los lunes al sol de la Ribera y que llegan al mostrador hablando como si fueran niños: una preguntita, un trabajito, una paguita.

     En la primavera de 1994, la Iné  se  traslada a la Avenida del Descubrimiento. El Teja y el mostrador van abrazadísimos los dos en el camión de la mudanza. En mayo de 2003 se traspasan las políticas activas de empleo a la Junta. La Iné, como la niña de Julio Iglesias, se ha hecho mujer, y se acaba de independizar del SAE. El SAE es una oficina modernísima, con más pantallas que un aeropuerto, y que va a acabar con el paro por los siglos de los siglos. En el mostrador del Teja, sin embargo, se sigue llamando, como toda la vida de Dios y de San Pancracio, al sindicato sindicato, al suicidio suicidio y al cartón del paro cartón del paro.

     Ha llovido mucho desde aquella mañana de julio de 1975 en la que el Teja se colocó detrás de un mostrador para toda la vida. Detrás del mostrador se casó, tuvo dos hijos y unas cuantas motos, fue perdiendo pelo y ganando trienios y hasta salió en la televisión. Quien no ha visto al Teja una mañana en la oficina del paro no sabe lo que es una mañana en el paro.

     Un rumor no confirmado asegura que se ha jubilado. Que una tarde de marzo le dio la vuelta al mostrador, le acarició el lomo y se despidió emocionado del que fue carne de su carne, de cintura para abajo, durante más de 40 años. Un mostrador que es el mismo mostrador pero que ya no es el mismo.

     (Diario de Cádiz, 8 de abril de 2015) 

08/04/2016 07:36 pepemendoza #. EL TEJA Hay 1 comentario.

EL CASO

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     TVE acaba de estrenar El Caso, una serie basada en el semanario de sucesos que fue el periódico más vendido durante buena parte de la segunda mitad del siglo pasado. Testigo de un país desarmado ideológicamente pero acostumbrado desde siempre a resolver sus conflictos a garrotazo limpio, de El Caso se decía que había que sacudirlo para que escurriera la sangre antes de leerlo. En sus páginas habitaba la España más  profunda, nuestra intrahistoria más genuina. Esa que, como escribió Ángel González, es como la morcilla de los pueblos: se hace con sangre y se repite.

     Mi abuelo Paco lo compraba todas las semanas. Yo algunas veces lo ojeaba muerto de miedo, a sabiendas de que algunas de esas caras siniestras me perseguirían durante un tiempo por las esquinas más oscuras de los sueños. Era, decían, el periódico de las clases bajas. Le llamaban, despectivamente, el “diario de las porteras”. Mi abuelo era el arquetipo de lector, pues era cortito de talla y también se ganaba la vida abriendo puertas, aunque él tenía más mérito porque las abría a oscuras. Mi abuelo era sereno y tuvo 16 hijos. Cerrando la puerta de su dormitorio con mi abuela dentro y el sol fuera  tenía igualmente una pericia fuera de lo común.  

     En el mes de enero de 1971, dos portadas de El Caso hicieron que yo me sintiera orgulloso de ser portuense. Fue la primera vez que vi el nombre de mi pueblo en un periódico de tirada nacional. A mí me hubiera gustado más verlo en el As Color, por las fotos y porque los disparos de sus páginas eran con balones, pero lo importante era que toda España se enterara de que existíamos. La primera portada hablaba de que el “Quinqui Lute” se había escapado del penal. Como Estrellita Castro, El Lute también prefería estar muerto antes que verse pa toa la via allí metido. La segunda recogía la detención del hijo de un arropiero que a veces pasaba por mi calle vendiendo esa chuchería larga y retorcía que sabía a fresa y a tarde de cine de domingo. El tipo engañaba mucho: aunque su ídolo era Cantinflas mataba más que el Séptimo de Caballería.

     Aquellas dos portadas de El Caso en enero de 1971 pusieron a El Puerto, por fin, en el mapa de España. Ya solo había que cambiar la sangre por Sangre y Trabajadero.

     (Diario de Cádiz, 25 de marzo de 2016)

25/03/2016 08:17 pepemendoza #. EL CASO No hay comentarios. Comentar.

DON MANUEL DEL NORTE DEL MAGREB

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     Buenas tardes, Don Manuel Morillo, aunque el nombre políticamente correcto en este tiempo cursi de ahora sería Don Manuel del Norte del Magreb. Si mis fuentes están, como casi siempre, bien informadas, según el calendario lunar mañana cumple usted cincuenta y tantos, ni uno menos. Cuatro años y pico, ni uno más, en el almanaque que marca en rojo aquella resurrección inexplicable, la que cuelga en la vieja alcayata que hay en la cocina de su corazón. Le felicito muy sinceramente y le pido que me ponga también a los pies de su señora, esa Santa. Está usted hecho un chaval. Doy fe de que se sigue fajando con entusiasta bravura en la zona en la que se pelea por los balones importantes de la vida, como cuando jugaba de pívot, antesdeayer, en el Club Baloncesto Portuense.

     Me ha dicho Doña Cecilia, la Jefa de Todo Esto, que cuente una morillada simpática que ilustre a los oyentes sobre algún aspecto de su transversal y bohemia personalidad. Ahí vamos. Recuerdo un viaje que hicimos juntos a Tánger, usted y yo, como pareja de desecho. Recuerdo que los dos nos fuimos a llorar a las puertas del Teatro Cervantes, aquel templo civil de variedades que en los años 50 del siglo pasado vio actuar, entre otros muchos artistas, a Estrellita Castro, Carmen Sevilla, Imperio Argentina, Antonio Machín o Lola Flores. Recuerdo que yo iba por delante, y que el señor que vigilaba aquella ruina todavía hermosa me dio el alto y me dijo que no podía pasar. Recuerdo también que caminaba usted unos metros rezagado, cámara en ristre, con ese porte tan suyo a medio camino entre López Vázquez y Francisco Umbral, y que, cuando el sagaz centinela reparó en su presencia, se le acercó amabilísimo para preguntarle si su inesperada visita tenía como objetivo negociar la compra del teatro.

     Ese trato diferenciador que nos dieron a usted y a mí es la metáfora que ilustra la enorme distancia que hay entre un funcionario gris, o sea yo, y un ex banquero jubilado y con posibles, o sea usted. Lo suyo es puro teatro, pocos pelos en la lengua y muchas horas al amparo de aquel sol de la infancia que tan bien calentaba en aquellos días azules en el Barrio Alto. Y es aquella escena de neorrealismo coquinero, en la que, en el cine de verano de su memoria, usted, barbilampiño y asustado, parte en un autobús en dirección a Valencia, más concretamente a la Universidad de Cheste, mientras contempla a través del cristal a Pepe Morillo, su padre de usted, que no puede despedirse de su hijo porque el autobús adelantó sin avisar la hora de salida. Tal vez aquella no-despedida es también la metáfora de una relación entre ambos que cada día es más estrecha.

    Dijo Picasso, el de la Sara de la Citroen no, el de las Señoritas de Aviñón, que cuando uno es joven lo es para toda la vida. Haga el favor de ser feliz, Don Manuel, que es un requisito imprescindible para que los que lo queremos disfrutemos tan bien como usted lo hace de los placeres y los días. Y cuando pueda, no se demore mucho, convíe.

     Pepe Mendoza, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo. 

     (Columna leída en el programa "Pensión Triana", de Radio Puerto, el 17-03-2016)



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