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1982: EL VERANO QUE PASAMOS BAILANDO

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     España entera era en el verano de 1982 una pista de baile. Había ganas de fiesta, de pasarlo bien, de darle gusto al cuerpo. Del movimiento de muchos en Madrid nació, como su propio nombre indica, la Movida, con Tierno Galván ejerciendo de abuelo culto y marchoso. Fue el año del Mundial de España, en el que a Alemania le dio también por bailarnos para cumplir con la tradición de entonces: ser un equipo de ensueño hasta octavos. Las mejores jugadas de la selección no las vimos en el campo, sino en el anuncio de los trajes de El Corte Inglés, que lucían Arconada, Gordillo, Quini y compañía. La copa se fue a Italia, con Sandro Pertini celebrando con dignidad y orgullo los goles a Alemania, como si ya entonces estuviera la Merkel.

     Tejero bailaba pasodobles con la bandera franquista en un castillo de Galicia, donde cumplía a cuerpo de teniente coronel su condena (es un decir) por aquella oscura noche del 23 de febrero de 1981. ETA bailaba la danza macabra y fascista de la muerte, con la música fúnebre del tiro en la nunca y el cóctel molotov, privando de la fiesta de la vida a cientos de inocentes. Vino Juan Pablo II, el primer Papa mediático, al que le gustaban más las megafiestas multitudinarias de la fe que los guateques populares de los teólogos de la liberación. Y vino Maradona, que bailaba en los estadios por las tardes con una sola pierna, su zurda prodigiosa. Y por las noches, con la nariz.

     El caso es que ese año casi  todos bailábamos al son de ese tiempo de cambio en el que Miguel Ríos nos aseguraba que el futuro se podía tocar. Nos pasamos el verano bailando todo el día, con o sin compañía, moviendo la cabeza, moviendo el pie, moviendo la tibia y el peroné, al ritmo que marcaban Alaska y Los Pegamoides. Fue la canción del verano en los 40 Principales, en mi cassette de Ceuta y en las fiestas de las barriadas.

     Eran tiempos de cambio, sí, pero además, de cambios a lo grande. Bailábamos a lo grande. Nos ilusionábamos a lo grande. Nos enamorábamos a lo grande. Como una ola tu amor llegó a mi vida, como una ola de fuerza desmedida, cantaba La Más Grande. Los partidos de izquierda transigían con los testaferros del neofranquismo a lo grande. Hasta los intelectuales empezaron a vivir y a beber a lo grande, y se ponían hasta arriba de todo en La Bodeguilla de Felipe, que en octubre iba a cambiar tanto España que, según su compañero Alfonso (un tipo que hacía el caricato a lo grande) no la iba a conocer ni la madre que la parió. La cultura y la política se hicieron amigas del alma. Los culturetas orgánicos y los arribistas de la pseudoizquierda, queremos decir. Y muchos intelectuales se travestían de tiernos borreguitos, peludos y con un lacito rojo (infrarrojo, más bien) como el de Norik. La cultura ya no se mete en política. El PSOE ya no se mete en la cultura. Salvo para pagarla a golpe de subvención.

     En El Puerto nace la Asociación Ecologista Guadalete, que iba, entre otras muchas conquistas medioambientales, a volver a convertir en río la charca pestilente en la que los peces morían de puro asco. Santiago Carrillo, un señor que bailaba con la ideología también a lo grande, pues pasó del estalinismo al eurocomunismo a la misma velocidad que nosotros pasamos del burro al isocarro, vino a dar un mitín al Parque Calderón.

     No se usted, pero yo tengo 18 años, y he ido a Italia de viaje de fin de curso con los compañeros de SAFA que ese año terminamos nuestra Formación Profesional. Desde Motril hemos cogido un barco como el de Vacaciones en el Mar, que nos ha dejado en Génova, en un autobús que nos llevará a Roma, Florencia, Pisa y Siena. Cuando vuelvo, sigo surcando mares, pero ahora el de la Bahía, en el Vaporcito (¡ay, el Vaporcito!), con mi máquina de escribir Lettera 40, presentándome a todos las oposiciones de auxiliar administrativo que se convocan en la capital, confiando en que se cumpla aquel eslogan de la época que rezaba en las academias: “Escribir a máquina es una condición indispensable para tener un trabajo con futuro”. Y así fue, felizmente. Le debo mi vida, mi vida laboral, a esa máquina y, sobre todo, a las clases que recibí en SAFA. Pero eso fue más tarde. Ahora soy todo un Técnico Administrativo y Comercial que vendimia y descarga camiones de atunes y marrajos en una empresa frigorífica. Que sabe cálculo mercantil, contabilidad, taquigrafía y estenotipia. Y que aporrea las teclas de la máquina, con todos los dedos y sin mirar, a más de 300 pulsaciones por minuto. Las mismas a las que se me ponía el corazón cuando veía a la niña que me ignoraba.

     Aunque es verano, empiezo a notar ya el frío interior de la vida adulta. Para combatirlo, me paso el día bailando. Con o sin compañía. Pero a lo grande.

(Diario de Cádiz, 31 de julio de 2015)

31/07/2015 07:45 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ESOS BAJITOS RISUEÑOS

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     La infancia es una casapuerta en una sobremesa plomiza de verano en la que seguimos jugando mientras los mayores duermen la siesta. O la tarde de un domingo lluvioso de invierno en la sesión infantil de un cine de barrio en la que Gary Cooper continua esperando Solo ante el peligro la venganza implacable de un forajido que llega al pueblo en el tren de mediodía. Ser niño es precisamente eso: habitar un paraíso festivo, un reino en el que solo mueren los malos y siempre de mentira, y en el que uno no está nunca solo. Ser niño es disfrutar juntos y sentir que cuidan de ti. Da igual la edad que se tenga.

     La Asociación Amigos Solidarios Portuenses, con el fin de recaudar fondos para atender a familias necesitadas, ha convertido el Zoco Espacio Cultural de la calle Larga en un gran plató de cine en el que se recrean películas míticas con unos intérpretes entrañables, los Clicks, de los Famobil de toda la vida, esos bajitos risueños con una tendinitis crónica en los codos, primos hermanos de las muñecas de Famosa, las que se dirigían al Portal. Hasta el 26 de julio, de 7 a 10 de la noche, por el módico precio de 1 euro (los niños pagan sólo 50 céntimos), usted puede verlos actuar en Ben-Hur, Solo ante el peligro, Murieron con las botas puestas, Piratas del Caribe y algunas películas más. Como Director de Efectos Especiales han contado con un perito en fantasías animadas de primerísimo nivel: Vicente Rodríguez, ese Rey Midas inverso que convierte en belleza todo lo que toca y modela.

     Acérquense, que merece la alegría. Pasen y vean y recuerden. Vayan con sus hijos o sus nietos y cuéntenles que no hace tanto tiempo nos divertíamos sin máquinas, con esas dos aplicaciones fantásticas que no hace falta que nos descarguemos porque las traemos de fábrica: la imaginación y las manos. Háblenles también de esas películas inmortales que disfrutamos en los cines de El Puerto, aquellos templos laicos en los que tan felices fuimos.

     Y no olviden informarles del fin último de la exposición; colaborar con la Asociación Amigos Solidarios Portuenses a que en la pandilla de este pueblo generoso todos cuidemos de todos. Porque nadie merece estar solo ante el peligro de la pobreza y la desesperación.

     (Diario de Cádiz, 17 de julio de 2015) 

17/07/2015 07:45 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

NOSOTROS, LOS DE ENTONCES

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     Nosotros, los de entonces, quedamos la otra noche. Nosotros, los de aquella pandilla primera que nació en el verano de 1979 en una habitación de la Casa de las Cadenas, la misma casa del siglo XVII que en 2004 unos catetos borrachos de votos y de arrogancia derribaron ilegalmente. Nosotros, aquellos adolescentes ávidos de certezas, que creíamos, como Pessoa, que solo con la ilusión de la libertad, la libertad existe.

     La adolescencia es un lugar al que no se puede regresar, pero del que en realidad no salimos nunca. Uno puede escapar con más o menos éxito de la crisis de los 40, de IKEA y hasta de un grupo de whatsapp, pero la pandilla de la adolescencia uno no la abandona jamás.

    I Will Survive, cantábamos en aquellos guateques de los domingos por la noche, haciéndole los coros, con la voz pastosa por la ginebra de garrafón, a Gloria Gaynor. De cuando en cuando quedamos precisamente para eso, para celebrar que seguimos sobreviviendo. Para volver a sentir esa complicidad fraterna que solo surge en la adolescencia, cuando un cantante, un equipo de fútbol o una tarde de estudio compartido determinan que el otro es un chaval estupendo y merece formar parte de nuestro mismo grupo.

     Quedamos para recordar las mismas anécdotas gastadas de siempre, para brindar por las noches antiguas y la música lejana, para seguir sintiendo que nos queremos mucho. Mis amigos dónde estarán, se preguntaba la banda Topo en un disco emblemático de ese mismo año de 1979, aquellos amigos que soñaban con hacer juntos la revolución. La nuestra fue franciscana (con Ángel Angulo como padre y maestro), pacífica y sentimental. Queríamos cambiar el mundo, pero no lo conseguimos. O tal vez sí. Un poco. En algo.

      El caso es que el otro día quedamos para celebrar de nuevo que hace treinta y seis años, en la enormidad del Universo, la vida nos juntó. Comimos, bebimos y reímos como cuando volábamos juntos por primera vez, mientras sonaban de nuevo las viejas canciones que no han dejado nunca de sonar en el vetusto tocadiscos de la memoria. Bajo la misma luna volvimos a hacerle los coros, tan etílicos y desafinados como en aquel verano de 1979, pero ya con una ginebra en condiciones, a Gloria Gaynor. I Will Survive. We Will Survive.

     (Diario de Cádiz, 3 de julio de 2015)

UN RUMOR DE MEMORIAS

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     Permanece aún en el aire la mirada alucinada de aquel héroe troyano entrando con su tripulación por la desembocadura del Guadalete, instantes antes de darle su nombre a la ciudad que acababa de descubrir, la más hermosa del mundo: Puerto de Menesteo.

  Permanece todavía la sangre derramada por visigodos, musulmanes y cristianos en las aguas del Río del Olvido; los pasos perdidos de Cristóbal Colón por el barrio alto a la búsqueda de financiación para su viaje al Nuevo Mundo; la traición de Fernando VII, el rey felón, derogando una mañana de mayo en una casa de la calle Larga la Constitución de 1812. No ha borrado el tiempo ni el viento de levante las palabras luminosas que encendían las tertulias de los ilustrados del XVIII; ni la esperanza de los rostros de los hombres que sacaron a la caída de la tarde al balcón de la Plaza Peral la bandera tricolor aquel 14 de abril de 1931; ni el sufrimiento ni los gritos de dolores no amortajados que aún salen del Penal, aquel pudridero de hombres.

     Aún huele a sudor y a fatiga de pobre en el muelle y en las bodegas en las que marineros y arrumbadores siguen cumpliendo con las dignidades del trabajo. Continúan en el aire las voces y los ecos de los patios de vecinos, aquel mundo lento, humilde y decente en el que las horas tardaban días en pasar; el olor a sol y a jabón de la ropa tendida; los cierros y los balcones en los que aprendimos a mirar el mundo; las mujeres con los ojos en la costura y los oídos en la radio escuchando la novela en aquellas casas viejas en las que aún queda algo de quienes las vivieron.

     Suena, como un rumor de memorias, el ruido y las voces en los viejos bares en los que los paisanos y el tiempo se bebían a chicas las vendimias de la vida; la música metálica del afilador; el palique elegante y persuasivo del turronero; la letanía esperanzada del ciego de los iguales para hoy; los pasos cansados del Sereno guiando al penúltimo noctámbulo rezagado. 

     Todo empezó, al menos eso cuenta la leyenda, con aquella mirada alucinada del héroe troyano al que le faltaron ojos para contemplar la belleza de la ciudad que acababa de descubrir, la más hermosa del mundo. Esa belleza todavía permanece. Como Menesteo, solo hay que saber mirar.

     (Diario de Cádiz, 19 de junio de 2015)

COQUINEROS BOLIVARIANOS

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     Escribo esta columna escondido en la copa de un pino piñonero de las Dunas de San Antón. Cualquier precaución es poca ante el eje socialista-comunista-coquinero bolivariano que le va a robar a punta de aritmética la alcaldía al PP. El Puerto es ya una ciudad sin ley, y cuanto menos se exponga uno, mejor.

     Si en Madrid Manuela Carmena se va a cargar ella sola la democracia occidental, y en un pueblo de Valencia una concejal del PP presagia la violación de monjas y la quema de iglesias, en nuestra ciudad los antisistema también preparan ya su Noche de los Cristales Rotos. En cuanto el Trío Calaveras (De la Encina-Oliva-Fernández) perpetre su golpe de Estado, irá a saco a por el Vaporcito, dejará a la cuarta pregunta las cuentas de las empresas públicas, acabará con la limpieza inmaculada de las calles, con la transparencia en APEMSA, con el parque de la Victoria, con el logochurro de colores, con el buen estado de conservación del centro histórico... Esa gentuza, como los del Estado Islámico, es capaz hasta de tirar a machotazos la Iglesia Mayor. Aunque como no se den prisa se cae sola.

     Al Puerto no la va a conocer ni el caudillo ateniense que lo fundó. Las gaviotas, esos pajarracos fascistas, serán expulsadas de las playas. Expropiarán Romerijo para dárselo a los chinos, que sólo venderán pan de gambas (los rojos no vienen solos, sino aliados con la amenaza amarilla). Harán lo mismo con Osborne y el toro será sustituido por un dragón. Gente de El Puerto pasará a llamarse Gente de Tiananmen. Y periódicos como Noticias Locales, un referente en el mundo por su apuesta innegociable por la independencia, desaparecerán como lágrimas en la lluvia.

     Es, desengañémonos, lo que nos merecemos. Si El Puerto lo petaba hace solo unos meses, no entendemos cómo el populacho, tanto twitter tanto facebook, no le regaló a Candón una más que merecida mayoría absoluta. Ganó, pero para los coquineros bolivarianos, que ajustan las cuentas de otra manera,  perdió.

     Desde el pino piñonero que me da asilo político, justo en este momento estoy viendo al Coco dirigir un soviet en la plazoleta del Distrito 21. Qué horror.

     (Diario de Cádiz, 5 de junio de 2015)

EL DESEMBARCO DE VALDELAGRANA

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     Por fin ha llegado el día D y la hora H. La invasión es inevitable. Han sido siglos de sangre, sudor, salitre y arena. De esfuerzos individuales y colectivos por recuperar la legítima propiedad de esa playa enclavada entre la desembocadura del Guadalete y la playa de Levante. En una biografía apócrifa de Menesteo ya aparece que el caudillo griego nada más fundar nuestra ciudad se atrincheró una noche en la azotea de Vigalpe y se lió a mazazo limpio contra algunos bárbaros antepasados de Bertín Osborne, que cantaban, hasta las cejas de fino, Amor Mediterráneo a orillas del Atlántico.

     Sonada fue también la aventura épica del inolvidable Alfredo Bootello, que se encajó en el Ayuntamiento de Jerez y solicitó una licencia para montar un kiosko en Valdelagrana. Allí le informaron que la playa pertenecía a El Puerto, que era en esa localidad donde tenía que presentar los papeles. “¡Eso es lo que yo quería oírle decir a ustedes, coño, que Valdelagrana es de El Puerto!”, exclamó creyendo ingenuamente que tal reconocimiento sería suficiente pa echarlos pa siempre.

     Fuentes bien informadas aseguran que la reconquista está solo pendiente del OK de Alcaldía. Es ahora, que andan entretenidos con la charca esa de Jerez Beach, cuando debemos lanzar el ataque definitivo que nos permita recuperar Valdelagrana  forever. Un fracaso pondría nuestra ya maltrecha autoestima social a la altura de los túneles de la Prioral. Porque si morimos en el intento, conociéndolos como los conocemos, esa gente se viene arriba y nos choricea también la Sierra de San Cristobal, y lo mismo su alcaldesa construye, con algún pico sobrante de la Gürtel,  la Jerez Ski Season.

     Pero no nos pongamos en lo peor. Muy pronto, al alba y con tiempo duro de levante, la playa volverá a ser patrimonio de los descendientes del gran Menesteo. El último parte de guerra, que será leído por un enviado especial de Radio Puerto en la Venta El Maca, dirá más o menos esto. “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Azulino, han alcanzado las tropas portuenses sus últimos objetivos marítimo militares. La ocupación y el olor a excrementos de caballo ha terminado. Valdelagrana es nuestra”.

(Diario de Cádiz, 22 de mayo de 2015)

22/05/2015 07:41 pepemendoza #. EL DESEMBARCO DE VALDELAGRANA No hay comentarios. Comentar.

MADRES

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     Esta es la historia chiquita de unas mujeres grandes. El homenaje merecido a quienes nos enseñaron, a golpe de decencia, que no pesan los años sino los desamores, que para la ternura siempre hay tiempo, que vivir es desvivirse. 

     Esta es la historia chiquita de unas mujeres grandes que ya desde niñas se crecían ante los contratiempos y le echaban guindas al pavo amargo de la pobreza y de la explotación. Con una perra gorda han hecho encaje de bolillos. Con los avíos de un puchero han multiplicado los panes y los peces. Con un trozo de tela han hilvanado vestidos bellísimos que pasaron de generación en generación. Con unos cuantos principios han puesto en pie el armazón moral y ético que hoy configura lo mejor de nosotros mismos. 

     Esta es la historia chiquita de unas mujeres grandes que desde pequeñas fueron condenadas a faenar en el campo, a servir en casas, a trabajar en fábricas. Propietarias solo de su propia miseria, la aspereza forzada de sus vidas, lejos de amilanarlas, les hizo crecerse, inmensas, ante la adversidad. Obstinadas, siguen madrugando a sus dolores, resucitando a sus achaques, inagurando esperanzas. 

     Esta es la historia chiquita de una mujeres grandes que hoy ejercen, incansables, de esposas, de madres, de abuelas, heroínas anónimas que nos regalan sus horas, y nombran a las cosas por su nombre, y nos recuerdan que hoy es siempre todavía, y ponen un poco de cordura en este tiempo hostil propicio al odio. 

     Esta es la historia chiquita de unas mujeres grandes que un día conspiraron contra la dictadura del sofá y el mando a distancia, y decidieron salir a pasear unidas por las avenidas anchas y luminosas de las escuelas de adultos, de las asociaciones de vecinos, de las organizaciones populares. ¿Quién dijo que todo está perdido?

     Esta es la Historia Grande de unas mujeres chiquitas.


03/05/2015 11:02 pepemendoza #. MADRES Hay 1 comentario.

VIDAS DE PAPEL

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     En los primeros años de su infancia chiripitifláutica, aquel crío flaco y apocado fue uno de los niños de Pandora, una joven que coleccionaba vientos y paraba por las mañanas en el libro de tercero de Senda. Con el primer estirón, una tarde plomiza de verano descubrió, mientras descansaba en bañador sentado en el escalón de la selva doméstica del corredor de su casa, que era el rey de los monos, de las lianas y de los infinitivos.

     La adolescencia le transmutó en Max Estrella, un escritor ciego amigo de Valle Inclán y de Elías Estíbaliz, el viejo profesor de lengua que encendía las clases con luces de bohemia y otras lecturas dramatizadas de los clásicos. Por aquella novia primera, fue el cartero de Neruda que copiaba con torpeza y el estómago hasta arriba de mariposas decenas de poemas de amor y algunas canciones desesperadas.

     A los veinte años, abandonó su triste condición de soldado de reemplazo y se convirtió en el protagonista de Las uvas de la ira, la novela que recrea los valores de la dignidad y la justicia social en la gran crisis económica de 1929. Cuando le preguntaron a Steinbeck por qué la escribió contestó lo siguiente: “Quiero colocarles la etiqueta de la vergüenza a los codiciosos cabrones que han causado esto”.

     A los treinta le prometió a Sancho, su compañero de andanzas, una amistad eterna e inquebrantable. Eso le salvó de la frustración vital de no poder desfacer todos los entuertos ni regalarle a su amigo la ínsula que sin duda merecía. Ya en plena madurez gozó de nuevo del amor en los tiempos del cólera, y mirándose al espejo se vio en el rostro de Florentino Ariza navegando abrazado a Fermina Daza en el camarote presidencial del buque Nueva Fidelidad, tras 53 años, 7 meses y 11 días con sus noches, en un ya eterno “ir y venir del carajo”.

     Cuando le llegue el invierno de la vida, mientras quema viejos leños, bebe viejos vinos y disfruta de los viejos amigos, conversará con aquel niño flaco y apocado. Recordarán entonces la de veces que fueron otros. La de aventuras que acometieron juntos para salvarse de una existencia vulgar y efímera. Qué hubiera sido de ambos sin esas supletorias vidas de papel. Sin la magia infantil y la pasión arrebatadora de la lectura.

     (Diario de Cádiz, 24 de abril de 2015) 

24/04/2015 07:44 pepemendoza #. VIDAS DE PAPEL No hay comentarios. Comentar.

JUFRA, COSECHA DEL 79

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     No había vuelto a mirar para arriba desde el alevoso derribo, pese a que cada mañana, muy temprano, atravieso ese afluente asfaltado del Guadalete que es la Avenida de la Bajamar. De sobra sabía que, en cuanto elevara la vista a esa habitación trasera de la Casa de las Cadenas que ya no está, la rabia y la nostalgia iban a zarandear mi corazón y mis recuerdos. No había vuelto a mirar, y el otro día se me fueron volando los ojos hacia aquella ventana luminosa de la memoria por la que se asomaban, en el verano de 1979, un puñado de adolescentes felices y despreocupados.

     Desde esa misma ventana, un día amanecimos juntos en la edad adulta de la mano de Ángel Angulo, el cura del mobilette, el franciscano rojo, rojiblanco del Athletic para ser más exactos. Nos reuníamos cada tarde de sábado en una habitación de aquella casa, y con Violeta Parra le dábamos gracias a la vida, que ya por entonces nos había dado tanto. Teníamos quince años y algunas espinillas, y unas ganas locas de explorar el mundo, de instalarnos para siempre en aquel compromiso festivo que eran las Juventudes Franciscanas. Serás hombre, nos prometía un librito que aún conservo, y que ayudó al padre Angulo a tejer, contumaz y paciente, la construcción de un nosotros. Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero…

    Recuerdo también las mañanas de domingo de aquel largo y cálido verano, cuando íbamos andando de El Polvorista a la playa de Las Murallas, hijos del agobio y del dolor, aires de la Alameda, la marcha de los enanitos, rock andaluz mezclando con tinto y con casera en La Chocita. Y la vuelta, extenuados y morenos, a la caída de la tarde. Era llegar a casa, ducharnos y salir de nuevo disparados a la fiesta guateque: aquella novia primera, los primeros cubatas, el tocadiscos susurrando que de amor ya no se muere, mas ya nada será lo mismo if yo leave me now…

     Han pasado veintiséis años casi sin darnos cuenta, y por el desván desordenado de mi memoria aparecen rostros que no he vuelto a ver, anécdotas indelebles que nos siguen robando sonrisas, esfuerzos inocentes por adecentar el mundo, travesuras que inauguraron nuestro aterrizaje forzoso en este tiempo convulso de la adolescencia.

     Tal vez lo mejor de lo que hoy somos se fraguó en aquellos maravillosos años en los que construimos lo que iba a ser verdad ya para siempre, con el póster de Novecento al fondo, el buzón de sugerencias, los campeonatos de ping-pong, los bocatas del almacén de Manolo, los san jacobos de El Rempujo, buenas tardes Rosa, buenas tardes Pepa. La primavera de la vida floreciendo, milagrosa, en aquella habitación desde la que tocábamos el reino de los cielos de la mano de Joan Báez, de Luis Pastor, de Víctor Jara, compañeros de tertulia en aquellos discoforums de los sábados. Tal vez lo mejor de lo que hoy somos continúe entre los escombros provocados por esta burocracia municipal indecente y analfabeta.

     No había vuelto a mirar y ayer alcé la vista. Entre las ruinas, un puñado de adolescentes seguía construyendo, veintiséis años después, la hermosa utopía de poner alegría donde haya tristeza, de llenar de fe las dudas, de cambiar la desesperación por esperanza. Entre las ruinas, se oye, todavía, la oración de San Francisco.

UNO DE LOS NUESTROS

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     Como todos los niños de mi generación yo también quise ser futbolista. Cruyff, Beckenbauer o Gárate mismo. Cualquiera de los tres me valía. Era tan bueno como ellos, pero dos problemas, solo dos, me impidieron alcanzar la gloria. Uno era la pierna izquierda. El otro era la pierna derecha. Una verdadera lástima, porque con el balón lejos de mis pies yo era muy bueno y el equipo ganaba en confianza.

    Mis recuerdos de partidos oficiales en vivo y en directo los sitúo en el colegio La Salle, mediados los 70. Mi padre y yo íbamos los domingos por la mañana a echarle una mano en el bar a mi tío Manolo, el Zotea. ¡Ay, aquellas ligas de veteranos, aquel ambiente soleado y feliz en el que olía a fritanga, varón dandy y linimento! En el álbum de cromos (cada vez con más huecos) de mi memoria, puedo ver a los jugadores del San Eloy, de Gráficas Andaluzas, del C.D. Exportación, las patillas muy largas y las calzonas muy cortas, el tiempo amarillo sobre las fotografías. Aquellos partidos memorables congregaban a muchos más espectadores que los que acudían al Cuvillo a ver al Racing.

     Yo soñaba con estar federado. Estar federado era, junto a tener bici y echarse el humo a pecho, la única manera de ser alguien en la pandilla. Estar federado era jugar con equipaciones completas, marcar goles en porterías con larguero y llegar a casa ya duchado sin que tu madre te preguntara a gritos dónde demonios te habías metido. Un día el sueño se cumplió: me ficharon los del Estudiantes de la Playa. Fue como si Kubala me hubiera convocado para el mundial de Argentina. Ya de juvenil vestí la zamarra del San Marcos y la de La Salle. A pesar de mis dos problemillas. Al fin y al cabo, nadie es bueno solo. Somos mejores juntos.

     Un grupo de chavales de aquella época, adolescentes que ya pasan de los 50, se van a levantar el domingo 19 de abril con la misma ilusión con la que madrugaban entonces para disfrutar del partido de la jornada. Desayunarán, prepararán la bolsa, en el camino hasta el campo marcarán goles increíbles, volverán a gastarse las mismas bromas de siempre en el vestuario. Y recordarán, con emoción agradecida, a Luis Miguel Paradela, uno de los nuestros. Aquel central noble y elegante que esté donde esté nunca jugará solo.

(Diario de Cádiz, 10 de abril de 2015)

10/04/2015 07:40 pepemendoza #. UNO DE LOS NUESTROS No hay comentarios. Comentar.

ASUNTOS PROPIOS

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     Para el parado de larga desesperación que se encadenó a la puerta de la oficina y me pidió por favor que llamara a la prensa porque no tenía saldo en el móvil. Para la niña rumana que se sentó con su madre en mi despacho y me dijo sonriendo en un castellano perfecto que yo tenía un trabajo muy chulo. Para la joven con demasiados huesos que se desmayó en la sala de reuniones y con la que terminé compartiendo dietas calóricas, inyecciones de autoestima y píldoras filosóficas en las Urgencias de Frontela. Para la señora mayor que me pidió llorando que la ayudara a sacar del cajero un certificado de que no cobraba nada y me siguió al salir para pagarme el desayuno. Para el tipo que me amenazó con buscarme por El Puerto y darme una paliza, porque o bien no me encontró, o bien desechó la idea avergonzado en cuanto cayó en la cuenta de que yo no era ni Rajoy ni Susana Díaz.

     Para el limpia cristales que le saca brillo a las ventanas y a las conversaciones uniformado como si fuera a cocinar metanfetamina en la caravana de Breaking Bad. Para los Lázaros que mueren y resucitan cada vez que renuevan el “suicidio”. Para el trabajador al que en una selección de personal para una oferta de empleo rural le pregunté si tenía cargas familiares y me contestó que no, que él era mocito. Para el Director de oficina que fue agredido en el ejercicio de sus funciones por un energúmeno y tuvo que pagarse su defensa jurídica porque en esta Andalucía imparable la Junta tiene dinero para todo pero no para defender la dignidad profesional de sus funcionarios.

    Para los compañeros y compañeras que me soportaron durante trece meses, veintiún días y quinientas noches. Para la amiga que me regaló escrita en un post it esta frase que releo cada vez que ni yo mismo me aguanto: “Bastante amarga es la vida como para que además nos pongamos plañideros o mimosos o histéricos, sólo porque algo se puso en nuestro camino y no nos deja proseguir nuestra excursión hacia la dicha”.

     Para la hermana del alma con la que compartí los mejores años de mi vida profesional y a la que a veces le pregunto, por si pudiera oírme, cómo abordar la durísima tarea de no volver a verla.

     Y para Isabel, sobre todo para Isabel.

     (Diario de Cádiz, 27 de marzo de 2015)

ABUELAS INQUIETAS

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     Lo cuenta Rosa Montero en una columna conmovedora. A primera hora de la mañana de un frío día de invierno, la profesora de un instituto público de Barcelona llega en su coche a la puerta del aparcamiento del centro. Una anciana se interpone en su paso y le pregunta si trabaja allí. La maestra asiente. La mujer le confiesa con timidez lo que anda buscando: “Me llamo Mari y tengo 82 años. He venido a la escuela porque me gustaría aprender a escribir".

     En El Puerto hay casi doscientas Maris y unos cuantos Pepes, de edades también avanzadas, recogiendo firmas para que se les restituya su legítimo derecho a disfrutar juntas de la aventura de saber. Son las alumnas de la escuela de mayores del Barrio Alto, que desde enero no pueden asistir a sus clases en el Palacio de Purullena. Un problema con el suministro eléctrico ha chapado el centro “hasta nuevo aviso”. En el edificio se imparten desde 2013 diversos talleres atendidos por monitoras, trabajadoras sociales y educadoras que, debido al parón, han pasado a engrosar las listas del desempleo.

     La avería es gorda, pero más gorda es la falta de luces de los responsables políticos, que deberían haber articulado, desde el mismo momento en que el problema dio la cara, una opción alternativa. Hacer posible lo necesario y lo que es justo sin dilaciones indebidas: en eso consiste gobernar. Por lo visto, no hay una mísera dependencia municipal que pueda acoger temporalmente a estas señoras hasta que el problema se resuelva. Cada día que pasan sin poder asistir a su colegio, como ellas le llaman, es un día en el que ganan por goleada los achaques que les acosan por fuera y por dentro.

     No sé nada en particular de esas mujeres. Pero es fácil reconocerlas. Forman parte de una generación infortunada que apenas pudo tomar asiento en sus pupitres porque desde niñas fueron condenadas a trabajar como mulas. Como la Mari de Rosa Montero, en el invierno de sus vidas, una mañana cruzaron el umbral de la casapuerta y se apuntaron, para aprender algo, en la escuela de mayores. Somos nosotros, que no hemos tomado el Ayuntamiento para exigir a gritos la reapertura de las clases, quienes no hemos aprendido todavía a respetar las canas  y el coraje moral de estas abuelas inquietas.

     (Diario de Cádiz, 13 de marzo de 2015)

EL NOVIO DE LA MUERTE

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     Cae sobre El Puerto el diluvio universal. Llueven también los rumores sobre el paradero de El Lute, un peligroso quinqui que la pasada Nochevieja se escapó del penal más seguro de España. Es martes, 19 de enero de 1971. Un Renault 8 atraviesa la barriada de El Pilar. En el coche van dos inspectores de la Brigada Criminal con un tipo que, como el fugitivo salmantino, va a ligar para siempre su historia personal a la de la ciudad. El coche para en un descampado. El individuo, de complexión atlética y con un bigotillo con el que homenajea a Cantinflas, su actor favorito, pregunta si le van a pegar. “Tú dinos dónde está el cuerpo y no te pasará nada”, le contesta uno de los policías. Él señala sin pestañear el sitio exacto, un albañal rodeado de retamas. Allí está el cadáver de su novia, Antonia Rodríguez Relinque, deficiente psíquica, que yace desnuda con una media atada al cuello. Lleva tres días muerta. Su asesino confiesa sonriendo que se ha pasado a verla las tres últimas noches y que las tres veces se acostó con ella. “¿Cómo has podido hacerlo?”, le espeta uno de los inspectores. “Así es mejor, porque no habla”, contesta.

     Manuel Delgado Villegas (1943-1998), El Arropiero, enfermo mental, analfabeto, disléxico y tartamudo, debe su apodo a su padre, que vendía arropías  por la ciudad. Su madre murió como consecuencia del parto. Nació con el cromosoma XYY y la pulsión criminal cosida a su código genético. En la Legión se hizo para siempre novio de la muerte. Allí aprendió que un golpe duro y seco en la garganta era suficiente para acabar con la vida de cualquiera. Disfrutaba matando.  

     Confesó 48 crímenes, aunque la policía sólo puedo acreditar su participación en 22.  Murió sin antecedentes penales porque nunca fue juzgado. Pasó veintiséis años en los psiquiátricos penitenciarios como preso preventivo. La reforma del Código Penal lo echó a la calle en enero de 1998. Falleció unos días más tarde en una calle de Mataró, con los pulmones podridos por la nicotina. 

     El Lute y el Arropiero pusieron El Puerto en el mapa y en los medios esos primeros días del año de 1971. Los niños de la época aún podemos verles acechándonos tras las esquinas de las calles oscuras de la infancia.

     (Diario de Cádiz, 27 de febrero de 2015)

26/02/2015 22:13 pepemendoza #. EL NOVIO DE LA MUERTE No hay comentarios. Comentar.

SEÑALES

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     A veces la infancia nos envía señales. Señales sin orden ni concierto. O tal vez sí. Quizá el tomavistas de aquella memoria primera proyecta recuerdos conforme a un guión que no alcanzamos a entender. Ni falta que nos hace. El caso es que aquel tiempo incontaminado y virgen, que determinó nuestro ADN vital para siempre, reaparece a menudo para agasajarnos con sorpresas que brillan como el tesoro de la isla.

     A la Plaza de Abastos, ese Macondo chiquito y festivo de mis primeros años, mandó el otro día el narrador omnisciente que escribe mi relato, una señal párvula, pobre y luminosa. Era un boli de crista (una canica de cristal, para los niños de afuera). Apareció justo debajo de mis pies. Me agaché como si tuviera ocho años, lo acuné entre mis manos y lo besé como besábamos el pan cada vez que se nos caía al suelo. En el Mercado de Valores de la calle, los bolis cotizaban sin fluctuaciones: el de pasta valía un cate; el de crista, dos; el de china, tres; y el de acero, cuatro.

     Mientras hacía la compra, fui todo el rato aquel mocoso con pantalones cortos y zapatos Gorila que subía de dos en dos los escalones de la Plaza. Llevaba amarrada al bolsillo una bolsa de tela en la que guardaba los bolis, que me había hecho mi madre en su máquina de coser Alfa. En el otro iba el bocadillo. Más que bolsillos el pantalón parecía que tenía cerones. Recordé con resignación que yo era muy malo jugando. Nunca conseguí, como la mayoría, una maña estable (la manera en la que cada uno colocaba las manos para lanzar el boli y golpear el del contrario). Así que, más que jugar, lo que yo hacía era fardar de mi colección y de mi bolsa. Para compensar mi falta de destreza, desarrollé, en defensa propia, un enorme prestigio en el arte de alegar pijadas reglamentistas. Cualquier cosa antes de tener que ceder para siempre tu boli más preciado.

     Cuando llegué a casa, loco de contento, les enseñé el tesoro a mis hijos. Me miraron raro, como si me hubiera tomado una cuantas en El Brillante. ¿Cómo podía el hallazgo de aquella pequeña bola de cristal de colorines hacer tan feliz al viejo?

     A veces la infancia me envía señales. Señales de un tiempo más duro, pero también más nuestro.

     (Diario de Cádiz, 13 de febrero de 2015)

12/02/2015 22:25 pepemendoza #. SEÑALES No hay comentarios. Comentar.

TRAUMAS

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     Son las nueve y treinta de la mañana del martes 27 de enero. En la consulta de traumatología del Hospital Santa María del Puerto hay más gente que en la guerra. Yo soy uno de los lisiados en combate. Llevo el brazo derecho en cabestrillo, como “El Lute” en aquella foto mítica de su detención. Me caí solo en la trinchera infantil de un campo de fútbol y me partí el escafoides. Qué mala es la vejez, qué mala y qué traidora.

     Una pareja de no más de treinta años incita a la soldadesca a la rebeldía sin causa. Se quejan, sin razón y con desprecio, de todo. De la lentitud en el servicio, del acondicionamiento de la sala, de la torpeza de los trabajadores en prácticas, de los papeles que un día le perdieron a una prima de ella (parece que el mismo equipo de sanitarios, que entre guardia y guardia se asocian para delinquir). Buscan y encuentran adeptos igual de jóvenes que se suman groseramente al linchamiento. Se atreven incluso con el arte de la profecía: a las diez se irán todos a desayunar (no se va nadie). Y se encaran con un profesional “porque llevan mucho tiempo esperando”. Ninguno de los dos aprobaría un examen de primero de la ESO, pero ahí están, cuestionando incluso la ayuda que un trabajador le presta a una anciana que ha entregado incompleto un documento oficial. No son usuarios de un consultorio construidos con palos y ramas en un país perdido de África Central, sino de un sistema público de salud de una ciudad del primer mundo que, pese a la política canalla de recortes, sigue funcionando dignamente gracias a la vocación de servicio de sus trabajadores.

     En la hora escasa que llevo en la consulta todos los profesionales ejercen sus tareas con un grado de compromiso que roza la excelencia. A mí me atienden una auxiliar, una enfermera en Rayos y una doctora (Esther Borrego pone en su bata). Me tratan con un empatía y una amabilidad de otra época, probablemente la misma en la que los pobres, por muy jóvenes que fueran, exhibían con orgullo el legado de una buena educación.

     Salgo del hospital con el brazo sin escayola, esta columna en la cabeza y la certeza de que lo peor y lo mejor de la condición humana tenían cita esta mañana en la consulta de traumas del Hospital Santa María del Puerto.

     (Diario de Cádiz, 30 de enero de 2015)

30/01/2015 06:18 pepemendoza #. TRAUMAS Hay 2 comentarios.


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