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El blog de Pepe Mendoza

CIFRAS Y LETRAS

CIFRAS Y LETRAS

     A pesar de que a la Fiscalía le da en la nariz que algo huele a podrido en la contabilidad de la sociedad, estoy dispuesto a respetar escrupulosamente la presunción de inocencia de los gestores de Impulsa. En un ejercicio de fe sin precedentes también soy capaz de creerme que han captado cientos de empresas, que han atraído miles de puestos de trabajo y que su patrimonio tiene más ceros que una caja de cervezas sin alcohol. Puedo, incluso, a las puertas del Domingo de Ramos, abandonar mi condición de resentido social, dejar de sospechar del progreso económico de algunos y dar por hecho que la venta de parcelas por debajo del precio establecido respondió a criterios exclusivamente evangélicos. Digo más: no disculpo, pero si comprendo que, en un ataque de dignidad corporativa, hayan destinado unas perrillas a publicitar la bondad inmaculada de sus discutidas actuaciones.

     Sé del gran coste personal que asumo al poner por escrito estas reflexiones. Los de Izquierda Unida me tacharán de esbirro del poder Independiente. Los del PP, de columnista paniaguado de Polanco. Los de IPSOE, esa unidad de destino en lo municipal, cualquiera sabe. Y los de Puerto Harto, que son lo peor de lo peor, me colgarán de su página, una noche de estas, para regocijo de El Tajaita y otras hierbas.

     Pero lo que no voy a tolerar (y ahora sí que me vengo arriba) es que, con dinero público,  perpetren un pasquín como el que apareció el otro día en este Diario. Ojo: no por lo que dicen, que ya es mal decir, sino por cómo lo dicen. ¿De verdad que entre las 350 empresas captadas no hay ninguna dedicada a la educación, que dé clases de primaria y quiera ir un par de tardes a Impulsa, a enseñarles a esos monstruos de la captación la diferencia entre "porque" y "por que"? ¿O para que les ilustre sobre cómo utilizar la conjunción adversativa "sino"? ¿No podrían captar también, pero del paro, a un maestro de compensatoria, que les explique como se utilizan, sin hacer el ridículo, los signos de puntuación?

     Lo digo porque si le cogen gustillo a los libelos y piensan seguir publicando es urgente y necesario que, o bien cambien de redactor, o bien lo matriculen en la Escuela de Adultos.

     Aunque si manejan los números como manejan las letras, me malicio que en el futuro van a poder impulsar muy poco.

      (Columna publicada en Diario de Cádiz el 31-03-2007)

    

BOMBAS DE RUIDO

BOMBAS DE RUIDO

     Los teólogos postmodernos pueden decir lo que quieran, pero el Infierno existe y el próximo fin de semana desplazará sus unidades móviles a Valdelagrana. Los descendientes de Satán, eso sí, han cambiado mucho: hoy adoran a Valentino Rossi, cabalgan a lomos de calderas con dos ruedas y, en lugar de tridente, llevan una bomba de ruido en una mano y una botella de Beefeater en la otra. El averno, como ven, se ha remozado. Ahora no es el calor, sino el estruendo, el que hace insufrible la condena.

     Hasta hace muy poco, los asesinos de la paz urbana (no hablo, por Dios, de aquellos motoristas civilizados y respetuosos) se pasaban las leyes viales, con la complacencia indecente de nuestros munícipes, por el arco de Los Portales. Una sentencia del TSJA puso algo de cordura en aquella afrenta intolerable. Gracias al coraje civil de José Antonio Navalón, los vecinos del centro recuperaron la autoestima ciudadana. Hoy, vencida y desarmada la Ribera del Marisco, las tropas moteras perpetran sus fechorías donde les dejan. Este año, ya digo, parece que les dejarán en Valdelagrana.

     El Presidente de la Asociación de Vecinos de aquella zona ha declarado: "Lo que no se puede hacer es cerrar una parte de la ciudad, porque ello inevitablemente conlleva que los moteros se vayan a la parte que no se cierra.  A ver cuando empiezan a considerar en el Ayuntamiento que Valdelagrana también es El Puerto". A la hora de entregar esta columna, no nos consta que haya sido anexionada a la ciudad que está detrás de la Sierra de San Cristóbal.

     Entendemos, cómo no, su preocupación. La experiencia nos dice que hay alguien mas feliz, pero también más peligroso que un tonto con un lápiz: un tonto con una moto. Y la impotencia y el miedo se ciñen ahora sobre los lugareños de aquella hermosa playa,  temerosos de convertirse en rehenes de los vándalos del asfalto.

     Es verdad que algo hemos mejorado. Que hubo una concejala, hoy desencantada de la cosa pública, que puso unas briznas de compasión oficial en esa orgía que dinamita el sosiego público. Pero los cofrades de la hermandad de la goma quemada (lástima que sólo sean hermanos entre ellos) dejan, dicen, euros por un tubo de escape. Pues nada,  a divertirse.

     Y a los vecinos de Valdelagrana, suerte y que no les lleven, por delante, los demonios.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 17-03-2007)

 

LA CONSULTA FANTÁSTICA

LA CONSULTA FANTÁSTICA

     Mucho antes de que la risoterapia se pusiera de  moda y algunos médicos comprendieran que hacer el humor beneficia gratamente a la salud, el Doctor Casimiro ya ejercía, con el beneplácito de la afición, su sanadora vis cómica, mientras fisgoneaba en los vestuarios de un pabellón auditivo o buscaba faunos en el laberinto de un oído interno. Acostumbrados como estábamos a la arrogancia seca de los que tenían estudios, a la afectación malaje de unos profesionales demasiado estiraos, el humanismo sabio y surrealista de aquel joven empezó a propagarse allende los tímpanos.

 

     Recuerdo la primera vez que acudimos a verle. Mi esposa tenía entonces unas amígdalas de cristal de bohemia que cuando se inflamaban le hacían callar por los codos. Llamamos al portal de la que creíamos su puerta y, tras disculparnos por el error, le preguntamos al vecino que nos abrió por la consulta del afamado otorrino. El individuo importunado parecía un profeta del Antiguo Testamento: barba y pelo abundante, coleta a lo Daniel Boone, sonrisa  como la de Jack Nicolson en "El resplandor" y una linterna en la cabeza. Con esa pinta, el tipo podía ser cualquier cosa menos Don Casimiro: el presidente de la asociación de espeleólogos portuenses, un hippie que acababa de llegar del Tótem donde se había fumado toda la arboleda perdida, o, yo que sé, el mismísimo Norman Bates minutos después de haber acuchillado en la ducha a Janet Leight. Pero no, ¡era él!, el especialista del que todos dicen que no hay peor sordo que el que no quiere ir a su consulta.

 

     Pasamos dentro y el ambientazo era espectacular.  Estaba Eustaquio, que no se tenía en pie, con una trompa impresionante. Había también un penitente de Los Cerillitos con un gran tapón de cera. Y Contreras, que pese al tratamiento, seguía sin enterarse. Y un ecologista con vegetaciones. Y un primo lejano de Mayor Oreja.

 

     Ya en su despacho, mientras el hombre más dicharachero del barrio alto examinaba la garganta de mi mujer, su calavera ayudante, que fue novia de Hamlet, me contó el secreto de su éxito. Ser agradable o no ser agradable, esa es la cuestión. Lo había descubierto, con unos siglos de más, en aquella consulta fantástica en la que la risa, milagrosa y benéfica, entra por un oído y  sale por el otro.     

 

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 17-02-2007)   

 

 

EL TRIVIAL DEL PUERTO

EL TRIVIAL DEL PUERTO

¿Qué cantante femenina, con voz y nombre de cine, triunfó en Eurovisión  coreando un artículo determinado? (Merche Macario) ¿De dónde era el Palomo que fue testigo en la alternativa de Galloso? (De Linares) Fugitivo que escapó del penal una nochevieja y que, junto a los hermanos Malasombra, nos tuvo media infancia acojonados (El "Lute") ¿Cómo se llamaba el caballo-anuncio de Terry, que paseaba a una bella rubia por la playa y la miraba sin cortarse un pelo de la crin? (Descarao) ¿Qué calle ardía, sin consumirse, cuando el Dios del Antiguo Testamento llamó a Moisés? (La calle La Zarza) ¿Quién es el torero más fresco del barrio? (El Bimbo) Hombre sosegado que tenía las llaves de la noche (El Sereno).

 

           Sierra, entre Jerez y El Puerto, en la que hubo una autoescuela (San Cristóbal) ¿Qué fontana italiana fue durante mucho tiempo un bar entre Luna y Nevería? (El Trevi)  ¿De qué color era el vestido, con qué estado de ánimo apareció y cómo llegó a las puertas de la gloria el niño del pasodoble de Los Simios? (Blanco, triste y gateando) ¿Cuál era el apodo del chavalillo que tuvo sus quince minutos de gloria en un programa de Torre Bruno y que se hizo viejo con la entrada de euro? (El "Pejeta") Plaza purísima sobre la que descansa un colegio (La plaza del Ave María).

 

¿En qué bodega se jubiló el más famoso escudero de la literatura universal? (En las bodegas de Sancho) Veterano comparsista, cuyo nombre artístico no se puede comprender ni explicar (El "Misterio") ¿Cómo se llama el banderillero que tiene una tienda de confecciones en la calle Ganado? (El "Formidable") Femenino del asno, con reservados, en el que muchos trabajadores, tras terminar su jornada laboral, se tomaban catorce (La Burra) ¿Qué grupo de sevillanas de los 70 fundó también una parroquia? (Los del Carmen) Color de la manteca, playa que añoramos (La Colorá).

 

Ártropodo crustáceo encarnado; en su segunda acepción: zona caliente de una de nuestras playas a la que acuden salidos de todas las edades para practicar el onanismo visual (El Cangrejo Rojo)  ¿Qué director de comedias, que un día hizo mutis por el foro de este barrio, merece por lo menos una placa en el nuevo teatro? (Paco Teja) En chino, confín de un Estado; en portuense, doctor que sigue dando nombre a un hospital (Frontela) ¿Cuál es el bar de la esquina del muelle del vapor con el que algunos autónomos se refieren también al Impuesto sobre el Valor Añadido? (El Liba) Bollo de pan caliente, pro hebreo, que vendía el Guarigua por la mañana temprano (Cemita).

 

 Para Laurén Postigo, eran de España; para nosotros, de La Pastora (Los Suspiros).

 

 

(Esta columna fue publicada, sin las respuestas que aquí  aparecen, en Diario de Cádiz el 03-02-2007)

MALOS HÁBITOS

MALOS HÁBITOS

     La semana pasada, unos descerebrados felicitaron las pascuas a los fieles de la Iglesia de la Palma con un crisma macabro que dejaron impreso en la fachada del edificio. Frases alusivas a Yahvé, cruces invertidas, todo ello rebozado con aceite de motor, sesos y trozos de hígado animal, son los ingredientes del menú satánico de este club de bárbaros, que piensa (es un decir)  que "la única iglesia que ilumina es la que arde". No es la primera vez que sucede. Las agresiones han sido denunciadas ante la policía nacional, que ya ha abierto diligencias. Caiga la acción de la justicia civil sobre estos profanadores de la libertad de cultos y, como pena accesoria, oblíguese a los mismos a leer (si saben) el artículo 16 de la Constitución española.

     Dicho esto, me llama poderosamente la atención que el párroco crea que la raíz del problema es "la ola de laicismo que se vive". No dijo la anorexia ética en la que estamos educando a nuestros hijos. Ni el abismo intolerable que separa a los satisfechos de los carenciados. Ni la arrogancia pendenciera que propagan a diario muchos creadores de opinión (algunos con un insoportable hedor a nacionalcatolicismo). No. Dijo, "la ola de laicismo que se vive", que viene a ser la versión moderna de aquella máxima de Dostoievski: si Dios no existe, todo está permitido. Y aquél que se atreva a negar la primacía del Altísimo, es sospechoso de algo. Sin ese reconocimiento, parece que el camino hacia la degradación moral es irreversible: se empieza por asesinar al vecino de enfrente y se termina faltando a misa los domingos y fiestas de guardar.

     He tenido muchas veces la impresión de que, a los ojos de algunos católicos, el que sólo cree en el cielo raso y defiende una sociedad laica, es un pobre diablo, un discapacitado espiritual digno de compasión. Tengo amigos ateos, sin embargo, que  han hecho de la fraternidad su primer mandamiento. Por el contrario, también conozco a cristianos que deberían ir buscando ya un buen abogado para el Juicio Final.

     Argumentar que "la ola de laicismo que se vive" es la causante del vandalismo contra La Palma, es tanto como responsabilizar a la Cruzcampo de la celebración de los macro botellones. O culpar a los Magos de Oriente del consumismo obsceno que hemos vivido estos días.

     Más que una ola, lo que nos inunda es un tsunami de mala educación.

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 06-01-2007)

ES LO QUE TOCA

ES LO QUE TOCA

     Nos daba en la nariz que este año iba a ser, porque el número era una preciosidad. Habíamos soñado muchas veces que periodistas y banqueros se apostaban en nuestra casa, como en los programas esos del corazón, esperando que saliéramos a la calle detrás de unas cuantas botellas de cava. Que, por fin, el tantas veces ensayado corte de mangas al imbécil del jefe, iba a proyectarse más allá del espejo de nuestro cuarto de baño. Pero nada, ni la pedrea. De nuevo el manido recurso a la salud, a lo bueno que estamos y  al buen tipo que tenemos. Otra vez a contemplar en la tele, muertos de envidia, los rostros exultantes de los afortunados; el orgullo humilde de los loteros que han llenado de prosperidad el porvenir de sus convecinos. Y para nosotros, agua y ajo. Otra vez. Es lo que toca.

      La lotería, ustedes ya lo saben, es de derechas. A los ricos (y a algunos políticos) les suele tocar mucho. Las matemáticas, como el algodón, no engañan: la gente de dinero compra muchos más billetes y, en consecuencia, tienen muchas más posibilidades de ver sus décimos premiados. Los pobres, por el contrario, llevan el mal fario pegado a los talones, y cuando salen en los periódicos, es para amargarnos la blanca Navidad. Ahí tienen, por ejemplo, esos belenes vivientes que nadie visita: los 1.821 hogares portuenses que, según la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, han sido agraciados en la rueda del infortunio con el estigma de la exclusión social. Y  los que no somos ni pobres ni ricos, sino todo lo contrario, a rezarle a la Virgen, como el jorobado.

     La vida es una tómbola, ton ton tómbola, pero la luz y el color con que queramos pintarla va a depender mucho más del esfuerzo personal que de los caprichos arbitrarios de la suerte. Ya sé que esta clase de lirismos no se llevan, que corren malos tiempos para apelar a los valores en un mundo en el que el único desprendimiento importante es el de retina. Mas el amor al trabajo bien hecho, reírse de uno mismo, defender un derecho o situarse del lado de los decentes, son regalos que no salen de ningún bombo, pero encandilan, y de qué forma, el corazón humano.

     Si ayer pillaron algo y les sirve para tapar socavones, mi más sincera enhorabuena. Y si no, felices fiestas y a seguir disfrutando de esa mala salud de hierro. Desengañémonos de una vez: sólo la voluntad y la belleza de espíritu reparten premios cuantiosos todos los días.

     (Artículo publicado en Diario de Cádiz el 23-12-2006)

 

CLÁSICOS POPULARES

CLÁSICOS POPULARES

     Cuenta la leyenda que ya estaban en el lugar de los hechos cuando Alfonso X conquistó la ciudad a los vecinos del norte del Magreb (entonces, los moros). Que  vaticinaron que Santa María del Puerto terminaría siendo un hospital. Fuentes bien informadas se atreven incluso a afirmar que, en el repartimiento de tierras, alguno advirtió, al mismísimo Rey, de los problemas que en un futuro podrían traer las EMAs no consolidadas. Los investigadores más atrevidos defienden hipótesis difícilmente creíbles. Valga como ejemplo este adefesio histórico: la Carta Puebla fue entregada a nuestros protagonistas tras derrotar las tropas cristianas al último Morillo, de nombre Manolo, justo enfrente de la papelería Cortés, en plena calle Luna. Amanece sobre El Puerto y que salga el sol apostólico y romano  por donde quiera, dicen que fueron las últimas palabras del Morillo Manolo.

     Ustedes se estarán preguntando, con razón, quienes son "ellos", "nuestros protagonistas". Me refiero a una cuadrilla de periodistas iletrados, fácilmente sobornables, que ejercían el oficio de contar lo que pasaba en las calles portuenses a cambio de un cigarrito del carrillo Severo, una chiquita en La Burra, un café en Los Pepes, o, simplemente, la voluntad. Siempre al filo de la noticia y las aceras, es verdad que difundían rumores que rara vez se confirmaban. Que, como la mayoría de los políticos locales, hablaban un idioma ininteligible. Que sus ademanes tan poco versallescos y el empeño obsesivo por ajustar el paso a los demás, invitaban casi siempre a guardar las distancias. Pero eran los reporteros más dicharacheros del barrio viejo, y transitaban por las calles como una chirigota de desheredados, como personajes en busca de un autor que encontraron en el maestro Muñoz Cuenca su glosador más agradecido. 

     Hablo del Tonino, la ilusión pero también la bronca de todos los días, terror de electricistas y albañiles, trabajadores que se encomendaban a la Virgen de los Milagros cuando, desde las alturas, sentían que la escalera empezaba a bailar al ritmo del bastón de esa lengua viperina tan poco dotada para la diplomacia.

     Habló del Chamaco, que tenía la voz de la niña del exorcista, bebedor insaciable, mitad marinero en tierra, mitad pirata berberisco, con camarote permanente en la antigua lonja, donde dormía rodeado de gaviotas y de gatos.

     O del Baba, discípulo aventajado de Kung Fú, que soportaba estoicamente callos y durezas, con tal de no someter a sus pies a esa cárcel angustiosa que son los zapatos. Su andar, deslavazado y torpe, no le impedía transitar cómodamente por la vida, y él era feliz palpando el suelo sin intermediarios.

     Recuerdo también a la Tía Tula, la mejor degustadora de caldos de la tierra. A La India, siempre dispuesta al combate dialéctico, con aquel viejo bastón pintado con los colores de la bandera española. Al Guarigua y a sus "cemitas" que sabían a gloria. A Romualdo, piropeador incansable de vecinas de todas las edades.

     Quedan muchos periodistas populares perdidos por las calles del centro de mi infancia. Seres entrañables, libres, marginales, que yo observaba con temor y extrañeza cuando aparecían, entre el regocijo general, por cualquier esquina.

     Han pasado 725 años, los siglos se nos han ido volando, las calles ya no son de chinos y ya no hay cartas pueblas, sino emails y planetas virtuales (por cierto, Sr. Gago ¿qué hay de su fichaje por el Real Madrid?). La familia Medinacelli terminó echa un Cristo. Colón, el hombre blanco, anunciando detergentes. Juan de la Cosa montó un bareto en su propia calle, en el que, dicen, se conspira a jornada completa.  Entre los 100.000 hijos de San Luis Gonzaga hubo un poeta-profeta que ya habló de arboledas perdidas (el Peral de Isaac, por ejemplo, lo talaron una noche mientras Clavero daba clases). Los del Carmen dejaron las sevillanas y fundaron La Borriquita. Manolete, disfrazado de Adrián Brody, toreó por fin en El Puerto. El Lute estudió Derecho, que es muy bueno para la espalda. Los marineros están todos en tierra. Franco montó una inmobiliaria y un hogar en Caldevilla. Los Sanluqueños siguen haciendo dulces y, ahora, casas muy baratas. El Nuevo Portuense, además de jugar bien al fútbol, pone unas tapas para chuparse los dedos. El Formidable cambió las banderillas por las confecciones. Tenemos mucho teatro pero nos achicharraron el Principal. Las Memorias del Adriano hablan de un barquito que no es competitivo, como si fuera el coche de Fernando Alonso. La Navidad con Amor sobrevive gracias a unos Reyes Magos que descubrimos que no eran los padres, sino Pepe Cerrato.

     El pasado, como ven, no se ha ido. Ni tan siquiera está pasado. Y nuestros protagonistas, sólo hay que saber mirar, siguen deambulando, -un cigarrito, una chiquita, un café, la voluntad-, por las calles de siempre. Al menos, eso cuenta la leyenda.

(Artículo leído en la Cátedra Alfonso X El Sabio de El Puerto de Santa María, el 15-12-2006)           

                       

             

 

           

LA COMIDA DE LA EMPRESA

LA COMIDA DE LA EMPRESA

     Tengo una amiga que trabaja en el departamento de recursos humanos de una multinacional. Cada diciembre le toca organizar la comida de Navidad de la empresa, ese desparrame anual en el que, a media tarde, hasta Herodes es un tío cojonudo.

     Les adelanto, para que no se hagan ilusiones, que este año no habrá comida y que mi amiga está de baja por depresión. Los problemas empezaron cuando un  trabajador judío denunció a la empresa, ante la Inspección de Trabajo, por antisemitismo. El pueblo elegido, ya saben, no celebra la Navidad cristiana, sino el Hanukah. La Inspección falló a su favor: además de prohibir los villancicos, obligó a la Dirección a cambiar la denominación de comida de Navidad por la de "fiesta de las vacaciones de diciembre".

     Resuelto ese problema, vinieron otros. Así, un oficinista que milita en Alcohólicos Anónimos, solicitó la instalación de una mesa en la que no se bebiera. Mi amiga se negó, argumentando que por la misma razón habría que colocar a los diabéticos lejos de los dulces, a las embarazadas cerca de los lavabos y a los rocieros encima de las carretas.

     Luego se lió cuando desde el departamento de personal se recomendó un tope de 6 euros para el regalo del amigo invisible. Los del comité de empresa, en reunión extraordinaria, consideraron que esa cantidad era excesiva para los miserables sueldos que percibe la famélica legión. El personal directivo, por el contrario, tachó la cantidad como ridícula. Una mierda con la que no encuentras nada en un sex shop, dijeron.

     Los futboleros, tampoco ayudaron mucho. Después del 1-4 de Chapín, los aficionados jerecistas pusieron como condición para asistir que se prohibiera en el karaoke el pasodoble de Manolo Santander. Los cadistas, como contraprestación, vetaron las canciones de Bertín Osborne.

     Pero el golpe de muerte a la comida lo dio una corriente interna del sindicato mayoritario que se autodenomina Homosexuales Verdes. Llamaron la noche anterior al festejo protestando por el lugar elegido, un asador que, según palabras de su líder, "es cómplice del exterminio intolerable de reses inocentes". A mi amiga, compréndanla, le dio un ataque de incorrección política y, perdiendo los nervios y el espíritu navideño, les tachó de talibanes de los nabos y los pepinos.

     La han denunciado en el juzgado por homofobia. Qué raro es todo.   

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 9-12-2006)

           

PLANETA GAGO

PLANETA GAGO

     Yo también intenté entrar el otro día, sin éxito, en el Planeta Gago. En pijama, con más sueño que un esportón de gatitos chicos y a unas horas en la que supongo que hasta el universo está cerrado, es probable que el gorila galáctico que ponen en la puerta de los cuerpos celestes me denegara la entrada porque los calcetines que me pongo antes de dormir son blancos.

     Mientras torturaba al maldito roedor inalámbrico, con la esperanza de conectar con el blog del Señor Corregidor,  me acordé del pobre Plutón, que fue degradado hace poco a la condición de planeta enano, entre otras razones, por no haber despejado las inmediaciones de su órbita. En la página web de IP ya han despejado de las inmediaciones de la suya a Don Fernando: no hay una sola referencia a la aventura internauta del compañero alcalde.

     Pensé también que el hombre que escucha podía haber empezado como blogero con un dominio más modesto. No sé: Parcelita Gago, VPO García, Unifamiliares Fernando. Porque embarcarse en un planeta, con el euribor por las nubes, la burbuja inmobiliaria y todo eso, debe valer un pastón. Además, con la que está cayendo, en tiempos de tribulación malaya no es bueno hacer mudanzas. La gente no es tonta y va a empezar a preguntarse cómo un señor que lleva tan poco tiempo presidiendo nuestro Ayuntamiento, puede tener dinero para comprarse un planeta que no sea de Agostini.

     En esas estaba cuando de la pantalla empezaron a salir marcianos. Uno gordito con gafas aseguraba que el pactar se va a acabar y que ahora le toca a él (otra vez). Un espigado alienígena decía que ahora más (¿de lo mismo?) y me ofreció una puesto en Diputación si le daba alguna pista sobre el paradero del fotógrafo de su cartel electoral. Una selenita roja alababa los detallazos del camarada Barroso con su familia.

     Pero cuando me asusté de verdad fue cuando apareció un extraterrestre, con cara de mala leche, gritando que nada de lo que aparecía en ese dichoso blog era real. Mira fijamente la foto de bienvenida, me ordenó. El portátil sobre el que apoya sus dedos es un maletín que un día se dejó olvidado un constructor en el área de urbanismo. Las banderas es un colegio. Él mismo es una imagen de Clint Eastwood a la que el fotoshop le ha puesto gafas. Sé de lo que hablo, dijo antes de desaparecer dando un puñetazo en la pantalla.

     Empiezo a sospechar que en el Planeta Gago no hay vida.

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 25-11-2006)

EL TREN DE LOS MOMENTOS

EL TREN DE LOS MOMENTOS

     Me llamo Pepe y soy adicto a las emociones fuertes. He decidido venir aqui a contarles mi experiencia porque necesito ayuda. Yo era un tipo normal hasta hace muy poco. Mi trabajo por las mañanas; las tardes llevando niños a las actividades extraescolares; la columnita en este periódico dos sábados al mes; el carrusel deportivo los domingos; la hipoteca, de por vida. Un hombre, en fin, gris y apocado, pero sin vicios inconfesables.

     Hasta que llegó RENFE e hizo de mi vida un infierno. Reconozco que mi patología es rarísima. Lo que me angustia es, fíjense, que la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles cumpla sus obligaciones con los clientes sin ponerlos al borde de un ataque de ira. Que el Cercanías que cojo a diario llegue al menos un par de días seguidos a la hora prevista. Que anuncien por megafonía, sin equivocarse, la vía por la que el tren va a entrar. Que el revisor no le eche a uno la bronca porque el bono mensual, que no expiden los usuarios sino la Compañía, ha perdido color y no se distingue bien la fecha de caducidad. Que la temperatura ambiente de los vagones no nos haga recordar la batalla de Stalingrado. En fin, esas pequeñas rutinas cotidianas que hacen la vida monótona y aburrida hasta la náusea.

     Los que aseguran que nos llevan al futuro y nos invitan a subir, no me regalan, desde el martes, un emoción con la que saciar mi vocación de Indiana Jones en el Cercanías Maldito. ¡Qué mañana la de aquel día! Llegué a la estación de San Severiano después de concluir mi jornada laboral y el tren que no aparecía. A los veinte minutos de demora sobre el horario previsto, suena la megafonía: "Se comunica a los Señores Viajeros que el tren procedente de Cádiz con destino a Jerez, viene con retraso". Extraordinaria primicia en la que ningún viajero había reparado. Información veraz en tiempo real. Al cuarto de hora, otra vez la voz en off confirmando que, en RENFE, la política de transparencia informativa es una de las señas de identidad de la Compañía: si el tren no llega y el reloj marca las horas, no falla: hay retraso. Temporal, pero sobre todo mental, estuve a punto de replicar a la esfinge de detrás del cristal que no se atrevía a aventurar, casi una hora después, el motivo de la demora.

     Me llamo Pepe, soy adicto a las emociones fuertes y hace cuatro días que RENFE no me vacila. Gracias a todos por escucharme.

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 11-11-2006)

NOVIEMBRE

NOVIEMBRE

     Noviembre es una tarde de ceniza y rosario, una luz de mariposa bailando ante la estampa de una Virgen, aquella foto antigua sobre la que el tiempo se puso amarillo. Noviembre es un dolor de campo santo, un cartucho de castañas asadas, un sueño repetido y un reencuentro. Noviembre es un porqué que araña el alma, un almanaque que subraya las ausencias, Paco Rabal con aires de Tenorio.

     Recordar viene del latín recordis, que significa volver a pasar por el corazón y a mí me gustaría abandonar algún día mi condición de hombre de poca fe para creerme de verdad la hermosa utopía de San Agustín: "Aquellos que nos han dejado no están ausentes, sino invisibles. Tienen sus ojos llenos de gloria, fijos en los nuestros, llenos de lágrimas". Se lo digo a mis hijos con frecuencia, cuando la nostalgia les visita sin aviso: recordar a los abuelos es la única manera de que nunca desaparezcan. Uno cree que, al final del camino, no hay plan de pensiones que produzca más rentabilidad que aquel que nos propone Quevedo en uno de sus sonetos magistrales: "Retirado en la paz de estos desiertos/con poco, pero doctos libros juntos/vivo en conversación con los difuntos/y escucho con mis ojos a los muertos".

     El año pasado, en Estados Unidos, confundieron a una mujer ahorcada de un árbol con un adorno de Halloween. Si tengo que elegir entre el aquelarre carnavalesco ese de calabazas y brujas, tan arraigado en nuestra cultura mediterránea, y la liturgia sobria de antaño, lo tengo claro. Me quedo con aquellas tardes alrededor de la mesa camilla, entre nueces, almendras y castañas, en la que nuestros mayores, animados por el vino dulce o el anís, contaban anécdotas de los que un día partieron, y los hacían presentes con sus palabras.   En estos tiempos sombríos, en que lo raro es vivir, hay difuntos que gozan de una salud extraordinaria. De vez en cuando, comparecen con la excusa de un olor, de una canción, de una sonrisa, y se pasean  por las calles de nuestra melancolía para que no olvidemos que continúan naciendo y renaciendo, que volverán a morir y otra vez nacerán, que jamás dejarán de resucitar porque mientras nosotros existamos no morirán nunca.

     Llega Noviembre y por las avenidas del corazón pasean ángeles encantadores que vuelven ligeros de equipaje, jóvenes porque el tiempo por ellos ya no pasa. Vuelven más vivos que nunca, para dejar constancia de que no están, pero que nunca se fueron. Vuelven, en fin, porque la muerte es mentira.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 28-10-2006)

 

 

GAGO, GÓMEZ Y GÓMEZ, S.A.

GAGO, GÓMEZ Y GÓMEZ, S.A.

     Independientes Portuenses niega que haya disputas internas en la elección del candidato a la Alcaldía, como niega la mayor el niño que ha sido pillado copiando en un examen, o el marido al que su mujer sorprende in fraganti en la cama con otra y sólo alcanza a decir que eso no es lo que parece. IP puede decir lo que le apetezca, y puede, en vísperas de Hallowen, disfrazar de debate interno lo que empieza a ser un duelo al mejor estilo de Alatriste. Trato o truco: las evidencias no engañan.

     Asómense, si no, a la prensa de estos días y convendrán conmigo en que, de las últimas comparecencias públicas de los tres candidatos, se puede desprender cualquier cosa menos que las filas están prietas. El buen rollito, si alguna vez lo hubo, duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio. La empresa "Gago, Gómez y Gómez, S.A." (Sociedad por la Alcaldía) ha pasado en pocos días de ser una cooperativa de trabajo asociado a cotizar en el régimen especial de autónomos. Es probable que no haya tres proyectos políticos claramente diferenciados. Lo que sí que hay son tres egos distintos y un solo objetivo verdadero: ser el candidato pata negra en los comicios del próximo veintisiete de mayo.

     Juan Gómez, por ejemplo, ha dicho que la decisión la tiene la Junta Directiva del partido y "supongo que los demás la acataremos" (sic). No parece que el veterano maestro esté muy convencido del fair play de sus compañeros de viaje. Ha asegurado, además, que con él no habrá gritos porque no es su estilo, palabras que condenan sin paliativos una forma de hacer política de la que hábilmente se desmarcó en su día. Y lo más sorprendente de su programa: quiere dar un giro medioambiental al proyecto de IP, lo que, bajo nuestro punto de vista, supone reconocer con la boca pequeña las barbaridades urbanísticas que han asolado El Puerto en los últimos años. A la hora de cerrar este artículo, ignoramos si el apoyo explícito del concejal de urbanismo a la candidatura de Gago tienen algo que ver con las declaraciones en verde del Sr. Gómez. Desconocemos también, cómo le habrá sentado dicho apoyo a D. Fernando.

     A la concejala de Fiestas, Dña. Silvia Gómez, le avala una trayectoria política en la que hay que reconocer que ha sabido moverse como pez en el agua. Mujer de carácter fuerte y propensa a la batalla, está jugando un papel conciliador que no le conocíamos. Por lo pronto, se ha puesto a filosofar: el partido hará una reflexión interna, dice, sobre "quiénes somos, qué queremos y hacía dónde nos dirigimos". Sería bueno también que, en esta nueva etapa, nos dijeran hacia dónde nos llevan a los demás, si hacia una democracia participativa en la que volveremos a ser ciudadanos o hacia el vasallaje y el clientelismo que instauró durante más de tres lustros el que se siente inocente. Confiesa, también que le molesta que se diga que ella es la favorita o preferida del ex alcalde. A la hora de cerrar este artículo no nos constan declaraciones de la Sra. Gómez que lleven incorporadas siquiera unas briznas de autocrítica y que nos hagan pensar lo contrario.

     Y por último, el actual alcalde, D. Fernando Gago, el hombre que ha puesto en valor el sosiego en la vida política portuense, el político que escucha hasta a los camaleones. De verbo y talante florido, encantado de haberse conocido, ha apostado por la elegancia en el trato, lo que es sin duda una muy agradable noticia en una ciudad en la que hasta hace poco era más rentable políticamente ser sordo, ciego y mudo. Pasar del odio al oído ha sido un pequeño paso en el haber político del Sr. Gago y un gran avance en la autoestima de la ciudadanía portuense. Sorprenden, sin embargo, por afiladas, sus últimas declaraciones. Se ha autoproclamado, director de lidia en este cartel de tres espadas. Ha manifestado su sorpresa por la candidatura de Juan Gómez, dice que por la forma en que salió de la Corporación y porque abandonó el barco antes de que acabase la legislatura. De Silvia Gómez, se la limitado a comentar, que "la ciudadanía la conoce".

     Las preguntas que uno se hace ante ese súbito abandono de la Diplomacia (con mayúsculas) por parte de uno de sus discípulos más aventajados son: ¿Ve su futuro tan oscuro como el de Luis Aragonés? ¿Oye voces y no precisamente de aliento? ¿Leyó el artículo del otro día de F.A. Gallardo titulado "Garrote en el Polvorista? ¿Se siente ya, a mediados de octubre, difunto sin alivio de luto? ¿Han percibido sus finos oídos maniobras orquestales en la oscuridad?

     A la hora de cerrar este artículo desconocemos si la navaja barbera de Gago sigue abierta.

(Artículo publicado en Diario de Cádiz el 14-10-2006)

NO SIN MI COCHE

NO SIN MI COCHE

     Metidos ya de lleno en el Mes Nacional del Sablazo (¡qué ambientazo, por las tardes, en las papelerías!), celebrábamos ayer (es un decir) el Día Mundial Sin Coches. Cada veintidós de septiembre oímos, por la radio del coche, que el seguimiento de tan justa reivindicación apenas tiene repercusión en las calles españolas. Todos de acuerdo, eso sí, en que los índices de contaminación que sufre el planeta, etcétera, etcétera, pero que nadie se atreva a tocarnos, ni siquiera por un día, el Nissan Patrol con frenos ABS, cuatro airbag, retrovisores con regulación eléctrica, navegador y volante con detalles de piel y madera. Bastante generosidad derrocha uno sumándose a las grandes causas globales, para que encima tengamos que sacrificarnos con minúsculas adhesiones personales que laceran nuestro más que merecido nivel de vida. Día Mundial Sin Coche, por supuesto. Día Mundial Sin Mi Coche, ni mijita. Por cierto: ¿te gusta conducir?

     En veinticuatro horas no se recupera la capa de ozono. Si nos ponemos, nos ponemos. Pero en serio. Sin mariconadas. ¿Van a dejar los pájaros de trinar desesperados pidiéndonos el ventolín porque el veintidós de septiembre vayamos andando al cuarto de baño? ¿Van a nacer los niños con menos plomo en la sangre? ¿Van a respirar mejor las palmeras del Parque porque usted reprima una mañana "el ibiza que lleva dentro"? ¿No quedamos en qué las bicicletas son para el verano? ¿Cómo va a ser lo mismo escuchar a Jiménez Losantos en un monumental atasco a la entrada de El Puerto que oírle bramar paseando tranquilamente por la Ribera del Río? Y lo que es más importante: ¿en quién nos cagamos ese día?

     Además, andar, créanme, levanta sospechas. Si uno pasea por la calle sin destino predeterminado es fácil convertirse en presunto-algo para la policía. Nadie despierta más recelos que una persona que camina hacia ninguna parte. Es por eso que el paseo, ese peregrinar con pausas y sin prisas, es un deporte extravagante y minoritario que sólo practican los ancianos y los gordos, por prescripción facultativa, y las asistentas de Vistahermosa, por prescripción de la señora, para que le de un poco el sol al niño.

     No somos nadie, y sin coche, menos. Lo saben hasta los niños de guardería. Haga la prueba. Háblele a su hijo de las ventajas del paseo. Por una vez y sin que sirva de precedente, estarán de acuerdo. Claro que mola, viejo, acércame esta tarde que hay ofertas en Zara y he quedado con mi amiga en el McDonalds.

(Columna publicada en Diario de Cádiz  el 23-09-2006)

           

             

ALEJANDRO

ALEJANDRO

     Hoy quiero hablarles de Alejandro, mi héroe favorito. No escala paredes, como el hombre araña; no se pone verde cuando se enfada, como el Increible Hulk; no se eleva por encima de los rascacielos para acabar con las fuerzas del mal. No. Mi sobrino Alejandro no es un héroe con alma justiciera y sed de venganza. Él se enfrenta a las "cornás" de la existencia, como en los versos de León Felipe: con una lanza rota y una visera de papel. Es el suyo un heroismo que se construye a diario sobre el andamiaje de tres virtudes monumentales: coraje para vivir, generosidad para convivir, prudencia para sobrevivir. Un heroismo que nos ayuda a vivir con su sola presencia, haciéndonos más dignos, más sensibles, más humanos. Porque hay un rayo de sol en su lucha que ilumina y da calidez a nuestra existencia, que siempre deja la sombra vencida.

     Alejandro, cosecha del 95, se empeñó en vivir, pertinaz y tozudo, contra todo pronóstico. Las condiciones objetivas, esas de las que hablaba Carlos Marx, no le fueron, ciertamente, muy propicias. Un médico indecente y usurero que le miraba sin verlo; los números sin alma de la estadística, la cruel desesperanza... Pecata minuta, ante la irresistible fuerza de la vida. Mi sobrino hubiera sobrevivido incluso al Apocalípsis. Querer vivir, dicen, es la primera condición para estar vivo, y contra el pesimismo de los hechos se alza, casi siempre victorioso, el optimismo de la voluntad. Y a tesón y a coraje moral, nadie le gana a este cadista (¿tú crees que ascenderemos, Alex?) de la Barriada de La Paz.

     Si Dios existe, si es ese ser justo y bueno del que nos hablan los santos y los pobres, hoy acudirá, del brazo de la abuela Isabel, a la Iglesia de San Francisco, en Cádiz. Ambos, humildes y orgullosos, esbozarán una sonrisa de complicidad cuando Alejandro comulgue, nervioso, en la fiesta solidaria del pan compartido. Y como cada mañana, le susurrarán al oído: Alejandro,  levántate y anda. Levántate y nada. Levántate y juega. Levántate y vive.

(Columna publicada en el periódico Noticias Locales el 14-05-2005)

MEMORIAS DEL ADRIANO

MEMORIAS DEL ADRIANO

     Tiene esta tierra un barquito al que quieren jubilar. Dicen que no es rentable,  como si fuera un nuevo depósito de ING Direct. Que no es competitivo, como si fuera el coche de Fernando Alonso. Pero las aguas plateadas y azules que a diario le ven ronear y presumir, susurran a quienes quieran oírle: nos os creáis esa trola, ese engaño; pese a los achaques de la edad, el Vaporcito sigue hecho un chaval. Habla el mar para defendernos de los necios que no distinguen entre valor y precio, para que no confundamos la velocidad con el tocino, para recordarnos que las prisas son para los ladrones y los malos toreros. Y habla, sobre todo, para que seamos honrados con nuestra historia.

     Yo era un niño con ganas de cantar el pasodoble de Los Hombres del Mar donde hay que cantarlo, aquella mañana de septiembre de 1976. Iba con mi madre al ambulatorio de Vargas Ponce, cuando acudir a un médico que no fuera el de cabecera suponía viajar a la capital, bella aventura que incluía desayunar en la Plaza de las Flores, darse una vueltecita por Simago y acercarse al puesto del Melli a comprar la última cinta de la comparsa de Antonio Martín.

     Recuerdo, como si fuera hoy mismo, mi primer viaje. La noche antes, con la imaginación y los nervios sueltos, abandone mi condición de niño pobre para convertirme en un respetado pasajero de la serie Vacaciones en el Mar, al que una bella sobrecargo deseaba a la entrada un feliz viaje. Antes de que me venciera el sueño, fui pirata bueno, descubridor de islas desiertas, héroe en todos los naufragios en los que el Vaporcito salía indemne de los peligros del mar, la mar, sólo la mar. 

     Con el sol desperezándose por las marismas, embarqué por fin. Necesitaba más ojos para contemplar aquel carnaval azul con voces de gaviota; me faltaban oídos para escuchar ese rumor de siglos. Y al fondo, Cádiz, como un Edén salado y claro, como una utopía sosegada y amable, bailándole el agua al templo marinero que anunciaba su llegada a golpe de bocina.

     El niño que un día de septiembre de hace treinta años descubrió el Atlántico asomándose a la bahía, el que presintió aquella inolvidable mañana que el Paraíso debió de estar muy cerca de esta esquina, acudirá hoy a defender la dignidad de ese pobre barco con honra al que algunos contables quieren jubilar. A reivindicar, desde la esperanza y la melancolía, que el Vaporcito del Puerto siga navegando por el río del olvido sin que se resienta su memoria.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 09-09-2006)

NOS GUSTA EL FÚTBOL

NOS GUSTA EL FÚTBOL

Hoy comienza, oficialmente, la temporada futbolística. Más concretamente, la primera Liga de las Estrellas tras la redefinición del Sistema Solar (el Plutón, C.F., como saben, ha descendido de primera a universal preferente, tras ser degradado a la categoría de planeta enano) ¡Plutón, enano, habla castellano!, gritarán los ultras en algún estadio un día de estos.

Pero, parafraseando al flaco Menotti, achiquemos espacios y situemos el GPS en la mejor liga del mundo que, por si no lo sabían, se celebra, desde hace treinta y cinco años, a orillas del Guadalete, más concretamente en el legendario campo del Colegio Sagrado Corazón. Allí, cada sábado, haga levante o truene, un equipo de amigos adictos a la pelota que rueda, con barrigas como cajas de cruzcampo y una media de edad de la Edad Media, rinden culto a ese bendito juego que nos devuelve a aquellos días azules de la infancia. Los partidos semanales, lo saben nuestras resignadas esposas, no son una cuestión de vida o muerte sino algo mucho más importante.

Sólo los años y los kilos, que pesan por igual,, nos diferencian, perdonen la inmodestia, de los galácticos y otros cuerpos celestes. Juro por Naranjito que la izquierda de Emilio Flor, que lanza obuses como rayos que no cesan, es infinitamente más certera que la de Bale. Que, tras la retirada de Xavi, no queda en el territorio champion futbolista más elegante que Antonio Muñoz Repiso. Que al lado de Rafael Bermudo y Ángel Angulo, Ramos es un central de futbolín. Que, comparado con Pedro Masa, Silva entrega melones en vez de balones. Y que el torero Joaquín no fintará nunca con la elegancia y el temple torero de Agustín Fernández.

¿Cómo le explicaría a un niño lo que es la felicidad?, le preguntó una vez un periodista a un jugador de cuyo nombre no logro acordarme. No se lo explicaría, le tiraría una pelota para que jugara, contestó el futbolista. Treinta y cinco años lleva el destino jugando con nosotros, tirándonos la pelota que nos hace vivir los sábados cansados y felices, hermanados en esa liturgia pagana que tiene como altar dos porterías y que acaba en el bar de la esquina, dando gracias a San Mamés por las jarras de cerveza y a San Millán de la Cogolla por los chorizos.

     No conozco remedio más eficaz contra el envejecimiento que jugar de adultos a lo mismo que jugábamos de niños. Les aseguro que es la mejor manera de salir adelante sin tener que dejarnos los cuartos en el psicólogo.

MADERA DE MÁRTIR

MADERA DE MÁRTIR

     Mi amigo Enrique Bartolomé nos convocaba la pasada semana a reflexionar juntos sobre el trato desconsiderado con el que, a su juicio, algunos medios habían finiquitado los quince años de gobierno del ex alcalde Independiente. El refranero español le servía para centrar el argumento  de su columna: hacer leña del árbol caído es una actitud moralmente reprobable que debe ser desterrada del código de conducta de toda persona de bien. Considera que, desposeído Hernán, por sentencia condenatoria, de su condición de cargo público, es justo y necesario que cesen las hostilidades.

     No tengo nada que objetar, en principio, a ese desiderátum ético. Yo también creo, como Santo Tomás, que justicia sin misericordia es crueldad. Pero hay un matiz, imprescindible, que mi amigo soslaya, y que, pienso, invalida su tesis. El árbol caído sigue creyéndose el rey del bosque: está convencido de que la suya es una pérdida irreparable, una venganza orquestada que ni él, ni este pueblo que le venera, merecen.  Ni un adarme de autocrítica, ni el menor asomo de reconocimiento de culpa por los muchos trapicheos éticos y jurídicos en los que el gobierno que presidió se ha visto involucrado. Sostenella y no enmendalla: ha proclamado por activa y por pasiva que volvería a actuar como actúo, ha acusado a los medios de comunicación de influir en las decisiones judiciales, ha endosado a funcionarios y cargos de confianza aquellas actuaciones ilegales que por ley tenía atribuidas y se ha autoproclamado el mejor alcalde portuense de los últimos 75 años. Genio, figura y mártir. Él es rebelde porque el mundo y los resentidos de siempre le han hecho así.

     Comprendo que debe ser dificilísimo acostumbrarse a ser un ciudadano más, a abandonar privilegios, reverencias y palmeros, pero, desde que se hizo efectiva su condena, lejos de retirarse a los cuarteles de lo privado, ha continuado con sus particulares romerías públicas, moviéndose espasmódicamente para salir en la foto, a ser posible a hombros. La última aparición se produjo el pasado domingo en una ceremonia en la que fue fiel a la peña que le homenajeó. Allí, entre genuflexiones y vítores, continuo arremetiendo contra todo y contra todos.  

     El árbol ha caído, Enrique, pero, salvo a la  justicia, a nadie le interesa ya esa leña. Es el propio árbol el que se resiste a aceptar con elegancia el hachazo penal que le ha derribado.  Es el propio árbol el que se empeña en no dejarnos ver el bosque de un tiempo nuevo.

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 12-08-2006)                           

           

ALAMILLOS RETURNS

ALAMILLOS RETURNS

     Tras una misteriosa ausencia de varios años han reaparecido, a la vez, dos superhéroes del pasado: Superman y Pedro Alamillos. A ustedes les parecerá una trivial coincidencia, una de esas casualidades con las que el azar nos sorprende de vez en cuando. Pues perdonen, pero no. Lo que llamamos casualidad no es sino la causa ignorada de un efecto desconocido, que me lo ha dicho el Google, de parte de Virgilio.

     Se trata, créanme, de un caso claro de metamorfosis, similar al que sufrió Gregorio Samsa, el personaje de Kafka que amaneció un día convertido en un monstruoso insecto. Lectores de poca fe: ¿por qué no puede el Hombre de Acero haber transmutado en concejal, también con el rostro de acero, para proteger de una apoteósica destrucción política  a esta pedanía de Metrópolis que es El Puerto? Aunque antiguos compañeros del partido apuestan por ningunearlo, Alamillos regresa, en loor de multitudes, para incorporarse a un gobierno en franca decadencia que siente por él el mismo aprecio que tiene Zidane por Materazzi.

     La prueba irrefutable de que Alaman es Supermillos, y viceversa, la obtuve el pasado viernes. El País reproducía una entrevista a Kevin Spacey, el actor que da vida a Lex Luthor, el enemigo íntimo del hombre de los calzoncillos por fuera: "El mundo necesita ejemplos, y Superman es una persona que hace cosas buenas". Desde el periódico Noticias Locales, lo confirmaba Pedro Alamillos, el actor que da vida a Pedro Alamillos: "He intentado muchas veces mediar entre Luis Fuentes y Hernán Díaz y no ha sido posible". "Lo que la película pregunta es ¿necesita el mundo a Superman?", continuaba el malo malísimo. Y nuestro héroe municipal le respondía, encantado de haberse conocido, desde el semanario gratuito: "Me preocupa mucho El Puerto... Si he estado de socialista en IP, por qué no voy a estarlo en otro sitio. Tengo ofertas...". Marxista, todavía, el ex concejal de urbanismo, pero ya de la facción de Groucho: Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros.

     Es él, a mi no me la da. Volar, lo que se dice volar, aún no le he visto, pero sí bailar la yenka a una velocidad imposible para el resto de los mortales (izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, ¡Pimentel!) 

     Desde que lo supe, no paro de hacerme las mismas preguntas que se hace Lois Lane en la peli: ¿Dónde has estado? ¿Cómo pudiste dejarnos así?

      Alamillos ha vuelto. Permanezcan atentos a sus pantallas.

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 29-07-2006)

           

           

           

PIBONES LEJANOS

PIBONES LEJANOS

No sé si han oído alguna de las cuñas publicitarias con las que el Consorcio de Transportes de la Bahía de Cádiz pretende incentivar el uso y disfrute de los catamaranes. Un prodigio, todas, de originalidad, buen gusto y gracia genuinamente gaditana. Mi favorita es una en la que un JASG (Joven Aunque Sobradamente Gilipollas), presume ante otro JASG de haberse ligado a la Juani, "un pibón" (sic) que está para mojar sopita. "¿La Juani?", contesta asombrado el confidente del novio de la Juani, "pero si esa tía vive ¡en Rota!".

Hasta aquí el diálogo platónico de los dos coleguillas. Sobrecogedor. A mí, sin embargo, me parece manifiestamente mejorable. Yo lo hubiera rematado con una reivindicación mucho más contundente sobre la superioridad del semental ibérico. No sé, que el don Juan de la ciudad que sonríe terminara gritando, como en el culebrón ese que ponen en la sobremesa: ¡Soy Miguelón, el macho más macho de todos los Camachos! Con un par.

Al final de la cuña, una voz en off, pontifica: el catamarán achica el tiempo y el espacio. ¡Al fondo del mar el tango!: que nadie diga que la distancia (de Cádiz a Rota) es el olvido. ¡Que se hunda San Juan de la Cruz!: ya  es posible curar la dolencia de amor con la presencia y la figura, al menos en cuarenta millas a la redonda.

Que no tema la Juani, la pobre, tan cerca de Estados Unidos y tan lejos del vaina de su novio.  El Consorcio ha sido capaz de poner en valor (que es como los cursis le llaman ahora a lo que toda la vida de Dios ha sido "sacar provecho") la condición de pibón verbenero de la  mujer roteña. La vida, como ven, a pesar del calor  y del colgao ese de La Sexta, puede ser maravillosa. El amor es un viento que igual viene que va, se muere y al momento va en el catamarán. Él vino en un barco, a un pueblo extranjero.

Para no perder tiempo, la empresa que ha perpetrado los anuncios debería dejar perfilada, antes de que acabe el verano, la campaña publicitaria de otoño/invierno. Se me ocurre que podían presentarnos a la pandilla del churri y del amigo del churri de la Juani: la Vane, la Yesi, el Jonnhy, el Josua, el Soto y el de la moto.  Ya tengo la trama: van de Cádiz al Puerto, a pegarle una paliza al imbécil de su tutor, que veranea en Valdelagrana y les ha vuelto a suspender en septiembre. Suena de fondo "hemos venido a acojonarlo, el resultado nos da igual". En el catamarán. En apenas media hora.  To follaos. De lujo. 

(Columna publicada en Diario de Cádiz el 15-07-2006)

LAS HORAS MUERTAS

LAS HORAS MUERTAS

     Debería estar prohibido, bajo pena de destierro, acuchillar la sobremesa veraniega atentando, impunemente, contra ese pequeño lujo gratuito al que llamamos siesta. Es más, los poderes públicos tendrían que tipificar, como delito contra el sosiego privado, la profanación de la paz del hogar a horas tan intempestivas. Después del almuerzo, cuando las cigarras nos cantan nanas que nos sumergen en un silencio antiguo, de infancia, la única ocupación permitida debería ser cultivar la sana y decente costumbre de la siesta. Porque coincidirán conmigo en que, a las cuatro de la tarde de un día cualquiera de julio o agosto, sólo el sueño tiene derecho a ejercer su magisterio allende los cuerpos, sólo la pereza tendría que  reinar, majestuosa, sobre la ciudad y sus quehaceres.

     Debería estar prohibido, ya digo, bajo pena de orden de alejamiento de la civilización, que una señorita de una entidad bancaria, por ejemplo, llamara a nuestra casa a horas tan plomizas, para ofrecernos una tarjeta con no sé qué ventajas para nuestra economía, asesinando, a golpe de teléfono, el derecho inalienable al descanso. Alguien escribió una vez que tiene más delito fundar un banco que atracarlo, pero lo verdaderamente delictivo es que alguien pretenda vendernos, a horas en las que no trabaja ni Alfonso el de La Giralda, una tarjeta que nos hará felices durante el primer año, cuando lo que uno quiere es poder gozar, sin usura, del primer sueño.

     ¿Dónde hay un legislador de guardia que se atreva a redactar ahora mismo, con carácter de urgencia, una ley, un decreto, un bando, que castigue sin piedad esa otra forma de violencia doméstica, esas armas de destrucción masiva que son los ruidos, esa intromisión ilegítima en la muerte chiquita de la sobremesa?

      Eso sí que es un ataque frontal a la familia, y todavía no he escuchado yo a ningún obispo condenar sin paliativos ese desorden moral, esa enfermedad o vicio que consiste en entregar las tardes españolas a la promiscuidad del alboroto,  poniendo en peligro la siesta nacional. ¿Nadie va a organizar una manifestación contra los cafres que arruinan el suave balanceo de la cabezadita en el sofá? ¿Ni siquiera Ignacio García, antes de despedirse del Ayuntamiento, va a movilizarnos para que los que allanan esa íntima morada onírica que suspende los abismos del tiempo, cumplan íntegramente sus penas?

      Lo cantaba Rafaela Carrá hace ya muchos años: siesta, que fantástica, fantástica es la siesta. ¿O no era así?

(Columna publicada en Diario de Cádiz, el 01-07-2006)