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CINEMA PARADISO

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Leo en la revista Fotogramas que ha muerto Jacques Perrin, el actor francés que dio vida al director de cine de "Cinema paradiso". Su personaje, Salvatore, nos dejó una de las escenas más emotivas de la historia del séptimo arte. Al final de la película, sentado completamente solo en una sala de cine, el realizador admira el montaje que le ha dejado Alfredo como legado: todas las escenas de los besos censurados por el sacerdote de su pueblo y que su viejo amigo el proyeccionista había tenido que cortar.

La escena de ese adulto emocionado, que se reencuentra con su pasado ante la gran pantalla, haciendo las paces consigo mismo -con el pequeño Totó-, la corona la banda sonora del genio Ennio Morricone. "Busca algo que te guste, y hagas lo que hagas, ámalo; como amabas la cabina del Cinema Paradiso cuando eras niño", le dice Alfredo a Totó como un mandamiento laico que él recordará toda su vida.

Imposible no acompañarle en el sentimiento de gratitud y en el llanto contenido cada vez que volvemos a verla. Ha soñado uno muchas veces que el final de la vida debería ser algo parecido a esa escena: sentarnos en la butaca antigua de un antiguo cine de barrio y recrear el tiempo bello y efímero en el que amamos y fuimos amados. Reencontrarnos con nuestro pasado y con los nuestros, hacer las paces con nosotros mismos. Leer The End entre sonrisas y lágrimas. Y entrar plácidamente en un sueño eterno en el que seguimos viendo fotogramas y oyendo la voz en off de todos los narradores ominiscentes que nos hicieron mejores. Liturgia y pasión. El cine. La vida.
27/04/2022 06:44 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ESPLENDOR Y OCASO DE LOS CALCETINES BLANCOS

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Allá por la década de los 80, los calcetines blancos alcanzaron un prestigio fascinante. Sin apenas darnos cuenta, abandonaron el último cajón del ropero, en el que convivían desordenadamente con camisetas, calzonas y sudaderas, y ascendieron a la zona noble donde habitaban orgullosas las prendas de salir (antes, ropa de los domingos). Del gimnasio del instituto y del campo de albero, pasaron a transitar por las pubs y discotecas de moda. De relacionarse con los tenis Tórtolas o las zapatillas Keds, a codearse con la hidalguía señorial de los zapatos castellanos. Eran maravillosos y te hacían sentirte maravilloso a ti. No solo ponías a su entera disposición tus pies, sino que, como a aquella novia primera, le entregabas tu alma, tu corazón y tu vida. Fue un ascenso sin precedentes en el superficial y volandero mundo de la moda. En aquellos días, exhibir los calcetines blancos por debajo del pernil del vaquero, mientras te tomabas un cubata en la barra de un pub, sentado en un taburete para que se vieran bien, era un signo de distinción.

Apenas duró una década ese reinado efímero. En los 90, ya estaban acabados. Y si te lo seguías poniendo, el acabado eras tú. La gente cuchicheaba a tu espalda y te señalaba como si fueras Darth Vader cuando, en un descuido, se asomaban entre el pantalón y el zapato.

Hubo también un tiempo en el que entrar en un discoteca era más difícil que salir hoy de Ikea. No te dejaban pasar si llevabas chupas de cremalleras. O zapatillas deportivas. Pero el ensañamiento sin compasión fue con los pobres calcetines blancos. Llegabas a la puerta y lo primero que hacía el gorila de turno era mirarte los zapatos con cara de asco, como si hubieras pisado una mierda. “No puedes pasar, llevas calcetines blancos”, sentenciaba vacilándote. Te daban ganas de contestarle: tú tienes el cerebro también en blanco y te han dejado entrar en la empresa, capullo. Pero no era plan. Casi estaba mejor visto ir descalzo, como nuestro vecino el Baba, que se llevó toda la vida pisando el suelo sin intermediarios. Sólo a Michael Jackson en sus videoclips se le permitía exhibirlos sin pudor.

La caída de los calcetines blancos estuvo a la altura de otros ocasos igual de traumáticos: Bob Derek, Eva Nasarre, Enrique y Ana, Parchis, Los Pecos... No volvieron a levantar cabeza. Cuando una supremacía cae, cae para siempre. Piensen en el imperio romano, que se derrumbó porque los del pecho de lata estaban a otras cosas y no echaron los cimientos en condiciones. Con los calcetines blancos pasó, salvando las distancias y los siglos, algo parecido: había mucha arena y muy poco hormigón en esa tendencia ochentera. Hoy en día, también han sido casi expulsados del ámbito deportivo. Ahora, son de colores y taloneros, que parece que va uno con patucos.

Quedan, eso sí, los álbumes de fotos, esas hemerotecas familiares, que, como las de los periódicos, las carga el diablo. Fueron los reyes del mambo durante una época en la que todos estuvimos enamorados de la moda juvenil. Honor y gloria a los calcetines blancos. Más concretamente, a los de la marca Ferry’s, que tenían una raya azul arriba y una roja debajo, con los que anduve por los borrascosos parajes de la adolescencia. Dios lo tenga en su ropero.
08/04/2022 08:05 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

MÁS ALLÁ

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MÁS ALLÁ

 

Más allá de los años,

más acá de la vida,

va contigo aquel niño

de mirada encendida.

 

¿Y Jesús tiene hermanos?

¿Es rico Baltasar?

¿En Belén no hay veranos?

¿Tiene baño el Portal?

 

En los ojos sin brillo

del adulto cansado

reverbera este niño

vivaracho, asombrado.

 

03/01/2022 11:27 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

RECUERDA QUE ERES MORTAL

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Memento mori es una expresión latina que significa recuerda que morirás. Su origen parece remontarse a la Antigua Roma. Cuando un hombre poderoso desfilaba endiosado por las calles de Roma, un siervo porculero y valiente caminaba a su lado recordándole las limitaciones de la naturaleza humana.

No somos nada. Agua y vísceras. Sangre y casquería. Carne trémula. Hueso ajado. Así que lo mejor es mantener al ego a dieta, atarlo en corto cuando las cosas van bien. Y recordar, con una elegante clarividencia, que no somos nadie. Y en las victorias, menos.
09/11/2021 06:43 pepemendoza #. RECUERDA QUE ERES MORTAL No hay comentarios. Comentar.

MALA GENTE

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Detesto a esa gente que se escuda en una siniestra pureza para no hacer nada por nadie. Si se habla de mejorar las condiciones de vida de los animales, te contestan que primero están las personas. Si se les cuestiona sobre los inmigrantes que vienen en pateras, te dicen que antes que nada están los españoles. Cuando toca ayudar a los españoles pobres, los tachan de mantenidos y vagos. Si se celebra el día de la mujer o del homosexual, reivindican el día del hombre o el del hetero.


Es lo que que los sociólogos llaman "la falacia del Nirvana", un argumento engañoso y ayuno de empatía que sostiene que hasta que no se arreglen todos los problemas del mundo es inútil intentar solucionar nada.

En realidad, a ellos, puro ego, tanto los problemas del mundo como los del vecino de al lado les importa un pimiento. Son como el gallo aquel del cuento, que creía que el sol salía para oírle cantar.
29/09/2021 06:52 pepemendoza #. MALA GENTE No hay comentarios. Comentar.

EL POLO DE LOS POBRES

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Se llamaba flaggolosina, mi rico helado, del congelador lo saco congelado, etc. Aunque los únicos que le llamaban así eran los niños de anuncio. En mi barrio, ese polo de pobres tenía más nombres que sabores: flá, flan, poloflá, poloflán... Jamás escuché a nadie pedirle a Manolo, el hombre del kiosco, que era solo un poco menos bruto que nosotros, un flaggolosina. En el Distrito 21 no veraneaba nadie de Madrid ni de ningún sitio. Como mucho, algún trabajador de la pista de coches de choque que venía a la caída de la tarde a comprar otras cosas. Si algún niño le hubiera dicho un flaggolosina-por-favor, igual Manolo habría pensado que aquel finolis era descendiente de algún exiliado de guerra que había vuelto de Rusia ese verano. Porque de la guerra en general y de las suyas en particular sí sabía un montón.

El caso es que no había más: o el poloflá, o, como mucho, el Camy naranja o limón. A mediados de los 70 vivíamos aún en la Edad del Hielo. Vinieron luego, años más tarde, el Drácula, el Minimilk, el Mikolápiz o el Súper Choc, al que una niña de mi calle, finísima ella, le añadía al final otra h y otra o. Como para pedirle que pronunciara correctamente flaggolosina.

Pero esos fueron polos saboreados ya en la casapuerta de la democracia. Al bueno de Manolo había que señalárselos porque se perdía en aquel cartel de Frigo en el que los helados flotaban en una playa con árboles detrás tan parecida a La Puntilla.
26/07/2021 10:38 pepemendoza #. EL POLO DE LOS POBRES No hay comentarios. Comentar.

MATRÍCULA EN VALORES

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Un alumno de la Universidad de Valladolid ha preguntado a uno de sus profesores si puede renunciar a su Matrícula de Honor. Dice que no necesita el importe porque tiene ya la beca completa y ha pensado que al siguiente alumno sobresaliente le podría hacer más falta.

Imposible no emocionarse con un gesto tan hermoso. La noticia la recogen hoy varios medios, pero ninguno dice su nombre ni pone su foto. Y deberían, porque necesitamos referentes como él, no porque no los haya sino porque no se les da voz.

Este país, infestado de patriotas de chicha y nabo que solo saben odiar, siempre a los más débiles, está en deuda con millones de personas anónimas que se dedican a hacer el bien allá donde van. Matricula de Honor también para el chaval en la asignatura más difícil: Valores, Generosidad y Empatía.

Qué buen trabajo han hecho con él su familia, sus profesores y sus amigos. Y, por supuesto, él mismo. Orgulloso de ser su compatriota. ¿Quién dijo que todo está perdido?
23/07/2021 11:12 pepemendoza #. MATRÍCULA EN VALORES No hay comentarios. Comentar.

JUANLU MARTÍNEZ, LA ALEGRÍA DE VIVIR

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A finales del verano de 1981, el álbum de la liga incorporaba en sus páginas traseras los últimos fichajes de los equipos de primera división para la nueva temporada. Como todos los años, los jugadores que cambiaban de club aparecían enfundados en sus nuevas camisetas, pintadas sobre las antiguas porque entonces no había ni presentaciones mediáticas ni photoshop. El Zaragoza se hizo con los servicios de nuestro paisano Cecilio Zunzunegui, el Atlético de Madrid firmó a Hugo Sánchez y el Betis a Poli Rincón. En los equipos juveniles de la cantera portuense también hubo intercambio de cromos. Juan El Pollo dejó La Salle y fichó por el San Marcos. Lolo Borne abandonó el San Marcos y se enroló en el Safa San Luis. Y Manolín y un servidor nos fuimos del San Marcos y recalamos en La Salle. Los álbumes de aquellas ligas nuestras eran de fotos siempre de equipo, casi nunca individuales. Los guardaba el secretario de la Junta Directiva en un cajón bajo llave de la mesa que apenas cabía en el cuchitril de la sede del club, junto a las fichas de los jugadores y recortes de periódicos de nuestros partidos que publicaba Diario de Cádiz.

En los primeros días de la pretemporada de aquel verano, finales de julio, recién llegado a mi nuevo equipo, que presidía Pepe Sanz y entrenaba Carlos Pumar, hice amistad con un chaval al que no conocía. Tenía la cabeza llena de rizos, como el moreno de Los Pecos. Y unas piernas que golpeaban el balón con una fuerza parecida a la de Scotta, aquel delantero argentino del Sevilla especialista en los lanzamientos de faltas cuyos contrarios se hacían los locos para escaquearse de la barrera. Martínez para el entrenador, Juanlu para los compañeros, rendía donde los pusiesen, ya fuera en el centro de la defensa o en el medio del campo. Era expeditivo, fuerte físicamente, generoso en el esfuerzo y solidario con los compañeros. Le gustaba ganar como a todos, pero sobre todo disfrutar de los entrenamientos y de los partidos, de esa pasión por la pelota que nos enganchó para siempre en el recreo de la infancia y en la plazoleta de la barriada. A mí me gustaba estar cerca de él en los entrenamientos y en los desplazamientos en autobús, porque por donde Juanlu pasaba siempre había buen rollo y muchas risas. Su estado de ánimo no lo condicionaban ni las victorias ni las derrotas. A veces, en medio de la tensión de un partido, con el entrenador gritando como un poseso con las venas del cuello hinchadas, se te acercaba y para relajar un poco el ambiente soltaba un comentario chistoso sobre el árbitro, algún jugador del equipo contrario e incluso del nuestro. Alguna vez me tapé la boca como hacen hoy en día los futbolistas, pero no para que no me leyeran los labios, sino para que el míster no me viera riéndome a carcajadas y me mandara a la ducha por frívolo e irresponsable. El fútbol y la vida eran para Juanlu algo parecido: un juego en el que lo más importante de todo era disfrutar.

Algunos años después, todavía en edad de poder tener un cromo en el álbum de la liga pero ya sabiendo que el único álbum en el que íbamos a tener protagonismo sería en el de nuestra boda, me llamó para jugar un campeonato de veteranos con Verinsur, la empresa en la que trabajó muchos años. Llegábamos una hora antes al campo y Juanlu empezaba a recordar anécdotas del pasado, con ese don de monologuista lleno de gracia que fue consolidando con los años. Muchas veces se nos olvidaba que teníamos que jugar y venían los del equipo contrario o el árbitro a decirnos que había que empezar, que aquello era un partido de fútbol, no un reservado de La Burra. Como si el encuentro fuera más importante que aquellos ratos en los que celebrábamos que volvíamos a estar juntos en plena adolescencia en las historias antiguas que recreábamos.

Pasó otra vez el tiempo como pasaba el cóndor y alguien nos dijo que Juanlu había montado un bar en Vistahermosa, El Lentisco. Un domingo después de pasar la mañana en la playa, con más hambre que Carpanta, mi amigo Antonio Carvajal y yo fuimos con nuestras parejas a comer allí. El nuevo emprendedor salió de la cocina y nos dio un abrazo que todavía siento. Nos contó que estaba muerto de miedo, que había hecho una inversión enorme y que confiaba en que El Lentisco fuera en poco tiempo un bar de referencia en El Puerto. Almorzamos y echamos allí la tarde, con el señor empresario sirviéndonos como si fuéramos marajás, feliz por tenernos allí, y nosotros encantados de contribuir económicamente en aquellos primeros días del negocio. Cuando le pedimos la cuenta nos dijo que otro día. Fue inútil insistir. Soltó dos o tres ocurrencias de las suyas y nos agradeció que le hubiéramos dejado desabastecido de tortillas de camarones, tomates aliñaos, cervezas y gin tonics. En las navidades de 2014 celebramos allí la comida de Navidad del INEM. Nos regaló a los postres la actuación de un grupo flamenco que había contratado expresamente para nosotros. Es para que te relajes, Pepe, me dijo, que tienes toda la cara de San Pancracio con depresión.

Así era y así será siempre Juanlu en los recuerdos luminosos que alimentan mi memoria. Un tipo entrañable que le alegraba la vida a aquellos que lo conocían. Uno de esos seres de luz que cuando te lo cruzabas siempre salías mejorado del encuentro. Un niño travieso e hiperactivo que se obligaba a ser adulto. La vida le golpeó a veces con fuerza, pero jamás se refugió en el victimismo ni en el resentimiento. Eso era Juanlu: una manera de ser, una forma cálida, generosa y divertida de estar en el mundo.

Los que hemos disfrutado de su amistad incondicional ya lo tenemos en nuestro íntimo álbum de cromos de la liga de la vida, posando para la eternidad con esa sonrisa limpia con la que le ponía siempre buena cara al mal tiempo. Cuidando de la gente que quería, con ese humor insobornable y elegante con el que transitó por el mundo. Lo vamos a echar mucho de menos. Ya no vamos a poder alegrarnos al verlo, pero cada vez que nos alegremos lo veremos, solo hay que saber mirar, feliz, disfrutón, imprescindible.

15/06/2021 07:37 pepemendoza #. JUANLU MARTÍNEZ, LA ALEGRÍA DE VIVIR No hay comentarios. Comentar.

LAS AMISTADES MISTERIOSAS

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Para no naufragar más de la cuenta en el viejo y esforzado oficio de vivir hay que tener una doble vida. Ser otro, además del que el Registro Civil dice que somos. Más niño, más libre. San Agustín, que como Emilio Flor sabía latín, ya defendía hace quince siglos ese desdoblamiento de la personalidad: “Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos al completo”. Merece la pena y la alegría construirse una segunda existencia en la que vivir a salvo de contradicciones y amenazas. Como Mortadelo cuando se disfraza para huir de sus jefes. La vida es muy corta, pero hay días malos que se hacen larguísimos en los que necesitamos que alguien nos rescate de una reunión de la comunidad de vecinos, de un extravío interior o de un insomnio cruel.

Tener una doble vida te compromete a cuidar de otras familias y de otros amigos. Es probable que tus íntimos de siempre no lo entiendan y que se vivan momentos de tensión. Que si tú estás muy raro últimamente. Que si no nos haces ni puñetero caso. Que si no te soporto cuando callas porque estás como ausente. No vamos a idealizar las nuevas amistades porque también tienen sus cosas, como todos, pero son gente de bien que estuvo cuando había que estar. Por alguna extraña jugada del destino, un día coincidisteis en un cruce de caminos de papel y se quedaron contigo para siempre. Puedes decir más cosas de ellos que de algunos primos o cuñados. Cuando llegaron, tal vez te sentías solo, quizás deprimido y unas palabras suyas bastaron para calmarte. Para comprenderte. Para quererte. Qué gente más maja.

Una sola existencia no da para mucho. A mí, esa militancia duplicada me ha salvado la vida muchas veces. Y me ha ayudado a sobrellevar lo más dignamente posible la tragicomedia que protagonizamos cada día.

De esos otros de los que hablo, y que con nosotros van, sabía mucho una señora que fue a ver la película La rosa púrpura del Cairo. Al salir del cine, le comentó a su amiga que le había dado mucha lástima Mia Farrow. Pero que también ella se lo había buscado, por enamorarse del actor de carne y hueso en lugar del personaje que el actor representaba en la pantalla. “¡Le está bien empleado, por quedarse con el de verdad!”, mascullaba enfadada.

Para recuperar esos paraísos perdidos en los que nunca hemos estado hay que tener una doble vida. La literatura es Alicia recordándonos desde su país maravilloso que con una sola no basta.
23/04/2021 10:51 pepemendoza #. LAS AMISTADES MISTERIOSAS No hay comentarios. Comentar.

ORACIÓN MATINAL

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El camino en coche de casa al trabajo (quince minutos) se ha convertido, desde que empezó la pandemia, en una liturgia en la que intento conectarme con lo mejor de mí. Ya no escucho las noticias, sino canciones que me gustan. Ese acto de fe, sencillo, militante y nostálgico me reinicia en la vida diaria con el corazón y las tripas más limpias.

Mientras conduzco, hago examen de conciencia, acto de contrición y autoconfesión de mis faltas. Veo, me juzgo y pienso en las cosas que hago mal y en la manera de corregirlas. También en las que progreso adecuadamente y en la manera de practicarlas más a menudo. Paso revista a mi relación con las personas a las que quiero mucho y, a veces, la canciones que suenan en ese momento se convierten en una banda sonora maravillosa en la que todo fluye. Y yo soy Roberto Benigni, en La vida es bella, gritando buenos días princesa, dedicando temazos a toda la gente con luz que alumbra mi existencia. Otras veces, las melodías son hermosas pero inquietantes, como algunas de Morricone, y repaso mentalmente un posible malentendido con alguien que no me contestó el último whatsapp o no me cogió la llamada o no me saludó por la calle. ¿Habrá entendido mi ironía? ¿Estará molesto por algo? ¿Habré sido yo, cada vez más enfermo de despistes, el que no le contestó el whatsapp o no le cogió la llamada o no la saludé por la calle?

Y, entonces, respiró hondo, suena una canción, por ejemplo de El Jose, un tipo al que descubrí hace unas semanas, que me habla de que se va a inventar un camino pa quitarse la presión de quien no aguante su paso a ritmo de caracol. Yo, con menos arte pero la misma voluntad, invento textos de desagravio y diseño mensajes del tipo “qué buena la película que me recomendaste”, “mira que columna más chula ha escrito hoy fulanita”, “cada vez que me alegro te veo” o, después de un tiempo sin saber de alguien, “deberíamos hacer las paces, lo que pasó entre nosotros no justifica esta pertinaz sequía comunicativa”. Lo hago solo para provocar una sonrisa o recibir respuesta, para que el otro o la otra me diga a su manera, con la rotundidad y la pasión de Camilo Sesto, que a pesar de todo me sigue queriendo. O, que al menos, no pasa de mí.

Llego al curro imaginando que el mundo en general y mi mundo emocional en particular sigue estando igual de cálido y ordenado que el sueño de niño chico del que he disfrutado durante la noche, la cama que hemos dejado recién hecha, o el café y las tostadas que nos alegraron el desayuno. Esa armonía vital me llena de aire los pulmones. Aparco el coche y ficho y abro el ordenador y sigo tatareando esa canción preciosa que me recuerda que la vida es bella incluso cuando es fea. Y que quiero morirme joven, rodeado de la gente que quiero, lo más tarde posible.
07/04/2021 07:23 pepemendoza #. ORACIÓN MATINAL No hay comentarios. Comentar.

EL VIEJO PROFESOR

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Un verso evocando la infancia. Un poema recordado a Guiomar. Las primeras frases del ser o no ser de Hamlet. Es el inventario vital, derramado en palabras esparcidas por papeles arrugados, que Don Antonio Machado llevaba consigo en los bolsillos del viejo abrigo que le cubre los días previos a su último viaje. La niñez, el amor, la muerte, esas estaciones de penitencia que conforman la procesión de la vida. Las únicas palabras del hombre bueno que ya sólo recuerda la emoción de las cosas. De todo lo demás fue despojado. Hasta la vieja maleta, en la que portaba sus escasos enseres, se extravió al cruzar la frontera con Francia.

Se cumplen hoy 82 años de la muerte del profesor de instituto que dejó escrito que nadie es más que nadie. No sobrevivió a la pérdida de España, al dolor profundo del destierro. A las tres y media de la tarde del día 22 de febrero de 1939, miércoles de ceniza, fallecía en Colliure.

¿Y ha de morir contigo el mundo mago
donde guarda el recuerdo
los hálitos más puros de la vida,
la blanca sombra del amor primero?
23/02/2021 08:26 pepemendoza #. EL VIEJO PROFESOR No hay comentarios. Comentar.

MUERTE DE UN POETA

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El mundo es hoy un poco más feo de lo que ya viene siendo desde hace un año. Ha muerto un poeta: Joan Margarit. Escribía con la misma maestría y sensibilidad en catalán y castellano. Su ausencia, tomando prestado uno de sus versos, es ya una casa con radiadores helados.

Lo sigo desde hace décadas. Su poesía, a la que acudía en tiempos de desasosiego emocional, fueron siempre santa medicina que me reconciliaban con la vida y, sobre todo, con el insoportable que llevo dentro. Regalé su libro "Joana", dedicado a su hija, que padecía una discapacidad mental y que murió joven, a una amiga que pasó por el mismo trance. Sé que le ayudó a mantener la cordura cuando la vida de quien ha visto morir a quien debería sobrevivirnos se convierte desde ese momento en una especie de postguerra. La vida se alimenta de días generosos./De dar y proteger./Si se ha podido dar, la muerte es otra.

En la última entrevista que le leí, de diciembre pasado, Margarit, un niño de la guerra, republicano confeso, criticaba con dureza el descompromiso indecente de todos los gobiernos con la cultura popular. Cuarenta años, decía, ha tardado un Presidente del Gobierno español en llevar flores a la tumba de Machado a Colliure, tronaba indignado. Cuarenta años para tener un gesto de agradecimiento, justo, sencillo, hermoso, con un hombre bueno que defendió siempre a los humildes.Y criticaba la deriva de una educación en la que no hay tiempo ni ganas para leer poesía en clase. "Los políticos actuales son mediocres y no saben nada, no me siento protegido por ellos", se quejaba al periodista.

Si andan de capa caída, como andamos casi todos, acérquense a una biblioteca o entren en su página https://www.joanmargarit.com/es/poemas-para-leer-y-escuchar/
Lo harán pronto uno más de la familia. La poesía y la música, aseguraba, son las principales herramientas de consuelo, el primer cinturón de los afectos. Tener sus versos cerca atempera el frío intenso de los días oscuros de invierno. Y encienden la humilde hoguera de la esperanza en esta casa común con los radiadores cada vez más helados.
17/02/2021 10:09 pepemendoza #. MUERTE DE UN POETA No hay comentarios. Comentar.

LOS ÚLTIMOS, LOS PRIMEROS

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No creo que sea tan difícil establecer un orden justo de prelación a la hora de vacunarse y acabar de una vez con este espectáculo bochornoso protagonizado por políticos, curas, militares y demás fuerzas vivas (vivas de espabiladas) saltándose la cola porque ellos lo valen. Y de propina, el remate de tener que escucharles hacer el ridículo perpetrando explicaciones surrealistas. Pueden ahorrárselas, ya nos lo cuenta con más ingenio y gracia Berlanga.

Alguien por ahí ha propuesto el método cristiano, y yo lo firmo: que los últimos sean los primeros. Sirve para casi todo en la vida, aunque curiosamente sean los católicos los primeros en renegar de ese axioma moral con sabor a Evangelio. No solo por compasión, sino también por una cuestión de justicia. Los últimos son siempre los primeros en remangarse cuando vienen mal dadas. No fallan nunca. Ya lo decía don Antonio Machado, que optó por pedir la vez poniéndose en la cola, sin saltársela nunca. "En España, lo mejor es el pueblo. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros lo señoritos invocan a la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva".

Esta pandemia sería todavía mucho peor si no fuera por el trabajo a destajo del personal sanitario, de los cuidadores de las residencias, de los maestros, de las cajeras de supermercado, de los transportistas, de los vecinas solidarias de los barrios humildes... Son ellos los que en medio de esta siniestra oscuridad siguen manteniendo viva la llama de la esperanza, que es, como decía Cortázar, la vida misma defendiéndose. Pues eso: ellos y los ancianos y las personas de riesgo, los primeros.

Y los primeros de toda la vida, los privilegiados sin conciencia, esa gente guapa que acostumbra a hacer cosas tan feas e inmorales como las que estamos viendo estos días, los últimos. Por dos razones más a las ya expuestas: tienen muchos más medios para poder sobrevivir al virus y, si faltan, no son imprescindibles.
27/01/2021 07:41 pepemendoza #. LOS ÚLTIMOS, LOS PRIMEROS No hay comentarios. Comentar.

LIBERTAD Y LOS MILAGROS

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Para todos los que han aplaudido con fervor de inquisidor los cortes de luz y de agua en la Barriada de Los Milagros. Para los que se alegran de la desgracia ajena, da igual que los ajenos sean niños y ancianos a las puertas del invierno, aquí va esta columna de Libertad Paloma, que los retrata y nos retrata.

Algunos de esos justicieros, con la empatía a la altura de los túneles de la Prioral, van a misa los domingos y fiestas de guardar y escuchan el Evangelio del Jesús que proclama que los pobres son bienaventurados. Muchos militan en el patriotismo indignado y agresivo del "España se rompe", pero les da igual que se haga pedazos la pequeña felicidad doméstica que produce una ducha o un vaso de leche caliente. Uno en concreto, lo conozco, ha defendido con agresividad faltona la presunción de inocencia del Emérito, pero escribió en Facebook sobre estas familias que "cuando el río suena, agua lleva".

Es lo que hay, lamentablemente. No se puede decir tanto y tan bien en 2.000 caracteres. Libertad no elude entrar en las tripas del problema y deja claro que si algunos vecinos han infringido alguna norma el equipo de gobierno puede aplicar la ley con medidas menos extremas y traumáticas.

Los ejecutores de esta tropelía son los mismos políticos que creen que hay celebrar la Navidad por todo lo alto, con muchas bombillas pero poquitas luces. Pero la Navidad hay que celebrarla, de toda la vida de Dios y de la de los tres desgraciados de Belén, mirando para abajo.

https://www.diariodecadiz.es/opinion/analisis/es-lo-que-hay_0_1528047398.html
13/12/2020 12:07 pepemendoza #. LIBERTAD Y LOS MILAGROS No hay comentarios. Comentar.

A LAS PUERTAS DE LA PRIORAL Y DEL JUICIO FINAL

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El cuadro “El Juicio Final” volvió la semana pasada a la Iglesia Mayor, después de haber estado seis años en un bodegón de la Plaza de Toros. Allí ha sido restaurado por un equipo de voluntarios encabezado por el licenciado en Bellas Artes José Ramón Villar.

La noticia es estupenda si solo reparamos en su vertiente estética. Una obra del siglo XVIII, que estaba situada junto a la puerta principal de la iglesia, ha vuelto al escenario en el que ha sobrevivido a tres siglos ante la mirada alucinada de miles de ojos alumbrados por su belleza. Pero a un servidor, intrépido reportero al que le gusta husmear siempre detrás del lienzo que cada mañana nos ofrece la vida, le surgen algunas cuestiones inquietantes que me tienen sin vivir en mí.

Igual tengo que dejar los programas de Iker Jiménez, los videos de Miguel Bosé y las columnas de Alejandro Barragán, no digo yo que no. Pero, ¿por qué es justo ahora, a final de este apocalíptico 2020, cuando el cuadro ha vuelto a su lugar de origen? ¿Antes no había ninguna prisa y ahora sí? ¿Por qué las labores de reparación se han hecho en la Plaza de Toros? ¿Por qué ha quedado expuesto en la Capilla de las Ánimas a la espera de su instalación en su emplazamiento original? Demasiadas preguntas a las que la ACC (Asociación de Cuñados Coquineros) y la OPEF (Organización Portuense de Enterados de Facebook) aún no han sabido dar repuesta.

Mi teoría es que vamos a morir todos. Y que el Juicio Final, no solo en el cuadro de nuestra basílica menor, está cerca. Luego vendrá la ejecución de la sentencia, o sea, el Fin del Mundo, aunque los mayas ahora no hayan dicho ni mú, avergonzados como están después de siglos de vaticinios churretosos. Todo cuadra. Nada es casual. La elección de la Plaza de Toros para la restauración del cuadro representa la tortura y la sangre derramada a lo largo de la Historia, ese chispazo previo a las infinitas sombras que vendrán. La exposición provisional (sí, ya, provisional) en la Capilla de las Ánimas corrobora lo que ya intuíamos: que la inmensa mayoría iremos de cabeza al purgatorio, pues no hemos sido ni buenos ni malos sino todo lo contrario.

La vuelta de la obra a la Prioral da fe de que habrá un repique de campanas allí mismo, que doblarán por nosotros mientras anuncian que se chapa el mundo en general y el universo íntimo que riega el Guadalete en particular. Yo pienso pasarme y tomarme unas cuantas justo al lado, en la terraza  de “Ancalagüela”. Desde allí saludaré a las nietas que heredaron el campanario de aquella cigüeña que me dejó, hace más de cincuenta años, muy cerca del sagrado ático plateresco. No es lo mismo dormir eternamente amargado que contentito y agradecido.

Digo más. Estoy convencido de que la instrucción preliminar y la fase intermedia concluyeron justo el día que nos confinaron. Queda solo el juicio oral, que imagino será anunciado en las redes sociales. Para evitar las fakes news y comprobar que estamos en la lista de acusados, recomiendo que se consulte mejor en la web Gente del Puerto o en el Facebook de Jesús Almendros. Ambos tienen el padrón y los ecos de la vecindad al día. No hará falta ir con abogado, ni aunque sea Ángel Angulo, total para lo que va a servir. La convocatoria será por Zoom. Tras la sentencia, nos saldrá un mensaje en el móvil diciendo que hemos perdido la conexión. Ahí acabará todo. O sea, el primer acto. No somos nadie. Y sin cobertura menos.

A la hora de cerrar esta crónica no tenemos noticias de sí habrá un segundo acto. De aquí a la eternidad, cualquiera sabe.



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