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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2012.

CORRÍGETE ÁNGELA

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     Este eterno aspirante al Pulitzer de periodismo ha podido saber que el pasado lunes se encendieron todas las alarmas en el Ayuntamiento de nuestra ciudad. ¿El motivo?: un informe confidencial recibido en el Gabinete de Alcaldía, firmado, no se lo van a creer, por la mismísima Ángela Merkel. En el documento, la canciller alemana recomendaba (es un decir) un ajuste durísimo  en nuestra feria de primavera, que empezaría a aplicarse ya en la velada, como paso previo para negociar el rescate de la portada del recinto de Las Banderas, intervenida, como todos ustedes saben, por la Unión Europea.

     Tras unas primeras horas de enorme desconcierto, el primer edil se puso en contacto con su socio de gobierno, Antonio Jesús Ruíz, que le contestó por el messenger que Andalucía guapa, gitana mujer morena, despierta que eres libre gitana de tus cadenas, lo que Moresco entendió como un nuevo acto de deslealtad que, casi con toda seguridad, tendrá consecuencias en el futuro. Así las cosas, el martes se constituyó un gabinete de crisis formado por el alcalde y por los concejales de cultura, Millán Alegre y Olé, y de fiestas, Millán Alegre y Olá. La noche del miércoles, tras arduas negociaciones, una hora antes del encendido del alumbrado, se alcanzó un principio de acuerdo por el que la Merkel aceptaba una demora de un año en el plan de ajuste a cambio de una serie de contrapartidas que, al menos oficialmente, no han trascendido. Fuentes bien informadas, sin embargo, apuntan que entre las compensaciones figuran la puesta en funcionamiento, bajo bandera alemana, del Vaporcito, que pasaría a llamarse Helmuth III, y la creación de una nueva franquicia de la web de José María Morillo: Habitantes y Gentes de Mönchengladbach.

     Pero pasemos a desglosar algunas de las inasumibles medidas que exige la cortijera de Europa. Para sanear las arcas municipales pide, agárrense a junior que vienen curvas, que se implante ya, a modo de prueba, el futuro impuesto sobre las autovías en las pistas de coches choques. También apuesta por la sustitución del albero del Real (al que ella llama Bayern Munich) por arena volaera, que es más barata. Demanda, además, la clausura de aquellas casetas en la que suenen sevillanas que puedan contener críticas veladas a las políticas de austeridad vigentes. Y ponía dos ejemplos, en su idioma, que sin música, la verdad, ha costado traducir. Eesa de wir nichts verpassen (que no nos falte de na, que no, que no), y esa otra cuyo estribillo dice Ich bin froh, als Cousin Bruder, wie ich glücklich bin, das Black-footed Schinken (como me alegra, primito hermano, como me alegra, el jamón serrano de pata negra).

     El informe contiene también nuevas medidas de contención del gasto. Dos de los sectores que se verían más perjudicados por las mismas pertenecen a la muy noble y honrada estirpe de los charlatanes de feria: los trabajadores de las tómbolas y los turroneros, colectivos generosos donde los haya. Una Directiva comunitaria obligaría a los primeros a desmontar la bicicleta y entregarla, con cada sorteo, por partes, vale por un guardabarros, vale por una cadena, vale por media docena de radios. Los turroneros también tendrían que racionalizar la oferta, sancionándose a todo aquél que por 5 euros de nada continúe entregando las seis tabletas surtidas y el estuche de mantecados y el de mazapán y el de alfajores y, de propina, la fruta escarchada.

     Como ven, más de lo mismo. No hay subvenciones para proyectos de I+D+I, a los que podría acogerse, por ejemplo, la señora Tere con su tartana, que en los tiempos de bonanza, ¿recuerdan?, vendía bocadillos como le daba la gana. Ni una ley de protección integral para los ponis, que son los chinos de los équidos, los parientes pobres de los caballitos de la Reina (serían, más bien, los elefantes del Rey), trabajadores infatigables que saben que la vida da muchas vueltas pero siempre para el mismo sitio. Ninguna ayuda pública, tampoco, para las casetas de miedo, un sector que pide a gritos una reconversión, ya que, desde que se inició la crisis, más que susto dan risa, pues el verdadero horror está afuera, en la calle.

     En fin, suponemos que el año que viene habrá que volver a negociar duramente. Aunque si por mi fuera, yo le daría a Doña Ángela la portada pa ella pa siempre, por si algún día se le desencaja la puerta de Brandenburgo.  Siglos llevamos sin contraportada y el libro abierto de nuestra fiesta más entrañable jamás se descosió.

     Por lo demás, haga usted el favor de desembotellar todas las alegrías acumuladas, que estos días de vino y de rosas reparan algo las penurias sufridas durante el año y devuelven siempre la confianza en la vida. No deje, por lo que más quiera, que le recorten nunca el viejo afán de celebrar.

     (Diario de Cádiz, 6 de mayo de 2012)   

FLATULENCIAS

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     Una revista inglesa ha publicado un estudio que asegura que las flatulencias de los dinosaurios pudieron calentar el planeta hace 150 millones de años. Hasta 520 millones de toneladas anuales de gas metano llegaron a emitir los dinosaurios herbívoros, sí, ha leído bien, herbívoros, lo cual demuestra que lo de las bondades digestivas de las verduritas al vapor es una leyenda gastronómica que hay que poner también en cuarentena. Qué asco. De las verduritas al vapor y de los dinosaurios. No hace falta ser Joaquín Paloma para estar en contra del efecto invernadero. Como para acercarse al Parque Jurásico a montar a los niños en los columpios. Todavía huele mal desde entonces.

     La historia de la humanidad es, perdóneme si está leyendo esta columna con la media tostada por delante, una sucesión de flatulencias. En la antigua Grecia, quienes dejaban escapar una ventosidad eran expulsados de la Academia. – Tú, fuera. –Es que soy Homero y he escrito La Odisea. – Pues te vas a Itaca a tirarte cuescos, so guarro. En Roma fueron más permisivos: llegaron a tener un dios, Crepitus, al que se ofrecían eructos y flatos en las fiestas. Contigo todo suena a música, tu melodía es la más íntima, se piropeaban mutuamente, como en la canción de Mocedades, las parejas mientras bailaban.

      En la película “Ay, Carmela” hay una escena que no tiene más argumento que los pedos de los que hace alarde el protagonista. Los pedos, llega a reconocer avergonzado el pobre cómico, son la degradación del arte. En esta crisis, que va camino de hacerse eterna (cuando despertemos seguirá estando ahí, como el dinosaurio de Monterroso), cada mañana los mercados salen al escenario a imponer, a un público entregado, entregado al desencanto, sus sonoras flatulencias financieras, que desprenden siempre su hedor más insoportable en los sitios con peor ventilación presupuestaria: en las aulas públicas, en los consultas del seguro, en las colas del INEM. Más Aero-Red, que es la guerra, gritan los gobiernos con el culo al aire. Esos pedos también son la degradación del arte. Del arte de la democracia verdadera.  

      Qué asco. De los mercados, de los gobiernos y de esta columna. Me cago en todo.

     (Diario de Cádiz, 11 de mayo de 2012)

11/05/2012 07:41 pepemendoza #. FLATULENCIAS No hay comentarios. Comentar.

EL ÚLTIMO BAILE

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     Hay iconos que se mueren e iconos que se nos mueren. En apenas una semana se han ido con la música a otra parte Donna Summer y Robin Gibb, cualquiera sabe a qué discoteca. Si hay un cielo también para los lugares mágicos que ya no existen, a lo mejor están en El Oasis. De Los Bee Gees solo queda Barry, el del centro, justo al contrario que en Los Chichos. Permítame una propuesta surrealista para desdramatizar. Ahora que están tan de moda las fusiones, a lo mejor podrían unirse el de en medio de los Bee Gees y los Chichos de los lados, para versionar, en falsete agitanao, Mala ruina tengas (You have bad ruin). Cosas peores se han oído.

     No termina nunca el último baile, Last Dance, en la garganta portentosa de la Summer. Ni el eco lejano de las voces acarameladas y algo tramposillas de los Bee Gees, artistas imprescindibles en aquella pista de finales de los 70 en la que danzábamos, benditos, al ritmo, a veces vertiginoso, a veces apocado, de la adolescencia. Ni emepetrés, ni aipa, ni leche espolvoreada con Nesquik: no hay aparato que suene mejor que el tocadiscos de los quince años.

      A mí, muchas de las canciones de esa época me llevan a la JUFRA, a los guateques que organizábamos los domingos en la Casa de las Cadenas. Contábamos con la complacencia de Ángel Angulo, ese fraile loco, loco de amar, que no de atar. Entendía el amigo de Francisco de Asís y de San Mamés, que además de la música comprometida de Violeta Parra, Víctor Jara o Luis Pastor, compañeros de utopías en los discoforums de los sábados, también era necesario un rato a la semana de libertad sin tutela. Los jóvenes necesitan de la fiesta tanto como de la justicia, nos dijo una vez. Y el roce de los bailes lentos (por lo fino, le llamaba algún cursi) hace la fraternidad, decíamos nosotros, por más que alguna estirara tanto los brazos en el cuerpo a cuerpo que a veces los más alegrotes se nos subían encima para construir un castillo humano de esos que hacen en Cataluña.

      Uno podría volver a vivir toda la adolescencia solo con escuchar los vinilos del verano de 1979. Aquellos amigos, aquella casa, aquella ropa, aquella música, perduran mientras la vida pasa. No, no termina nunca el último baile.

      (Diario de Cádiz, 26 de mayo de 2012)

      



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