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NO APAGUEN EL PROYECTOR

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     El otro día volví a ver La rosa púrpura de El Cairo, esa deliciosa comedia romántica del mejor Woody Allen en la que la protagonista, Cecilia, se refugia en el cine para escapar de una vida horrible en los años de la gran depresión americana. Entre rendirse y soñar ella elige soñar, y sueña tanto y tan bien que una noche el galán de su película favorita atraviesa la gran pantalla para conocerla.

     Pero hay en esa pequeña obra maestra un personaje secundario, al que yo sólo recordaba vagamente, que me sobrecogió casi tanto como las desgracias de la protagonista. Es un actor de reparto que queda atrapado en la película sin poder salir de ella, y que se pasa las escenas implorando todo el rato a la cámara: “No apaguen el proyector. Si se va la luz desaparecemos todos. No pueden entender lo que se siente al desaparecer y convertirse en nada”.

     Tal vez porque necesitamos la ficción para encontrarle sentido a lo real, pensé que ese hombre angustiado y valiente era el arquetipo de todos los secundarios que en estos últimos años nos han recordado que debemos mantener el proyector encendido, y dar la cara siempre, porque si miramos para otro lado nos sacarán del primer plano en el que hasta hace poco teníamos asegurada nuestra presencia como ciudadanos. Hablo de todas las cecilias que siguen soñando con una existencia personal y colectiva más amable, de todos y de cada uno de los héroes de la resistencia que se rebelan contra esta monumental estafa económica y moral. De ese personaje coral, en fin, que es de lo poco decente que queda en este país podrido en el que, en palabras del escritor Félix de Azúa, la corrupción ocupa un espacio descomunal en el que ya nada se corresponde con la palabra democracia en sentido estricto.

     Ni los amos, ni sus asistentes, los Rajoy, Rubalcaba, Mas y compañía, podrán entender nunca, como nos recuerda el personaje de Allen, qué se siente cuando uno desaparece para siempre de espacio íntimo de su vivienda hipotecada, de la lista de la plantilla de su empresa, de la cama modesta en un hospital público. Qué se siente, en definitiva, cuando uno se convierte en nada.

     (Diario de Cádiz, 4 de enero de 2013)

03/01/2013 21:55 pepemendoza #. NO APAGUEN EL PROYECTOR No hay comentarios. Comentar.

PIE DE FOTO

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     Esta es mi calle, la calle San Sebastián, el paraíso perdido con suelo de chinos peluos, pucheros en la candela y repique de campanas en el que un reloj de sol pintado en la pared, justo encima del bar al que da nombre, gobierna todavía las horas eternas de mi infancia. Esta es mi casa, la del número 17: las macetas que perfuman el patio en primavera las plantaron mi vecina Encarnación, siempre de luto limpio y riguroso, y mi madre.

     Este soy yo, el rubio es mi hermano Paco, y éstos los mellizos Ángel y Rafael, los cuatro vestidos pobremente de domingo, en la puerta de la casa de mis abuelos maternos, Francisco y Teodora. A pesar de que mi abuelo era sereno, tuvieron veinte hijos. Harto de abrir puertas por la noche, por la mañana hacía el trabajo inverso pero sólo con la de su dormitorio, parece que casi siempre con mi abuela dentro. Abril de 1973 dice en el reverso el sello de Estudios Garpre. Siempre es abril en las fotos de la infancia. 

     Este es mi colegio, en el que cursé la primera etapa de la E.G.B. Despistado en mi pupitre, espero con impaciencia que suena la sirena para salir corriendo detrás del Cola-Cao y de Los Chiripitifláuticos, antes que a Don Justo le dé por interrumpir su exposición y diga esas tres fatídicas palabras que todavía hoy me hacen temblar: “Mendoza, continúe usted”.  

     La mujer que reparte la merienda es mi madre. Y el hombre que llega ya anocheciendo, cansado de trabajar (cuando hay trabajo), pedaleando una vieja bicicleta verde, tras haber pasado por el control de avituallamiento del bar del Tinaja, es Rafalito, mi padre.

     Este es mi padre ahora, lo que queda de él más bien, postrado en su silla de ruedas, el pelo tan blanco como su memoria, la mirada acuosa, indefenso, como queriendo no existir. Da pena verlo, con lo que ha sido. No se explica mi madre cómo ha podido haberla olvidado, a pesar de que tenga lo que tiene. Me gusta pensar que su mirada, que hoy se posa también sobre estas fotos sin que pueda reconocerse y reconocernos, tal vez ande perdida en algún abril remoto de un mundo contiguo al nuestro, donde perviven aquellos que ya no están y sin embargo no se han ido del todo. Y que él, Rafalito, es feliz allí, mientras se acerca al final a lomos de su vieja bicicleta verde.

     (Diario de Cádiz, 18 de enero de 2013)

17/01/2013 23:01 pepemendoza #. PIE DE FOTO Hay 1 comentario.

LISTOS

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     A pesar de que su carismático líder anda a la sombra por unos asuntillos menores que estamos seguros terminará aclarando (o enjuagando, que el orden de las etapas en este tipo de fregados no altera el indulto), la escuela de negocios  Díaz Ferrán es hoy una referencia mundial en el ámbito de las relaciones laborales. Las hemerotecas están llenas de citas de Don Gerardo que dan soporte intelectual a gobiernos, bancos, mercados y otras instituciones en las que se fija el precio de las personas y otras mercancías. “La mejor empresa pública es la que no existe”, por ejemplo. O esa otra, tan impagable como sus deudas: “Hay que trabajar más y ganar menos”. Estamos, sin duda, ante un genio de la economía social, a la altura de Marx, Keynes o el mismísimo Urdangarín, otro fuera de serie en el arte de la contabilidad  creativa.

     Nunca podremos agradecerle lo suficiente su altruista vinculación comercial con nuestra ciudad, el privilegio de haber podido hacer turismo interior de la mano de GDF, su saneada empresa de autobuses, o confortables desplazamientos más allá de la sierra de San Cristóbal gracias a la añorada Marsans, cuyos trabajadores también terminaron viajando pero por esa tierra hostil que es la oficina del INEM.

      Algunos empresarios locales creen, sin embargo, que se quedó corto, que la única salida viable a día de hoy es trabajar todavía más y ganar nada. Así lo entiende, según nos cuenta este Diario, un tal Pedro Fernández Pérez, teórico del coste cero en gastos de personal que pretende terminar con el paro acabando directamente con los parados, por abducción primero y por desfallecimiento después. Sus víctimas son citadas en una sala con las persianas bajadas donde se les invita a aplaudir y a pegar gritos, como si fueran el público de Sálvame. Luego, a vagar como zombis por las calles, buscando diariamente 300 puertas a las que llamar para vender de todo sin ver ni un euro. Estamos ante un nuevo modelo de emprendedor que ha sabido incorporar a su empresa lo mejor del mentalista Anthony Blake y del guionista de Walking Dead, y que, según confesión propia, viene de abajo. Probablemente de alguna alcantarilla que conecta directamente la reforma laboral con la nueva esclavitud.

     (Diario de Cádiz, 1 de febrero de 2012) 

31/01/2013 21:55 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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