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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2013.

CUMPLIR 50

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      (Para Isabel)

     Aunque los más jóvenes aún no alcancen a entenderlo, cumplir cincuenta no es una desgracia. Una desgracia es no poder cumplirlos. Cumplir cincuenta, como os ha ocurrido ya a algunos de vosotros (¡eh,  los de la JUFRA, no disimuléis), como te acaba de ocurrir a ti, es una especie de liberación. Atrás quedaron, para bien, las pesadillas de los diez, la inestabilidad de los veinte, las ansias de maternidad de los treinta, la frustración de los cuarenta por abandonar definitivamente las filas de la juventud. Cumplir cincuenta es formar parte ya para siempre del equipo de la madurez.

     Es verdad que frustra un poco que, cuando alguien pregunta quién da la vez en la frutería, ya no digan esa muchacha, sino esa señora. Y que cada vez sean menos las personas que te tutean. Pero tienes permiso para lucir, serenamente, tus virtudes y tus imperfecciones. Nadie puede pretender cambiar a una mujer de cincuenta. Menos aún el marido. Hasta tú mismo te aceptas por fin, que ya iba siendo hora. Eres así y tu trabajo te ha costado.

     Te acredita una larga lista de aciertos y de errores. A veces pensabas que ganabas por goleada y el tiempo vino a decirte que aquello fue, en realidad, un severa derrota. Otras veces creíste que habías perdido por K.O. y luego descubriste que fueron triunfos clamorosos. Han sido, sobre todo, las batallas perdidas las que te han permitido progresar adecuadamente en el duro oficio de vivir.

     A los 50, además, ya puedes presumir, pero sin pasarte, de esa cosa tan apreciada por filósofos y psicólogos a la que llamamos sabiduría. Una sabiduría humilde y solidaria, que es la única sabiduría verdadera. Aunque ya no salves el mundo como a los veinte. Porque, tal vez, sin esforzarte mucho y sin darte cuenta, ya lo hiciste. Un poco. En algo.

     Así que, felicidades.  A partir de cierta edad, la que ha sido joven durante toda su vida sigue siéndolo. Cumplir cincuenta, ya ves, tiene más de gracia que de desgracia. Es, quizás, reflexionar. Y sonreír. Y desdramatizar. Y suspirar aliviados. Y celebrar. Y, por qué no, seguir soñando.

07/10/2013 09:50 pepemendoza #. CUMPLIR 50 Hay 2 comentarios.

MANCHONES LEJANOS

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     Confieso que empecé a leer con gusto el relato “Manchones lejanos”. La historia prometía. El mundo ordinario y antiguo representado por el Vaporcito. La llamada a la aventura que el héroe visualiza una mañana en el espejo, en forma de churrete de colores, mientras se afeita antes de tomar el Palacio de Araníbar. La travesía del explorador por el Explorer. El encuentro con el mentor, un ucraniano que vende imágenes al por mayor en un top manta de La Red. Las pruebas, los aliados, la odisea. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais -confiesa el protagonista sobre el altar de la bodega de Mora-, pero por consenso, siempre por consenso. Todo iba bien hasta que llegan el dragón de dos cabezas, las arañas asesinas, la hechicera transformada en rata... Los buenos no existen sin los malos. Y es ahí cuando nuestro héroe, en lugar de arriesgar su vida por el exclusivo tesoro, se viene incomprensiblemente abajo y se pone a llorar como una magdalena de El Cafetín, balbuceando palabras como víctima, caza de brujas, niños malos, nene bueno. Un desastre.

     Nadie dijo que el viaje iniciático fuera fácil. Entraba dentro de lo previsible que en el pasadizo de las redes sociales los enemigos íntimos de El Puerto torpedearan su revolucionaria aportación al futuro de la publicidad en general y al turismo de nuestra ciudad en particular. Estaba cantado que las fuerzas del mal se iban a tomar al pie de la letra eso del coste cero (¿qué son seis mil o siete mil euros de nada para tamaña recompensa?). Su respuesta medida y culta (impagable el uso de términos como reach o brand switching) a la jauría de hienas de siempre que puso en duda la exclusividad del Anillo Único alegando que había pasado ya por más manos que la falsa monea, nos hizo concebir esperanzas.

     Pero Raulito, ¡ay!, arruinó nuestro relato refundacional con el que íbamos a marchar todos juntos, él el primero, por la senda de la modernidad. Abandonó por la gatera la misión y se puso a llorar desconsolado como un triste concejal de pueblo lo que no había sabido defender como nuevo gurú de un Puerto Global y Churretoso. Prefirió la compasión de la víctima a la épica del héroe. Pudo ser el Don Draper de Mad Men y se quedó en Calimero. Pa echarlo. No sólo del relato.

      (Diario de Cádiz, 11 de octubre de 2013)   

11/10/2013 07:50 pepemendoza #. MANCHONES LEJANOS No hay comentarios. Comentar.

NUESTRO TÍO MANOLO

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     Ayer me llamó mi madre para decirme que había muerto Manolo Escobar, y yo estuve a punto de preguntarle que a qué hora la recogía para ir al tanatorio y si sabía cuándo era el  entierro. Porque Manolo no es que fuera como de la familia: era de la familia. De la familia de mi madre, concretamente. Fue en casa de mi abuela Teodora donde escuché sus primeras canciones,  en un tocadiscos Cosmos con dos altavoces de maleta que mis tíos yeyés (Victoriano, Lolo y Ángel) me tenían prohibido tocar. Aunque las letras eran facilonas, había algunas estrofas que yo no entendía. Recuerdo que una vez le comenté a mi profesor de Lengua, Don Enrique, que yo no veía por ningún sitio el refrán en “por eso se oye este refrán, que viva España”. ¿Viva España era un refrán? Y  me contestó, que él, que era muy modernillo para la época, tampoco veía bien que un hombre prohibiera a su mujer ir con minifalda a los toros mirara la gente para donde mirara.  

     Otro Manolo también tristemente desaparecido, Manolo Vázquez Montalbán, escribió que el cantante de El Ejido representó el sueño de los jóvenes españoles de los 60. Un humilde empleado de Correos que canta a todas horas y que, animado por sus compañeros, da el salto a la fama sin que ésta se le subiera nunca a la cabeza. Por el camino se casa con una alemana que lleva pantalones, fuma y conduce, tres meses después de conocerla en una discoteca y sin que ninguno de los dos entienda ni jota del idioma del otro. Ni en sus películas más azucaradamente románticas hay una historia tan increíble. 

     La llamada de mi madre responde, lo sé porque la conozco como si fuera yo el que la hubiera parido a ella, no sólo a su necesidad de compartir la pena por el adiós del que fue el ídolo musical de su juventud, sino también a su deseo implícito de que escriba unas cuantas frases en nombre de nuestra familia con las que poder recordar y honrar  la memoria de ese andaluz cabal al que ella siempre vio  “muy guapo, muy simpático y muy trabajador”. Donde quiere que vaya, sepa este tío mío por parte de madre que le vamos a echar de menos. Y sepa también que donde quiera que esté, el carro es suyo.

      (Diario de Cádiz, 25 de octubre de 2013)



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