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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2015.

UNA COLUMNA INDECENTE

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     Dice una vieja máxima del periodismo amarillo: no dejes que la realidad te estropee una buena noticia. A mí la realidad local me acaba de desbaratar una columna normalita. La escribí anoche y la iba a enviar ahora mismo al Diario, para que ustedes mañana se la salten como siempre. Pero un espía que surgió del wasap me informa que el problema social que iba a denunciar ya se ha solucionado. O sea, que lo que tengo en el escritorio es un artículo perecedero, una opinión caducada, como los yogures Hacendado de galleta que se acumulan de una compra para otra en casi todos los frigoríficos. Me cago en la realidad. 

     Puede que como decía Kapuscinski uno sea un cínico que no sirve para este oficio, pero qué más les daba a las partes haber dejado la solución para después del puente. No hay derecho a que te derriben una columna de esta manera, con el trabajazo que tiene ponerlas en pie. Con lo que cuesta humedecer las palabras antes de empezar a construirla, fijar los argumentos a la base, alinear los párrafos, repellar las redundancias, cepillar el título… 

     Pónganse en mi lugar, hagan ustedes el favor. Es jueves y son las seis de la tarde. Hace una hora que este artículo tenía que estar en el correo del periódico. He pedido una prórroga, pero me han dicho que ya vamos por la tercera tanda de penalties. Diez minutos, suplico con la pantalla del ordenador más blanca que el lavabo. Reloj no marques las horas porque voy a enloquecer, tarareo con un nudo en la garganta. Me cago en la realidad otra vez. 

     Los fantasmas que me asedian cada vez que escribo (yo no he visto a una musa en mi vida) se han venido arriba. "Qué capacidad de improvisación, Julio Camba", me suelta uno. "Total, si los que te leen caben en un taxi, Paco Umbral", me anima otro con la sábana desencajada de la risa. 

     Yo tenía la columna escrita, cagoendiez. Y no estaba mal, lo juro. Era normalita, pero tenía su cosa. A eso se dedica la puñetera realidad ahora, a estropearle los artículos a una joven promesa del periodismo que un día ganará el Pulitzer. Y a darle munición a mis fantasmas. 

     Me llaman. No lo cojo. Mando esto mismo. Guardar como. Insertar archivos como datos adjuntos. Enviar. A tomar por culo.

     (Diario de Cádiz, 4 de diciembre de 2015)

04/12/2015 07:51 pepemendoza #. UNA COLUMNA INDECENTE No hay comentarios. Comentar.

ALGUNOS DE LOS NUESTROS

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     El bombero que se negó a colaborar en el desahucio de una anciana y fue condenado “por alterar el orden”. La mujer de 60 años que subía y bajaba a hombros a su hijo, paralítico cerebral y con distrofia muscular, desde un tercero sin ascensor. El parado sin subsidio que oyó por la radio que el ex Director General de Trabajo de la Junta y su chófer gastaban 25.000 euros al mes en cocaína con el dinero de las ayudas para el desempleo. La profesora de literatura que pagaba todos las mañanas el desayuno a un alumno sin derecho al pan nuestro de cada día. Los pacientes de hemodiálisis que tenían que llevarse la almohada de casa.

     El ex alcalde de esta ciudad, toda la vida buscando los huesos de su padre, que se quedó sin palabras cuando escuchó decir al portavoz del Gobierno de España que las víctimas de la dictadura solo se acuerdan de sus familiares cuando hay subvenciones. La pareja que vive con sus dos hijos pequeños en una cochera de diez metros cuadrados sin agua corriente. La maestra que se comprometió a pagar de su bolsillo el material escolar para que no cerraran la escuela rural. La amiga que al  terminar la carrera se fue a Inglaterra de au pair y tiene una habitación en Facebook, pintada de azul nostalgia, con vistas a La Puntilla.

     Los preferentistas que dejaron su sudor, sus ahorros y su salud en manos de unos gánsters de reconocido prestigio. La administrativa de una empresa contratada por cuatro horas al día, a la que le pagan por seis y echa diez. La autónoma que para sacar 938 euros al mes tiene que ingresar 2.000. El licenciado en económicas que trabaja de expendedor en la gasolinera en la que habitualmente reposto y me ilustra algunas mañanas sobre las oscilaciones en el precio del barril de Brent. El estudiante dominicano de notas excelentes que quiere ser ingeniero y no puede ir a la universidad porque su madre, que limpia casas por horas, no puede pagársela. El viejo y la vieja militante de la vida, expertos en naufragios, marineros rasos en muchas mareas ciudadanas.

     Decía Ganivet que cuando los de abajo se mueven, los de arriba se caen. El domingo tenemos que seguir moviéndonos. Aún quedan muchos de los de arriba por caer. Y muchos de los nuestros por levantar.

     (Diario de Cádiz, 18 de diciembre de 2015)



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