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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2015.

NOSOTROS, LOS DE ENTONCES

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     Nosotros, los de entonces, quedamos la otra noche. Nosotros, los de aquella pandilla primera que nació en el verano de 1979 en una habitación de la Casa de las Cadenas, la misma casa del siglo XVII que en 2004 unos catetos borrachos de votos y de arrogancia derribaron ilegalmente. Nosotros, aquellos adolescentes ávidos de certezas, que creíamos, como Pessoa, que solo con la ilusión de la libertad, la libertad existe.

     La adolescencia es un lugar al que no se puede regresar, pero del que en realidad no salimos nunca. Uno puede escapar con más o menos éxito de la crisis de los 40, de IKEA y hasta de un grupo de whatsapp, pero la pandilla de la adolescencia uno no la abandona jamás.

    I Will Survive, cantábamos en aquellos guateques de los domingos por la noche, haciéndole los coros, con la voz pastosa por la ginebra de garrafón, a Gloria Gaynor. De cuando en cuando quedamos precisamente para eso, para celebrar que seguimos sobreviviendo. Para volver a sentir esa complicidad fraterna que solo surge en la adolescencia, cuando un cantante, un equipo de fútbol o una tarde de estudio compartido determinan que el otro es un chaval estupendo y merece formar parte de nuestro mismo grupo.

     Quedamos para recordar las mismas anécdotas gastadas de siempre, para brindar por las noches antiguas y la música lejana, para seguir sintiendo que nos queremos mucho. Mis amigos dónde estarán, se preguntaba la banda Topo en un disco emblemático de ese mismo año de 1979, aquellos amigos que soñaban con hacer juntos la revolución. La nuestra fue franciscana (con Ángel Angulo como padre y maestro), pacífica y sentimental. Queríamos cambiar el mundo, pero no lo conseguimos. O tal vez sí. Un poco. En algo.

      El caso es que el otro día quedamos para celebrar de nuevo que hace treinta y seis años, en la enormidad del Universo, la vida nos juntó. Comimos, bebimos y reímos como cuando volábamos juntos por primera vez, mientras sonaban de nuevo las viejas canciones que no han dejado nunca de sonar en el vetusto tocadiscos de la memoria. Bajo la misma luna volvimos a hacerle los coros, tan etílicos y desafinados como en aquel verano de 1979, pero ya con una ginebra en condiciones, a Gloria Gaynor. I Will Survive. We Will Survive.

     (Diario de Cádiz, 3 de julio de 2015)

ESOS BAJITOS RISUEÑOS

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     La infancia es una casapuerta en una sobremesa plomiza de verano en la que seguimos jugando mientras los mayores duermen la siesta. O la tarde de un domingo lluvioso de invierno en la sesión infantil de un cine de barrio en la que Gary Cooper continua esperando Solo ante el peligro la venganza implacable de un forajido que llega al pueblo en el tren de mediodía. Ser niño es precisamente eso: habitar un paraíso festivo, un reino en el que solo mueren los malos y siempre de mentira, y en el que uno no está nunca solo. Ser niño es disfrutar juntos y sentir que cuidan de ti. Da igual la edad que se tenga.

     La Asociación Amigos Solidarios Portuenses, con el fin de recaudar fondos para atender a familias necesitadas, ha convertido el Zoco Espacio Cultural de la calle Larga en un gran plató de cine en el que se recrean películas míticas con unos intérpretes entrañables, los Clicks, de los Famobil de toda la vida, esos bajitos risueños con una tendinitis crónica en los codos, primos hermanos de las muñecas de Famosa, las que se dirigían al Portal. Hasta el 26 de julio, de 7 a 10 de la noche, por el módico precio de 1 euro (los niños pagan sólo 50 céntimos), usted puede verlos actuar en Ben-Hur, Solo ante el peligro, Murieron con las botas puestas, Piratas del Caribe y algunas películas más. Como Director de Efectos Especiales han contado con un perito en fantasías animadas de primerísimo nivel: Vicente Rodríguez, ese Rey Midas inverso que convierte en belleza todo lo que toca y modela.

     Acérquense, que merece la alegría. Pasen y vean y recuerden. Vayan con sus hijos o sus nietos y cuéntenles que no hace tanto tiempo nos divertíamos sin máquinas, con esas dos aplicaciones fantásticas que no hace falta que nos descarguemos porque las traemos de fábrica: la imaginación y las manos. Háblenles también de esas películas inmortales que disfrutamos en los cines de El Puerto, aquellos templos laicos en los que tan felices fuimos.

     Y no olviden informarles del fin último de la exposición; colaborar con la Asociación Amigos Solidarios Portuenses a que en la pandilla de este pueblo generoso todos cuidemos de todos. Porque nadie merece estar solo ante el peligro de la pobreza y la desesperación.

     (Diario de Cádiz, 17 de julio de 2015) 

17/07/2015 07:45 pepemendoza #. ESOS BAJITOS RISUEÑOS No hay comentarios. Comentar.

1982: EL VERANO QUE PASAMOS BAILANDO

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     España entera era en el verano de 1982 una pista de baile. Había ganas de fiesta, de pasarlo bien, de darle gusto al cuerpo. Del movimiento de muchos en Madrid nació, como su propio nombre indica, la Movida, con Tierno Galván ejerciendo de abuelo culto y marchoso. Fue el año del Mundial de España, en el que a Alemania le dio también por bailarnos para cumplir con la tradición de entonces: ser un equipo de ensueño hasta octavos. Las mejores jugadas de la selección no las vimos en el campo, sino en el anuncio de los trajes de El Corte Inglés, que lucían Arconada, Gordillo, Quini y compañía. La copa se fue a Italia, con Sandro Pertini celebrando con dignidad y orgullo los goles a Alemania, como si ya entonces estuviera la Merkel.

     Tejero bailaba pasodobles con la bandera franquista en un castillo de Galicia, donde cumplía a cuerpo de teniente coronel su condena (es un decir) por aquella oscura noche del 23 de febrero de 1981. ETA bailaba la danza macabra y fascista de la muerte, con la música fúnebre del tiro en la nunca y el cóctel molotov, privando de la fiesta de la vida a cientos de inocentes. Vino Juan Pablo II, el primer Papa mediático, al que le gustaban más las megafiestas multitudinarias de la fe que los guateques populares de los teólogos de la liberación. Y vino Maradona, que bailaba en los estadios por las tardes con una sola pierna, su zurda prodigiosa. Y por las noches, con la nariz.

     El caso es que ese año casi  todos bailábamos al son de ese tiempo de cambio en el que Miguel Ríos nos aseguraba que el futuro se podía tocar. Nos pasamos el verano bailando todo el día, con o sin compañía, moviendo la cabeza, moviendo el pie, moviendo la tibia y el peroné, al ritmo que marcaban Alaska y Los Pegamoides. Fue la canción del verano en los 40 Principales, en mi cassette de Ceuta y en las fiestas de las barriadas.

     Eran tiempos de cambio, sí, pero además, de cambios a lo grande. Bailábamos a lo grande. Nos ilusionábamos a lo grande. Nos enamorábamos a lo grande. Como una ola tu amor llegó a mi vida, como una ola de fuerza desmedida, cantaba La Más Grande. Los partidos de izquierda transigían con los testaferros del neofranquismo a lo grande. Hasta los intelectuales empezaron a vivir y a beber a lo grande, y se ponían hasta arriba de todo en La Bodeguilla de Felipe, que en octubre iba a cambiar tanto España que, según su compañero Alfonso (un tipo que hacía el caricato a lo grande) no la iba a conocer ni la madre que la parió. La cultura y la política se hicieron amigas del alma. Los culturetas orgánicos y los arribistas de la pseudoizquierda, queremos decir. Y muchos intelectuales se travestían de tiernos borreguitos, peludos y con un lacito rojo (infrarrojo, más bien) como el de Norik. La cultura ya no se mete en política. El PSOE ya no se mete en la cultura. Salvo para pagarla a golpe de subvención.

     En El Puerto nace la Asociación Ecologista Guadalete, que iba, entre otras muchas conquistas medioambientales, a volver a convertir en río la charca pestilente en la que los peces morían de puro asco. Santiago Carrillo, un señor que bailaba con la ideología también a lo grande, pues pasó del estalinismo al eurocomunismo a la misma velocidad que nosotros pasamos del burro al isocarro, vino a dar un mitín al Parque Calderón.

     No se usted, pero yo tengo 18 años, y he ido a Italia de viaje de fin de curso con los compañeros de SAFA que ese año terminamos nuestra Formación Profesional. Desde Motril hemos cogido un barco como el de Vacaciones en el Mar, que nos ha dejado en Génova, en un autobús que nos llevará a Roma, Florencia, Pisa y Siena. Cuando vuelvo, sigo surcando mares, pero ahora el de la Bahía, en el Vaporcito (¡ay, el Vaporcito!), con mi máquina de escribir Lettera 40, presentándome a todos las oposiciones de auxiliar administrativo que se convocan en la capital, confiando en que se cumpla aquel eslogan de la época que rezaba en las academias: “Escribir a máquina es una condición indispensable para tener un trabajo con futuro”. Y así fue, felizmente. Le debo mi vida, mi vida laboral, a esa máquina y, sobre todo, a las clases que recibí en SAFA. Pero eso fue más tarde. Ahora soy todo un Técnico Administrativo y Comercial que vendimia y descarga camiones de atunes y marrajos en una empresa frigorífica. Que sabe cálculo mercantil, contabilidad, taquigrafía y estenotipia. Y que aporrea las teclas de la máquina, con todos los dedos y sin mirar, a más de 300 pulsaciones por minuto. Las mismas a las que se me ponía el corazón cuando veía a la niña que me ignoraba.

     Aunque es verano, empiezo a notar ya el frío interior de la vida adulta. Para combatirlo, me paso el día bailando. Con o sin compañía. Pero a lo grande.

(Diario de Cádiz, 31 de julio de 2015)

31/07/2015 07:45 pepemendoza #. 1982: EL VERANO QUE PASAMOS BAILANDO No hay comentarios. Comentar.


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