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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2016.

TRABAJADORAS

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     Escribo esta columna el martes 8 de marzo, día de la mujer trabajadora. Qué digo columna: esta plegaria civil, este ejercicio de acción de gracias. Este acto de fe en algunas de las muchas mujeres que me han marcado a sangre y afectos a lo largo de mi vida, que me ayudaron y me ayudan a ser y a estar.

     La mujer que me dio a luz en una habitación sin vistas de la Plaza de la Cárcel y me educó en la trabajosa disciplina de la libertad. La mujer de aquella primera miga de la calle las Cruces que me enseñó a leer y a escribir sentado en su regazo. La mujer de lutos rigurosos y olor a puchero que nos echaba un ojito cuando mi madre subía a la azotea a tender sábanas blancas y presagios negros. La mujer de mi barrio que rodeada de churumbeles, vendía, ¡niña, los caracoles!, a duro el vaso.

     La mujer que me adiestró en el arte de escribir a máquina, a la que le debo mi vida: mi vida laboral. La mujer que pese a los achaques y a las ofensas del tiempo sigue cantándole las verdades al barquero en estos tiempos oscuros. La mujer que los miércoles de los primeros 80 nos hablaba de lo torcidos que andan siempre, por los callejones del mundo, los derechos humanos. La mujer que al volver de la mili me pagó la primera mensualidad de la carrera porque en casa no podían, y que cuando le pedí explicaciones me dijo: tú puedes, tú debes.

     La mujer que aquella primavera sombría vio a su hija volar hasta el infinito y más allá y hoy entra en los hospitales regalando sonrisas a otros ángeles heridos. La mujer que me contagió la dignidad discreta de ser funcionario público y se asomó conmigo al abismo insondable que separa el estar sentado detrás o delante de la mesa en una oficina de empleo. La mujer que un día, en el suplemento dominical de El País, escribió la mentira piadosa de que yo era un columnista estupendo. La mujer que desde hace treinta años me ayuda cada mañana a buscar, con la elegancia con la que lo busca Batiatto, mi centro de gravedad permanente.

     Decía Camus que el sol que reinó en su infancia lo privó de todo resentimiento. A mí me pasa lo mismo con esta hermandad indestructible de mujeres de todas clases. Humildes astros que iluminan mi vida y que hacen que un tipo tan común como yo se levante cada mañana sintiéndose único. 

(Diario de Cádiz, 11 de marzo de 2016)

NOTA: La foto es de Rafa (Colección Encarni Pulido).

11/03/2016 07:40 pepemendoza #. TRABAJADORAS Hay 4 comentarios.

DON MANUEL DEL NORTE DEL MAGREB

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     Buenas tardes, Don Manuel Morillo, aunque el nombre políticamente correcto en este tiempo cursi de ahora sería Don Manuel del Norte del Magreb. Si mis fuentes están, como casi siempre, bien informadas, según el calendario lunar mañana cumple usted cincuenta y tantos, ni uno menos. Cuatro años y pico, ni uno más, en el almanaque que marca en rojo aquella resurrección inexplicable, la que cuelga en la vieja alcayata que hay en la cocina de su corazón. Le felicito muy sinceramente y le pido que me ponga también a los pies de su señora, esa Santa. Está usted hecho un chaval. Doy fe de que se sigue fajando con entusiasta bravura en la zona en la que se pelea por los balones importantes de la vida, como cuando jugaba de pívot, antesdeayer, en el Club Baloncesto Portuense.

     Me ha dicho Doña Cecilia, la Jefa de Todo Esto, que cuente una morillada simpática que ilustre a los oyentes sobre algún aspecto de su transversal y bohemia personalidad. Ahí vamos. Recuerdo un viaje que hicimos juntos a Tánger, usted y yo, como pareja de desecho. Recuerdo que los dos nos fuimos a llorar a las puertas del Teatro Cervantes, aquel templo civil de variedades que en los años 50 del siglo pasado vio actuar, entre otros muchos artistas, a Estrellita Castro, Carmen Sevilla, Imperio Argentina, Antonio Machín o Lola Flores. Recuerdo que yo iba por delante, y que el señor que vigilaba aquella ruina todavía hermosa me dio el alto y me dijo que no podía pasar. Recuerdo también que caminaba usted unos metros rezagado, cámara en ristre, con ese porte tan suyo a medio camino entre López Vázquez y Francisco Umbral, y que, cuando el sagaz centinela reparó en su presencia, se le acercó amabilísimo para preguntarle si su inesperada visita tenía como objetivo negociar la compra del teatro.

     Ese trato diferenciador que nos dieron a usted y a mí es la metáfora que ilustra la enorme distancia que hay entre un funcionario gris, o sea yo, y un ex banquero jubilado y con posibles, o sea usted. Lo suyo es puro teatro, pocos pelos en la lengua y muchas horas al amparo de aquel sol de la infancia que tan bien calentaba en aquellos días azules en el Barrio Alto. Y es aquella escena de neorrealismo coquinero, en la que, en el cine de verano de su memoria, usted, barbilampiño y asustado, parte en un autobús en dirección a Valencia, más concretamente a la Universidad de Cheste, mientras contempla a través del cristal a Pepe Morillo, su padre de usted, que no puede despedirse de su hijo porque el autobús adelantó sin avisar la hora de salida. Tal vez aquella no-despedida es también la metáfora de una relación entre ambos que cada día es más estrecha.

    Dijo Picasso, el de la Sara de la Citroen no, el de las Señoritas de Aviñón, que cuando uno es joven lo es para toda la vida. Haga el favor de ser feliz, Don Manuel, que es un requisito imprescindible para que los que lo queremos disfrutemos tan bien como usted lo hace de los placeres y los días. Y cuando pueda, no se demore mucho, convíe.

     Pepe Mendoza, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo. 

     (Columna leída en el programa "Pensión Triana", de Radio Puerto, el 17-03-2016)

EL CASO

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     TVE acaba de estrenar El Caso, una serie basada en el semanario de sucesos que fue el periódico más vendido durante buena parte de la segunda mitad del siglo pasado. Testigo de un país desarmado ideológicamente pero acostumbrado desde siempre a resolver sus conflictos a garrotazo limpio, de El Caso se decía que había que sacudirlo para que escurriera la sangre antes de leerlo. En sus páginas habitaba la España más  profunda, nuestra intrahistoria más genuina. Esa que, como escribió Ángel González, es como la morcilla de los pueblos: se hace con sangre y se repite.

     Mi abuelo Paco lo compraba todas las semanas. Yo algunas veces lo ojeaba muerto de miedo, a sabiendas de que algunas de esas caras siniestras me perseguirían durante un tiempo por las esquinas más oscuras de los sueños. Era, decían, el periódico de las clases bajas. Le llamaban, despectivamente, el “diario de las porteras”. Mi abuelo era el arquetipo de lector, pues era cortito de talla y también se ganaba la vida abriendo puertas, aunque él tenía más mérito porque las abría a oscuras. Mi abuelo era sereno y tuvo 16 hijos. Cerrando la puerta de su dormitorio con mi abuela dentro y el sol fuera  tenía igualmente una pericia fuera de lo común.  

     En el mes de enero de 1971, dos portadas de El Caso hicieron que yo me sintiera orgulloso de ser portuense. Fue la primera vez que vi el nombre de mi pueblo en un periódico de tirada nacional. A mí me hubiera gustado más verlo en el As Color, por las fotos y porque los disparos de sus páginas eran con balones, pero lo importante era que toda España se enterara de que existíamos. La primera portada hablaba de que el “Quinqui Lute” se había escapado del penal. Como Estrellita Castro, El Lute también prefería estar muerto antes que verse pa toa la via allí metido. La segunda recogía la detención del hijo de un arropiero que a veces pasaba por mi calle vendiendo esa chuchería larga y retorcía que sabía a fresa y a tarde de cine de domingo. El tipo engañaba mucho: aunque su ídolo era Cantinflas mataba más que el Séptimo de Caballería.

     Aquellas dos portadas de El Caso en enero de 1971 pusieron a El Puerto, por fin, en el mapa de España. Ya solo había que cambiar la sangre por Sangre y Trabajadero.

     (Diario de Cádiz, 25 de marzo de 2016)

25/03/2016 08:17 pepemendoza #. EL CASO No hay comentarios. Comentar.


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