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EN BLANCO Y NEGRO

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     No somos nadie. Y en bañador, menos. Pero en blanco y negro, dejemos a Sartre para tiempos mejores, algo ganamos. La insoportable levedad del ser se atempera un poco cuando nos sacan los colores. Haga la prueba. Entre un momento en la galería de su móvil y pase cualquier foto en color a blanco y negro. ¿Ya? ¿Qué tal? No me diga que no parece alguien. Una actriz, un pintor, un escritora, un presidente de algo… Alguien importante, en fin, que mientras posa está pensando en cosas profundas. Yo acabo de hacerlo con una en la que estoy en el Foster Hollywood con mi hijo Pablo, servidor con una mancha de ketchup en la pechera, los dos con un vaso rellenable de Coca Cola. De pronto, parecemos Rick Blaine y Louis Renault, tomando burbon en Casablanca. “Pablo, presiento que este es el comienzo de una gran amistad”, me dan ganas de declamar con la voz grave de un hombre en condiciones, si no fuera porque el juez Calatayud dice que si nos hacemos amigos de nuestros hijos los dejamos huérfanos de padre. El blanco y negro otorga prestancia y clase. Aunque lleves una camisa con lamparones.

     A mi amiga Oliva el blanco y negro le parece una cosa de viejos, pero yo creo que esos son los colores con los que se viste la Eternidad. Las cosas importantes de toda la vida, esas que no mueren nunca, son en blanco y negro: las películas de vaqueros, los bocadillos de pan con chocolate, la camiseta del Castellón, los periódicos, la partida de dominó del abuelo, los camareros de verdad, los amigos de la infancia, la voz de Nino Bravo, el olor a libro nuevo, el recuerdo del sabor del candié… No importa que esté usted sentado en una terraza del presente o que vaya a paso ligero de regreso al futuro. Da lo mismo. Como la lluvia, el blanco y negro siempre suceden en el pasado. En un pasado que no está muerto ni enterrado. Faulkner dice que ni siquiera es pasado.

    El blanco y negro es de verdad y para siempre. Como el blanco de la cal de las casas de vecinos y el negro del luto de las mujeres sentadas en sillas de eneas en los atardeceres de verano. La vida es a colores, pero el blanco y negro es más realista, escribió no me acuerdo quién.

     Imagine por un momento este desvarío de columna en color. Qué horror. Pero en blanco y negro, ¿verdad?, es otra cosa.

     (Diario de Cádiz, 6 de mayo de 2016)


COMUNISTAS

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     En noviembre de 2007, IU propuso retirarle a Franco la medalla de oro de nuestra ciudad y el título de alcalde honorífico que la corporación municipal le otorgó en 1962 (en febrero de 2008, el pleno del Ayuntamiento aprobó la moción, con la abstención del PP). Yo escribí una columna apoyando la medida. Para documentarme, quedé una tarde con tres huérfanos de la guerra que sufrieron directamente la insaciable sed de venganza que perpetraron los ganadores después de acabada la contienda: Rafael Gómez Ojeda, Paco Artola y Pepe Valiente. También estuvo Carmelo Ciria.

     Aquellos cuatro veteranos comunistas, invencibles militantes de la vida, me regalaron una de las tardes más emotivas que recuerdo. Rafael, Paco y Pepe evocaron, como si acabara de suceder, el último recuerdo que conservaban de sus padres antes de que desaparecieran para siempre. Ninguno lo volvió a ver ni vivo ni muerto. Crecieron, amaron y envejecieron juntos intentado desentrañar las claves de aquellos crímenes monstruosos contra unos buenos padres de familia por los que los niños Rafael, Paco y Pepe nunca dejaron de preguntar. Lo más conmovedor es que no había ni unas briznas de rencor en aquellos testimonios. Ayunos de venganza, no pretendían abrir ninguna herida. Solo poder cerrar definitivamente las suyas. Paco y Pepe se fueron con la pena de ese dolor no amortajado.

     Me he acordado de ellos estos días en los que ha vuelto a ponerse de moda escupir con desprecio la palabra comunista. Comunistas que representan lo que representan, ha dicho la presidenta de la Junta con la arrogancia que le caracteriza. Parece que la señora Díaz ha leído poca historia social contemporánea. Con sus luces y sus sombras, los comunistas de base representan, probablemente, la página más decente en la lucha contra el franquismo y por la democracia. Héroes discretos que se jugaron la vida para no renunciar ni al más viejo de sus sueños de justicia y fraternidad. No se cumplieron, pero aquella tarde apacible mis compañeros de conversación se sentían orgullosos de seguir teniéndolos.

     Comunistas, sí, y a mucha honra. Gracias a ellos, a su compromiso insobornable con la causa de los desposeídos, este país sin memoria y sin vergüenza no está peor de lo que está.

     (Diario de Cádiz, 20 de mayo de 2016) 

20/05/2016 09:13 pepemendoza #. COMUNISTAS Hay 1 comentario.


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