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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.

POR QUÉ ESCRIBO

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     Un amable lector de mis columnas (ya dijo el Guerra que hay gente pa to) ha dejado un comentario cargado de sutileza en el blog que habilité hace unos meses y en el que, hasta la fecha, solo había entrado mi hermano Paco y una familia de telarañas. "Eso que usted llama pomposamente artículo de opinión no pasa de ser una redacción de primero de ESO. ¿Podría darme una razón, una tan solo, por la que se empeña en escribir en un periódico que le viene tan grande?

     He trasladado la pregunta a Francis Gallardo que fue quien me recogió en esta esquina de papel, hace ya dos años, y a Teresa Almendros, la jefa de ahora, y los dos han salido por los cerros de San Cristóbal: que si el tamaño (del Diario) no importa, que si hay chavales en la ESO que hacen redacciones bastante aceptables, que yo no soy nada pomposo, etc., etc. Muchas gracias, de todas formas.

     Aquí van unas cuantas razones por las que un columnista tan pequeño, sigue escribiendo en un periódico tan grande. Escribo porque me da la gana y si a usted le parece mal me lo va a decir en la calle. Escribo porque mi familia y la aseguradora de mi casa, se sienten mucho más tranquilas cuando estoy delante del ordenador que cuando hago un taladro, cambio una bombilla o intento arreglar un grifo. Escribo porque mi dentista Diego Barón, me dice, cada vez que llego temblando a su consulta, que los sábados es él el que tiene cita conmigo, y eso me hace verle como un incondicional seguidor, en lugar de como un despiadado sacamuelas.

     Escribo para llevarles la contraria a ellos, aunque a estas alturas de la historia, ya no se muy bien quienes son ellos, ni cómo se les lleva la contraria. Escribo para aprender a escribir, porque yo de literatura no entenderé, pero de periodismo, menos. Escribo porque mis compañeros de trabajo me recomendaron hace tiempo que pusiera mis tonterías por escrito, a ver si me callaba un rato. Escribo porque, como dice el maestro Manuel Alcántara, para un servidor esto es un artículo de primera necesidad.

     Escribo en fin, para joder a los que no quieren que escriba (¿se entiende la indirecta?) y para alegrarle las mañanas de los sábados, dos veces al mes, a mi dentista, a mi hermano Paco y a la familia de telarañas que vive en la siguiente dirección: http://pepemendoza.blogia.com.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 13-10-2007)

           

           

           

SOBRE NÁUFRAGOS Y TUMBAS

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     La noche en que iban a morir, el agente de turno de la Sociedad  Estatal de Salvamento y Seguridad Marítima dejó grabada en el registro de transmisiones la siguiente inquietud: "Me cago en los muertos, como aparezcan 30 tíos en el agua esta noche, me dan el fin de semana".

     Nada sabemos sobre cómo pasó el trabajador en cuestión aquellos días que, en principio, iba a consagrar al ocio. No tenemos noticias del grado de frustración con el que afrontó la pérdida irreparable de algunas de sus sagradas horas  de descanso.

     Sí hay datos, sin embargo, que avalan que no fueron 30, sino 37, los tíos que aparecieron flotando sobre las aguas de la bahía. Que hubo, además, dieciséis desaparecidos. Consta, también, en las hemerotecas, la recreación de la angustia que precedió a aquellas muertes que le chafaron el sábado y el domingo a nuestro protagonista y, subsidiariamente, el resto de fines de semana de sus miserables vidas a un montón de moros, más pobres que las ratas, que pretendían desembarcar en el paraíso a bordo de una madera recubierta de poliéster.

     Un golpe de mar terrible y homicida en una noche de temporal. Una llamada urgente a la Guardia Civil, solicitando una embarcación para salir a auxiliarles (todas estaban averiadas). La Base Naval de Rota que se inhibe del asunto. La orden de suspensión de la búsqueda al divisarse los restos de la patera y convenir el equipo de rescate que los inmigrantes habían pisado  tierra y habían huido al interior. 

     Lo que vino después, ya lo conocen. La rápida expulsión de los supervivientes por parte de la Subdelegación del Gobierno. La ausencia de acusación particular que hubiera permitido la solicitud de indemnizaciones para las familias de las víctimas. La solidaria actuación del Parlamento andaluz, impidiendo la formación de una comisión de investigación. La sentencia, en la que el propio tribunal reconoció que no había entrado a juzgar muchas responsabilidades públicas y privadas.

     De la identidad de los desaparecidos y de los muertos (que fueron enterrados sin nombre) nunca más se supo. No hay noticias, tampoco, de con qué humor llegó el lunes a su puesto de trabajo el compañero agente, tras aquel horroroso fin de semana en el que unos desgraciados le habían hecho trabajar más allá de lo estipulado en convenio.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 27-10-2007)      

           

             



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