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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2009.

EL CASTILLO

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     Parece que han pasado siglos, pero cada verano volvemos a reconstruir aquel castillo de arena que levantamos una mañana luminosa de domingo bajo cuyos cimientos guardamos el tesoro fantástico que escondimos para siempre a la edad en la que se fijan los primeros recuerdos. Por mucho que nos hayamos alejado de él, por mucho vuelo de bajo coste que concertemos buscando paraísos remotos con todo incluido, siempre terminamos allí, en la misma orilla en la que la felicidad cabía en un cubo lleno de camarones, el miedo a la libertad duraba lo que tardábamos en encontrar nuestra sombrilla y la fraternidad se forjaba alrededor  de una pelota Nivea.

     Abre uno la puerta del viejo castillo, que  todavía sigue en pie pese a las olas gigantes de Santiago, se adentra por sus túneles y pasadizos, y llega, sin más GPS que la memoria agradecida, al mismo patio en el que los vecinos se sentaban a la fresquita, a hablar de sus cosas, en las noches limpias de agosto. Allí está  también, arrumbada en un rincón del recuerdo, la vieja manta que después del almuerzo tendíamos en la casapuerta, mientras los mayores se dejaban cae y sólo las chicharras tenían derecho a hablar en voz alta.

     Oigo, lejana, la voz metálica del afilador, ese aguafiestas que traía el levante en una moto y que suspendía, a golpe de cuchillo, los planes de playa del día siguiente. Suena, también, como un rumor antiguo, el pregón dulce del arropiero, arropías de Turquía, las llevo largas y retorcías. En la radio, ese altar civil, habla Don Puyazo y sabe de qué habla.

     Si cerramos los ojos podemos vernos embadurnados de crema, con un bocadillo de tortilla en una mano y el rastrillo en la otra, las horas obligatorias e interminables de la digestión, sobre cuya duración exacta los mayores nunca se ponían de acuerdo. La vida, en fin, bella y desnuda, en ese tiempo quieto en el que el ayer y el porvenir no hacían pie.

     Parece que han pasado siglos, pero aquel castillo primero sigue allí, en la misma orilla, con la puerta encajá. Sólo hay que atreverse a entrar.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 13-08-2009)

  

12/08/2009 13:22 pepemendoza #. EL CASTILLO Hay 1 comentario.

Y NO SE ME OCURRE NADA

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     Se va agosto, menos mal, un mes que también debería ser inhábil para escribir artículos de opinión. Cuánto lamento ahora no haber apoyado al compañero Modesto Barragán, nuestro Delegado de Prevención, que ya a principios de verano advertía del riesgo que supone para la salud enfoscar columnas a pleno sol, con los pies colgando de un párrafo, mientras repellamos un punto y aparte.

     Aunque tarde, asumo sus justas reivindicaciones, pero confieso que lo hago por puro egoísmo, pues me acaba de ocurrir lo peor que le puede pasar a un columnista: me he quedado sin tema. Son las cinco de la tarde del miércoles, antes de las seis debo enviar al periódico dos mil caracteres, y ni siquiera se todavía de qué voy a escribir. Los pájaros de la zozobra  vuelan sobre mi cabeza (mira que eres cursi, qué pedante eres, me digo con música de bolero y  la autoestima  a la altura de un pozo minero).

     Las cinco y media. Le pido a mi mujer y a mis hijos que por favor hablen un poco más bajo, que me desconcentran, aunque de pronto caigo en la cuenta de que se fueron todos a la playa esta mañana y aún no han vuelto. Desesperado, me levanto, cojo una recopilación de artículos de Julio Camba y otra de Manuel Alcántara, y se me ocurre que podría copiarle novecientos caracteres a cada uno y poner doscientos míos para disimular. Esta vez no me atrevo.

     Podría hablar de Teófila y del drago que se convirtió en mojama, pero algunos me van a acusar sin pruebas (se lleva mucho ahora) de ser un mercenario a sueldo de Pepe Pettenghi. O del municipalismo expansionista de Barroso, que le ha hecho apoderarse de la alcaldía de Puertollano, mas lo mismo Fernando Santiago me pide derechos de autor.

     Las seis en punto. Suena el teléfono. Le digo a mi mujer que no me llame que me desconcentra, pero es  Rafael Navas, señor, si señor, y me suelta, sin entradilla, que si me he creído que soy Julio Camba o Manuel Alcántara. Le envío, a la voz de ya,  esta columna invertebrada, este artículo indeterminado.

     Tengo que hablar con el compañero Modesto. Por si me echan.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 27-08-2009, con el título "Tieso (como el drago)")

 



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