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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2010.

OBREROS

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     Los maestros que más han influido en mi formación humana no pertenecen al gremio de la enseñanza, sino al movimiento obrero. Tuve el honor, recién salido del tiempo convulso de la adolescencia, de conocer a algunos militantes de izquierda que me enseñaron a mirar, a comprender, a decir no, a rebelarme, a adentrarme en los misterios de la filantropía. Aquellos autodidactas tenaces, casi todos brillantes oradores, pasaban su jornada laboral en los tajos más duros, y luego, en el poco tiempo libre que les quedaba,  nos educaban  con la esperanza y el convencimiento de quienes se veían a sí mismos como soldados derrotados de una causa invencible. Queda muy poco ya de ese hermoso legado ético. De aquella forma elegante de estar en el mundo que llenó de dignidad un tiempo indigno.

     Les recordé el otro día, mientras leía el informe de los peritos judiciales sobre las causas del cierre de Delphi, que viene a corroborar lo que ya se sabía: que junto a una mayoría de trabajadores decentes, existía también un número considerable de profesionales de la IT, de escaqueados sin escrúpulos morales que olvidaron la vieja máxima de que con las cosas de comer no se juega. Y volví a evocar a esos hombres y mujeres, a quienes debemos una buena parte de nuestro estatus de señoritos privilegiados, al oír las provocadoras declaraciones del secretario general del Sindicato de la Policía Local de Jerez, para quien la ausencia al trabajo del 60 % de sus compañeros, simulando una enfermedad, "sólo muestra que la plantilla del 092 está más fuerte y más unida que nunca". Muestra más cosas: un desprecio absoluto por la ciudadanía a la que se deben y una falta de honestidad profesional que deslegitima sus reivindicaciones por muy justas que pudieran ser.

     Ahora que tanto abundan los parados sin esperanza y los ocupados sin conciencia, es bueno recordar a aquellos militantes de la vida que nos enseñaron otra manera más honrada y generosa de entender la lucha por la dignidad obrera.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 08-04-2010) 

           

08/04/2010 07:46 pepemendoza #. OBREROS Hay 2 comentarios.

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

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     Hace mucho que le debo una columna a mi Ángel de la Guarda. La rabiosa actualidad ha demorado en exceso el merecido homenaje a quien el mes pasado cumplió 46 años a mi servicio. Quince trienios y pico velando sin usura por la integridad física y sentimental de un servidor. Ya toca.

      Uno puedo creer en muchas cosas: en el andalucismo azul oscuro casi negro de Antonio Moreno, en la educación republicana de Barroso, o en el periodismo sosegado y elegante de Teo Vargas. Allá cada cual con sus fervores. Pero de lo que uno no debería renegar nunca es del Custodio que nos lleva en volandas por las cuestas más empinadas de la existencia. De desagradecidos anda España tan sobrada como de chorizos, razón por la cual hay personas que jamás han reparado en la tutela generosa del que con nosotros va, como si fuera la caprichosa casualidad la responsable de que el ascensor baje sin tiranteces o la que nos despierta algunas noches de esa pesadilla antigua en la que se nos queda la boca como a Miguel El Mellao.

     Es verdad que mi Ángel no posee ya esa punta de velocidad con la que antaño me libraba de las patadas de los veteranos tuercetobillos que aún no se pasaron al padel. Que no conserva, tampoco, el fino olfato que me anticipaba la fascinante visita de mi cuñado para vacilarme con la última ganga adquirida en Media Mark (yo no soy tonto y siempre me quitaba de en medio). Pero a pesar de que cada vez se apresura más despacio, mi protector madruga a sus achaques, y continúa desviviéndose por este pobre hombre al que algunas veces, en épocas de pertinaz sequía creativa, ha tenido incluso que dictarle las columnas.

     Y aquí sigue, rescatándome, todavía, de las habitaciones oscuras de mi infancia, ayudándome a cruzar el viejo puente que separa el pasado del mañana, ofreciéndome sus alas para que pierda de una vez por todas el miedo a volar. Y aquí sigue, sin haber disfrutado nunca ni de un día siquiera de asuntos propios, sin desampararme, en fin, ni de noche ni de día, pues él sabe de  sobra que me perdería.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 22-04-2010)

          



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