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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2010.

MARIÉN

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     Dice El Principito que lo esencial es invisible a los ojos. Pero en fin, aquí entre nosotros, si la belleza interior también se asoma de vez en cuando a la abierta ventana del mundo, vive Hermes, digo Dios, que todos salimos ganando.

     Sabido es, también, que el glamour (según la Real Academia de la Lengua, ese "encanto sensual que fascina"), no ha gozado nunca, como las madrastras en los cuentos de Walt Disney, de muy buena prensa.

     Tal vez para deshacer ese prejuicio, y, de paso,  socializar la elegancia, apareció un día de octubre de 1989, por la Oficina de Empleo de Cádiz-Andalucía (lugar, ciertamente, de lo más prosaico), una rubia agradable a la vista, por dentro y por fuera, que practicaba, sin usura, la noble virtud de escuchar, el sano ejercicio de ponerse siempre en el lugar del otro, la hermosa tarea de entrelazar afectos.

     Ahora que tanto se lleva la grosería, el mal humor y el cinismo de los que están de vuelta de todo sin haber ido nunca a ningún sitio, es bueno agradecer públicamente el glamour sosegado de Marién, el hechizo amable de un corazón experto en resurrecciones inexplicables que, contradiciendo al Principito, se levanta cada mañana para convencernos de que lo esencial también salta a la vista.

      (Homenaje a nuestra amiga y compañera Marién, celebrado el 05-02-2010 en la Escuela de Hostelería de Cádiz. No hace falta escribir que "la rubia del cartón del paro", dedicada ahora a otros menesteres, está como Fundador: como nunca. Y a aquellos que todavía permanecen en edad y situación de merecer, ya les advierto que el señor que aparece junto a ella en la foto, vigilando con los dientes apretados el tipo de mirada con la que usted observa a nuestra protagonista, es Don Ignacio Fernández Portillo, Santo Varón y Esposo de la susodicha).

 

             

04/03/2010 12:53 pepemendoza #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

VIAJE CON NOSOTROS

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     La ficción es la verdad dentro de la mentira. Gracias a esta inquietante frase, que leí el otro día no recuerdo dónde, he descubierto que he sido víctima de un juego de rol. Déjeme, por favor, desahogarme: le demostraré que mis evidencias no engañan.

     La trama sucede en el autobús de COMES de las dos y media de la tarde, el que cubre el trayecto Cádiz-El Puerto. Los personajes son actores aficionados, disfrazados de conductores y de clientes de la Compañía. El argumento está bien trabajado, pero últimamente a los guionistas se les ha ido la mano en algunas escenas demasiado cargadas de realismo social, lo que, además de descuidar la atmósfera onírica que debe envolver todo viaje,  le ha restado credibilidad al juego.

     Hay que ser muy inocente para tragarse que el Consorcio de Transportes pueda permitir que decenas de personas se queden tiradas en las paradas porque el incompetente de guardia decida, un día sí y otro también, poner en circulación un vehículo con la mitad de las plazas necesarias para atender a todos los que a esa hora  vuelven de las dignidades del trabajo o del estudio. O para asumir, sin la más mínima sospecha, que los cadáveres que se amontonan en la parte de atrás del autobús, en avanzado estado de descomposición física y moral, aunque todavía con fuerzas suficientes para degradar a los pasajeros a la condición de rehenes, son, ciertamente, lo que parecen ser, en lugar de estudiantes de arte dramático perfectamente caracterizados de toxicómanos.

     Ya sólo me queda averiguar cuál es la Compañía COMES verdadera del Consorcio de Transportes verdadero. Esta mañana entré precisamente en la web del Consorcio y, pásmense, leí que los usuarios del catamarán tienen acceso a Internet gratis y todo. Que me lo voy a creer yo: nosotros de pie, apilados como ganado en dirección al matadero, en un autobús sin decoro y con goteras, y ellos como marqueses, chateando entre las aguas plateadas y azules.

     A lo mejor me estoy obsesionando, pero me da que esa página web también es falsa.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 11-03-2010)

SE VENDE LAVAVAJILLAS

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     De todas las labores del hogar, ninguna me pone tanto, intelectualmente hablando, como fregar cacharros. Emparejar calcetines fomenta la escasa vocación  matemática de mis neuronas, pero me sumerge en una visión de la existencia demasiado binaria. Tender la ropa no está mal, aunque es difícil entregarse a la contemplación filosófica, a la vez que exhibes, por ejemplo, ante el mismo cielo raso que llenaba de admiración el ánimo de Kant, un sujetador negro de encaje.

     Lo que más me gusta, ya digo, es ponerme de espaldas al mundo, coger el Scotch brite (yo no puedo estar sin él) y abandonarme a la gloriosa tarea de sacarle brillo a cacerolas y sartenes, actividad que lejos de cansarme me permite disfrutar sin reservas de una especie de éxtasis místico, que hace que el platero y yo, en ocasiones muy puntuales, levitemos juntos por el universo juanramoniano. Es tal el grado de comunión que puedo llegar a alcanzar con la Hermana Vajilla (Coral, para los amigos), que el otro día vino mi mujer corriendo desde el salón a cerrar el grifo de agua caliente, pues me estaba achicharrando las manos sin darme cuenta. Tuve que prometerle, mientras procuraba calmarla con la ayuda de Quevedo (es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente, etc.) que el frotar, sin guantes, se iba a acabar.

     Durante esa liturgia doméstica, que uno practica diariamente armado de paciencia y de bayeta, hay tiempo, además, para poner los sueños en remojo, pues no sólo de razón y de contemplación vive el hombre que friega. Lástima que siempre acaben escurriéndose por el sumidero de las ilusiones rotas. Todo fluye, nada permanece, dejó dicho Heráclito, mucho antes de que se inventaran las piletas de acero inoxidable y los grifos monomandos. 

     No se lo van a creer, pero ayer, desconozco por qué extraña asociación de ideas, mientras intentaba mantener el desagüe libre de obstrucciones y atascos (tarea fundamental  para que luzca el aclarado), me acordé de González Cabañas.

     (Columna publicada en Diario de Cádiz el 25-03-2010)

                       



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