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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2019.

AQUEL CASTILLO PRIMERO

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Parece que han pasado siglos, pero cada verano volvemos a reconstruir aquel castillo de arena que levantamos una mañana luminosa de domingo. Bajo sus cimientos guardamos el tesoro fantástico que escondimos para siempre a la edad en la que se fijan los primeros recuerdos. Por mucho que nos hayamos alejado de él, por mucho vuelo de bajo coste que concertemos buscando paraísos remotos con todo incluido, siempre terminamos allí, en la misma orilla en la que la felicidad cabía en un cubo lleno de camarones, el miedo a la libertad duraba lo que tardábamos en encontrar nuestra sombrilla y la fraternidad se forjaba alrededor  de una pelota Nivea.

Abre uno la puerta del viejo castillo, que  todavía sigue en pie pese a las olas gigantes de Santiago, se adentra por sus túneles y pasadizos, y llega, sin más GPS que la memoria agradecida, al mismo patio en el que los vecinos se sentaban a la fresquita a hablar de sus cosas en las noches limpias de agosto. Allí está  también, arrumbada en un rincón del recuerdo, la vieja manta que después del almuerzo tendíamos en la casapuerta, mientras los mayores se dejaban cae y sólo las chicharras tenían derecho a hablar en voz alta.

Oigo, lejana, la voz metálica del afilador, ese aguafiestas que traía el levante en una moto y que suspendía, a golpe de cuchillo, los planes de playa del día siguiente. Suena, también, como un rumor antiguo, el pregón dulce del arropiero, arropías de Turquía, las llevo largas y retorcías  En la radio, ese altar civil, habla Don Puyazo y sabe de qué habla.

Si cerramos los ojos podemos vernos embadurnados de crema, con un bocadillo de tortilla en una mano y el rastrillo en la otra, las horas obligatorias e interminables de la digestión, sobre cuya duración exacta los mayores nunca se ponían de acuerdo. La vida, en fin, bella y desnuda, en ese tiempo quieto en el que el ayer y el porvenir no hacían pie.

Parece que han pasado siglos, pero aquel castillo primero sigue allí, en la misma orilla, con la puerta encajá. Sólo hay que atreverse a entrar.

HE HAS A DREAM

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Ha nacido una estrella. Un poeta del compromiso infatigable. Un jornalero del verso. Un mártir de las horas extras que se deja la piel por El Puerto. Qué digo la piel: el alma, el corazón, la vida y la cama sin deshacer. David Calleja, concejal del PP y actual delegado de Fiestas y Patrimonio Histórico, acaba de inaugurar una nueva corriente poética: la poesía de la experiencia sudorosa. Una nueva sentimentalidad basada en echar peonás de sol a sol en la Plaza Peral, sin tiempo siquiera para ponerse un poco de desodorante entre reunión y reunión.

Dice que al igual que el año pasado ni tendrá vacaciones ni las necesita. Querer disfrutar de vacaciones es de burgueses, de vagos y maleantes que buscan cualquier excusa para no doblarla. Su jornada laboral "se extiende desde que amanece hasta la madrugada del día siguiente". Desde las claras del día hasta el mismo filo de la madrugá (con la música de Los Simios queda todavía más potente). "Y no miro ni el reloj, ni las ocho horas diarias legales porque realmente no me importa". Le da igual que el reloj no marqué las horas, porque él no se puede permitir el lujo de enloquecer (enloquecer también lleva su tiempo). Eso le pasará a Los Panchos, que son, solo hay que verlos y oírlos cantar, más flojos que un muelle de guita.

Presume de que no ha pisado la playa y que tiene casi abandonada a su familia y amigos. Si algún día se le rompe el amor, será de no usarlo, no como a otras. "Que el amor ya no existe en mi vocabulario porque ahora mi ciudad me necesita y se me pasan los días y hay momentos donde las cosas salen bien y entras en una felicidad desbordante y otros donde los problemas se esconden a la vuelta de la esquina...". Ni para poner un par de comas bien puestas y que no lleguemos al final de la frase como si hubiéramos subido corriendo la calle Ganado un día de levante, tiene el hombre tiempo. Qué tío. Este haiku coquinero también es sublime: "... porque yo soy como soy y solo lo que soy, gracias a como nací me crié y me desarrollé".

Tras su agradecido tributo a Los Simios, a Los Panchos, a Rocío Jurado, a la literatura japonesa y a Kunta Kinte, acaba su memorable Tribuna Libre en El Puerto Información a lo grande, recordando emocionado a Frank Sinatra y a German Beardo: "Así que alcen las banderas que quieran, que yo me sé defender a mi manera, con mi trabajo, mi creatividad, mi profesionalidad, mi equipo y el mejor jefe que se pueda tener". Impresionante. Cumbre. Sin parangón, signifique lo que signifique parangón. Partiendo de una modestísima concejalía, Calleja ha alcanzado las más altas cimas del compromiso laboral y de la literatura universal. Este hombre está pidiendo a gritos una placa, una peña, una pregón, una calle, un valium, una mención en Insomnia,  un contrato en un chino, una medalla de oro de 24 quilates al mérito en el trabajo a destajo...

Anoche cuando dormía, soñé, ¡bendita ilusión!, que David cabeceaba en medio de una reunión.

29/07/2019 16:39 pepemendoza #. HE HAS A DREAM No hay comentarios. Comentar.


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